Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

El gobierno autonulo

In Actualidad, Economía, Laboral on 12 febrero, 2009 at 0:01

teo08bTeodoro Santana

Mientras la recesión avanza a galope tendido, el gobierno autonómico se queda como un conejo deslumbrado en la carretera por los faros de un coche en plena noche. La parálisis, eso sí, va acompañada de rotundas afirmaciones que se sueltan como si fuesen la palabra revelada y la solución definitiva.

Por ejemplo, Paulino Rivero ofrece 60 millones de euros a las empresas para contratar supuestamente 18.000 personas. Eso son apenas tres mil trescientos euros por persona, incluidos los seguros sociales. Calculen cuanto puede durar cada contrato. Cuando se le pide la ficha financiera de esa ayuda, nuestro hombre suelta aquello de que no es necesaria porque sólo hace falta «trabajo y esfuerzo». Trabajo y esfuerzo de los demás claro, porque de su parte ni molestarse.

Y semejante aseveración va acompañada de una bucólica exhortación acerca de que es preciso el acuerdo entre sindicatos y empresarios para poder salvar 35.000 empleos de sectores laborales en riesgo. Si la cosa se resolviera sólo con el acuerdo de empresarios y sindicatos (eso sí, «con trabajo y esfuerzo»), ¿para qué se necesita al gobierno autonómico? ¿Vendrán más turistas a Canarias por ese pacto social? ¿Mejorarán las exportaciones? ¿La economía estadounidense se reactivará? Y Obama sin enterarse que la solución a la economía mundial se está decidiendo en este Archipiélago.

Otra de las grandes «soluciones» que propone el señor Rivero es tramitar todas las licitaciones de obras en 2009 por la vía de urgencia, declarándolas «de interés público». Lo cual induce a pensar que muchas de las obras que ha hecho el ejecutivo autonómico carecían de interés público. Total, que la medida, de poder llevarse a cabo, puede suponer que la firma de los contratos para esas obras se adelanten dos o tres semanas. La humanidad entera aguarda expectante a que Rivero explique las ventajas universales que eso supone en la lucha contra el paro.

Por si fuera poco, al vicepresidente autonómico, José Manuel Soria, no se le ocurre otra que ir a promocionar el tomate canario a Berlín. Alemania es, ciertamente, un país importador del tomate isleño. Pero la forma de promocionarlo del señor Soria ha sido afirmar que «es preciso buscar otros mercados». ¡Eso sí que es confianza en el producto! Claro que lo que no se entiende es por qué no fue a promocionar el tomate a alguno de esos «nuevos mercados».

Lo cierto es que el gobierno de la autonomía da vueltas y vueltas, como gallina sin nidal, sin reconocer lo más evidente: que no sabe como afrontar la crisis. ¿Qué resultado ha dado su feroz apuesta de todos estos años atrás por la RIC, por el REA, por tener el estatus de RUP? ¿Pero no eran estos los de la plena integración en la Unión Europea? ¿No nos aburrieron hasta la saciedad con las ventajas del euro? El resultado ha sido una economía más dependiente, más débil para afrontar cualquier crisis. Y, al final, sin dinero europeo.

Además, el gobierno autonómico debería reconocer que no tiene capacidad para afrontar el cambio de modelo económico que Canarias necesita. No tiene competencias para crear una Banca Pública Canaria. La creación de empresas públicas en importación y distribución de alimentos, en industria, en energía o en operadores turísticos está cercenada por la legislación europea, caracterizada por el integrismo ultracapitalista. Ni siquiera puede llevar a cabo nacionalizaciones de algunos sectores estratégicos, porque se lo prohíbe la constitución española.

Claro que admitir esto es reconocer que la fórmula autonómica es, para Canarias, agua de cerrajas. Y que todo el entramado autonómico carece de lo que necesita el Archipiélago para poder elegir su propio futuro: capacidad de decisión. Esto es, soberanía nacional para poder promulgar nuestras propias leyes y las medidas económicas que necesitemos sin restricciones ni ingerencias exteriores. Mientras no abordemos esto, todo lo demás será hacer visajes.

La cosa es cuánto podremos aguantar en paro, precariedad y pobreza, mientras la recesión económica nos arrolla como una apisonadora.

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