Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Archive for 3/03/09|Daily archive page

Pakistán: la retaguardia perdida

In Actualidad on 3 marzo, 2009 at 0:01

pakistantalibanCuando en Abril de 1978, en plena guerra fría, triunfó la revolución democrático-nacional en Afganistán liderada por el Partido Democrático Popular, el imperialismo norteamericano, que pretendía utilizar el territorio afgano como base de agresión contra la Unión Soviética y contra China, tomó la decisión de armar y financiar al oscurantismo y el fanatismo del radicalismo religioso como punta de lanza de la contrarrevolución.

Para ello se dedicó a reclutar fascistas islámicos en muchos países, desde Argelia hasta Indonesia, Arabia Saudí y Pakistán, creando así un monstruo que al final se volvió contra sus propios creadores, y que hoy sirve para justificar la pretendida “guerra contra el terror” y las guerras imperialistas de Irak y de Afganistán.

Su principal baza y su base de reclutamiento fundamental era el régimen “prooccidental” de Pakistán, enfrentado a la India no alineada, controlado desde Washington y dirigido por los sucesivos gobiernos títeres, corruptos y reaccionarios de los Bhutto y los Sharif.

Precisamente en las regiones pakistaníes fronterizas con Afganistán, encontraron los imperialistas a su carne de cañón preferida: los estudiantes de las escuelas coránicas o talibanes a los que armaron y organizaron bajo el mando de su principal agente en la zona el saudí Osama Bin Laden, vástago de una de las más ricas familias de Arabia, ampliamente vinculada en negocios inmobiliarios e inversiones petroleras con compañías norteamericanas.

Pero todo cambió cuando en Octubre de 2001 los ejércitos de los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN atacaron al régimen que ellos mismos habían puesto en Kabul, acusándolo de ser responsable de los ataques contra el territorio norteamericano, acaecidos el 11 de Septiembre de ese mismo año.

Las contradicciones políticas en Pakistán, que ya eran difíciles de controlar, se volvieron insuperables. Los aliados se volvieron enemigos. Las poblaciones de las regiones vecinas de Afganistán, que hasta entonces habían sido estimuladas y recompensadas por los imperialistas para apoyar a sus correligionarios del otro lado de la frontera, fueron atacadas tanto por los ocupantes desde suelo afgano como por el mismo ejército pakistaní.

Y de nada sirvió el remover del gobierno al general golpista Musharraf para volver a situar en el poder al corrupto y proamericano clan Bhutto (el marido y el hijo después del asesinato de Benazir por los integristas islámicos), pues las intrigas políticas y los manejos de los servicios secretos norteamericanos en Islamabad no tienen ningún efecto en la actitud de las tribus de la frontera, que apoyan sin reservas a la resistencia contra los ocupantes de la OTAN en Afganistán.

Toda esta política hipócrita e inmoral, y estas acciones aventureras y contradictorias del imperialismo norteamericano y sus aliados. les han llevado a la absoluta desorientación estratégica y la inminencia de una derrota militar. Con su principal ruta de suministros bélicos, a través del territorio pakistaní, cortada, y perdidas también sus bases logísticas en Asia Central, las tropas invasoras, que apenas controlan los alrededores de la capital afgana, se enfrentan a grandes dificultades de abastecimiento para sus desmoralizadas y muy divididas según nacionalidades agrupaciones de combate.

Sin embargo, el nuevo presidente norteamericano está convencido de que puede evitar la derrota aumentando el número de soldados destinados a la guerra de Afganistán, trasladando tropas desde Irak. Muy mal aconsejado por sus engreídos generales, considera que una mayor presión militar podrá hacer cambiar la nefasta imagen de invasores y de criminales que los oupantes se han ganado durantes estos más de siete años de guerra. Y que las tribus pakistaníes van a dejar de apoyar y proteger a sus parientes afganos a cambio de las indignas concesiones del “democrático” gobierno de Pakistán, permitiendo en estas zonas la aplicación de la ley islámica.

Cualquiera que sea el número de soldados que los imperialistas empeñen, el resultado será el mismo. Igual que se ven obligados a retirarse de Irak debido al agotamiento militar, psicológico y financiero y de la presión de la opinión pública en los Estados Unidos y en Europa, deberán hacerlo de Afganistán dejando tras de sí sólamente la destrucción y la ruina económica y social y, desde luego, el odio y el resentimiento de los pueblos agredidos hacia los “libertadores” y sus falsas consignas de democracia y libertad.

Y lo peor no será el que deban abandonar sus locos planes de dominio sobre Irak y Afganistán, sino que probablemente pierdan también su influencia sobre Pakistán, como han perdido ya sus bases militares y sus posiciones estratégicas en las repúblicas centroasiáticas.