Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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La danza de la lluvia de Rodríguez Zapatero

In Actualidad, Economía on 23 mayo, 2009 at 0:09

teo08bTeodoro Santana

No saben qué hacer. Por el horizonte de sucesos de sus pequeñas mentes burguesas, ni se asoma la posibilidad de tomar medidas de carácter socialista. Así que se desesperan buscando ocurrencia tras ocurrencia para intentar parchear un sistema capitalista que se va a pique. Constantemente alertan de que ya se ve tierra, de que se vislumbran los “brotes verdes” de una hipotética recuperación. Pero lo que dicen tierra no son más que nubes de una tormenta aún mayor. Y lo “verde” no es otra cosa que el empantanamiento en el Mar de los Sargazos.

¿Nacionalizar la banca? ¿Acaso estamos locos? No, los dueños del mundo no deben ser molestados. Al contrario: todos los recursos públicos que sean necesarios para evitarles el más mínimo disgusto. Y esos dineros públicos, provenientes en un 80% de los salarios, se arrojan sin cesar en el pozo sin fondo de la banca privada. A pesar de ello –es decir, precisamente por ello– la recesión no remite. “Hay que buscar soluciones”.

La primera –y prácticamente la única– que se le ocurre a los capitalistas es abaratar el despido y bajar los salarios. Claro que entonces disminuye aún más el consumo, agravando la crisis. Otras voces hablan de recortar las pensiones, cuyo fondo es sumamente apetitoso. Son las fórmulas del PP. Zapatero se resiste: le puede salir muy caro electoralmente. Al menos de momento, que esa “solución” siempre está ahí. Pero algo habrá que hacer. Y el “rescate” de los bancos ya ha costado más del 30% del PIB, con lo que queda cada vez menos margen.

Se enciende la bombilla (¿nacionalizar las eléctricas? ¡A quién se le ocurre!). Hagamos otro plan “Renove” para que la gente gaste en automóviles. Dos mil euros del ala para el que compre un coche nuevecito. Eso sí, el gobierno central sólo pone mil quinientos. Los otros quinientos que lo pongan las autonomías. Que saquen la pasta de donde sea, incluidos los gastos sociales. Pongamos un auto que cueste 12.000 euros. Oye, ya “solo” tienes que poner diez mil. Los cuatro millones de parados (camino de los cinco millones) seguro que se los van a pulir en el cochecito. Y los que están pendientes de si los paran o no. Brillante.

A cambio, a quitar la deducción por vivienda a todos los que ganen 24.000 euros anuales o más. Dos mil euros al mes en doce pagas. Pero claro, dos mil euros brutos. O sea, todo el que gana lo indispensable para embarcarse en una hipoteca. La diferencia radica en que del coche se puede prescindir (o quedarte con el viejo). En lo de la vivienda no hay opción. Pero hay que recaudar como sea para financiar lo de los coches. Más brillante aún.

¿Planes de empleo? Ni repajolera idea de hacer que funcionen. Eso sí, tenemos un nombre estupendo: “Plan E”. Y eso que no tienen un “Plan A” ni un “Plan B”. El ministro de trabajo, Celestino Corbacho, propone a los dioses prolongar las prestaciones por desempleo con 500 euros al mes. Por supuesto: que lo pongan las comunidades autónomas, que él no tienen suelto. ¿De donde lo van a sacar? Ah, descreídos: los caminos del señor(ito) son inescrutables. Bastante tiene don Celestino con haber tenido la humorada.

A todas estas se les ocurre volver a la Ilustración. “La solución para la economía está en la educación”, asevera sesudo el ministro Gabilondo. Ya se sabe: ponemos a todos a estudiar nuevas tecnologías, que es “el futuro”. ¿Y las empresas de esas “nuevas tecnologías”? ¿Y los enormes volúmenes de capital necesarios para montar industrias de tecnología punta? Malditos ateos: bailemos la danza de la educación, y del cielo caerá la lluvia del empleo. El gran médico brujo lo zapatea: un ordenador portátil para cada alumno, una pizarra electrónica para cada profesor. ¿Y el dinero para todo eso? Otra vez malditos ateos, empeñados en jeringarle las elecciones europeas.

Hay que cambiar algo para que nada cambie. Para aguantar el chaparrón mientras vuelven los tiempos dorados. El dinero para cualquier cosa está en los bancos. Pero los banqueros son nuestros amos, así que ni contar con él. Mientras tanto, a dar vueltas como gallinas sin nidal. Hay que transmitir la sensación de que estamos haciendo “algo”. Ya escampará. Se supone.

Dancen, dancen, malditos.