Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Colaboracionismo de clase

In Actualidad, Laboral on 23 julio, 2009 at 0:01

submarino«Enfrentarse ahora mismo a las patronales es un error. El empresario va a tirar hacia sus intereses, eso lo tenemos que tener claro, pero no podemos ir en su contra sin aportarle soluciones». Esto no lo ha dicho un representante de la patronal, como pudiera parecer, sino nada menos que la nueva Secretaria Insular de UGT en Tenerife, Lidia Quintana. ¿Y de qué soluciones habla esta burócrata sindical? No deja margen a la duda: las que les den «la posibilidad de rentabilizar sus trabajadores». Es decir, de explotarlos más y sacarles mayor plusvalía. Y todo ello para que los capitalistas «no lleguen a despedir» a sus asalariados.

Por si fuera poco, Quintana añade que «que dialogues no significa que te vendas. Lo que vamos a hacer es ofrecer alternativas a los empresarios». Mala conciencia tiene cuando responde a una acusación no planteada, reconociendo implícitamente que, cuando ellos «dialogan», la mayoría de los trabajadores saben que, en realidad, se están vendiendo. Todo el mundo puede entender que cuando no se tiene la fuerza suficiente para derrotar absolutamente al enemigo, no queda más remedio que negociar. Eso es el abc de cualquier lucha. Lo que es absurdo es negarse de antemano a luchar en beneficio del «diálogo» y del «buen rollito» con la patronal.

La misma Quintana lo deja claro: «Ya no estamos en la época de pedir cuatro para que te den tres. No. Hay que pedir tres, que es lo que van a dar». Y si lo que te van a dar es uno, pues pides uno, claro. La estrategia, en resumen, es no pedir nada que incomode a la patronal, cuyos sacrosantos intereses deben prevalecer por encima de todo. ¿Pero qué otra cosa cabe esperar de una burócrata sindical que ya no confía en la clase a la que dice representar? Ella misma lo reconoce: «no se puede decir que se harán huelgas porque ¿quién va a ir? Eso es algo que la patronal sabe». Efectivamente, la patronal sabe que con este tipo de sindicalismo y con estos «dirigentes», no hay de qué preocuparse. Ellos mismos renuncian a la más poderosa arma de lucha que tienen los trabajadores.

¿Qué les queda? El territorio en que se sienten a gusto: los despachos, las moquetas, las reuniones de trabajo, el chalaneo y el darse importancia por lo bien que se llevan con los representantes de la patronal. ¿Que eso significa avalar la sobreexplotación de los asalariados? Qué más da: de lo que se trata es de dar «alternativas» a los capitalistas, de tenerlos contentos, para que no se enfaden y la cosa vaya a peor. Eso se llama ahora «sindicalismo responsable». Y como, de todas formas, los trabajadores tienen la culpa porque no van a las huelgas, «bastante hacemos».

Ni se les ocurre preguntarse por qué no van los trabajadores a la huelga. Pero se lo vamos a explicar. En primer lugar, es difícil ir a una huelga que no se convoca. En segundo lugar, para qué ir a una huelga cuando ya se sabe que perdemos jornales para que al final de todas maneras nos vendan. Y por último, es difícil ir a una huelga cuando ustedes machacan a sus propios afiliados metiéndoles miedo con que si las huelgas no sirven para nada, que si después es peor porque despiden gente, con que eso está «anticuado» y no es «europeo»…

Con un sistema de sindicalismo con escasa afiliación y muchísima menos participación, sin el menor resquicio a un funcionamiento asambleario, con un régimen electoral copiado del sistema de partidos (con el añadido que la mayoría de las elecciones se pactan con el patrón antes que con los propios trabajadores), y con centrales sostenidas con los fondos del Estado, no podía esperarse otra cosa: un sindicalismo al servicio del Estado capitalista y la «paz social». Ni en sus mayores fantasías podrían los capitalistas idear una mejor estructura sindical al servicio de sus intereses.

Efectivamente, estos burócratas no se venden cuando «dialogan». Estàn vendidos ya de antes. Y por eso su objetivo es ofrecerle ventajas y «soluciones» a los capitalistas. Pero mientras ellos están entretenidos en tales enjuagues, la realidad de la devastadora situación de la clase obrera sigue caminando. El futuro, afortunadamente, no lo escriben los colaboracionistas y los traidores.