Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Clase obrera y liberación nacional

In Actualidad, Laboral on 9 octubre, 2008 at 0:03

Pedro Brenes

Hubo un tiempo en que el Partido Socialista Obrero Español era una organización marxista y revolucionaria, republicana y anticlerical. Y la Unión General de Trabajadores, con el apoyo directo del partido, representaba una opción sindical combativa y transformadora, defensora junto a la anarquista CNT de los derechos y aspiraciones de los obreros urbanos y rurales que, en aquélla época, soportaban la humillante explotación de los capitalistas y los terratenientes, los caciques y los curas.

Después del golpe de estado militar y la instauración del régimen fascista, tanto el PSOE como la UGT, diezmados por la represión y el exilio, dejaron prácticamente de existir y quedaron reducidas a entidades simbólicas dispersas en la diáspora de la guerra civil.

En los años anteriores al fascismo, del propio seno del Partido Socialista, respondiendo al llamado de la Internacional Leninista, surgió el Partido Comunista que después de la derrota de la República española, fue capaz de mantener su actividad en la más absoluta clandestinidad de las tinieblas franquistas. Esta lucha heróica de los comunistas contra la dictadura del capital en su forma más extrema y criminal, propició que, paso a paso, fuera surgiendo un movimiento sindical en las durísimas condiciones de la lucha contra la Brigada Político-Social que, extendiéndose por fábricas y empresas, dió lugar a las Comisiones Obreras, protagonistas de importantes luchas y movilizaciones que abrieron las primeras brechas en los muros aparentemente inexpugnables de la dictadura.

Pero al llegar la «transición democrática» propiciada por la oligarquía financiera española y apoyada y asesorada por el gobierno de los Estados Unidos, todavía bajo los efectos de la revolución antifascista portuguesa que tanto les había costado controlar, aparece el nuevo PSOE de González y Guerra diseñado por la CIA y la embajada norteamericana en Madrid.

Por su parte el combativo y revolucionario Partido Comunista, arrastrado por la traición «eurocomunista» y antileninista de Santiago Carrillo y su camarilla revisionista, cae también en las garras de la nueva forma «democrática» del Estado burgués que sustituye a la forma fascista manteniendo, como garantía de la continuidad en el Poder de la burguesía monopolista, a la monarquía franquista, el Ejército fascista y los mismos «Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado» represores y torturadores.

Como consecuencia de todo ello, aprobada la nueva Constitución monárquica y consolidada la nueva forma democrática del Estado burgués español, con todo tipo de elecciones parlamentarias, municipales y autonómicas, los dos principales sindicatos, UGT y CCOO, ceden ante las presiones estatales y, a cambio de importantes prebendas económicas, burocráticas y patrimoniales, se prestan a la colaboración de clases y a su incorporación, como apéndices domesticados, al juego de la «concertación social» y las «regulaciones del mercado laboral», materializados en los Pactos de la Moncloa.

Este proceso de desarme político y de burocratización de los dos grandes sindicatos estatales, ha continuado progresivamente hasta convertir hoy a la UGT y a CCOO en los mejores aliados de los gobiernos capitalistas y de la burguesía financiera monopolista dominante en España.

Pero en el Archipiélago Canario, además de defender los intereses inmediatos y estratégicos de los banqueros y las multinacionales españolas y europeas con intereses en las Islas, juegan un papel fundamental en la alienación colonial de la clase obrera canaria.

Su política, no sólo significa una completa traición a los intereses de los trabajadores y la rendición ante los empresarios, sino que también participa, como parte integrante fundamental, en la labor colonialista de españolización de las relaciones laborales, con sus continuas referencias a los acuerdos alcanzados en Madrid y a los pactos firmados «a nivel nacional», que supuestamente deben ser acatados por los trabajadores canarios aunque no hayan tenido la menor oportunidad de participar en su discusión y elaboración.

El apoyo de las instituciones de la democracia capitalista y de los grandes medios de comunicación públicos y privados españoles, que publicitan insistentemente su carácter de «grandes centrales estatales» o «sindicatos mayoritarios», cediéndoles en exclusiva el patrimonio sindical acumulado por varias generaciones de luchadores obreros y subvencionándolos generosamente en justo pago a los servicios prestados a la burguesía, los convierte en elementos ideológicos fundamentales del Poder colonial español en Canarias.

Aquí la UGT y las Comisiones Obreras son algo más, y algo peor, que sindicatos reformistas vendidos a la patronal, aquí son fundamentalmente la punta de lanza del colonialismo imperialista, cuya función es apartar a la clase obrera canaria del objetivo primordial de la Liberación Nacional y de la independencia estatal de las Islas.

Despolitizadas, neutralizadas, ajenas a la realidad social y económica del Archipiélago. Con absoluto desprecio a los grandes problemas y reivindicaciones nacionales de nuestro país. Ignorando completamentamente las características propias, culturales, históricas, sociales y aun geográficas de nuestro pueblo y nuestra nación y rechazando, con arrogantes ínfulas de superioridad europea, cualquier alternativa a la dominación imperialista que soportamos.

Transformadas exclusivamente en gestorías para revisar nóminas, legalizar contratos, confeccionar declaraciones de renta y organizar excursiones turísticas y variadas actividades de ocio, los sindicatos colonialistas españoles se esfuerzan en crear una apariencia de normalidad democrática y europea, de un mundo feliz sin conflictos incómodos, donde los trabajadores y los patronos disfrutan de las excelencias de la colaboración de clases y de los acuerdos sociales.

Dan la espalda, como si nada pasara, a la brutal crisis económica, al desempleo masivo, a la descarada diferencia de salarios entre Canarias y la metrópoli colonial española, a las cifras récord de fracaso escolar y paro juvenil y, por supuesto, hablarles a estos agentes del imperialismo borbónico del derecho de autodeterminación es mentarles al diablo.

La clase obrera canaria, que necesita ante todo librarse de la opresión del Poder colonial español para enfrentarse directamente a la burguesía capitalista, ya que sin liberación nacional es imposible establecer un «marco canario de relaciones laborales», debe denunciar constante y sistemáticamente, el papel de agentes imperialistas de los sindicatos colonialistas españoles.

Por supuesto que para alcanzar el objetivo de destruir la influencia de UGT y Comisiones Obreras, verdaderos agentes del capitalismo y del colonialismo en el seno de la clase obrera, es imprescindible la unidad de los trabajadores canarios en una sola organización sindical.

Un sindicato único, asambleario y anticolonialista, que sin perder de vista en ningún momento el gran objetivo de la destrucción del régimen explotador capitalista, sepa desarrollar la lucha económica inmediata contra los patronos por medio de una actividad sindical combativa y participativa, contraria por principio al burocratismo reformista y pactista que caracteriza a los sindicatos colonialistas españoles.

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