Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Otro fracaso subversivo del imperialismo

In Actualidad on 29 junio, 2009 at 0:01

iranLes llaman “revoluciones de colores”. Pero no son más que golpes contrarrevolucionarios. Se preparan y desarrollan combinando la arrogante y criminal amenaza de la agresión militar con las arbitrarias sanciones económicas. Mezclando la inversión de millones de dólares en la compra de “disidentes”, confidentes y mercenarios terroristas, y los acuerdos políticos y financieros con la burguesía antinacional importadora. Integrando la propagación de mentiras repugnantes y patrañas escandalosas, con la colaboración entusiasta de los medios de comunicación reaccionarios imperialistas, y la nunca bien ponderada labor de las “ONGs” pagadas por la CIA y los servicios secretos europeos y sionistas.

El origen de estos métodos de injerencia hostil e interesada en los asuntos internos de los países cuyos gobiernos no se pliegan servilmente a los dictados de las corporaciones multinacionales, se remonta a los inicios del propio sistema imperialista, y los elementos fundamentales de las operaciones de “desestabilización” siguen siendo prácticamente los mismos.

Algunas de estas operaciones subversivas les dieron buen resultado. En Georgia o en Ucrania funcionaron a la perfección. Pero los montajes contrarrevolucionarios de la CIA son ya muy conocidos por los pueblos. Y empiezan, a pesar de las ingentes cantidades de dinero invertidas, de la experiencia desarrollada y los sofisticados medios técnicos empleados, a fracasar estrepitosamente.

Después de los intentos fallidos contra China, vieron como sus maniobras desestabilizadoras y antidemocráticas en Venezuela se vinieron abajo por la reacción espontánea de las masas populares a favor de su líder secuestrado y contra el golpe de Estado, planificado y financiado por el imperialismo norteamericano con la complicidad de la burguesía antinacional venezolana.

Acostumbrados a ganar elecciones amañadas, a quitar y poner gobiernos a su antojo y a apoyar golpes de Estado fascistas cuando las clases trabajadoras consiguen, por vía democrática o revolucionaria, colocar en el Poder a líderes antiimperialistas, no pueden resignarse a perder los beneficios de sus inversiones ventajistas en los países que antes dominaban económica y políticamente sin restricciones.

Ahora están empeñados en dividir a Bolivia para apoderarse de sus riquezas minerales. Y para ello se dedican a apoyar descaradamente a los sectores más reaccionarios y racistas de los latifundistas del este del país. Y no se detienen ante los crímenes contra el pueblo ni rechazan el método del atentado terrorista contra los miembros del gobierno legítimo.

En el punto de mira de las “revoluciones de colores” se mantienen muchos gobiernos antiimperialistas a los que, como es lógico, ni Washington ni Bruselas ni Tel Aviv ven con buenos ojos. Pero cada vez lo tiene más difícil. En todas partes, a pesar de la complicidad de los millonarios y de los explotadores insatisfechos con el creciente poder de las clases sociales tradicionalmente sumisas y apartadas secularmente de las decisiones políticas, se enfrentan a la creciente resistencia de los pueblos que adquieren conciencia rápidamente del peligro de estas maniobras.

El último fracaso de la revolución coloreada en Irán (verde, en este caso) ha sido muy instructivo para el pueblo persa. El multimillonario Rafsanyani, que según los medios de prensa norteamericanos y europeos es el hombre más rico de Irán y tiene la mayor parte de su inmensa fortuna invertida en empresas de comercio exterior, ha quedado al descubierto como cómplice y colaborador de las corporaciones multinacionales británicas, con las que su familia siempre ha tenido grandes relaciones comerciales desde los tiempos del “emperador”, antes del triunfo de la revolución islámica.

Y Musavi, testaferro político de la burguesía importadora antinacional vendida al imperialismo, aparece claramente como el agente y títere de la maniobra desestabilizadora encaminada a “cambiar el régimen” despreciando el indiscutible triunfo electoral del presidente Ahmadineyah, tratando de ganar en la subversión callejera mercenaria y con el apoyo de los servicios secretos y los medios de comunicación “occidentales”, lo que perdió en las urnas.

Ahora, ante el fracaso y el descrédito de sus “reformistas”, los imperialistas están muy indignados. Y denuncian seriamente la “intolerable represión de la libertad de expresión”. Y, como represalia por emperrarse en desarrollar la economía y avanzar en la industrialización de su país, negarse a aceptar las generosas ofertas de los Estados Unidos y de la Unión Europea, dispuestos a perdonarles todos sus pecados antiimperialistas si acceden a desarmarse económica y militarmente, y por resistirse a reconocer al Estado sionista, Obama los va a castigar severamente: no piensa invitarlos al baile del cuatro de Julio.