Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Archive for 1/11/08|Daily archive page

La catástrofe educativa en Canarias

In Actualidad, Cultura, Educación, Laboral on 1 noviembre, 2008 at 1:00

Con señalar que el fracaso escolar en Canarias supera el 38% (es decir, que 4 de cada 10 niños canarios no terminan ni siquiera el graduado escolar), apenas señalamos la punta del iceberg de un sistema que está podrido hasta la médula. Las consecuencias de la degradación educativa en nuestro país hacen vislumbrar un futuro aterrador como pueblo y como seres humanos.

Los sucesivos cambios legales de la enseñanza en el Estado se han trasladado a Canarias de forma acrítica. Nuestras niñas y nuestros niños siguen teniendo que estudiar los afluentes del Miño y la versión imperial de la historia de España, mientras desconocen la geografía del Archipiélago y su propia historia. Las lecturas de autores extranjeros de decimoquinta fila, promovidos por las grandes multinacionales editoriales españolas, sustituyen a las de autores canarios, proscritos, en la práctica, de nuestras aulas.

Los “contenidos canarios” son una quimera. Y no es que sean solo un derecho democrático de nuestros niños el conocer su propia realidad, sino que supondrían una herramienta esencial para la eficacia pedagógica. Por el contrario, se les administra una visión españolista y sesgada del mundo en que vivimos. Esa visión ajena viene reforzada por un sistema de oposiciones que facilita la penetración indiscriminada de profesores españoles que, a su desconocimiento de la realidad canaria, añaden en general una imposición del español hablado en la metrópoli y un desprecio colonial hacia el habla y la cultura canarias.

A esa alienación cultural hay que añadir las condiciones materiales en que se desarrolla la labor educativa. Decenas de miles de niñas y niños canarios reciben sus clases en barracones (“ideales” en nuestro clima) o en colegios que no reúnen las mínimas condiciones físicas. Las famosas “nuevas tecnologías” se reducen a unos pocos ordenadores anticuados, no ya insuficientes, sino en un número verdaderamente ridículo. Para ahorrar salarios, las “ratios” se disparan a veces a más de 30 alumnos por aula, cuando no juntan a niños de cursos distintos en un mismo aula.

En esa misma política de tacañería presupuestaria, se eliminan profesores de Pedagogía Terapéutica, orientadores, psicólogos… Las bajas por enfermedad no son cubiertas sino después de quince días o más. Muchos profesores sustitutos (del llamado “pacto parcial”) son llamados a trabajar por quince días o un mes y luego vueltos a mandar al paro, con lo que no pueden optar a buscarse un trabajo en otro sitio.

Se ha llegado al extremo de rebajar del 6% al 5% del PIB canario el presupuesto destinado a Educación. Y ello mientras se aumenta la parte destinada a la educación privada concertada.

Para que la cosa no se desmande, la Consejería de Educación utiliza dos mecanismos. El primero ha sido acabar con la elección democrática de los directores de centros, pasando a nombrarlos a dedo como auténticos comisarios políticos del gobierno autonómico. El otro es un cuerpo de inspectores educativos cuya función no es verificar las dificultades de los centros y la calidad educativa en los mismos, sino atemorizar a los profesores con interminables exigencias de papeleo y trámites burocráticos.

Durante años, el mayoritario sindicato gremial STEC -cuyos dirigentes coparon las máximas responsabilidades en la Consejería- fue la principal herramienta del gobierno autonómico para que las cosas se desarrollaran en esta línea. El discurso almibarado y “progre” envolvía una práctica calamitosa en los hechos y atemorizante para los profesores.

La ruptura de Nueva Canarias con CC es lo que hace “recordar” al STEC su carácter reivindicativo. Así, un acuerdo incumplido durante años, como el de homologar los sueldos de los profesores con el resto de los trabajadores de la administración autonómica de rango equivalente, vuelve a salir a baleo.

Siendo una reivindicación totalmente justa, aún reducida al ámbito meramente económico, la forma en que se desarrolló la lucha por la homologación durante el curso 2007-2008 plantea algunos interrogantes. ¿Por qué se saca una consigna condenada a crear antipatías entre los padres y la ciudadanía como la de “Homologación sin contrapartidas”? ¿No había otra forma de formular esa misma reivindicación? Y lo que es más extraño: ¿por qué las jornadas de huelga no se hacen coincidir en toda Canarias y se van haciendo un día en una isla y otro en otra? ¿Por qué en vez de cinco días de huelga salteados no paralizar la educación no universitaria en Canarias durante una semana? ¿Acaso se pretendía apretar pero “no demasiado”?

El burocratismo sindical supuso además que las huelgas se realizaran sin que los “liberados” aparecieran en la inmensa mayoría de los centros, sin asambleas y sin debate. Unas huelgas y unas manifestaciones convocadas a toque de pito por Internet, en una exhibición de despotismo ilustrado. Aún así, las huelgas y movilizaciones fueron importantes y sobre todo, la victoria en el referéndum contra el pacto de los sindicatos más derechistas con la Consejería.

Sin embargo, el resultado de esa lucha a medio gas ha sido que las profesoras y los profesores han perdido muchos días de salarios sin una perspectiva de lucha clara. Con el nuevo curso vuelven se volvieron a convocar nuevas huelgas con la misma reivindicación y con los mismos fracasados métodos. La diferencia es que los enseñantes están ahora más desmoralizados y con menos ganas de perder dinero en un sacrificio que aparecía a todas luces como inútil, ya que ni los mismos convocantes aclaraban hasta donde pensaban llegar ni cual iba a ser la estrategia de lucha.

La desconvocatoria de los paros y la ruptura y disolución del Comité de Huelga aparecen así como consecuencias inevitables de un burocratismo gremialista que, sin embargo, no aparece dispuesto a cambiar sus métodos de trabajo y prefiere claudicar ante la desmoralización y la desmovilización que ellos mismos han generado. Esta grave derrota va a pesar, durante mucho tiempo, sobre la capacidad reivindicativa de los trabajadores de la Enseñanza.

Mención aparte merece la degradada situación de las dos universidades canarias, pero es un tema que abordaremos más adelante.