Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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La batalla de Europa del Este

In Actualidad on 30 julio, 2009 at 0:01

europaesteLa situación geoestratégica en Europa se complicó de forma acusada con la agresión de Georgia contra Osetia del Sur, el 7 y 8 de agosto de 2008, que no era más que una ofensiva respaldada por el imperialismo norteamericano (entonces aún con la administración Bush) contra Rusia y contra las relaciones entre Rusia y la Unión Europea. Pieza crucial de esta jugada fue el apoyo de la mayoría de dirigentes de Europa del Este, y especialmente Ucrania, que suministró armas a Georgia para la agresión.

Hay que recordar que, precisamente hace un año, Ucrania se embarcó en una guerra de boicot al tránsito del gas ruso por su territorio hacia la UE, incumpliendo las obligaciones del contrato que había suscrito y, literalmente, robando el gas ruso.

Los gobiernos derechistas del otrora “bloque socialista” europeo, conscientes de que la recesión económica mundial golpea de forma especialmente dura sus países y de que, precisamente por ello, la fascinación que el paraíso capitalista ejercía sobre sus ciudadanos se evapora rápidamente, tratan de amarrar a toda prisa mayores vínculos con EEUU y contrarrestar la influencia de Moscú. Entre otras cosas, con la construcción de nuevos gasoductos que no pasen por el territorio ruso.

El acuerdo firmado el pasado 13 de julio por Bulgaria, Rumanía, Hungría, Austria y Turquía, para la construcción del gasoducto Nabucco, que transitará por el territorio de los países firmantes y cuenta con el apoyo de EEUU, está considerado de vital importancia para los intereses energéticos de la UE. La finalidad de este gasoducto, es precisamente la reducción de la dependencia europea respecto al gas ruso.

Tanto la dependencia de las inversiones extranjeras y de las exportaciones de la Europa del este a la Occidental han caído de forma significativa. Además, se trata de economías que han crecido sobre la base de un fuerte endeudamiento en moneda extranjera, que ahora se ve agravado por la devaluación de las monedas de estos países. Se calcula una caída media del 40% del valor de las divisas esteeuropeas respecto al dólar y una caída de sus bolsas del 77% desde los máximos logrados en 2008.

Europa del Este debe la friolera de 2,3 billones de dólares a la banca occidental. Para hacernos una idea de lo que representa esta inmensa cifra podríamos compararla con los cálculos que dicen que en la actual crisis financiera se han movilizado, alrededor de 5 billones de dólares.

Además, el proceso de endeudamiento de estos países ha sido particularmente acelerado en los últimos 3 años, justo antes de darse el cambio de ciclo, con una deuda de 1,7 billones de dólares. La Europa «emergente» se ha convertido en la subprime del continente: el 25% de las inversiones financieras occidentales en bancos de la región de los Países de Europa Central y Oriental (PECO) podrían ser «activos tóxicos».

El Banco Mundial ha manifestado su temor a que el derrumbe del Este precipite un «efecto dominó» que desestabilice el euro y haga retroceder los avances logrados en la UE en los últimos 50 años. En 2009 deben pagarse o refinanciarse 400.000 millones de esa deuda con Europa Occidental. El FMI está tratando de aumentar la partida de «ayudas» para intentar evitar el colapso económico de estos países, pero a cambio de un ajuste brutal del gasto social y de un empeoramiento general del nivel de vida de la mayoría de la población, echando más leña al fuego de la situación social de estos países.

Estos países han pasado de ser el escaparate de la derrota del «comunismo», a ser uno de los escaparates más vistosos de la debacle capitalista. Tras 20 años de reformas capitalistas y de servir al capitalismo occidental gracias a la incorporación de nuevos mercados, zonas de inversión, y sobre todo mano de obra barata, ese modelo ha quebrado.

De manera que el camino que se abre de nuevo a los trabajadores de estos países es la lucha por derribar el capitalismo y avanzar al socialismo. Eso sí, lejos de la deformaciones y el burocratismo estalinistas, y más en la línea marcada por la revolución rusa de 1917. El auge de esa perspectiva y el espectacular renacimiento de las huelgas y las manifestaciones obreras pone de los nervios a la derecha esteeuropea.

Además, las propuestas del presidente de Rusia, Dimitri Medvédev en relación a la creación de una nueva arquitectura de seguridad en Europa, suponen una horrible pesadilla tanto para la derecha esteeuropea como para los propios EEUU. Lo que les lleva a unos y a otros a presionar a la UE para reforzar la OTAN, urgiendo la entrada de Ucrania y Georgia en esa alianza militar dominada por EEUU. Se trata así de continuar con la agresiva política exterior imperialista de la administración Bush.

Un ejemplo se encuentra en el proyecto de situar en Polonia y República Checa el llamado escudo antimisiles norteamericano, un ambicioso proyecto impulsado por Bush consistente en cercar la frontera ruas con misiles de respuesta rápida, y que Rusia ve claramente como una amenaza para su propia seguridad, a pesar de que la administración estadounidense asegure que son para “defenderse” de hipotéticos ataques de Irán o Siria.

En este escenario, el pasado 15 de julio se hizo pública una carta abierta de dirigentes derechistas de Europa del Este a Barack Obama, en la que piden a Washington que mantenga una “política firme” frente a Rusia. Los firmantes insisten en que sus países son fieles aliados de EEUU y manifiestan su preocupación porque “la nueva administración de Obama ajusta sus prioridades en política exterior» y comience a dirigir la atención a otras áreas consideradas más estratégicas.

Este patético llamamiento a que los amos norteamericanos los tengan más en cuenta, está firmada, entre otros, por Lech Walesa (Polonia), Vaclav Havel (República Checa), Valdas Adamkus (Lituania), Emil Constantinescu (Rumanía), Michal Kovacz (Eslovaquia), Aleksander Kwasniewski (Polonia) y Vaira Vike-Freiberga (Letonia). Y aparece inmediatamente después de que la administración Obama firmara un acuerdo con Rusia para reducir su armamento nuclear.

En definitiva, y lejos de los focos de los mass-media occidentales, una batalla decisiva se está librando en la Europa del Este.