Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Bombas en Granadilla y Arinaga: por un puñado de euros

In Actualidad on 3 julio, 2009 at 0:01

barcogaseroAunque se trataba de Gas Licuado del Petróleo (GLP) y no el análogo Gas Natural Licuado (GNL), de muy similar peligrosidad, el reciente accidente en Italia ha puesto una vez más en evidencia el gravísimo riesgo que supone el transporte, almacenamiento y uso del gas licuado. Solo un vagón de los trece que llevaba el tren explotó en Viareggio. Apenas 36 metros cúbicos. La explosión afectó a todo en un radio de unos 500 metros. La acumulación de gas, al estallar, derrumbó dos pequeños edificios situados junto a las vías, a un par de cientos de metros de la estación. Otras tres viviendas más grandes resultaron gravemente afectadas y fueron desalojadas. Los vecinos contaron que los objetos de metal volaban como proyectiles, y que las llamas eran más altas que las casas.

El desastre dejó un balance provisional de 14 muertos, 3 desaparecidos, 40 heridos, 15 de ellos muy graves, y varias decenas de contusionados. Más de 1.000 personas fueron evacuadas. La cifra definitiva de fallecidos puede subir porque muchos de los ingresados sufren quemaduras en más del 60% del cuerpo. Los sindicatos denuncian que fue una “desgracia anunciada”. En los últimos meses, se habían registrado varios incidentes similares que no fueron tenidos en cuenta. En manos privadas, las medidas de seguridad son caras y reducen los beneficios.

No es el primer accidente provocado por gas licuado. Las peligrosas instalaciones de GNL (como las que se quiere instalar en Arinaga y Granadilla) ya han sufrido graves accidentes en todo el mundo, desde el de la East Ohio Natural Gas Company de 1944 (128 muertos en la explosión), hasta la de Skikda en Argelia de 2004 (27 muertos y 80 heridos), pasando por la de Staten Island en New York de 1973 (37 muertos). Los barcos gaseros que transportan miles de metros cúbicos de gas ultracomprimido son auténticas bombas ambulantes. Las operaciones de atraque y descarga del gas licuado son extremadamente peligrosas. Si encima se realizan en zonas pobladas, se trata de una auténtica ruleta rusa.

No sólo es la seguridad, la que por sí sola obligaría a descartar el GNL. A pesar de que las reservas de gas natural son mayores que las del petróleo, se trata de una fuente energética no renovable, cuya implantación en el Archipiélago no va a reducir nuestra dependencia del exterior, ni nuestra vulnerabilidad, sino todo lo contrario. Tampoco es rentable desde el punto de vista económico porque, aunque es más barato que el petróleo, el proceso de transporte, licuefacción en origen y regasificación posterior del GNL, unido a que en Canarias no hay una industria potente que use el GNL como energía primaria ni una necesidad de calefacción generalizada, hace que se vuelva más caro que cualquier otro combustible fósil. Por lo tanto, tendrá que ser subvencionado.

Por si fuera poco, el GNL emite grandes cantidades de CO2 a la atmósfera, además de dióxido de nitrógeno y otros contaminantes. Esta contaminación tiene repercusiones negativas sobre la salud humana, en especial la de niños, personas mayores y quienes padecen enfermedades respiratorias o cardiovasculares crónicas. Que en el mejor territorio del planeta para las fuentes naturales renovables de energía (solar, eólica, mareomotriz y geotérmica) se imponga otra energía fósil contaminante y no renovable es un auténtico desatino.

La única rentabilidad de meter con calzador el gas en Canarias es la que va a obtener la multinacional europea Endesa y su filial Gascan a costa de dinero público y en el pelotazo que supone la construcción de las carísimas instalaciones de puertos gaseros y estaciones regasificadoras que el GNL requiere. De esta manera, además, Endesa garantiza su monopolio energético en Canarias, y de paso neutraliza y se embolsilla las escasas inversiones en energías renovables. En esa línea se explica, por ejemplo, el escaso interés en el desarrollo de la energía eólica en Canarias, con concursos una y otra vez demorados.

Sólo un asunto menor, como las leyes de protección de los sebadales de Granadilla y las trabas que desde el ayuntamiento de Agüimes se ponen al proyecto, han impedido que ya estén construidas ambas plantas. No obstante, el puñado de capitalistas que están detrás de la operación y sus lacayos del gobierno autonómico siguen empeñados en eludir esas trabas y perpetrar el crimen.

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