Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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EEUU: la ferocidad del capitalismo sanitario

In Actualidad on 26 agosto, 2009 at 0:01

sanidadprivadaImagínese que vive en Estados Unidos. Y que no tiene seguro médico ni goza de una gran fortuna. Su vida y la de sus hijos estará en peligro. Cualquier accidente que sufra su salud deberá pagarlo de su bolsillo. Si llega a un hospital con algo muy grave, todo lo más le pondrán suero para mantenerlo, pero ni le operarán ni le darán tratamiento. Y así y todo, quedará usted embargado de por vida con el hospital. Y eso si le atienden. Si se trata de ir al médico para cualquier enfermedad, difícilmente le atenderán si no tiene seguro, salvo que adelante el dinero. Si reúne las condiciones para acogerse a la beneficencia pública, tendrá atención en determinados casos, pero no en la mayoría.

Tener seguro médico tampoco es tan fácil, aunque tenga usted dinero para pagarlo. Antes de firmar el contrato, las aseguradoras privadas le someterán a un chequeo exhaustivo. Cualquier enfermedad crónica o el simple riesgo de padecer una enfermedad, hará que se nieguen a contratar con usted. Incluso si tiene seguro, las compañías aseguradoras buscarán cualquier subterfugio para negarse a pagarle el tratamiento. ¿Que tiene usted una complicación derivada del cáncer? Pues como esa complicación en concreto no estaba prevista en el contrato, ni le pagan el tratamiento para ella ni para el cáncer.

Abusos como esos se dan a diario. Aún más: puede usted tener razón legalmente frente a la aseguradora. Pero, si ésta se niega a pagar, ¿tiene usted dinero para abogados y un larguísimo pleito contra una gran corporación y sus carísimos abogados? Y lo peor: ¿puede permitirse el lujo de pleitear antes de que la enfermedad acabe con su vida?

La situación es tal que siempre hay un peligro latente para cualquier epidemia. Y, sobre todo, supone una exclusión social para millones de personas, con el riesgo que eso supone para el sistema. De hecho, la recesión económica del imperialismo ha agravado la situación, ya que la mayoría de los seguros médicos están vinculados al puesto de trabajo. Al ir al paro, se pierde el trabajo y la cobertura sanitaria. No es de extrañar que en 2008 el índice de suicidios de trabajadores aumentara en Estados Unidos un 28% con respecto al año anterior.

Barack Obama ha prometido dar cobertura sanitaria a los más de 40 millones de estadounidenses que carecen de seguro médico. Pero las grandes corporaciones de la sanidad están desencadenando una feroz batalla para impedirlo. No es la primera vez. En 1912, Theodore Roosevelt hizo campaña en favor de un seguro nacional de salud, sin resultado alguno. En 1934, durante la Gran Depresión, Franklin D. Roosevelt quiso impulsar un programa nacional de seguros de salud, pero finalmente quedó en nada. Tras ser elegido presidente, en noviembre de 1976, Jimmy Carter prometió poner en marcha un sistema de seguros con cobertura universal, pero el tema fue nuevamente aparcado. El último intento tuvo lugar durante el primer mandato de Bill Clinton, de la mano de Hillary Clinton, pero el proyecto de ley fue tumbado por el Congreso.

Actualmente, un 15% de los ciudadanos norteamericanos no tiene ninguna cobertura; el 53% tiene un seguro que les ofrece su empresa; el 27% tiene un seguro subvencionado por el Gobierno para determinados grupos de población (niños, jubilados, discapacitados…); y el 5% restante tiene un seguro privado sin ayuda de su empresa. Eso no quiere decir que el Estado gaste poco en sanidad. Por el contrario, el sistema norteamericano es uno de los más caros del mundo: EEUU destina un 16% del PIB al gasto sanitario. La mitad es absorbida por dos diferentes sistemas públicos, el Medicaid y el Medicare, y la otra mitad se la embolsillan las empresas privadas.

El plan de Obama contempla un seguro médico público voluntario, alternativo y paralelo a los seguros privados. La reforma costaría cerca de un billón de dólares (700.000 millones de euros). Frente a ello, los poderes fácticos de las grandes corporaciones médicas, aseguradoras y farmacéuticas están moviendo millones en propaganda televisiva y en sobornos a congresistas y senadores, tanto demócratas como republicanos.

La campaña no repara en mentiras descaradas y disparates, como que la reforma sanitaria creará «paneles de la muerte» que supondrán el asesinato de ancianos y enfermos terminales. Se refieren a una cláusula de la reforma que prevé que la sanidad pública cubra la terapia terminal voluntaria. El senador republicano por New Hampshire, Judd Gregg, dijo la pasada semana en un mitin que el sistema de seguros públicos «nacería con una considerable ventaja sobre el sistema privado, controlando los precios y colocando a un funcionario entre usted y su doctor». A pesar de que, para los ciudadanos, más temible que un hipotético funcionario, son los contables y los abogados de una aseguradora. Según Gregg y los contrarios a la reforma, un seguro público llevaría a «largas listas de espera», e incluso «escasez en los tratamientos».

Todo indica que la reforma de Obama, que busca aliviar la tensión social en el país, quedará también en agua de borrajas. Y que su popularidad seguirá descendiendo.

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La ofensiva militar-petrolera de EEUU en África

In Actualidad, África on 25 agosto, 2009 at 0:01

africaLa reciente visita de la Secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, a siete países africanos es sólo una muestra de la ofensiva que el imperialismo ha desatado en nuestro continente. En ese viaje, Clinton exhortó a los países africanos a eliminar las barreras comerciales y señaló que el África subsahariana, con una población de 700 millones de habitantes, tiene un mercado de mayor magnitud que el de Estados Unidos. Sin embargo, el eje central de su gira es garantizar el suministro estable de petróleo de estos países a Estados Unidos.

África, que tiene potenciales recursos de petróleo y relativamente altas tasas de éxito en la exploración, se ha convertido en un objetivo codiciado cada vez más por el imperialismo norteamericano. Se estima que hasta 2015 el petróleo importado por EEUU de nuestro continente representará el 25% del total de sus importaciones de crudo, superando el total importado de los países del Golfo.

La influencia política de EEUU en África es menor que la de las antiguas potencias metropolitanas europeas, como Gran Bretaña y Francia. La depresión económica y las guerras de Irak y Afganistán han dejado a EEUU sin fuerza suficiente para una ofensiva en toda regla en nuestro continente. Pero, a la vez, necesita desesperadamente convertir a África en una zona segura de abastecimiento petrolero, especialmente con una situación de derrota estratégica frente a Irán en Oriente Medio y una Latinoamérica que cada vez se le va más de las manos.

En ese escenario, al imperialismo norteamericano le es vital el control de las reservas energéticas y minerales de África, con entre 12 y 14 millones de barriles diarios de petróleo. De ahí la creación por la administración Bush del United States Africa Command (AFRICOM) que, con la excusa del «antiterrorismo» empezó a actuar en nuestro continente en 2008, con múltiples operaciones militares, especialmente las zonas gasísticas, petroleras y mineras, y con el objetivo central de vigilar y controlar las fuentes energéticas africanas. A esto se suma el interés imperialista en las vastas extensiones de tierras cultivables que posee nuestro continente, y que podrían destinarse a la generación de biocombustibles a partir del empleo de mano de obra barata.

Todo ello, naturalmente, para “ayudar” a nuestro continente a librarse de la mala influencia del integrismo islámico y de Al Qaeda, y sobre todo del comercio con China, India, Rusia o Brasil, que tantos negocios, que hasta hace bien poco resultaban extraordinariamente fructíferos para los monopolios norteamericanos, les están haciendo perder. Esta estrategia imperialista es secundada por el gobierno colonialista español que, desde sus bases en Canarias -convertida de verdad en el tópico «portaaviones»-, respalda activamente las operaciones estadounidenses en toda la zona del África occidental.




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La farsa afgana

In Actualidad on 24 agosto, 2009 at 0:01

afganistaneleccionesLas elecciones en Afganistán son un paradigma de farsa montada por los ocupantes del país. Con más de cien mil efectivos, las tropas invasoras se enfrentan a la contundente acción de la resistencia nacional afgana, que controla más de la mitad del territorio y tiene presencia activa en las tres cuartas partes del país. Según datos del propio gobierno marioneta, en la primera mitad del presente año el número muertos por la guerra ha aumentado un 20% sobre el mismo período de 2008. Tan solo en julio, las tropas de la OTAN sufrieron 75 bajas. En el periodo electoral, el promedio diario de los ataques de la resistencia pasó de 32 a 48. En la jornada de votación más de 50 personas perdieron la vida en alrededor de 130 ataques en todo el país.

El máximo responsable militar de Estados Unidos en Afganistán, el general Stanley McChrystal, reconoció recientemente que la resistencia afgana está ganando la guerra y no sólo retiene el control sobre sus tradicionales zonas de influencia al sur y este del territorio afgano sino que ha logrado avanzar posiciones por todo el país.

La realidad demuestra que después de que Obama asumiera la presidencia norteamericana, a pesar del aumento de efectivos militares en Afganistán, la situación afgana no ha mejorado tal como lo previsto. Después de asumir su cargo, Obama reajustó los acentos de la llamada «guerra antiterrorista», dando importancia estratégica a Afganistán y Pakistán. Pero no le ha dado resultado: el Talibán no le deja la mínima oportunidad para salvar la cara.

En esas condiciones, el intento de EEUU y de sus aliados imperialistas de hacer creer que existe una “democracia” es lastimoso. Para cualquiera que piense un poco, es evidente que elecciones no equivalen a democracia. Y menos en un país ocupado.

El gobierno títere, y siempre según sus propios datos, imposibles de constatar, asegura que 15 millones de afganos se inscribieron para votar (en una población de más de 31 millones de habitantes). Y también según sus propios datos, habría votado un 40% de dicho censo. Ya de entrada se trata de un importante retroceso de la participación con respecto a las «elecciones» de 2004, en que se aseguraba que habían votado un 75% de los censados.

De lo poco que se ha podido filtrar, y según la BBC -televisión pública de una de las potencias ocupantes- los casos de fraude han sido generalizados. Hubo menores que votaron, personas que votaron varias veces y representantes de los candidatos que expulsaron de las escuelas a los funcionarios. La mayoría de las mujeres no pudieron votar: la ausencia de personal femenino para cachearlas a la entrada de los colegios electorales impidió que pudiesen entrar en ellos, y se aceptó que sus familiares varones votaran por ellas.

La comisión internacional de supervisión de las elecciones, montada por las potencias ocupantes, reconoció que las elecciones no habían sido «ni libres ni perfectas», a pesar de lo cual las consideró «aceptables». Y la Unión Europea aseguró en una nota de prensa que «toma nota con preocupación de los informes sobre irregularidades y fraudes», a pesar de lo cual considera los comicios «una gran victoria».

A pesar de la propaganda de guerra imperialista, repetida machaconamente por los medios burgueses, la mayoría de los pueblos del mundo, especialmente en Oriente Medio, África y América Latina, no se creen que EEUU (y sus aliados) estén del lado de «la democracia y el progreso» sino, por el contrario, que se sitúan claramente en el campo antidemocrático en función de sus intereses estratégicos.

Para defender esos intereses, los gastos militares de EEUU superan el 50% del total del gasto armamentista en el mundo. El presupuesto de Defensa norteamericano, que incluye las guerras y las políticas de ocupación rondan los 730.000 millones de dólares para el ejercicio fiscal 2009. Además, las ocupaciones militares de Irak y Afganistán le ha supuesto un gasto suplementario de 903.000 millones de dólares entre 1999 y 2008.

Esa es la «democracia» que impone en el mundo el imperialismo estadounidense: la del saqueo, los bombardeos de población civil y la muerte. Su problema es que ya no cuela.

 
 


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O todos o ninguno

In Actualidad, Economía, Laboral on 23 agosto, 2009 at 0:01

Teo20090620aTeodoro Santana


Las cifras (aún las oficiales y maquilladas) cantan. Unas 62.000 paradas y parados canarios sin prestación o subsidio alguno han quedado excluidos de la ayuda suplementaria de 420 euros del gobierno Zapatero. El truco es la condición gubernamental de que solo accedan a la ayuda aquellos a los que se les acabó el derecho a subsidio a partir del pasado 1 de agosto. Así, de los aproximadamente 85.000 parados canarios que se reconoce que ya no cobraban prestación alguna a finales de julio, solo 23.000 podrán cobrar esa ayuda. La crueldad del asunto es que los que no cobrarán los 420 euros son, precisamente, quienes llevan más tiempo sin que entre un euro en su casa. Y eso por no hablar de quienes no han cotizado lo suficiente para tener derecho a prestación, que no entran en estos cálculos.

Además, la propaganda gubernamental olvida que no podrán beneficiarse de esta ayuda los trabajadores que agoten el subsidio por desempleo para mayores de 52 años. Ni los fijos discontinuos que, mientras mantengan dicha condición, agoten la prestación por desempleo o los subsidios durante los períodos de inactividad. Ni los trabajadores que finalicen sus coberturas durante la suspensión de la relación laboral o la reducción de la jornada de trabajo mediante un ERE.

En todo el Estado, los parados en situación más dramática se han encontrado con que, tras largas colas en las oficinas del paro, se les dice que no van a recibir nada. Al fin y al cabo, no son más que unos pringados que vienen a fastidiar las estadísticas. O, como ha dicho Javier Orduña, director general del Servicio Público Estatal de Empleo (antiguo Inem), «el que ha terminado ya sus prestaciones, se supone que ha tenido más oportunidades para encontrar trabajo».

Se nota que los burócratas, bien enchufados ellos y sus familiares, no han tenido nunca que buscarse la vida en la calle. Por eso no entienden que, cuanto más tiempo llevas parado, menos te quiere contratar un capitalista. Y que persiste la idea reaccionaria, que ya propagó la propia socialdemocracia en tiempos de Felipe González, de que el que está en el paro es porque quiere.

En la línea de esa criminalización del parado, a quienes perciban la susodicha miniayuda se les exigirá que asistan a un «curso de formación». ¿Por qué si esos gilicursos ya han demostrado sobradamente su inutilidad y suponen gastarse más dinero en academias que lo que se va a dar a los parados? Precisamente, porque el gobierno no quiere que «esos gandules» reciban la ayuda «a cambio de nada».

¿Serían capaces los gobernantes que han tomado dicha medida de subsistir con 420 euros al mes? ¿Tendrían la decencia de, dado lo grave de la situación, dar ejemplo y bajarse los sueldos hasta esa cantidad mientras persista la crisis? ¿Acaso, aunque fuera, se pondrían el salario medio de un obrero? Ni por asomo. Con gesto adusto y prepotente, aparecen en los medios de propaganda masivos anunciándonos sus «sabias medidas» como si controlasen la situación y todo estuviese «bajo control». Aunque claro, bajo control sí que está: no son los parados los que mandan sobre policías, militares y jueces.

Por si fuera poco, la medida de los 420 euros, con una duración de seis meses, es puramente coyuntural, de forma que no genera derechos a las trabajadoras y trabajadores en el futuro. Ante las críticas, Zapatero se ha mostrado su disposición a ampliar las condiciones de esa ayuda para que alcance a un mayor número de parados, pero de momento son solo palabras.

La amplíe o no la amplíe (y nos tememos que no), esta ayuda «excepcional» no deja de ser un gesto electoralista de quienes no saben, no pueden y no quieren abordar las reformas estructurales que la economía necesita. Y que pasan por la nacionalización de la banca, las inversiones públicas productivas y la incentivación del consumo: moratoria de hipotecas a coste cero, aplazamiento de pagos de agua, luz, teléfonos, etc., subida de los salarios y universalización de una renta básica de supervivencia. Claro que esas reformas tocarían los intereses de quienes le financian las campañas electorales. Y hasta ahí podíamos llegar.

Lo apurado de la situación de los parados, dispuestos a trabajar en lo que sea y en las condiciones que sean, tiene otro efecto no tan secundario: caen los salarios y se deterioran las condiciones laborales de los que sí tienen trabajo, obligándoles a soportar todo tipo de abusos: desde echar horas extras sin cobrar hasta no resollar si el jefe te coge el culo. Pero claro, de esto no se habla en los consejos de ministros. Ni en el parlamento. Ni en la «prensa democrática».

Con cerca del 30% de paro reconocido y más de 600.000 personas bajo el umbral de la pobreza, la situación en Canarias empieza a ser desesperada para buena parte de nuestra población. Quienes gobiernan se pueden permitir el lujo de seguir traspasando dinero público a los bancos y dejar que la situación se deteriore. La razón no es otra que la escasez de movilizaciones y protestas populares. Cautiva y desarmada la clase trabajadora y la pequeña y mediana empresa, las fuerzas políticas al servicio de las corporaciones financieras y de los grandes capitalistas pueden esperar sin sobresaltos a  que escampe (si escampa). Al fin y al cabo, ellos no están en el paro.

«O todos o ninguno», escribía Bertolt Bretch. Esto no es un problema sólo de los parados y de quienes se han visto arrastrados a la miseria. Cada vez más es el problema de todos los que dependemos de un salario. Incluso de los pequeños empresarios que dependen de que las trabajadoras y trabajadores tengamos un salario para poder consumir. «O todos o ninguno. Uno sólo no puede salvarse». De nosotros depende.

El Manual

In Actualidad on 22 agosto, 2009 at 0:01

pedrobrenes3Pedro Brenes



Unos culpan a Gorbachov, por demasiado aperturista y transparente. Otros a Stalin, por excesivamente severo y represor. Los maoístas, por su parte, insisten en que la Unión Soviética se había convertido en una potencia «socialimperialista», llegando al extremo de afirmar que en Rusia y las democracias populares del este europeo, desde los tiempos del XX Congreso del PCUS, se había restaurado el capitalismo.

Sin embargo, los economistas burgueses y los teóricos del imperialismo declararon que la «economía de mercado» había demostrado su superioridad sobre la «economía planificada» y, por consiguiente, proclamaron el triunfo definitivo del capitalismo globalizador, el fin del comunismo y aun el fin de la Historia.

Así vemos que cada cual, según su propia posición política, tiene una explicación para la descomposición y la destrucción de los Estados socialistas en la URSS y Europa del Este.

Pues bien, nosotros, para no ser menos, haremos nuestro análisis y expondremos nuestra teoría sobre los orígenes y las causas de los asombrosos e inesperados acontecimientos que llevaron a la restauración del sistema capitalista en esos países. (1)

Pero, ante todo, aprovecharemos la oportunidad para extraer la primera gran lección de la desaparición de la Unión Soviética, a saber: que la revolución socialista, es decir el derrocamiento del Poder estatal de la burguesía capitalista y el acceso al Poder de la clase obrera no es, en absoluto, irreversible. Y que ningún Estado socialista está libre de la posibilidad de la regresión política y social, de la pérdida de las conquistas revolucionarias y de la vuelta al capitalismo.

Porque si el triunfo de la revolución exige de una dirección firme, experimentada y organizada, pertrechada de una elaboración teórica basada en la ciencia marxista-leninista y en las condiciones concretas de cada país y cada momento histórico, el desarrollo de la sociedad socialista, como época histórica de transición entre el capitalismo y el comunismo, precisa también de una teoría revolucionaria bien fundamentada, capaz de guiar a la clase obrera y a todos los trabajadores por el complejo y contradictorio camino de la construcción de la nueva sociedad comunista, con la promoción de nuevos valores morales y políticos, buscando las mejores fórmulas para desarrollar lo más rápidamente posible las fuerzas productivas, extendiendo, ampliando y mejorando los servicios públicos y las prestaciones sociales, y perfeccionando la democracia asamblearia participativa y el control efectivo de las masas populares sobre las decisiones estatales y la elección de sus dirigentes.

Esta imprescindible teoría sobre el Estado socialista, sus características esenciales, su configuración, sus principios, su diversidad y su desarrollo es lo que, en nuestra opinión, a partir de la muerte de Lenin, falló lamentablemente en la Unión Soviética y, en definitiva, condenó al fracaso histórico la experiencia iniciada con la Revolución de Octubre.

La mediocridad, el mecanicismo vulgar y el carácter burocrático y voluntarista de los documentos y elaboraciones teóricas del PCUS, aparecen claramente reflejados en su famoso «Manual de Economía Política» editado por la Academia de Ciencias de la URSS.

En esta obra de más de setecientas páginas (2), se concentran y expresan las concepciones antimarxistas y superficiales del burocratismo soviético y podría decirse que se trata fundamentalmente de la justificación de las prácticas y el estatus privilegiado de la pequeña burguesía intelectual y burocrática, que se hizo con el Poder del Estado y a la que Lenin retrató cuando afirmaba que:

«Los burócratas zaristas han comenzado a pasar a las oficinas de los órganos soviéticos, en los que introducen sus hábitos burocráticos, se encubren con el disfraz de comunistas y, para asegurar un mayor éxito en su carrera, se procuran carnets del PC de Rusia. ¡De modo que después de ser echados por la puerta, se meten por la ventana!». (3)

Resulta muy interesante y sumamente instructivo releer ahora las afirmaciones confusas y contradictorias de los académicos soviéticos sobre la «vigencia de la ley del valor» o sobre que «el trabajo ha perdido su carácter de trabajo asalariado». (4)

Estas aberraciones teóricas, unidas a la supuesta eliminación del mercado, al que se pretendía sustituir por «las leyes de la planificación económica», determinaron la aparición y la consolidación del mercado negro y las mafias criminales y burocráticas que llevaron al Estado a la descomposición moral y la ruina económica, abriendo el camino a la restauración capitalista.

Es significativo también que en este Manual, mientras se afana en establecer un modelo económico único «de transición del capitalismo al socialismo» basado en la arbitraria, voluntarista y burocrática «planificación» de la producción y el consumo, no encontramos ni una palabra sobre la forma política del Estado socialista ni sobre las características de la democracia popular y el control efectivo de la clase obrera sobre su propio Estado de dictadura del proletariado.

Siendo así que tanto Marx como Lenin, al mismo tiempo que admitían y consideraban inevitable la diversidad y el carácter transitorio y cambiante de los sistemas económicos a  lo largo de la prolongada época histórica del paso del capitalismo al comunismo, establecieron claramente, Marx en «La guerra civil en Francia» y Lenin en «El Estado y la Revolución», la forma política propia y específica del Estado socialista, poniendo como ejemplo a la Comuna de París.

La elegibilidad y la revocabilidad de todos los dirigentes a todos los niveles de la administración política, judicial y militar, sometidos al mandato imperativo de las asambleas electoras y remunerados al nivel del salario de un obrero especializado, junto con la sustitución del ejército profesional por las milicias, es decir por la organización militar del pueblo armado, y la represión violenta de cualquier intento contrarrevolucionario de la burguesía derrocada son, desde el punto de vista de la teoría marxista-leninista, las claves de la forma específica de organización política del Estado socialista.

Lamentablemente, sin embargo, sobre esto no encontramos ninguna sesuda teorización de la Academia de Ciencias de la URSS. Y mientras los militantes del PCUS, y de otros partidos comunistas en el poder, cometían el pecado capital de descuidar el estudio de la teoría marxista-leninista (recordemos que Mao reconocía abiertamente que nunca había leído «El Capital», lo que probablemente explica muchas cosas), los burócratas infiltrados en el partido y en los órganos del Estado, justificándose con «teorizaciones» destinadas a perpetuar sus privilegios sociales y económicos, introducían y extendían progresivamente su ideología individualista, corrupta y antidemocrática en capas sociales cada vez más amplias, preparando el terreno para que todo tipo de arribistas, mafiosos y colaboracionistas, convertidos hoy en oligarcas propietarios capitalistas de las empresas que antes controlaban burocráticamente como dirigentes del partido, entregaran las conquistas revolucionarias de la clase obrera, logradas con tanto sacrificio y tanta sangre, al imperialismo euronorteamericano.



Notas:

(1) Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Documento Fundacional

Apartado III b

(2) Manual de Economía Política

Academia de Ciencias de la URSS

3ª Edición corregida y aumentada

Editorial Grijalbo

Barcelona 1975

(3) V.I. Lenin

Obras Escogidas en 3 tomos

Tomo 3,  pág. 179

Editorial Progreso

Moscú

(4) Manual de Economía Política

Pág. 343


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La noria

In Actualidad on 21 agosto, 2009 at 0:01

noriapsoeLo ha dicho Inmaculada Medina, alcaldesa en funciones de Las Palmas: la colocación de una noria en la zona de Santa Catalina es «una idea de la ciudad» y «no hay que entrar en las pequeñas cosas». Desde luego, el pegote de un enorme y casposo armatoste ejemplifica muy bien la idea de la ciudad que tiene el PSOE. Con el añadido de que «las pequeñas cosas» (60 metros de altura) de la mayoría de gobierno municipal siempre tienen que ver con facilitar negocios «redondos» -100.000 euros de Cabildo y Ayuntamiento- a empresas privadas.

La beneficiaria es World Tourist Attractions (WTA), que tiene actualmente una docena de estas atracciones repartidas entre el Reino Unido, Dinamarca, Alemania y Australia. Claro que esta multinacional británica ya instaló en 2006 una noria como la que van a hincarnos en la zona de Santa Catalina, y que fracasó antes de ocho meses. No importa: de lo que se trata es de sacarse la foto y hacer ver que «se hace algo», aunque sea despilfarrando dinero público.

Por su parte, la concejal Nardy Barrios, que se apuntó entusiasta al «chollete», alega, como el consejero de turismo del Cabildo, Roberto Moreno, que la noria va a suponer un incremento del número de turistas. El argumento no cuela: ni semejante monstruosidad supone atractivo turístico alguno, ni los ingleses o alemanes van a desplazarse a la costa africana para subirse en una noria teniendo varias iguales al lado de casa. Mienten y lo saben. Mucho más cuando la bajada del turismo europeo no se debe a la falta de atracciones de barraca en Canarias, sino al puro y duro deterioro económico de los europeos.

Cuando los barrios -entre ellos el de Santa Catalina- siguen agonizando por la falta de proyectos útiles y por la desidia de la mayoría de gobierno municipal, los ediles de Las Palmas siguen dando vueltas y más vueltas a su incapacidad, mientras exprimen las arcas y el patrimonio municipales para amamantar a determinadas empresas. No es de extrañar, ya que el mismísimo alcalde («socialista») defiende la teoría de que lo público está anticuado y hay que privatizarlo todo. Y a precio de saldo, como Guaguas Municipales.

El derroche de la noria de marras llama especialmente la atención cuando el ayuntamiento de Las Palmas se ha convertido en un moroso de primera para los pequeños proveedores del municipio, a los que mantiene en la asfixia. Para unas cosas no hay dinero, para otras se tira alegremente. ¿No sería más razonable que, antes de dilapidar en chirimbolos, se gastase hasta el último euro en dotar a la ciudad de un alcantarillado decente, de redes de suministro modernas en las que no se desperdicie más del 30% del agua, de guarderías, etc.?

Por más vueltas que le den, eso sí que sería emblemático: una ciudad amable, con una calidad de vida aceptable y servicios dignos para todos. Lo otro son caprichitos y regalos a capitalistas (de esos con los que se tienen «buenas relaciones»), que no dejan tras de sí sino marmotretos y endeudamiento. Aunque aquí el inefable Saavedra nos corregiría diciendo que, para la poca cultura que gastamos los maúros ciudadanos de Las Palmas, con unas atracciones de feria vamos que chutamos.

Y gira, gira y gira la rueda. Cada vez es más urgente que, en una ciudad con más del 45% de los ciudadanos en paro, le paremos los pies a la noria del despilfarro, la prepotencia y las políticas contrarias a los trabajadores.