Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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La «paciencia ilimitada» del PSOE

In Actualidad on 11 febrero, 2009 at 0:01

joseblancoMucho aspaviento de Zapatero haciendo ver que presionaba a los bancos para que den crédito a las familias y a las pequeñas empresas, pero a las primeras de cambio el PSOE saca su verdadero rostro de lacayo de los banqueros. Bastó que el ministro español de Industria, se pasara de frenada la semana pasada asegurando que al Gobierno «se le está acabando la paciencia» con los bancos, para que le saliera al paso el secretario de organización y mano derecha de Zapatero, José Blanco, proclamando a los cuatro vientos que «el PSOE tiene una paciencia ilimitada con los bancos» porque es su «deber y obligación».

Al día siguiente salió a la palestra el ministro de Economía, Pedro Solbes, para subrayar que él tampoco perdía la paciencia con los bancos. Ante todo tranquilizar a los oligarcas financieros, que son los que verdaderamente mandan. Y los que ponen pasta para gastar en las campañas electorales. Sus empleados socialdemócratas pueden permitirse una «paciencia ilimitada», desde luego. Quién no puede permitírsela es la trabajadora que acaban de despedir. Ni el trabajador que ha agotado las prestaciones por desempleo. Ni la familia que no tienen para llegar a final de mes. Ni la madre que no tiene para comprarle a su hijo comida, medicina o ropa.

La faena la remató este pasado martes Rodríguez Zapatero, al oponerse en el Congreso de los diputados español a la existencia de una banca pública con el argumento de que los ciudadanos «no querrían que quién le concediese un crédito fuera un funcionario», añadiendo que, además, «se arriesgaría el dinero de todos». Como si un banco público no diese beneneficios. Claro que el señor Zapatero no quiere perjudicar a sus amigos capitalistas de las grandes corporaciones bancarias. 

Los señores Blanco, Solbes y Zapatero y toda la casta de políticos profesionales, que viven a cuerpo de rey de las arcas públicas, pueden practicar toda la paciencia del mundo. No tiene mérito hacerlo con buen sueldo, coche oficial, gastos pagados, chalet y lujos. El trabajador que cobra el salario mínimo o la pensionista que apenas percibe 300 euros, no pueden permitirse esa virtud teologal. Tampoco pueden tener «confianza» en la economía, ni en las mentiras descaradas de Zapatero acerca de la inminente salida de la recesión en marzo o abril (aunque ahora reconoce que la crisis va para largo y que «no ha tocado fondo»). 

La única «virtud» que asalta a los trabajadores es la de la angustia. Pero habría que ser muy memo para no estar angustiado en pleno proceso de descomposición capitalista. O para tener «paciencia ilimitada». Poca paciencia cabe, salvo que uno sea un banquero o un socialdemócrata entregado a la causa del capital.

Lo que pone en evidencia los señores Zapatero, Blanco y Solbes es que esta crisis capitalista no es sólo una crisis económica. Es también una descomposición política, moral e intelectual de una civilización basada en la explotación de los seres humanos, el lujo y el derroche de unos pocos a costa del sufrimiento de millones, la insolidaridad, el individualismo a machamartillo, la adoración del estatus y del dinero y un desmesurado entramado de manipulación y mentiras.

Por eso los proletarios, quienes vivimos de un salario, no podemos tener «paciencia ilimitada», ni aguante sin límites, ni conformismo a prueba de hambre. Desde su buena vida se puede predicar la imperturbabilidad. Los comunistas estamos con los impacientes. Con los que van a rebelarse, a dar la vuelta a la tortilla, a cambiar su mundo de resignación y estulticia, señor Zapatero.

Se acabó la «paciencia ilimitada». Llega la hora de la impaciencia, del ser humano, de la revolución.