Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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El burocratismo y el nuevo partido social-sindical

In Actualidad, Opinión on 18 junio, 2009 at 0:01

teo08bTeodoro Santana


Este sábado se celebra en Las Palmas un llamado “Encuentro por un Movimiento Ciudadano de carácter social y sindical”, impulsado por la Coordinadora Sindical Canaria y el Foro Social Gran Canaria. A esta asamblea he sido invitado a título personal porque, como ya adelantó Meri Pita en una entrevista en Radio San Borondón, del mismo están excluidos los partidos políticos que, se presupone, solo “generan división”. Lógicamente, a título personal, a un foro donde se veta a mi partido, no voy a acudir.

¿Por qué este sesgo antipartidos? ¿Será, como se me ha dicho, fruto de la inmadurez de los “movimientos sociales”, o se trata de otra cosa? La convocatoria lo aclara: se trata de “impulsar un espacio político plural de debate que nos reúna y nos permita actuar colectivamente. Que quiere instituirse como espacio de intercambio de ideas, tareas y proyectos, que aspira a formas concretas de encuentro, de reflexión, organización y acción. Es necesario crear nuevos lenguajes, abrir los espacios de actuación y de interpelación indispensables, discutir y participar en la lenta constitución de un nuevo y complejo sujeto político popular(las cursivas y las negritas son del original).

Es decir, se trata claramente de transformar lo que era un pequeño espacio para el encuentro y la movilización, que jugó un papel destacado en conseguir un Primero de Mayo unitario, en un nuevo partido político, a pesar de la posterior y revenida excusa de que “no se trata de construir una nueva alternativa electoral, ni un sostén de masas de ningún proyecto electoral concreto”. Aunque lo nieguen tres veces antes de que cante el gallo del 2011, lo cierto es que, en vez de mantener una coordinación de partidos, sindicatos, asociaciones de vecinos, etc., para ir sumando fuerzas y elevando el nivel de las movilizaciones populares ante la creciente hecatombe social que se nos viene encima, se opta por maniobrar para constituir una plataforma a todas luces electoral inspirada, por enésima vez, en el fantasma de la más que extinta UPC.

Sea cual sea el pensamiento particular de los participantes y la apariencia asamblearia del asunto, estamos ante un staff que decide y planifica por su cuenta. A la asamblea se le suministran unos pesados documentos que difícilmente puede entender en profundidad (y mucho menos debatir seriamente). Y poco a poco, enredando la madeja, se marea la cosa y se va embullando a la gente que, cuando se viene a dar cuenta, está jaleando a un líder providencial que, lógicamente, y dada su “talla política”, no va a someterse a la pesadez del control asambleario. Es la expresión más acabada del burocratismo.

Se trata de transformar, de forma oportunista, lo que debía ser una plataforma de acción y movilización, en una mera base de apoyo electoral. Por eso, se respira aliviado cuando UGT y CCOO –cuya presencia hubiese hecho imposible el nuevo sujeto político– corren a firmar un pacto social con el gobierno autonómico, demostrando así su “traición”. ¿Pero alguien ha dudado alguna vez de lo que son ambas centrales? ¿Se trataba de la unidad con unas UGT y CCOO ficticias o se trataba de atraer a la unidad a los miles de trabajadoras y trabajadores de ambos sindicatos? ¿Por qué abandonar ahora el esfuerzo unitario? En la misma medida,  se explica que haya que deshacerse de la presencia política, oficial, de los partidos que habían participado en todo el proceso. Casualmente, el asunto se reducía a los comunistas: PRCC y PCPC. Que vengan a título personal, nos dicen, aquellos a los que el buró invite.

No es la primera vez que vivimos este tipo de montajes. En los últimos treinta años hemos asistido a unos cuantos. Incluso se repiten algunos de sus protagonistas. El problema es que la gente no es tonta. Muchos de esos “movimientos sociales”, desde que se huelan el asunto, se van a quitar de en medio. Y además van a desmovilizarse, dejando nuevas heridas y falta de confianza. Una nueva frustración más que añadir a la lista.

Cada uno tiene el derecho a tratar de montar el sujeto político que quiera. Pero si de lo que se trata es de elevar las movilizaciones y el nivel de organización de nuestro pueblo frente a la crisis, el paro y la miseria (como queremos los comunistas), lo que corresponde no es una plataforma amorfa de individualidades sino, por el contrario, una coordinación amplia y sin sectarismos de distintos partidos, sindicatos, asociaciones y colectivos de todo tipo. De forma que todo el que esté presente en las reuniones, sea mayor o menor su peso numérico, represente algo y a alguien.

Evidentemente, esto, por plural, es más difícil. Pero poner en pie un proceso de amplias movilizaciones y un entendimiento sustancial entre las distintas fuerzas populares siempre lo es. Claro que también podíamos agachar la cabeza, no molestar al buró, y acudir acríticamente a ver si, por lazos del demonio, trincábamos cacho o nos colocábamos para algo. Los compañeros que, con buena voluntad, organizan el encuentro, comprenderán que esa no sea la forma de actuar de los comunistas.