Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Terrorista bueno, terrorista malo

In Actualidad, Represión on 17 agosto, 2009 at 0:01

freethefiveHace más de diez años que permanecen prisioneros en las cárceles de los Estados Unidos los cubanos Gerardo Hernández, Ramón Labañino, René González, Antonio Guerrero y Fernando González. Su delito: infiltrarse en las bandas terroristas del exilio contrarrevolucionario de Miami, para descubrir y frustrar los planes criminales de estos grupos tolerados y protegidos por el imperialismo yanqui.

Desde el mismo momento del triunfo de la Revolución cubana los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos, a través de agresiones directas e indirectas, de conspiraciones de sus servicios secretos, y por medio de los sectores más reaccionarios y fascistas de los emigrados cubanos, han utilizado el terrorismo como arma principal para combatir y entorpecer el desarrollo del socialismo en Cuba.

Sin embargo, con la hipocresía que le caracteriza, el imperialismo norteamericano se atreve a incluir a Cuba en su lista arbitraria de «Estados que apoyan el terrorismo», mientras tolera, comprende y alienta las actividades terroristas de grupos como la Fundación Nacional Cubano Americana, Alpha 66 o Comandos L, y admite la presencia en su territorio, bajo la protección del FBI y de las instituciones judiciales norteamericanas, de terroristas confesos como Luis Posada, Orlando Bosch o José Basulto.

Al igual que Osama Ben Laden era un «buen terrorista» cuando, por cuenta de la CIA, combatía contra la República Democrática antiimperialista de Afganistán, el terrorismo de los grupos fascistas y anticomunistas de los emigrados cubanos en Florida es bien visto y apoyado sin reservas por la prensa y la televisión, que reflejan puntualmente la actitud y la opinión del gobierno, la policía y la judicatura norteamericanas.

Pero, a pesar del apoyo declarado de las sucesivas administraciones en Washington, los servicios de inteligencia cubanos han conseguido, durante cincuenta años de enconada lucha contra la CIA y sus lacayos de Miami, grandes éxitos desmontando innumerables planes para atentar contra la economía nacional de Cuba y contra los líderes revolucionarios.

En el más absoluto anonimato y jugándose la libertad y aun la vida a cada paso, los agentes cubanos infiltrados en las organizaciones contrarrevolucionarias logran información decisiva sobre los proyectos asesinos de la mafia terrorista y permiten con su arriesgada labor, contrarrestar la actividad criminal de estos grupos y reducir al mínimo las pérdidas y los daños provocados por ellos, a pesar del ilimitado apoyo político, logístico y financiero que el imperialismo les brinda.

Cuando exigimos la libertad de los cinco héroes antiterroristas cubanos, no sólo denunciamos una flagrante injusticia, sino que, además, ponemos en evidencia el doble rasero y la doble moral de los imperialistas que pretenden presentarse ante el mundo como los adalides de la lucha contra el terrorismo.

Lo cierto es que la «guerra contra el terrorismo», al igual que la «defensa de la democracia y los derechos humanos», no es, para los gobiernos de los Estados Unidos, más que una coartada y una excusa que utilizan cuando les conviene para defender sus intereses imperialistas y justificar sus políticas de guerras preventivas y de saqueo de los recursos naturales de otros países.

Y no tienen, cuando les interesa, ningún reparo en apoyar a grupos terroristas, oligarquías fascistas y camarillas militares golpistas, cuando se trata de perjudicar a Estados socialistas como Cuba o China (respaldando a organizadores de pogromos racistas como Dalai Lama o Rebiya Kadeer) o a gobiernos antiimperialistas como los de Venezuela o Irán.

Los comunistas y todos los demócratas del mundo condenamos la farsa del juicio y el fallo de un jurado totalmente predispuesto y condicionado por el ambiente de la gusanera de Florida en contra de los cinco antiterroristas cubanos.

Y denunciamos la política hipócrita del gobierno norteamericano y repudiamos la doble moral imperialista que pretende, a pesar de ser el mayor terrorista de la historia, como ha quedado demostrado en Hiroshima o en Irak, y el principal apoyo de los golpistas criminales negadores de los derechos humanos como Franco o Pinochet, hacerse pasar por «defensor de la democracia y las libertades».

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