Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

La violencia del Estado colonialista en Cho Vito

In Actualidad on 8 octubre, 2008 at 0:05

El aparato de Estado español está enseñando sus garras cada vez con más descaro en Canarias. Ahora le ha tocado a las familias de Cho Vito, en Candelaria. La aplicación arbitraria y retroactiva de una Ley de Costas impuesta desde la metrópoli contra la vivienda de trabajadoras y trabajadores esconde oscuros intereses económicos y sirve a España para ejercitarse en la violencia de Estado como única medida de su fuerza.

Mientras en España, y también en Canarias, grandes negocios hoteleros y residenciales de especuladores y segundas residencias de ricachones incumplen descaradamente la citada Ley de Costas sin que se les moleste en lo más mínimo, las viviendas de los barrios y caseríos de pescadores, construidas con esfuerzo y sacrificio desde hace medio siglo o más, se ven asaltadas sin explicación lógica alguna. Salvo la de «despejar el paisaje» de pobres para poner un paseo marítimo al servicio del hotel correspondiente o de futuros pelotazos urbanísticos.

Parte fundamental de esa violencia de Estado la juega el aparato judicial. Significativo ha sido que las razones jurídicas que llevaron a una juez a paralizar los derribos en Cho Vito se esfumaran en 24 horas sin explicación alguna. ¿Qué inspiración divina recibió la funcionaria colonial en ese plazo de tiempo?

Ni las alegaciones de los vecinos, ni los estudios de expertos que aseguran, sin albergar duda, que Cho Vito es un referente de la cultura canaria y destacan su alto valor etnográfico, ni los documentos del castastro que fechan algunas de las viviendas entre los años 50 y 60 -18 años antes de la Ley de Costas-, ni los recibos de impuestos y otros papeles que intentaban demostrar que eran más de seis las casas que eran para sus moradores su única vivienda, conmovieron la decisión de dar vía libre al abuso.

La Dirección General de Costas del gobierno de la metrópoli tiene otros planes. Y otros intereses para los que los habitantes de Cho Vito son sólo un estorbo para las operaciones inmobiliarias en Candelaria. Cualquier barrio marinero está en peligro, mientras las monstruosidades urbanísticas de «la gente que importa» están a salvo.

Y eso se garantiza, en Juan Grande con la macrocárcel o en Cho Vito con los derribos, con la violencia organizada (y uniformada) en régimen de monopolio del Estado.

En realidad, a pesar de venir «por tierra, mar y aire” (helicóptero,  zodiac, perros, antidisturbios y GEOs de la Guardia Civil tomaron el poblado), el aparato de Estado sólo ha enseñado la «puntita» de la violencia que está dispuesto a desatar en Canarias en defensa de los intereses que representa. Una lección que las trabajadoras y trabajadores canarios debemos tomar en cuenta para el futuro. Y también quienes se creen el cuento de la «democracia» capitalista.

También es cierto que pueden actuar con total impunidad y sin coste político alguno porque no disponemos de un movimiento popular organizado que pueda hacerles frente y frenar sus desmanes. Esta es la otra lección a sacar, la verdaderamente decisiva.

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