Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Gasto público, obra pública e inversión productiva

In Actualidad, Economía on 2 junio, 2009 at 0:01

piramidesEn plena recesión económica imperialista, con la brutal caída del poder adquisitivo debida al incremento del paro y a la consecuente bajada de salarios, una medida inteligente es invertir en obra pública, de forma que se reactive la producción, la generación de salarios y el consumo. La pregunta que cabe es: ¿vale cualquier tipo de obra pública? No es un asunto baladí. El gasto público improductivo, como los planes de rescate a los bancos, no solo no reactiva la economía, sino que dilapida recursos que podrían haber sido utilizados para generar infraestructuras necesarias e inversión duradera.

Un ejemplo lo tenemos en el macrohospital Dr. Negrín de Las Palmas. Una inversión gigantesca, solo superada por el coste del mantenimiento de semejante mole, absolutamente infrautilizada y convertida en un saco sin fondo en el que se pierden anualmente decenas de millones de euros de las arcas públicas. A diferencia de la arternativa de dos o tres hospitales comarcales más pequeños y especializados, semejante mamotreto es una carga que la economía canaria difícilmente puede permitirse.

Casualmente, el mismo ideólogo del macrohospital, el estirado Román Rodríguez, perpetra ahora un gasto de más de 1.000 millones de euros en un tren entre el Parque Santa Catalina y Meloneras, que además sería subterráneo a su paso por la ciudad de Las Palmas. Un tren que no serviría para acercar los viajeros a sus puntos habituales de destino (habría que habilitar un servicio de guaguas en cada una de sus siete paradas, amén de la correspondiente infraestructura de apeadero, etc.) y cuyo mantenimiento anual será ruinoso. El coste de los billetes posiblemente lo haga poco competitivo. Por el contrario, de no serlo, arruinará a Global.

Un argumento que arguyen los defensores del tren y otras obras por el estilo, es el de que hay que aprovechar la subvención que da la Unión Europea para hacerlas. Obsesionados por el beneficio a corto plazo, eluden fijarse en que después nos costarán más caras que el dinero que ha puesto la UE. Es como si nos dieran dinero para alicatar todo el territorio de las Islas, metro a metro. Seguro que habría quien argumentaría que habría que hacerlo para no “desperdiciar” los fondos europeos.

La prensa ha celebrado la adjudicación a España del campeonato del mundo de baloncesto en el año 2014. La razón es que Las Palmas será subsede de ese evento. Tras la aparente buena noticia, está la realidad de que las normas FIBA obligan a la construcción de un nuevo pabellón de baloncesto con más aforo del actualmente existente en el Centro Insular de deportes. El coste inicial de la broma está estimado en más de 90 millones de euros. Después de los escasos partidos del Mundobasket, nos quedaremos con una infraestructura prácticamente inútil y cuyo mantenimiento pesará como una losa en las arcas del Cabildo.

Es el mismo caso del tren al sur de Tenerife, de los puertos de Arinaga y Granadilla y de tantos otros disparates que han minado la capacidad inversora de las administraciones públicas canarias. Y eso en lo que se refiere a obra pública. Si generalizamos a “gasto público”, sigue siendo insultante lo despilfarrado en el Festival de Música de Canarias, el Festival de Cine de Las Palmas, el Festival de Ópera o la televisión autonómica.

En vez de poner en marcha infraestructura productiva, que tienda a dinamizar la economía y a generar producción, los políticos que padecemos, fieles servidores de la gran burguesía criolla y de la oligarquía colonialista metropolitana, gastan los recursos públicos en obras faraónicas, de escasa utilidad, aunque no tengan continuidad en la activación económica, y cuya principal “utilidad” es que un puñado de capitalistas saquen beneficios con su construcción, aunque después supongan auténticos agujeros negros en el erario público. Por no hablar, claro está, del principio de que “a grandes obras, grandes comisiones”.

En cambio, obras que requieren menor aportación de capital, como conducciones de agua, alcantarillado, carreteras necesarias, infraestructura de comunicaciones, etc., no solo ahorran dinero a medio plazo, sino que dinamizan la actividad productiva. Además, las macroobras son inasequibles para las medianas y pequeñas empresas canarias, que quedan reducidas a subcontratas en malas condiciones.

La exigencia que debemos plantear perentoriamente es la de reducción del gasto público no productivo ni dedicado a cobertura social, y la exigencia de que lo que se invierta en obras sea en obra pública productiva preferentemente dirigida a infraestructuras. Los pelotazos y las construcciones de país rico deben cesar de inmediato.