Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Ni un euro más para los banqueros especuladores

In Actualidad, Economía on 30 septiembre, 2008 at 23:28

Después de décadas presentando resultados anuales de beneficios superiores al diez por ciento y acercándose con frecuencia a niveles verdaderamente indecentes del veinte por ciento. Cuando nos cobran intereses y comisiones hasta por respirar en el interior de sus sucursales. Mientras con nuestro dinero controlan los sectores fundamentales de la economía y ponen y quitan gobiernos, seleccionan ministros y deciden, en lo fundamental,  las políticas que desarrolla el Estado capitalista monopolista.

Ahora, que les han salido mal sus tramposas maniobras especulativas, consentidas por los gobiernos “democráticos” a su servicio, pretenden con toda desfachatez que se utilice el dinero de todos los ciudadanos, de los trabajadores y de los pequeños empresarios, de los parados y de los pensionistas, para salvar sus fortunas millonarias.

Pero ese dinero es nuestro. Es el dinero que siempre nos han negado para la educación y la sanidad, para el desempleo y las pensiones, para la inversión productiva generadora de puestos de trabajo, para la construcción de viviendas sociales y la mejora de las infraestructuras públicas.

Pretenden, en una palabra, que los pobres paguemos las meteduras de pata de los ricos. No debemos consentirlo, que se salven ellos. ¿Acaso compartieron sus beneficios con nosotros cuando sus chanchullos les iban bien? Cuando ganaban mucho dinero cantaban las alabanzas al neoliberalismo, a la desregulación financiera y al dejar hacer al mercado, clamando contra el intervencionismo del Estado, pero ahora que les han salido mal sus apuestas especulativas ¡se nos han vuelto socialistas! Ahora sí suplican por la intervención estatal. Ahora piden socialismo para ellos y capitalismo salvaje para los trabajadores que, según los parásitos especuladores, deberán pagar las consecuencias de sus descabelladas y criminales apuestas en la ruleta financiera.

El pueblo trabajador de los Estados Unidos ha conseguido con sus movilizaciones y manifestaciones ante la sede de la bolsa de Nueva York, y a través de comunicaciones telefónicas directas con sus representantes en el Congreso, muchos de los cuales pueden ver peligrar su reelección, que el plan del alcohólico y genocida presidente norteamericano de regalar a los banqueros 700.000 millones de dólares de los contribuyentes, para enmendar el desastre económico que han provocado en ese país, sea rechazado.

Mientras en el resto del mundo se mantiene una clara tendencia al crecimiento rápido y sostenido de la economía, en el centro imperialista euronorteamericano los bancos quiebran, el paro aumenta, la producción decae, suben los precios, la pobreza se extiende, aumentan los desahucios de millones de familias que ya no pueden pagar las hipotecas (9.000 embargos diarios de viviendas en los Estados Unidos), se profundiza rápidamente la crisis económica y empiezan ya a manifestarse las consecuencias políticas. Y esto no ha hecho más que empezar.

Los banqueros especuladores no deben recibir ni un euro más. Al contrario, deben responder de sus actos con sus enormes fortunas y su inmenso patrimonio. Y deberían ser llevados ante los tribunales de justicia, junto a sus cómplices en los gobiernos y las instituciones públicas supuestamente obligadas a velar por los intereses generales y el buen funcionamiento de la economía y del sistema financiero.

Y el dinero público debe ser invertido para ayudar a los que no tienen ninguna responsabilidad en esta situación, pero que a consecuencia de esta crisis provocada por los banqueros, pierden el empleo y no pueden ya pagar ni hipotecas ni alquileres.

Porque ese dinero es nuestro. Sale, en primer lugar,  de los impuestos que nos extraen puntualmente de nuestras nóminas. Y porque, en definitiva, toda la riqueza de la sociedad ha sido creada por los trabajadores, pues el trabajo es la única fuente de valor.

Los banqueros no producen nada ni generan riqueza alguna. Sólo son prestamistas usureros y especuladores sin escrúpulos, que no merecen ser salvados de la ruina que ellos mismos han provocado y, mucho menos, con el dinero de los contribuyentes que, ahora más que nunca, es necesario para la inversión social y la creación de puestos de trabajo.

El dinero público debe ser destinado a ayudar a las víctimas de la crisis, no a premiar a los culpables. 

Constituída la Escuela Nacional de Cuadros Guillermo Ascanio

In Actualidad on 29 septiembre, 2008 at 23:40

El Comité Central del Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias (PRCC) ha acordado la constitución de la Escuela Nacional de Cuadros Guillermo Ascanio, que iniciará sus actividades en el próximo mes de octubre con el Curso de Primer Nivel (cuya superación es obligatoria para el ingreso en el partido).

El Comité Central del PRCC destacó la importancia fundamental de la formación teórica para la solidez de la política del partido, así como para elevar la capacidad combativa revolucionaria, individual y colectiva, de la organización de los comunistas.

El temario de este Curso de Primer Nivel es el siguiente:

I. UN PARTIDO NECESARIO Y POSIBLE. 

a) ¿Partidos independentistas o partidos de clase?
 

b) Condiciones objetivas.


c) Condiciones subjetivas.                         

Manifiesto del Partido Comunista

II. ¿QUÉ PARTIDO?  

 

b) Táctica y estrategia.

c) Organización. 

 

Un paso adelante, dos pasos atrás

Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática

¿Qué hacer?

III. SITUACIÓN POLÍTICA INTERNACIONAL. 

a) El imperialismo de EEUU y la UE: unidad y rivalidad. El dólar y el euro. 


b) El Socialismo. Los partidos comunistas en el mundo. 


c) Las fuerzas antiimperialistas: Venezuela, Irán, Rusia. Movimientos antiimperialistas en el mundo.
 

d) La situación política en el Estado español.

 

El imperialismo, fase superior del capitalismo

VII Conferencia (de abril) de toda Rusia del POSDR (b)

Informe de la comisión sobre los
problemas nacional y colonial

IV.- LA POLÍTICA DEL PARTIDO REVOLUCIONARIO DE LOS COMUNISTAS EN LA ETAPA ACTUAL. 

Tareas urgentes de nuestro movimiento

La verdadera razón de la condena a El Día

In Actualidad, Opinión on 28 septiembre, 2008 at 23:04

Teodoro Santana

No descubro ningún nuevo continente si constato que El Día es un periódico de derechas. Ni más ni menos que la práctica totalidad de la prensa en Canarias. Tampoco es novedad que la línea editorial de El Día tiene un talante xenófobo contra los inmigrantes provinientes de los países pobres, y en especial los africanos. Tal cual las editoriales y artículos de fondo leídos en La Gaceta, Diario de Avisos, La Provincia, La Opinión o Canarias7.

Es verdad que El Día es asquerosamente insularista. Ni más ni menos que todos los demás. Cierto es que se pasa de ofensivo en sus ataques a Gran Canaria, a la que tacha de origen de todos los males del universo mundo. Pero nada de esto es novedad: lo viene haciendo desde hace décadas, sin que las instituciones metropolitanas o coloniales se hayan atrevido a toserle.

El parlamento autonómico, que ha tenido sobradas ocasiones para salirle al paso, algunas ante ataques de integrismo insularista mucho más extremos, es ahora cuando, en solemne y unánime declaración, “manifiesta su firme rechazo ante los ataques a la unidad de los canarios y la dignidad de la Isla de Gran Canaria, y sus ciudadanos, así como a las ideas xenófobas y a la incitación y a la subversión del orden constitucional, que reiteradamente se defienden en ‘El Editorial’ del periódico El Día“.

¿Qué es lo que ha provocado esta santa cruzada y desgarramiento de vestiduras que no estuviera ya en el periódico? Solo una cosa: la “subversión del orden constitucional”. Es decir, los deslices de El Día defendiendo, aunque sea “de aquella manera”, la posibilidad y hasta la conveniencia de la independencia de Canarias.

¡Hasta ahí podíamos llegar! He aquí, desvelado, el temor profundo que ha movido a resollar a quienes callaron durante muchos años ante otras campañas de Don Pepito. Siguiendo la estela de pronunciamientos de los altos mandos militares españoles en Canarias, los diputanómicos han hecho un pronunciamiento de arribaspaña de aquí no te menees.

En plena redefinición del pacto colonial histórico, con los fondos europeos en vías de desaparición, la “ultraperificidad” que no pita y la RIC en cuestión, uno no se cree que este “independentismo” del sector de la burguesía canaria representado por la línea editorial de El Día, vaya en serio. Suena más a mover el muñeco para renegociar las condiciones de la dependencia.

Es posible, sin embargo, que alguna parte de esa burguesía, ante una Europa que ya no les está sirviendo, puedan barajar la opción independentista. Al menos, lo suficiente para asustar a sus señorías los empleados del colonialismo. Y es que el asunto de la independencia en Canarias es “peligroso”: esto no es una cuestión de derechos nacionales europeos, sino de pura y simple descolonización. Y, claro, tiemblan las piernas del Estado.

En su declaración dicen sus unánimes “señorías” que el parlamento autonómico es “legítimo representante del pueblo de Canarias y expresión de su libre y democrática voluntad en las urnas”. O se les cae la cara de vergüenza a ellos, o se nos tiene que caer a los ciudadanos. O sea.

¿Es verdad que San Martín pensaba igual que Bolívar? (III)

In Opinión on 27 septiembre, 2008 at 23:05

COLABORACIÓN

Víctor J. Rodríguez Calderón

El 25 de Octubre la expedición abandono las costas de Pisco, teatro de operaciones de este primer fracaso a cuya cabeza principal estaba el generalísimo. Se dirige al Norte y se dispone a fomentar la segunda fase de la campaña, la cual dirige con extraordinaria habilidad. Se separa de la opinión de Cochrane, optando por una serie de desembarcos en distintos sitios de la costa, estrategia que desconcertó a los realistas y le permitieron fomentar en los departamentos del Norte peruano, ganándose para su causa la importante intendencia de Trujillo, cuyo gobernador, el marques de Torre Tagle, típico representante de la nobleza criolla peruana, se unió a la causa Martiniana.

Estos triunfos fueron decisivos para desencadenar una grave crisis interna en el partido españolista peruano. Los “constitucionalistas”, que eran loas máximos representantes en el Perú de la revolución que obligó en la Península a Fernando VII a jurar la Constitución de Cádiz, se enfrentaron a Pezuela, jefe del bando absolutista, quien no había aceptado ni aceptaría esa Constitución, pues su propósito era el de convertir al Perú en el centro de la reacción en el continente. La noche del 23 de enero de 1821, los generales españoles Canterac y Valdés, autorizados por la Serna, jefe del partido “constitucionalista”, exigieron al virrey Pezuela su renuncia, fundando esta insólita pretensión en la necesidad que existía, según ellos, de crear en el Perú nuevas condiciones políticas para negociar con San Martín.

El virrey Pezuela, ya viejo, cansando, debilitado, por su larga carrera de lucha criminal contra la libertad Americana, se inclinó ante las exigencias de sus generales. De inmediato los “constitucionalistas” eligieron nuevo virrey del Perú y nombraron a la Serna, este procedió como primer acto oficial, invitar a San Martín para reabrir las negociaciones interrumpidas en Miraflores. Ni corto ni perezoso, el generalísimo argentino aceptó de inmediato, nombró emisarios y los envió para que se reunieran en la hacienda de Torre Blanca, cerca de Retes.

Los delegados de San Martín insistieron de nuevo ante los delegados de la Serna que “no seria difícil encontrar en los principios de equidad y justicia la coronación en América de un príncipe de la casa reinante de España”, siempre que tales principios implicaran la independencia de los estados americanos. La respuesta de los hombres del virrey fue tajante debido a que ellos consideraban como mejor solución que los americanos acataran la carta constitucional de Cádiz, la cual garantizaba sus derechos y mantenía la unidad del imperio español. Entre estos dos conceptos, trataban de abrazarse, pero en realidad ninguno presentaba la verdadera libertad e independencia que sí luchaba Bolívar, pues vista esta tesis que parecían tener diferencias, la verdad es que solo perseguían la restauración de la armonía y amistad entre España y sus colonias, por eso estas conversaciones se desarrollaron con gran cordialidad y lo único que lograron es que el tiempo pasara sin un acuerdo definitivo.

Esta situación de amigos termino por desesperar a los dos bandos y les obligó a poner las cartas sobre la mesa. Guido anunció que San Martín se vería obligado a continuar estimulando la insurrección de los criollos peruanos contra los españoles si éstos no aceptaban la independencia a lo que los delegados del virrey respondieron que la mejor solución era el acatamiento, porque de lo contrario de que no se pudiese sostener la causa española en aquellos dominios, estaban resueltos a proclamar el imperio de los incas y ayudar a los indios a sostenerlo, antes de consentir que la ocupasen los súbditos rebeldes que no tenían mas derechos que los que habían adquirido de sus antepasados los españoles. Valdés recalcó: “que por este pensamiento tenían a su lado, en clase de ayudante de campo, al descendiente más inmediato de los Incas, a quien proclamarían emperador, dando con este principio a una nueva guerra y a un nuevo orden e cosas, cuyo resultado no sería fácil de prever”. Como podemos apreciar esta táctica era la misma seguida por lo jefes españoles Monteverde y Boves en Venezuela, cuando desencadenaron la revolución de los “pardos” y de los indios contra el patriciado caraqueño que auspiciaba el movimiento emancipador.

Enredados ambos bandos y sin encontrar una salida, decidieron entonces pactar una suspensión de hostilidades, previas ciertas garantías exigidas por los patriotas y concertar una entrevista personal entre el virrey la Serna y el generalísimo San Martín

Esta se realiza el 2 julio, en Punchauca, “los dos jefes-dice Mitre- se saludaron con cordialidad y expresiones de mucha estimación. San Martín propuso crear una regencia para el gobierno independiente del Perú, hasta la llegada de un príncipe español, con la Serna en calidad de presidente y dos corregentes, designados respectivamente por los realistas y los patriotas. El mismo se ofreció para ir a España como delegado y ponerse de acuerdo con el gobierno metropolitano. Abreau apoyó calurosamente la proposición de San Martín y el virrey pareció dispuesto a aceptarla, pero expresó el deseo de consultar a las corporaciones del virreinato sobre asunto tan importante, y prometió contestación antes de dos días.

Luego hablaron de la forma en que eventualmente, las tropas de ambos ejércitos podían reunirse en la plaza principal de Lima para celebrar la declaración de la independencia del Perú. Después de la entrevista, hubo un banquete en que se cambiaron los brindis más amistosos.

En todo esto, la política de San Martín contenía un error fundamental. Él no tenía autoridad para hacer tales proposiciones. No estaban de acuerdo con los principios por lo cuales luchaba y el aplauso con que recibieron su propuesta los monárquicos de la Santa Alianza implicaba su condenación por los republicanos de América.

La Serna, en vez de consultar a las corporaciones, deliberó con sus oficiales, quienes, sin rechazar de plano la proposición, declinaron aceptar inmediatamente, pues estaba en contradicción con sus órdenes, que les impedían pactar sobre la base de la independencia de las colonias”.

De hecho las negociaciones resultaron un rotundo fracaso y la diplomacia de San Martín estaba comprometida peligrosamente, su éxito dependía de lograr un acuerdo que le permitiera, sin apelar a la suerte de las armas, negociar con las autoridades españolas el establecimiento de una monarquía independiente en el Perú.

El generalísimo argentino vio ensombrecerse el horizonte de su empresa continental y su pesimismo le llevó a confiarse en Monteagudo, más seguro que él en las posibilidades de una campaña que tuviera como base la insurrección de la aristocracia criolla contra los españoles. Mientras la Serna, consciente de las ventajas de su adversario en los territorios de la costa y en Lima, se decide a abandonar a San Martín para dirigirse a la Sierra, cuya densa población indígena, fanatizada por el clero y segura de la divinidad del monarca español, le serviría de base par su campaña reconquistadora.
A las siete de la noche, del día 10 de julio, incógnitamente, lleno de pesimismo y totalmente sombrío, entra San Martín a la Capital del Perú, evadiendo cualquier homenaje que se hubiese pretendido para recibirlo. Sus oradores callaron, al ver las circunstancias de su entrada en la capital limeña, un rasgo de austeridad digno de ejemplo, estableció una censura disimulada. Todo diferente a las entradas de Bolívar en Santa Fe, Caracas y Quito.

En realidad el ánimo del generalísimo lo obligaba a ese silencio y casi oculto entró en Lima. Era lógica su actitud, no se sentía victorioso, el pesimismo y las más negras dudas sobre el porvenir le dominaban y por eso en su espíritu no existía interés para fastuosas ceremonias triunfales, que en forma alguna correspondían a la verdad de su difícil situación.

Las más terribles dudas lo asaltaban, la inseguridad lo rodeaba internamente y externamente y se preguntaba: ¿Respondería la aristocracia criolla a su llamada insurrección contra los españoles? ¿Podrían sus insuficientes fuerzas militares hallar, en las costas peruanas, las adhesiones necesarias para enfrentarse a las formidables fuerzas realistas que los españoles organizaban con tanta facilidad en la zona de las indiadas de la Sierra? Sin duda que estas eran sus más profundas preocupaciones y ellas no le permitían considerarse como un generalísimo vencedor, a pesar de las esperanzas optimistas de su mano derecha Monteagudo y del inmenso entusiasmo que mantenían en la conciencia los habitantes de Lima quienes en esos días la habían otorgado el titulo de: PROTECTOR DEL PERU.

El tiempo no tardó en demostrar cuán fundados eran sus temores. La llegada de los españoles a la Sierra fue todo un espectáculo de triunfo entre los pobladores indígenas. El virrey, entró a la manera que lo hacían los antiguos incas, se estableció en el Cuzco, después de organizar y situar el grueso de sus ejércitos, a las ordenes de Canterac, en el Valle de Jauja. La recluta entre los pueblos indígenas le permitió reforzarse en las guarniciones de Puno, Arequipa y Tacna, como el ejército llamado del Alto Perú.

Pocos meses pasaron, después de haber abandonado a Lima, las fuerzas realistas tenían asegurado por lo menos un equilibrio con los ejércitos expedicionarios de San Martín, quien, a pesar de las estrategias desplegadas por Monteagudo, no había logrado aumentar sus efectivos y para el colmo gran parte de la alta nobleza peruana, en la cual tanto habían confiado, les miraba con temor y menos se acoplaba a las ideas liberales que se atribuía el movimiento emancipador americano. Esta alta nobleza confiaba más en los españoles y por eso nunca estuvo dispuesta a colaborar activamente con los independientes.

Es así, como corren los primeros meses del año 1822 la situación militar cambia súbitamente, poderosos contingentes realistas descienden por las laderas de la Sierra infligiendo a las guarniciones patriotas graves derrotas. Se iniciaba los efectos inevitables de una guerra para la cual San Martín no estaba preparado, puesto que su campaña en el Perú, lejos de perseguir objetivos militares, sólo había buscado una transacción política con los españoles.

La situación era ya muy comprometida y adquirió caracteres críticos para el generalísimo, cuando recibió noticias de Chile y del Río de la Plata anunciándole el fracaso del plan militar que concibió como última alternativa al fracaso de sus negociaciones con el virrey. Suponía esta táctica un ataque a las posiciones realistas de Canterac con las tropas bajo su mando, al tiempo que fuerzas destacadas de las provincias del Plata golpeaban las fronteras del Alto Perú por el Sur y desde alguno de los puertos del Pacifico, con nuevos efectivos proporcionados por Chile, se marchaba rápidamente sobre el Cuzco.

El generalísimo no pudo escapar a la sensación del fracaso total al enterarse de la inutilidad de los esfuerzos de sus emisarios en la Argentina y Chile a fin de obtener más tropas y recursos que necesitaba para el ataque combinado sobre las posiciones españolas en la Sierra. Gutiérrez de la Fuente no encontró ningún apoyo para la misión encomendada, el gobierno de Buenos Aires, dado al estado de insurrección de las provincias, no podía actuar de otra manera que no fuese defenderse de los asaltos de las “montoneras” y el otro emisario, Cavero sólo obtuvo en Chile la vaga promesa de una ayuda insignificante, pues este país se encontraba exhausto por el gigantesco esfuerzo realizado para equipar la primera expedición de San Martín, poco podía hacer ya en pro de la causa martiniana.

(Continuará…)

(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones 

¿Es verdad que San Martín pensaba igual que Bolívar? (II)

¿Es verdad que San Martín pensaba igual que Bolívar? (I)

Un comunista llamado Ernesto Ché Guevara

In Opinión on 26 septiembre, 2008 at 23:20

Artemi Semidán

El próximo 9 de octubre se cumplen 41 años del asesinato de Ernesto Ché Guevara en La Higuera (Bolivia). Frente a la banalización de su figura, reducida a posters, estampados en camisetas y otro merchandising, habrá que recordar que el Ché era, ante todo, un revolucionario marxista-leninista, un comunista convencido y consecuente que nunca escondió sus ideas.

Es fácil asumirlo como un romántico, como si fuera un “iluminado”, un soñador utópico, del que hay que reclamar el “espíritu” pero no su ejemplo. Pero Ernesto Guevara era todo lo contrario de un iluso romántico. Era un comunista con un gran sentido práctico y con un compromiso firme que le costó la propia vida.

Que los socialdemócratas, ecopijos y otros reivindiquen su figura no es algo en sí negativo. Que lo hagan descafeinándola, escondiendo el principal impulso vital de su lucha, es decir, la consecución del socialismo y del comunismo, sí que no es de recibo. Porque lo que esconde esa ocultación no es sino el rechazo del marxismo, el anticomunismo disfrazado de “más rojo que yo nadie”, pero con un comodísimo “eso ya está anticuado” o “aquí no se dan las condiciones”.

El Ché, que supo enfrentarse a los modos y maneras estalinistas, nunca quiso honores, reconocimientos, liderazgos ni aplausos. Lo dijo claro: “Las vanguardias tienen su vista puesta en el futuro y en su recompensa, pero ésta no se vislumbra como algo individual; el premio es la nueva sociedad donde los hombres tendrán características distintas: la sociedad del hombre comunista”.

Para nosotros, militantes comunistas, el ejemplo del Ché nos empuja en una dura senda de trabajo, de estudio, de autosuperación, de sacrificio y de lucha revolucionaria de largo recorrido. Eso es lo que nos lega el camarada Ernesto Guevara: el compromiso con el futuro del género humano, con la causa del comunismo.

No se salvarán

In Actualidad, Economía on 25 septiembre, 2008 at 22:52

Las economías imperialistas, sacudidas por una profunda crisis general del modelo consumista especulativo, no podrán escapar a su definitiva decadencia por mucho dinero público, perteneciente a todos los ciudadanos, que los bancos centrales regalen a los especuladores.

Si sumamos a las astronómicas cantidades ya “inyectadas en el sistema financiero” en las últimas semanas por parte de la Reserva Federal norteamericana y el Banco Central Europeo, el proyecto de compra de deudas insolventes por valor de 700.000 millones de dólares anunciada por el gobierno del presidente Bush, la intervención de los gobiernos imperialistas para salvar de la ruina a sus buitres financieros, superará fácilmente la escandalosa cifra de más de un billón (un millón de millones) de dólares extraídos del bolsillo de los trabajadores de Europa y de los Estados Unidos.

Sin embargo, ninguna de estas actuaciones desesperadas dará resultado. Por el contrario, sólo servirán para aplazar temporalmente la total bancarrota del sistema bancario y monetario, al precio de profundizar más todavía la crisis definitiva del imperialismo.

El modelo está agotado. Porque el origen de la crisis no está en las hipotecas de alto riesgo (sin garantías convencionales) como pretenden hacernos creer. La crisis de las “subprimes” no es la causa, sino una de las consecuencias del hundimiento del mercado interno norteamericano.

Durante décadas la parte fundamental del PIB de los Estados Unidos ha estado constituida por el consumo. El acceso a energía, materias primas y productos agrícolas a bajo precio, permitía a los ciudadanos norteamericanos vivir muy por encima de sus posibilidades reales.

Recuérdese que el barril de petróleo rondaba los diez dólares hasta no hace muchos años, y que los precios de los minerales de hierro, cobre, plomo y otros metales estratégicos, eran fijados a la baja por los consumidores imperialistas que, al mismo tiempo, cobraban precios abusivamente altos por los productos industriales que vendían a los países dominados por medio de la imposición política y la presión militar, con las que se aseguraban un régimen de intercambio comercial injusto y desigual.

Pero esos tiempos pasaron para nunca más volver. Con el barril de petróleo oscilando entre los 100 y los 150 dólares, y la subida paralela de todas las materias primas y los alimentos, el mercado de los Estados Unidos ha pasado de ser el “gran consumidor mundial” al “gran deudor mundial” con una capacidad de compra cada vez menor.

Las consecuencias de la destrucción de la economía productiva, con el cierre masivo de fábricas y la quiebra de las industrias, y la consiguiente transformación en economía parasitaria especulativa; son el desempleo, la reducción de las prestaciones sociales y el abandono del desarrollo y el mantenimiento de las infraestructuras públicas. Por lo que los puentes se caen, la pobreza se extiende, sectores cada vez mayores de la población carecen de asistencia médica y de pensiones de jubilación, y el fracaso escolar masivo genera un déficit crónico de ingenieros, matemáticos y médicos.

Por eso en los Estados Unidos mucha gente ya no puede pagar ni las hipotecas ni los alquileres, y la economía ha entrado en la espiral diabólica de la reducción del consumo, la disminución de ventas, el descenso de la producción, el paro y la insolvencia financiera.

Y ya ni siquiera les queda el recurso, ampliamente utilizado en el pasado, de imprimir moneda para reactivar el sistema del despilfarro y el consumismo. El mercado mundial está literalmente saturado de dólares y es incapaz de absorber más. De hecho, tanto los ahorradores particulares como las reservas de divisas de los bancos centrales, no saben qué hacer para desprenderse de una divisa que ha perdido el atractivo imperial que disfrutó en el pasado, y de la que sólo puede esperarse que pierda su valor como moneda internacional de referencia y se devalúe rápidamente.

Y este proceso imparable e inevitable, por mucho dinero que se dilapide para salvar las fortunas de los millonarios en las ya famosas “inyecciones de liquidez”, continúa ejerciendo su mortal influencia sobre las clases trabajadoras que seguirán sufiendo la degradación de sus condiciones de vida y de trabajo. Sólo en los ocho primeros meses del presente año se han destruido 600.000 empleos en los EEUU.

¿Y Europa? ¿Podrá el Viejo Continente escapar de la ruina financiera a que está siendo arrastrada por su padrino americano? Desde luego lo va a pasar muy mal, sobretodo aquellos Estados que, como Inglaterrra, más estrechamente han vinculado su economía a la norteamericana.

Por eso sería mejor que la Unión Europea se decidiera de una vez por todas, ya que no por dignidad al menos por conveniencia económica, a desligarse de la política internacional, totalmente irracional, de Washington, y salir de las guerras perdidas de Bush en Irak y Afganistán, arreglar sus asuntos con Rusia, olvidarse de las absurdas provocaciones contra China, Irán, Cuba o Venezuela, y cesar en su apoyo demencial al podrido y moribundo, racista y fascista régimen sionista de Israel.

Dotarse de una política internacional independiente, promover la paz y las relaciones comerciales justas y mutuamente beneficiosas entre todos los Estados. Superar sus instintos imperiales y dejar de inmiscuirse en los asuntos internos de otros países en África, Asia y América y desarrollar vínculos estables y armónicos con todos los pueblos del Mundo. Ésta es la única vía que le queda a la Unión Europea para evitar que el naufragio del Titanic americano la arrastre también hasta el fondo de la recesión económica y la depresión industrial.

¿Será capaz la Vieja Europa de adaptarse a los nuevos tiempos, o se dejará llevar por el militarismo, la confrontación comercial y el arrogante exclusivismo imperialista?