Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Las piedras de Tegucigalpa

In Actualidad on 28 agosto, 2009 at 0:01

ivan_pinheiroHONDURAS: LA REVOLUCIÓN NACIONAL LIBERTARA TARDÍA


Ivan Pinheiro
Secretario General del Partido Comunista Brasileiro (PCB)

Los días que pasé en Honduras, en la fraterna compañía De Amauri Soares y Marcelo Buzetto, sirvieron para consolidar las impresiones que, desde Brasil, expuse en el artículo En contra la maniobra del pacto de las élites.

Definitivamente, el golpe no solamente ha contado como todavía cuenta con el apoyo material y político del imperialismo estadounidense, que fue obligado a disimular su participación en razón de los errores cometidos en la ejecución del golpe, sobre todo el hecho del mundo haber sido sorprendido por la prisión y la retirada forzada de Manuel Zelaya del país sin una satanización previa.

El golpe en Honduras es parte del plan imperialista para intentar frenar el ALBA y los procesos de cambio sociales en América Latina. Honduras está ubicada entre Nicaragua y El salvador, vecinos hoy gobernados por antiguos movimientos guerrilleros de liberación nacional, ahora en versión moderada, que se desmilitarizaron en los años 90. El Frente Sandinista y el Frente Farabundo Martí.

Además, el país posee grandes reservas no explotadas de petróleo, abundantes recursos mineros y otros recursos naturales, además de la base de Soto Cano, la más importante y estratégica para los yanquis en Centroamérica. Zelaya es el detalle del golpe, que es mucho más contra el ALBA, contra Cuba, Venezuela, ecuador, Bolivia y los dos vecinos limítrofes.

Por lo visto está a punto de ser consumado el plan B que el imperio adoptó a partir de la repulsa mundial en el inicio del golpe: su legitimación y en seguida legalización.

Cada día que pasa se hace más difícil el retorno de Zelaya al gobierno, aunque solamente para presidir las elecciones generales de noviembre con las manos atadas, sin el ALBA, sin Constituyente, ni siquiera el derecho de candidatearse al cargo electivo más simple.

Uno de los más importantes lances de este plan B ocurrió el 12 de agosto, cuando los miembros de la Corte Suprema y del Tribunal Superior Electoral anunciaron oficialmente la manutención de la elecciones generales para el próximo 29 de noviembre. Luego, en una simulación de sorpresa, el presidente golpista reconoce la decisión del judiciario, como se estuviera sometiéndose a un poder autónomo, al “imperio de la ley y da la justicia, al estado democrático de derecho”.

Todo eso en cadena nacional de televisión. En el horario noble, como conviene a una buena novela. Enseguida, aun en vivo, Honduras gana cuatro a cero a la rival Costa Rica, por las eliminatorias de la Copa del Mundo.

La señalización es obvia: hasta la pose del nuevo Presidente, en enero, Michaletti preside el país, el TSE realiza las elecciones, la Corte Suprema las preside, las Fuerzas Armadas las garantizan y los observadores internacionales escogidos a dedo las legitiman. Todo para dar un aire de legalidad. Si sucede de esa manera, Zelaya no vuelve ni para pasar la faja al futuro presidente.

El mismo día, en entrevista colectiva después de una cúpula del Nafta, entre sonrientes presidentes de Canadá y de México, Obama hizo una gran jugada y abandona Zelaya a la propia suerte. Aprovechándose de las ilusiones alimentadas por este, de volver al poder por iniciativa de los EUA, Obama se lava las manos, y señala la incoherencia de las presiones para que intervenga en Honduras por parte de los que piden el fin de la intervención de los EUA en los países de Latinoamérica.

En el mismo evento trilateral, Felipe Calderón – electo presidente en un monumental fraude contra López Obrador – anuncia el reconocimiento de México al gobierno Micheletti, siguiendo el ejemplo pionero de Canadá, cuyas empresas de mineración transnacionales con sede en el país ocupan casi un tercio del territorio hondureño. Para los que aún no se dieron cuenta de que el capitalismo brasileño es parte del sistema imperialista, la más poderosa de esas empresas dichas canadienses (la INCO) fue recién comprada por “nuestra” Vale do Rio Doce.

Todo lleva a creer que el núcleo duro de la oligarquía y de la cúpula militar que asumió el gobierno en Honduras hace más de cincuenta días – ahora hablando por mayor por el decurso del plazo en el poder – está con fuerza para imponer su propio proyecto de pacto de élites para superar la crisis y legitimar el golpe. No solamente rechazó las propuestas conciliadoras hechas por el Presidente de Costa Rica, como, el 10 de agosto, no recibió una delegación de chancilleres latinoamericanos que, en nombre de la OEA, iban a Teguciagalpa hacer un intento de mediar la crisis. Y eran representantes apenas de gobiernos moderados o pro imperialistas: Argentina, Canadá, Costa Rica, Jamaica, México e República Dominicana. Los golpistas solamente admitieron recibir a la Comisión de la OEA el próximo 24 de agosto, y ganan más dos semanas sin “mediaciones”.

Los golpistas consiguieron unificar todas las instituciones y personalidades de las clases dominantes: las cúpulas de las Fuerzas Armadas, de la Iglesia Católica, de las entidades empresariales, del Judiciario, la gran mayoría del Congreso Nacional, que incluye parlamentares del propio partido de Zelaya, que es el mismo de Micheletti, el centenario Partido Liberal, una especie de PMDB hondureño.

Esta unificación se expresa en la prensa. Están con el golpe todos los cuatro periódicos diarios y, con la intervención militar en el canal 36 y la represión a periodistas independientes, todas las emisoras de televisión. Solamente una estación de radio resistía todavía, pero cuando escribo, debe de estar fuera del aire.

Creo que presenciamos en Honduras los momentos cruciales para el desenlace de esta batalla, un capítulo de la lucha de clases que se expresa en el país. Los días 11 y 12 de agosto, no por coincidencia, llegaron al auge la movilización popular y la represión. Siento expresar la impresión de que los golpistas salieron más fortalecidos de esas dramáticas 48 horas.

El día 11, las protestas en Tegucigalpa, San Pedro de Sula y otras localidades envolvieron casi cien mil manifestantes. En la capital, la marcha hizo un intento de ir hasta la Casa Presidencial, sede del gobierno federal, ubicada en un barrio de élite alejado del centro, y fue reprimida por miles de soldados de la Policía nacional y del ejército. En la dispersión, como expresión de la revuelta popular, las piedras de las mal pavimentadas calles de TeguciNalpa se transformaron en armas contra símbolos del capital: los cristales de bancos y redes multifuncionales de comida rápida.

La noche del día 11, el gobierno retoma el toque de queda. En la madrugada, vehículos sin placa recorren la capital con tiradores en trajes civiles ametrallando los dos principales locales de reunión de la dirección del Frente Nacional Contra el Golpe de Estado: las sedes del Sindicato de los Trabajadores de Bebidas e de la Vía Campesina.

En la mañana del día 12, cuando nueva manifestación pacífica se dirigía al centro de la ciudad para una protesta delante del Congreso Nacional, la represión ya había montado un aparato impresionante, destinado a evacuar todo el centro de la ciudad con violencia contra quien estuviera en las calles, fueran o no manifestantes.

Soy testigo ocular de que el pretexto para justificar la violenta represión fue montado por agentes provocadores que, en una acción combinada, simularon una agresión y enseguida la protección del Vicepresidente del Congreso Nacional, uno de los principales articuladores del golpe. Exactamente la hora en que pasaban los manifestantes, él salió solo a la puerta del Parlamento en plena sesión legislativa. Estas escenas, horas después, fueron exhibidas exhaustivamente en todas las emisoras de televisión hondureñas y posiblemente en todo el mundo.

En la dispersión desordenada, gran parte de los manifestantes se dirigió al cuartel general de la resistencia desde el inicio de las movilizaciones, el campus de la Universidad Pedagógica, hasta entonces inviolable, donde se realizaban las Asambleas de la resistencia y se alojaban los militantes que viven fuera de la capital. Pero el campus ya estaba tomado por las tropas, que siquiera permitieron a los alojados retiraren sus pertenencias personales, cuya incautación, incluso, sirvió para manipular la “descubierta” de cócteles molotov.

Es impresionante la combatividad, el coraje y la determinación del pueblo hondureño. Es digna de registro la unidad de las fuerzas que impulsan hasta aquí la resistencia, organizadas en el Frente Nacional Contra el Golpe de Estado, a pesar de las debilidades políticas, materiales y organizativas de los movimientos sociales y grupos de izquierda. Si no fueran estas debilidades, la historia podría ser otra. En los momentos siguientes al golpe había un conjunto de factores que podrían configurar una situación pre revolucionaria.

Los sindicatos aún no tienen la fuerza deseada, sobre todo en la iniciativa privada, donde la huelga general no prosperó. Las agrupaciones revolucionarias solamente ahora están reorganizándose, recuperándose de la desarticulación de las décadas de los 80 y 90, en función de la derrota de la lucha armada, de la represión y de la crisis en la construcción del socialismo. Para que se tenga una idea, dos partidos que se reivindicaban comunistas se disolvieron en aquel periodo y solamente ahora algunos comunistas están refundando el partido.

Pero las clases dominantes, para allá del Estado, poseen un arma decisiva en una batalla como esta: la prensa, sobre todo la televisión. Fue por este medio que los golpistas lograron callar, encuadrar y cooptar la gran mayoría de la pequeña burguesía, restringiendo la resistencia a los sectores proletarios y parte minoritaria de las camadas medianas.

Con mucha competencia, diuturnamente, todos los canales de televisión legitiman el golpe y satanizan a la resistencia. Juegan con el miedo, y muestran escenas de violencia en las calles, en que las tropas solo atacan para defenderse de los “violentos” manifestantes, llamados bárbaros y terroristas. Juegan con el riesgo de se perdieren empleos y negocios, por cuenta de la paralización de parte importante de la economía del país. Juegan con el sentimiento de autodeterminación, y acusan la resistencia de ser dirigida y financiada por Venezuela y Nicaragua.

Todos los medios de comunicación se utilizan del mismo patrón de manipulación. Los manifestantes son “vándalos, terroristas”; el golpe es una “sucesión constitucional”. No hay cualquier debate en la prensa electrónica, en qua haya espacio para lo contradictorio. Como aquí en Brasil, todos los “especialistas” llamados a comentar los hechos tienen la misma visión del mundo. La manipulación mediática no es solamente lo que notician, pero también lo que no notician. La solidaridad internacional no es conocida por el pueblo hondureño. Zelaya viene siendo satanizado como un maleante político, que quería rasgar la Constitución, a servicio de Hugo Chávez. En esta fase de legitimación del golpe, el noticiero acerca de Honduras va sumiendo en la prensa mundial.

Confieso que fue imposible resistir a la atracción de vivenciar personalmente las confrontaciones del centro de la ciudad, al lado de los manifestantes y del pueblo, para ayudar en lo que fuera posible. Confieso que fue difícil reprimir el impulso que las manos suplicaban, cuando las piedras me miraban del suelo.

La ofensiva de la derecha puede llevar a un natural reflujo del movimiento de masas, sobre todo frente al cansancio, a la falta de resultados, al aislamiento social y de unos tiempos para acá, a una cierta desconfianza sobre la determinación de Zelaya. Y además, la prensa legitimó la represión, y eso da al gobierno golpista manos libres para radicalizar aun más en las próximas escaramuzas.

Hay muchos indicios de que el imperialismo ya selló el destino a Zelaya: la posibilidad de un retorno al país, “amnistiado”, después de la pose del nuevo Presidente. No hay cualquier señal de la salida de Micheletti antes de eso, ni con la asunción de un tertius para disfrazar el golpe. Si no ocurre un hecho nuevo, Micheletti pasa la faja para el nuevo Presidente, en enero, ciertamente un ciudadano “ilibado, por encima de las clases, de unión nacional”, o sea, de absoluta confianza del imperialismo y de las clases dominantes locales.

Sinceramente, me gustaría traer de Honduras análisis diferentes,

Un ejemplo de este plan es que, el 13 de agosto, partió de Honduras para los EUA una comisión de “notables” indicados por el gobierno golpista, para explicar las razones del golpe al Departamento de Estado, invitada por éste. ¿Se acuerdan del compromiso de Obama de no recibir delegaciones del gobierno golpista?

Los golpistas están cambiando los representantes diplomáticos hondureños en todo el mundo, como la Cónsul Gioconda Perla, de Rio de Janeiro, que permaneció fiel a Zelaya. Salvo los que adhirieron al golpe. Ocuparon todos los cargos federales. El gobierno funciona a pleno vapor. Las carreteras van siendo desobstruidas, para escurrir la circulación de bienes y la exportación, y reactivar la economía. Los defensores de Zelaya en la élite política se callaron, con raras excepciones. El caso más emblemático del oportunismo político es del Embajador hondureño en Brasil, que había sido nombrado por Zelaya. Como ya percibió para donde los vientos soplan, simuló un ingreso en el hospital por problema cardiaco el día que llegó Zelaya a Brasilia, cuando este fue recibido por el Presidente Lula.

Como se puede ver, va viento en popa la táctica de legitimación del golpe, ayudada por el casi fin del mandato de Zelaya y, ahora, por una agenda electoral que dominará la escena política hondureña de aquí a pocos días. Para que se tenga una idea del proceso electoral, habrá más de 20.000 candidatos para cerca de 2.850 cargos (Presidente, Diputados, Alcaldes, Concejales), incluso del único Partido considerado de izquierda entre los cinco registrados, el social demócrata UD (Unificación Demócrata), que tiene seis diputados – ni todos con participación activa en la resistencia – en una Cámara de poco más de cien.

A partir del 31 de agosto, los partidos y los candidatos registrados ya podrán hacer la divulgación de sus campañas en materias pagadas, incluso, en la televisión. Esto cambiará la pauta nacional.

Además, la participación o no en el proceso electoral puede ser un factor de división del Frente contra el golpe, que reúne la Unificación Democrática y el Bloque Popular, en los cuales están las organizaciones sociales y políticas más a la izquierda. La UD ya lanzó públicamente un candidato a Presidente, mientras el Bloque Popular defiende la no participación en las elecciones, con el argumento de no legitimar el golpe.

Mientras tanto, Zelaya, en un comportamiento pendular, abandonó su puesto en territorio nicaragüense, en Ocotal, en la frontera con su país, de donde había anunciado que iría comandar personalmente la resistencia popular, exactamente los días 11 y 12 de agosto, para los cuales estaba convocada la jornada de lucha. En esos días, Zelaya optó por una gira por Sudamérica, donde visitó Brasil y Chile, para señalizar una inflexión del eje Chávez/Ortega para Lula/Bachelet.

Pero, ayer, el presidente depuesto había vuelto a su puesto en la frontera, de donde divulgó un comunicado en que convoca al pueblo hondureño a la manutención de la lucha de resistencia en contra el golpe y al no reconocimiento del proceso electoral convocado, ni de sus resultados. Y las manifestaciones continúan, aunque con participación menor- En este domingo, habrá un gran concierto musical en contra el golpe.

En verdad, aun así, parece que llega al fin uno de los últimos capítulos de la ilusión de la revolución nacional libertadora, que ya hace algunas décadas pasó del plazo de validad.

Zelaya, electo por un partido del orden, representaba lo que aún resta de sectores de la burguesía hondureña, pequeños y medianos empresarios, que tienen algún nivel de contradicción con el imperialismo. Su acercamiento con el ALBA y la Petrocaribe no tenía un sentido de transición al socialismo, aunque el difuso “socialismo del siglo XXI”. Se trataba del interese de esos sectores no monopolistas de la burguesía hondureña de hacer crecer el mercado interno y tener acceso al mercado de los países del ALBA. Para ello, necesitaban nacionalizar algunas riquezas nacionales, participar de una integración no imperialista para importar petróleo y otros insumos más baratos y mitigar las injusticias para aumentar el poder de consumo popular, a través de políticas compensatorias y aumento del salario mínimo.

La realidad demuestra que esos sectores residuales de la burguesía no tienen la mínima condición de disputar con los sectores monopolistas. En la fase imperialista del capitalismo, principalmente en medio a su crisis, la hegemonía en el estado burgués pertenece a los segmentos asociados a los grandes monopolios. Quien manda en Honduras son los bancos, el agronegocio, los exportadores de materia prima, y las industrias maquiladoras volteadas, como en el caso de la Nike, para el mercado externo.

Pero, en Honduras, nada será como antes, principalmente la izquierda y su vanguardia. Maduran y se forman en esta legendaria lucha miles de militantes y cuadros. El comando del Frente, en especial del Bloque Popular, ya ajustó correctamente la línea política y la organización popular a las necesidades de esta nueva fase de lucha. La bandera de la convocación de la Constituyente, libre y soberana, con o sin Zelaya, es uno de los ejes políticos principales. En Asamblea en este domingo, la resistencia resolvió priorizar la organización popular, desde las bases.

La gran lección que los militantes hondureños aprendieron es que los proletarios solo pueden contar con ellos mismos. Para la gran parte de esta heroica vanguardia, se acabaron las ilusiones de alianzas con la burguesía, de posibilidades de humanización del capitalismo y de transición al socialismo en los marcos de la institucionalidad burguesa.

Y la certeza de que no bastan las piedras de Tegucigalpa.

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