Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Archive for 9/02/09|Daily archive page

Banca pública y Renta básica

In Actualidad, Economía on 9 febrero, 2009 at 0:01

pedrobrenes3Pedro Brenes

No hace mucho, un reputado economista televisivo afirmaba en su programa especializado en análisis macroeconómico, que eso de nacionalizar los bancos no era buena idea. Y, en tono magistral, explicaba que no habría ninguna diferencia entre las decisiones que hoy toman los gerentes privados y las que podría tomar “un funcionario nombrado por el Ministerio”.

Argumentaba nuestro profesor universitario que cuando los bancos, ya sean privados o públicos, debían estudiar una solicitud de crédito estaban, en cualquier caso, obligados a manejar los mismos criterios de valoración de riesgos y de porcentaje de beneficio de la operación. Con este análisis “tan simple” decía, se demuestra que no se resuelve nada nacionalizando los bancos.

Nosotros, más que simple, diríamos que el enfoque de este académico, tan bien considerado en los medios de comunicación al servicio de los bancos, es más bien simplista, indocumentado y evidentemente interesado en defender a quien le paga.

En primer lugar, hemos de recordarle que la nacionalización de la banca, o al menos la existencia de una Banca Pública junto a la privada, es un reivindicación burguesa ya histórica. Y que, desde hace mucho tiempo, el sector más avanzado y lúcido de los empresarios prefiere un sistema bancario al servicio del conjunto de la clase de los capitalistas, a la existencia de un pequeño número de capitalistas financieros que, a partir del dominio de las empresas más importantes y del control directo o indirecto de todos los sectores económicos de un país, mirando sólo por sus intereses egoístas y buscando no ya beneficios sino cada vez mayores superbeneficios usureros, arrastren a la ruina a un gran número de empresas.

Además la Banca Pública, que naturalmente en todo lo fundamental: créditos, depósitos, inversiones, negociación de efectos, etc., funciona con criterios similares a la privada, no puede tener, sobre todo en tiempos de grandes dificultades sociales y políticas, los mismos objetivos ni las mismas intenciones que los banqueros privados.

Incluso desde un gobierno burgués, representante y defensor del sistema capitalista, preocupado sólamente por la pervivencia y la salvación del régimen explotador imperante, la Banca Pública puede jugar un cierto papel progresivo y moderador del apetito insaciable de extracción de recursos del conjunto de la sociedad, que muestra siempre la oligarquía financiera.

Pero la situación actual de desastre económico obliga, y esto lo veremos en muy poco tiempo, a la nacionalización inmediata de la banca como única manera de poner en circulación todos esos recursos que durante muchos años de superbeneficios escandalosos se han ido depositando, en forma de dinero, de acciones y de escrituras de propiedades inmobiliarias en los sótanos y en las cámaras acorazadas de los banqueros monopolistas.

Si todas estas inmensas riquezas no se liberan y se inyectan en el ciclo económico productivo a través del rápido y estable aumento general del consumo, hoy paralizado por los problemas creados por los propios banqueros y sus locas operaciones especulativas, la crisis que crece y se autoalimenta en proporción geométrica, como demuestran cada día las estadísticas del desempleo, no habrá quien la pare.

La nacionalización de la banca no es, pues, en este momento una opción sino una medida necesaria, imprescindible, si se quiere frenar el de otra manera imparable proceso de destrucción económica y social, que ya amenaza con hacerse irreversible.

Al liberar los recursos acumulados por la banca privada, y que ahora cuando más falta hacen se empeñan en mantener paralizados, la Banca Pública podrá promover la inversión en infraestructuras, educación e investigación, en sanidad y protección social, en las cantidades masivas necesarias para invertir la tendencia a la recesión, detener la caída libre de la economía, del empleo y del consumo, y conjurar la hambruna y los efectos sociales que tanto temen los defensores del moribundo sistema capitalista y que, si permiten que la desesperación se extienda, serán inevitables.

Por eso, aun estando convencidos que el propio sistema capitalista está condenado a desaparecer, y que nada puede a medio plazo salvarlo, sí que es posible salvar los intereses vitales de la clase obrera y del conjunto de los trabajadores, en este terrible período histórico de decadencia y descomposición definitiva de las economías de los centros imperialistas y de transición hacia la nueva sociedad socialista.

Transición que implica un duro proceso de luchas sociales por transformaciones revolucionarias y que la clase obrera debe saber dirigir y orientar, impidiendo que los cuatro banqueros que dominan y controlan prácticamente toda la economía y la dirección política de cada uno de esos países, obliguen a los trabajadores a pagar de forma dramática las consecuencias de su propio hundimiento suicida.

Por eso debemos promover en primer lugar y como consignas principales frente a la crisis capitalista, las reivindicaciónes de Banca Pública y de garantía de Renta Básica para todos, consigna ésta última que señala la principal función que la Banca nacionalizada debe cumplir y el destino fundamental de los fondos y las riquezas que va a gestionar: asegurar la satisfacción de las necesidades vitales básicas de los todos los ciudadanos sin excepción empezando, naturalmente, por la alimentación suficiente y adecuada garantizada para todos. Este deber moral ineludible para cualquier gobierno supuestamente democrático, significa además el mantenimiento de un nivel de consumo mínimo indispensable para mantener el ciclo económico vivo y en movimiento.

Porque su paralización es, desengáñense los optimistas y convénzanse los escépticos, justamente la amenaza que pende sobre el sistema económico actual, que ningún parche del tipo de pequeñas obras municipales podrá evitar y que exige decisiones políticas revolucionarias y precursoras de una transformación completa del sistema político y social dominante hasta ahora.

Se suele decir que a grandes males deben corresponder grandes remedios. Por ello a estas dos principales consignas reivindicativas de Banca Pública y de Renta básica, debemos acompañar la exigencia de masivas inversiones en obra pública, del tipo que genere el máximo de puestos de trabajo posibles, y también la proclamación de una moratoria de embargos y desahucios para los desempleados que ya no tienen posibilidades de pagar las hipotecas y los alquileres, para que ninguna familia trabajadora se vea en la calle por culpa de una crisis de la que no es, en absoluto, responsable.

Y el dinero que tienen escondido y paralizado los banqueros especuladores debe servir también, previa su nacionalización, para aumentar las cuantías y extender los plazos de las prestaciones que cobran los parados y para mejorar las pensiones y los servicios sociales, lo que ayudará también a impulsar y reanimar el ciclo económico sano y productivo, estable y equilibrado, distributivo y justo, que tanto desprecian y al que tanto daño han hecho los usureros que, incluso en la dramática situación actual, continúan alardeando de grandes ganancias y de obscenos repartos de beneficios.