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El Congreso de Al Fatah

In Actualidad on 2 septiembre, 2009 at 0:01

fatahDesde que se firmaron los acuerdos de Oslo entre el Estado de Israel y la Organización de Liberación de Palestina (OLP) en 1993, el número de colonos israelíes asentados en la Cisjordania ocupada, que entonces era de 30.000, ha crecido hasta más de 300.000, la colonización sionista de las tierras palestinas continúa imparable con la construcción acelerada de nuevos asentamientos y la ampliación de los ya existentes, y si en aquel momento había tres mil presos palestinos en las cárceles israelíes, el número actual de prisioneros asciende a once mil.

Estos son los resultados de la política de “negociaciones de paz” llevada a cabo por Al Fatah, auspiciada por el imperialismo norteamericano y respaldada por los regímenes antipopulares de Jordania y Egipto y las monarquías reaccionarias del Golfo Pérsico.

Frente a esta política negociadora fracasada y orientada a la constitución de una entidad palestina dividida y desarmada, totalmente dependiente del ejército y de la administración ocupante, siguiendo el modelo de los bantustanes de la antigua República Sudafricana racista, se alza la vía de la lucha armada contra la ocupación mantenida por el Frente de la Resistencia en el que participan, entre otros partidos palestinos, el Movimiento Islámico Hamás, el Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP), el Frente Democrático de Liberación (FDLP) y la Yihad Islámica.

La línea negociadora, pacifista y colaboracionista de Al Fatah reconoce al Estado de Israel, reniega del derecho al retorno de los desplazados palestinos víctimas de la limpieza étnica y condena a la Resistencia, acusándola de “terrorista” y combatiéndola con un cuerpo de policía armado y entrenado por los Estados Unidos.

Por el contrario, el Frente de la Resistencia se niega a reconocer al Estado sionista y racista y defiende la creación de un solo Estado democrático y multicultural en toda Palestina, que empieza a configurarse en la Franja de Gaza liberada. Territorio del que se ha expulsado a los ocupantes colonizadores y que, aunque cercado y hostigado por Israel y sus lacayos egipcios, mantiene heroicamente en alto la bandera de la Resistencia.

El fracaso de la línea colaboracionista de la dirección de Fatah ha provocado que la mayoría de la población palestina deje de creer en los cantos de sirena negociadores y otorgue su respaldo electoral a la Resistencia, por lo que, en un desesperado intento por legitimarse y reconstruir una cierta imagen de credibilidad, siguiendo los consejos de Tel Aviv y las sugerencias de Washington, han celebrado, después de veinte años, un Congreso que sólo ha servido para reelegir “por aclamación” al traidor Mahmud Abbas y para reafirmarse, de cara a las próximas elecciones palestinas previstas para Enero de 2010, en la misma política fracasada de las negociaciones con los israelíes y sus padrinos imperialistas.

Este Congreso se ha celebrado en territorio ocupado con la evidente intención de que el Estado de Israel seleccionara a sus componentes impidiendo la participación en él de los representantes del ala más combativa de Fatah, y permitiendo y facilitando la llegada a la sede del Congreso en Belén de los más adictos a Abbas y a su tendencia de rendición ante los sionistas.

Pero esta maniobra no podrá librar a Fatah de su imagen de colaboracionismo, ni conseguirá que el pueblo palestino deje de considerar a Abbas y su camarilla como un grupo de corruptos que harán todo lo que les pida Washington y Bruselas con tal de seguir apropiándose de las donaciones internacionales destinadas supuestamente a mejorar la situación de los palestinos en los territorios ocupados.

Y tampoco logrará que la iniciativa imperialista de los “dos Estados para dos pueblos”, destinada a salvar de la destrucción al Estado racista y fundamentalista de Israel, pueda imponerse. Sobre todo porque el propio fascismo dominante y mayoritario en el Estado sionista nunca accederá pacíficamente a renunciar a sus conquistas territoriales y a su sueño hitleriano del Gran Israel y de la completa expulsión de la población palestina de su Estado integrista judío.

La paz definitiva en el Próximo Oriente sólo llegará con la creación de un Estado democrático en toda Palestina en el que convivan, como ciudadanos iguales en derechos, judíos, cristianos y musulmanes.



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