Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Nacionalismo burgués y revolución socialista

In Actualidad, Opinión on 13 noviembre, 2008 at 1:00

Pedro Brenes


En las cuarenta y tres páginas del documento titulado “Reflexiones Ideológicas” presentado al IV Congreso de Coalición Canaria como anexo a la Ponencia correspondiente, apenas pueden encontrarse, entre un cúmulo de trivialidades, lugares comunes y planteamientos superficiales propios de pijoburgueses, algunos párrafos que merezcan ser comentados.

Girando continuamente en torno a formulaciones abstractas y ambigüedades sin sentido del tipo del “hecho diferencial canario“, la “canariedad” y la “identidad canaria” acaban siempre por arrodillarse ante la “Democracia del Estado Español” y la gloriosa implantación de la “Autonomía en el Archipiélago Canario” cantando las alabanzas a los “Gobiernos liderados por Coalición Canaria” que, afirman con toda desfachatez, han “iniciado un proceso de implantación de contenidos canarios en el curriculum escolar“.

Pero donde puede verse con toda claridad el carácter burgués capitalista de estos teóricos del colaboracionismo, es en su defensa de la teoría imperialista del “fin de las ideologías”, asegurando que “las diferencias entre lo que se conoce como derecha e izquierda tradicionales han desaparecido hasta hacerse imperceptibles“. Para inmediatamente defender como única ideología posible al “nacionalismo interclasista” y acabar con una de las frases más poéticas y emotivas concebida jamás por una mente de mercader oportunista:

Es por todo ello que la ideología siempre debe aspirar a los máximos ya que la praxis política determinará cuál es el discurso, pero la ideología siempre será guardián de los valores que inspiran nuestra organización.

Sin embargo, lo que ha escandalizado a los sectores más reaccionarios y españolistas tanto en Madrid como en Canarias, son las atrevidas concepciones que sobre el Estado español manifiestan los “Jóvenes Nacionalistas”.

Estos niños de papá, muy puestos en su papel de enfants terribles y de peligrosos radicales, llegan en su análisis a negar la existencia del pueblo español y de la nación española reivindicando un Estado Confederal que “esté para servir a las diversas naciones que lo conforman y no como sucede en la actualidad donde el Estado se sirve de las mismas.”

Claro que pretender que los burguesitos comprendan el carácter de clase de cualquier Estado, ya sea centralizado o federal, sería como pedirle peras al olmo. E intentar que entendieran que toda esta verborrea sólo pone de manifiesto su propia ideología burguesa y reaccionaria obtendría los mismos resultados.

Reniegan estos hipócritas, de dientes para afuera, de la ideología burguesa para después promocionarla en todo lo que dicen y todo lo que hacen. Pues esta defensa de un Estado español confederal a través de reformas constitucionales, además de mantener un aparato militar y represivo fuerte siempre necesario por si los obreros intentan despojarlos de sus privilegios,  sólo quiere ocultar las pretensiones de la burguesía canaria de disponer de más poder político para rivalizar con la burguesía oligárquica española en el control económico de un mercado propio, incluyendo la política fiscal para evadir y defraudar aún más, la política laboral para explotar a los trabajadores más intensamente de lo que hoy se les permite, y las normas aduaneras y arancelarias para resistir y contrarrestar la competencia de las grandes empresas españolas y europeas.

No pueden concebir otro tipo de Estado más que el Poder de los empresarios capitalistas y, dentro de él y bajo su sombra protectora que les defiende de la rebeldía de las clases populares, el repugnante regateo y la competencia por cuotas de mercado entre los sectores centrales o periféricos de la burguesía.

Por nuestra parte, los trabajadores revolucionarios independentistas, frente a las tibias y miserables reivindicaciones “confederales” de los burgueses reaccionarios nacionalistas, luchamos contra la explotación económica y la opresión política y cultural del imperialismo español no para conseguir mayores competencias autonómicas, ni para lograr un reparto más favorable de los mercados, sino para librarnos del Estado burgués capitalista español (cualquiera que sea la forma en que se nos presente: democrático o dictatorial, centralizado o federal) y también para conjurar la formación de un Estado burgués canario.

Porque nuestro objetivo no es reformar ni mejorar la actual configuración estatal, sino destruir el Poder de la burguesía (canaria o española) y sustituirlo por el Poder de los trabajadores, a través de la creación de la República Socialista de Canarias.

Y en esta lucha anticapitalista por la Democracia Popular y el Socialismo los trabajadores isleños combatimos junto al pueblo español contra el mismo enemigo: la burguesía explotadora (española, canaria, catalana o vasca) y su Estado represor.

¿Cómo podrían entender los capitalistas canarios, colaboradores en su momento, y aún hoy admiradores, de la dictadura franquista, nuestra actitud solidaria y nuestro espíritu fraternal con los obreros españoles?

Sólo con una mueca de rabia y de desprecio, pueden responder los burgueses nacionalistas reaccionarios de Canarias a nuestra clara posición de respaldo a nuestros hermanos que combaten contra el capital en  Barcelona o en Cádiz, en Valencia o en A Coruña.

Y, frente a la declaración de los niñatos burgueses sobre el “internacionalismo nacionalista” contra el centralismo de Madrid, nosotros, trabajadores revolucionarios independentistas de Canarias, proclamamos nuestro respeto y nuestra solidaridad con los luchadores obreros y populares españoles y de todas las nacionalidades oprimidas por el Estado.

Es más, los comunistas canarios rendimos homenaje a los héroes españoles, vascos, catalanes o gallegos que dieron su vida combatiendo contra el fascismo y la oligarquía. Su ejemplo y su memoria nos fortalecen.

Y, remontándonos en la historia de España, podemos encontrar también modelos de inspiración de lucha antiimperialista en los mártires de la Guerra de Independencia. El pueblo insurrecto de Madrid, Agustina la aragonesa, los combatientes irregulares que pusieron en los diccionarios de todas las lenguas del mundo el término castellano de “guerrillero”, merecen nuestra admiración y la de todos los luchadores contra la agresión militar imperialista.

Por supuesto que siempre habrá algún intelectualillo pequeñoburgués que nos venga con aquello del papel progresista, anticlerical y librepensador de los ejércitos napoleónicos. Pero eso suena demasiado parecido a las excusas del imperialismo norteamericano para imponer la “democracia” a los países de Oriente Medio a cañonazos.

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