Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Un solo Estado en Palestina

In Actualidad on 17 octubre, 2008 at 0:00

El Estado religioso y racista de Israel está sumido en un proceso acelerado de descomposición política y social, sacudido por la corrupción, la crisis económica y la profunda decadencia moral de la ideología basada en la limpieza étnica, el apartheid y la represión sangrienta de los derechos democráticos de la población palestina original, en el propio ámbito del Estado judío y en los territorios ocupados desde el sesenta y siete.

Después de ser expulsados su ejército y sus colonos de la franja de Gaza por la resistencia armada del pueblo de Palestina, que ha conseguido rechazar con éxito todos los intentos de los sionistas por recuperar el control sobre este territorio, han sido derrotados en toda la línea por los combatientes libaneses en la última guerra en el Sur del país donde, al igual que en Gaza, las tácticas de intensa fortificación del terreno y de empleo masivo de moderno armamento antiblindados, demostró su terrible eficacia para frenar en seco el avance de los invasores israelíes eliminando sus vanguardias acorazadas, lo que les obligó a retirarse con grandes pérdidas.   

En esta guerra además, y por primera vez en su historia, el Estado de Israel fue sometido a un devastador bombardeo de misiles de corto y medio alcance, que obligó a evacuar a un millón de sus ciudadanos y destruyó importantes objetivos militares y estratégicos, incluido su principal puerto en la ciudad de Haifa.

El tiempo corre inexorablemente en contra del régimen de Tel Aviv. Es un secreto a voces que la tregua que se ha visto obligado a acordar con el gobierno palestino en Gaza, está siendo aprovechada por la resistencia para mejorar sus fortificaciones subterráneas escalonadas en profundidad, y para rearmarse a través de los centenares de túneles que comunican la Franja con el territorio egipcio.

También son conocidos los exitosos esfuerzos de la milicia libanesa por recuperar y aun multiplicar sus arsenales de cohetes, cada vez de mayor alcance y potencia, y para completar su sistema defensivo con baterías de misiles antiaéreos de alta tecnología. Por lo que en el momento que estallen las hostilidades en ese frente, a la aviación sionista le espera la misma suerte que a sus fuerzas acorazadas en la última guerra.

Y además está Siria que, sobre la base de una alianza de mutua defensa con las milicias palestinas de Hamás y las libanesas de Hizbullah (recuérdese que el ataque aéreo contra una supuesta instalación nuclear siria, le costó al ejército de Israel la destrucción completa de una campamento militar en las cercanías de Ashkelon, bombardeado desde Gaza y donde el gobierno sionista reconoció setenta bajas), se prepara también intensamente, con el apoyo financiero y militar de Irán, para enfrentarse al ejército israelí con el objetivo de recuperar el territorio ocupado de los Altos del Golán.

El Gobierno sionista, a pesar del apoyo incondicional de los Estados Unidos, cuya política exterior dominan y dirigen a través de los lobbys judíos, y que subvenciona su existencia como Estado, y sin el cual Israel sería inviable, y que corre con los gastos militares que consumen más de la mitad del presupuesto, sabe que su situación militar es desesperada.

La retirada de Gaza, los intentos de llegar a un acuerdo con el actual presidente de la Autoridad Palestina, el colaboracionista Abbas, la construción de un muro de separación intentando prefigurar las fronteras futuras entre un Estado racista israelí y un bantustán fragmentado, desmilitarizado y dependiente palestino, las fantasías de alcanzar la paz con Siria sin la completa retirada de los Altos del Golán y la devolución de sus acuíferos, demuestran que, rodeado de enemigos a los que ya no puede derrotar ni invadir como acostumbraba, y con una cada día mayor y más concienciada e insurgente población palestina en el interior de sus fronteras, el régimen sionista no tiene ni puede tener ningún plan ni ninguna estrategia que le garantice su supervivencia como Estado Judío integrista y racista.

La completa e incondicional retirada a las fronteras anteriores a la guerra del sesenta y siete que, en su momento, podría haber ofrecido una oportunidad de acuerdo de dos Estados, ha sido superada por los acontecimientos. Pues ni la mayoría de los israelíes están dispuestos abandonar sus asentamientos en «Judea y Samaria» ni a devolver el Golán ni a aceptar el regreso de los refugiados, ni la mayoría de los palestinos están dispuestos hoy a renunciar a parte alguna de la Palestina histórica.

Por eso la única salida viable al conflicto es la creación de un solo Estado democrático, laico y multicultural donde todos los habitantes de Palestina puedan vivir en paz y se restaure la armonía que existía antes de la artificial e imperialista creación del Estado de Israel, entre cristianos, musulmanes y judíos.

Esta alternativa es la que defiende el gobierno antiimperialista de Irán que, a pesar de su política religiosa integrista y clerical, comprende que no puede haber otra solución razonable a la situación creada.

Y éste es el significado exacto del llamamiento iraní a «borrar del mapa a la entidad sionista de Israel». Se trata efectivamente de la desaparición del Estado judío antidemocrático y racista y la constitución, en su lugar, de un Estado multicultural y multiétnico, laico y democrático para todos los que habitan el territorio y los que fueron obligados a huir ante la limpieza étnica de los sionistas. Un Estado que garantice  la libertad de culto para todas las religiones y la libertad de expresión y participación política de todas las ideologías y partidos.

Esta estrategia, respaldada por el creciente poder económico, tecnológico y militar de Irán, contra la que el régimen israelí sólo cuenta con el apoyo menguante de la decadente potencia norteamericana, está incitando a los sionistas, en su desesperación, a provocar una guerra con la República persa, aun sin la autorización de Washington que no puede permitirse una tercera guerra en Oriente Medio.

Pero si, en su locura fascista, los sionistas de Israel y de Nueva York se decidieran a lanzar un ataque contra Irán, sufrirían una derrota completa y definitiva que erradicaría para siempre la vergüenza de un régimen que, desde su creación por el imperialismo, no ha hecho otra cosa que robar tierras, aguas y bienes, y expulsar de sus hogares y masacrar a la población de Palestina.