Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Absoluta, histórica y ejemplarmente asambleario

In Actualidad, Laboral on 6 julio, 2009 at 0:01

pedrobrenes3Pedro Brenes


Aunque un tanto excesivo en su adjetivación, quizá producto de su propia inseguridad en lo que afirma, se refiere de esta manera a su sindicato “independiente” y de empresa un destacado miembro del grupo de Feluco en el Comité de Empresa de Guaguas Municipales que, sin embargo, no se presenta como tal sino, más pomposamente, como “miembro del Consejo de Administración”… ¡Ah sí! ¡Perdón!…, y como “comunista”.

Teniendo en cuenta que todavía quedan muchos que van por ahí presumiendo de comunistas sin molestarse en estudiar la ciencia revolucionaria marxista, sin aceptar ningún compromiso en la militancia partidaria (única forma de ser y vivir realmente como comunista), que rechazan, en la frívola defensa de su actitud individualista e indisciplinada, el trabajo político coordinado y el debate ideológico colectivo, no nos queda más remedio que recordar que no es lo mismo ser obrero que representar y defender los intereses de la clase obrera.

Es curioso, sin embargo, que mientras los partidos comunistas que hemos conocido en Canarias en las últimas décadas estaban casi siempre dirigidos por abogados, profesores universitarios, economistas, sociólogos, etc., la mayoría de ellos de origen burgués o pequeñoburgués y con un modo de vida y, como consecuencia, unos intereses y unas concepciones propias de los profesionales liberales o intelectuales de altos ingresos, la dirección de mi partido está formada en la actualidad por trabajadores asalariados mileuristas: un chófer, un administrativo, un marinero, etc., es decir, gente acostumbrada a cumplir un horario y a trabajar disciplinadamente en equipo según un plan preestablecido.

Esto es algo más que una anécdota. Posiblemente tiene mucho que ver con el hecho de que la clase obrera canaria, que está compuesta, como nos enseña el marxismo, por el conjunto de los que sólo pueden sobrevivir vendiendo su fuerza de trabajo a cambio de un salario, aunque hoy mayoritaria en la sociedad de las Islas Canarias, es una clase históricamente reciente y, en gran medida, todavía inmadura y, en general, con un bajo nivel de conciencia de clase y de organización política.

Quizás ahora, después de varias generaciones de obreros descendientes de los pequeños campesinos emigrados masivamente a las grandes concentraciones urbanas del Archipiélago a partir de los años sesenta, empiezan a verse los primeros síntomas de una mayor conciencia y autonomía de la clase obrera canaria que, según parece, va librándose de la dependencia ideológica y política de los intelectuales pequeñoburgueses y de su reciente herencia de campesinos de mentalidad individualista, por lo que resulta capaz de destacar de su propio seno a sus representantes de vanguardia y a sus propagandistas y cuadros políticos, iniciando ya la elaboración de una teoría revolucionaria independiente y de clase.

Pero el hecho de que durante más de cuarenta años los abogados pequeñoburgueses hayan dirigido el movimiento obrero explica que todavía se mantenga activa una casta de burócratas sindicales “independientes” y reformistas, hechos a imagen y semejanza de los intelectuales de ilustre apellido que, hasta ahora y a falta de cuadros obreros organizados, han hegemonizado la dirección del proletariado canario.

Los burócratas sindicales criados y educados por los asesores “laboralistas”, totalmente impregnados del espíritu pequeñoburgués individualista, arrogante y despectivo con las masas trabajadoras, pueden distinguirse fácilmente por su forma de entender la relación entre la Asamblea de todos los trabajadores y el Comité de Empresa.

En estos individuos aparece inmediatamente la convicción de que, una vez escrutadas las papeletas de las urnas electorales y repartidos los puestos de delegados sindicales, según las normas y preceptos legales (ahí estará siempre el abogado para recordárselos y para garantizarlos) el protagonismo absoluto les corresponde a ellos, los elegidos, los representantes, los inamovibles, los indiscutibles.

La concepción del Sindicalismo Asambleario, por el contrario, está determinada por la primacía de la Asamblea sobre el Comité, cuyos miembros sólo actúan como intermediarios con la empresa o con las instituciones patronales o del Estado, para transmitir puntual y exactamente lo decidido por la Asamblea tras un debate amplio, abierto y libre de todas las opiniones y propuestas, estando sometidos al principio fundamental de la revocación en cualquier momento por el pleno de la Asamblea, tanto individual como colectivamente.

Por eso si, como dice Wolfgang, el Colectivo Independiente de Guaguas fuera “absoluta, histórica y ejemplarmente asambleario”, en lugar de llevar una urna y organizar una votación secreta sobre la única propuesta del Comité (típico método de la democracia burguesa), habrían permitido y estimulado el método (más democrático proletario) del debate y la discusión, por el conjunto de los trabajadores, de todas las formas de lucha posibles, incluida la Huelga Indefinida, única que se ha mostrado efectiva durante el conflicto contra la privatización y que en su momento fue decidida por la Asamblea en contra de la opinión del Comité que, a través de su portavoz, ha renunciado a ella y condenó públicamente esta medida de presión.

Además la resistencia de este comité, indiscutiblemente liderado por Feluco y su grupo de admiradores, a convocar la Asamblea y los continuos cambios de fecha, retrasos y desconvocatorias para su celebración, demuestran que le tienen más miedo que al fuego, no sin motivo pues siempre son cuestionadas y rechazadas sus propuestas por la mayoría de los trabajadores, y que sólo recurren a ella para intentar ratificar y legitimar las decisiones que ellos ya han tomado previamente.

Por eso prefieren el referendum, la papeleta y la urna sellada en lugar de la libre discusión y la espontánea expresión de las opiniones de los trabajadores.

También asegura nuestro “camarada” que el Comité no ha sido desautorizado en ningún momento por la Asamblea que, según él, sólo “decidió no secundar las movilizaciones planteadas”. Efectivamente, la Asamblea echó abajo las propuestas del Comité de “movilizaciones” testimoniales y completamente inútiles para detener la privatización y de esa manera expresó claramente su rechazo a la forma y a los métodos de Feluco y su grupo que, presumiendo de boquilla de enfrentarse a la privatización, han estado haciendo todo lo posible en los hechos para mellar el filo de la espada de la lucha obrera contra Saavedra y su banda.

Si a esto unimos que en la primera Asamblea celebrada el nueve de  Febrero la mayoría de los trabajadores también se manifestó en contra de la opinión del Comité, que pretendía lisa y llanamente desconvocar la huelga a cambio de falsas promesas municipales, y forzó la decisión de ir a la Huelga Indefinida coincidiendo con la opinión de los comunistas, es evidente a pesar de la resistencia de los burócratas a renunciar a sus privilegios, que este Comité capitaneado por el grupo de Feluco no responde a la opinión del colectivo laboral, ni refleja los deseos de la mayoría de los guagüeros, ni representa ya al conjunto de los trabajadores de la Empresa Municipal por lo que deberían, si les queda algo de dignidad obrera, poner sus cargos a disposición de la Asamblea.

Y, por si a alguien le queda alguna duda sobre esto, en un próximo artículo analizaremos con más detalle la trayectoria del Comité y su relación con la Asamblea y con el verdadero estado de ánimo de la mayoría de los trabajadores de Guaguas durante estos diez meses de lucha obrera, ciudadana y política contra la privatización.

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