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El pueblo iraní sigue prefiriendo a Ahmadineyah

In Actualidad on 15 junio, 2009 at 0:01

ahmadinejahLas elecciones en Irán han representado un nuevo revés para la política imperialista y para sus defensores y propagandistas mediáticos. El presidente Mahmud Ahmadineyah ha obtenido la victoria claramente con más del sesenta por ciento de los votos, lo que le concede un nuevo mandato de cuatro años, sin necesidad de acudir a una segunda vuelta.

Todas las esperanzas e ilusiones de los representantes políticos, periodísticos e intelectuales del imperialismo americano y europeo estaban puestas en el candidato “reformista” Musavi, quien goza del apoyo de los sectores de la burguesía urbana comercial que, en tiempos del Sha, fueron profundamente influenciados por la ideología, las costumbres y el modo de vida de los centros imperialistas y participaban en los provechosos negocios de intermediación comisionista de las empresas multinacionales.

Hasta el triunfo de la revolución islámica la burguesía intermediaria persa, aglutinada en torno al “emperador” Mohammad Reza Pahlevi, instalado y sostenido en el trono por la CIA y las tropas norteamericanas, formaba la clase dominante enriquecida a cambio de entregar los recursos energéticos del país a las grandes petroleras internacionales y de formar parte del “cordón sanitario” establecido por los Estados Unidos alrededor de la Unión Soviética.

Pero en Febrero de 1979, con el derrocamiento del Sha y la instauración de un régimen islamista antiimperialista, el floreciente empresariado iraní que medraba a la sombra de las compañías extranjeras y que, en medio de la extrema pobreza del pueblo, adoptaba la cultura consumista y el modo de vida “occidentales”, perdieron el Poder y el control del gobierno.

Durante estos treinta años de República islámica, los ricachones de Teherán y los niños de papá de la burguesía (los “estudiantes reformistas” de los que habla la prensa) han visto como su influencia económica y social, antes decisiva, se ha ido reduciendo en la misma medida en que las empresas de sus patronos de las multinacionales euronorteamericanas han ido pasando a control público.

También les perjudica mucho, dado su carácter fundamentalmente comisionista importador, el acelerado desarrollo de la industria nacional basado en grandes inversiones estatales en educación, investigación y tecnología.

La política antiimperialista de nacionalizaciones y expansión del sector público de la economía, mantenida por los sucesivos gobiernos persas, ha provocado la hostilidad y la condena de los gobiernos “democráticos” y de sus portavoces, indignados ante el atrevimiento de los iraníes de recuperar las riquezas nacionales para dedicar los beneficios de su explotación al desarrollo y el bienestar de su pueblo.

Es interesante el paralelismo con Venezuela donde, desde hace diez años bajo la presidencia de Hugo Chávez, se recuperan progresivamente los recursos petroleros y mineros de manos de las empresas multinacionales imperialistas y se nacionalizan bancos e industrias de propiedad extranjera.

También en el país latinoamericano los sectores bajo la infuencia de la burguesía antinacional intentan en cada oportunidad electoral recuperar el poder perdido para, alcanzado de nuevo el gobierno, permitir la vuelta de las multinacionales euronorteamericanas y recuperar así las comisiones de las importaciones masivas, con la consiguiente ruina de la producción nacional.

Curiosamente, la “oposición democrática” y golpista venezolana tal como ocurre con los “reformistas” en Irán, no suele alcanzar, a pesar del apoyo descarado de los yanquis, de la Unión Europea y de la intelectualidad imperialista del estilo del ahora español Vargas Llosa, resultados mucho más allá del treinta por ciento de apoyo electoral.

El surgimiento de auténticas potencias antiimperialistas que resisten con éxito las presiones de los que todavía hoy se consideran los dueños del planeta, desarrollando rápidamente sus economías al margen de las redes comerciales y financieras de las grandes corporaciones multinacionales y ampliando constantemente sus intercambios económicos y su colaboración política, constituye uno de los factores más importantes de los profundos cambios que está experimentando el mundo.

Sin embargo, es necesario no confundir esto con el socialismo. Tanto Venezuela como Irán son Estados capitalistas. Aunque, indiscutiblemente, es un gran avance para los intereses de los trabajadores de estos países que detente el Poder del Estado la fracción nacional y antiimperialista de la burguesía, en lugar de la fracción antinacional, intermediaria e importadora.

Por otro lado, la revolución democrático burguesa antiimperialista que se desarrolla en estos países traerá inevitablemente la mejora de las infraestructuras y de los servicios educativos, sanitarios, de la vivienda y las prestaciones sociales, junto con la industrialización y el aumento cuantitativo y del nivel de conciencia cultural, político y de clase de los asalariados.

Y este proceso hará madurar progresivamente las condiciones objetivas y subjetivas para el paso, en una fase histórica más avanzada, hacia el Estado socialista donde el Poder de los trabajadores sustituya al de los explotadores capitalistas, incluso de la fracción más nacionalista, antiimperialista y democrática.