Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Qué culpa tiene el tomate

In Actualidad, Economía on 21 julio, 2009 at 0:01

tomateEn el proceso de integración del Estado español en la entonces Comunidad Económica Europea (CEE), las diferencias evidentes entre Canarias y España hicieron que se barajasen tres posibilidades de relación del Archipiélago con Europa. La primera era la llamada Opción 1, esto es, la integración total en la CEE, mantenimiento algunas especificidades menores. Esta era la opción defendida fundamentalmente por el sector exportador agrícola.

La segunda era la llamada Opción 2, que suponía una integración parcial, y que pretendía un estatus especial que permitiera preservar los privilegios históricos de Canarias en materia fiscal y comercial, en especial el régimen de Puertos Francos. Esto suponía la no integración en la Unión Aduanera ni en la Política Agrícola Común (PAC), para preservar así el libre comercio tradicional en el Archipiélago, ligado al sector importador.

La tercera opción era, pura y simplemente, la no integración en la CEE, con un tratamiento de país tercero que permitiera la consolidación de un modelo de desarrollo autónomo, orientado hacia otras zonas económicas. La batalla la ganó el sector exportador agrícola, que consiguió finalmente que se impusiera la plena integración en la CEE y en la PAC, con el objetivo de incrementar sus ventas de plátanos y tomates en el territorio europeo.

A cambio la PAC suponía –y sigue suponiendo– el arrasamiento de la cultura dedicada al mercado interior, al limitar la producción e imponer la entrada de excedentes agrícolas y ganaderos europeos subvencionados. Política que se vió agravada por la penetración de las multinacionales europeas de la distribución de alimentos, que controlan absoluta y despóticamente el sector, y con la implantación del Régimen Específico de Abastecimiento (REA), que prima la importación sobre la producción propia.

Pero la Europa de ganancias fáciles y exclusivas para tomates y plátanos que se prometían los exportadores se ha ido diluyendo como un castillo de naipes.

Por un lado, los acuerdos inevitables de la UE en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OCM), obligan a una progresiva reducción de los aranceles contra las bananas procedentes de Centro América y otros países (mayoritariamente en manos estadounidenses). Lo cierto es que la producción platanera en Canarias ha ido mermando cada vez más, sostenida apenas por las subvenciones europeas (que tienden a desaparecer) y con un mercado circunscrito a España.

Por otro lado, el incremento de la producción de tomates en España y en Holanda (a base de invernaderos), así como los acuerdos de la UE con Marruecos, aliado preferente de la OTAN, han supuesto una competencia insuperable para la producción tomatera canaria. En 2002, los envíos a Europa superaron los 46 millones de bultos (276.000 toneladas) y hoy apenas llegan a 16 millones, casi 30 millones menos.

De hecho, el gobierno autonómico ha reconocido que el tomate, que se comercializa al 100% en Centroeuropa, está a punto de desaparecer como producto de exportación. Y lo dicen, en boca de la consejera de Agricultura, Pilar Merino, como si se tratase de un fenómeno astronómico que no tuviese nada que ver con las decisiones políticas que se han tomado.

La burguesía dependiente criolla vendió por un plato de lentejas los intereses estratégicos canarios. Si ahora resulta que las lentejas estaban bichadas, la culpa no es del tomate, sino de quienes venden su patria, sus derechos de primogenitura y hasta a su madre por una ganancia fácil a corto plazo. Eso sí, quienes pagamos las consecuencias, una vez más, somos las trabajadoras y los trabajadores de las Islas.

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