Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Zapatero: la patronal no paga traidores

In Actualidad, Economía, Laboral on 27 julio, 2009 at 0:01

diazferran_zapateroLa ruptura de las negociaciones del gobierno español con UGT, CCOO y la patronal CEOE, para conseguir un nuevo pacto social, hace aparecer a Zapatero como un gran defensor de la clase obrera que, valientemente, ha sabido plantar cara a los empresarios y alinearse con los sindicatos. Todo un «izquierdista» que defiende a los pobres frente a los ricos. Pero esta presentación que hacen los medios de comunicación burgueses, los grandes sindicatos subvencionados y la propia IU, dista mucho de la realidad.

Como típico representante de la socialdemocracia (los llamados partidos «socialistas»), Rodríguez Zapatero trata de ser un buen gestor del capitalismo, papel para el que se postula ante los grandes capitalistas -que son los que deciden los apoyos económicos y mediáticos electorales- como más «eficaz» que la derecha-derecha que representa el PP. Desde el principio de la recesión económica imperialista, el líder del PSOE se dedicó a regalar miles de millones a la banca española, hasta el punto de endeudar el Estado por encima del 30% del Producto Interior Bruto (PIB).

La ineficacia de estas medidas -salvo para las arcas y los beneficios de las grandes corporaciones financieras- y el desconcierto ante unos invisibles «brotes verdes» de una supuesta futura recuperación económica, le hacen seguir dando palos de ciego en pleno desconcierto ante la crisis del capitalismo. Con más de 4 millones de parados, Zapatero buscaba hacerse la foto con la patronal y unos domesticados sindicatos, y de paso asegurarse una «paz social» ante un otoño que viene especialmente duro para los trabajadores, a muchos de los cuales se acaban todo tipo de prestaciones por desempleo.

Para que los sindicatos pudieran salvar la cara en este pacto, Zapatero ofrecía (y dice que va a mantener) precisamente unas ayudas a aquellos parados a los que se agotaran todas las prestaciones, tratando así, además, de menguar la creciente crispación social. A los capitalistas le ofrecía una reducción del 1,5% de la cuota patronal de las cotizaciones a la seguridad social. Es decir, una reducción efectiva de los salarios, ya que, tanto la cuota patronal como la cuota obrera a la seguridad social no son un impuesto, sino masa salarial. No forman parte del salario directo, pero sí una renta que les proporciona ingresos diferidos (las pensiones) o indirectos (sanidad, desempleo, etc.).

Pero a la oligarquía española no le parece suficiente ese 1,5%. En vez de apostar por empresas innovadoras y productivas, sigue empeñada en aumentar sus beneficios abaratando el valor del trabajo compitiendo a base de costes salariales reducidos. Y de una mano de obra practicamente esclava, sometida bajo el temor del despido libre y gratuito. Esa, junto a una rebaja del 5% de las cuotas a la seguridad social (15.000 millones de euros menos cada año) fueron las exigencias que plantearon en la mesa de negociación.

Para Zapatero, que lo que pretendía era fortalecerse políticamente, aceptar estas exigencias planteadas como irrenunciables por la patronal supondría un auténtico suicidio electoral, amén de una quiebra de la caja de la seguridad social de mayor calado de la que su gobierno estaba dispuesto a asumir. Como puede apreciarse, no hay diferencias de planteamiento entre las posturas del PSOE y de la CEOE: solo de cantidad. Es decir, de cantidad asumible en términos electorales.

Zapatero, que siente con razón que ha beneficiado enormemente a los capitalistas, piensa que la patronal es una «desagradecida». Y que su presidente, Díaz Ferrán, actúa en connivencia con el PP solamente para fastidiarle. Aunque este pueda ser un factor añadido, lo que el gobernante socialdemócrata español no entiende es la lógica misma del capitalismo que él tanto defiende (aunque quiera ponerle un «rostro humano» para dulcificarle sus aspectos más tenebrosos).

Por su cabeza (ni por la de los sindicatos) no pasa ni una sola medida superadora del capitalismo, ni siquiera una simple nacionalización de la banca. Tampoco entra en su cabeza, ni en la de nadie del PSOE, la necesidad de aumentar el consumo para afrontar la recesión. Esto es, de incrementar las rentas del trabajo y el poder adquisitivo de los asalariados, que suponen la inmensa mayoría.

Al fin y a la postre, todo se reduce a una batalla entre el Consejo de Administración de los capitalistas y su actual Director-Gerente sobre la marcha de la «empresa». ¿Y UGT y CCOO? Pues sí: de palanganeros.