Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Vendiendo miedo

In Actualidad on 9 septiembre, 2009 at 0:01

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Andrés López

Mucho se ha venido hablando estos últimos meses, concretamente desde marzo, de la que al parecer se va a convertir en la nueva gran epidemia del siglo XXI, la gripe A H1N1.

Dicho virus nació oficialmente en Méjico, cobrándose su primera víctima mortal por causas respiratorias el 13 de abril de 2009.

Se trataba de una mujer diabética, natural de Oaxaca y, desde entonces, el virus ha ido extendiéndose por todo el mundo llegando a sitios remotos como China o Australia pasando antes, cómo no, por Europa y África.

Sus síntomas, muy similares a los de la gripe estacional, son los que conocemos todos: fiebre alta, dolor de garganta, secreción nasal, dolores de cabeza, etc. Lo cual indica que nos encontramos ante un germen de nueva composición genética, pero de efectos conocidos y relativamente fáciles de manejar.

Sin embargo, uno atiende a los medios de comunicación privados o a las instituciones gubernamentales y parecen que te están informando de la nueva peste negra del siglo XXI, detallándonos paso a paso su periplo por el planeta, contabilizando al minuto las cifras de infectados, dando lugar a un sinfín de especulaciones sobre su origen y expansión, creando finalmente una gran alarma social.

Por si fuera poco, hasta la iglesia católica ha contribuido también a este pánico general, prohibiendo, por ejemplo en Teror o en Toledo durante las fiestas patronales, que se bese la medalla de la virgen, aludiendo a medidas de prevención.

Ante todo esto sólo cabe preguntarse: ¿a qué viene tanto ruido?

Es curioso el doble discurso que emplean estos medios de comunicación al respecto. Por un lado, olvidan las millones de muertes que se producen al año en el mundo por malaria, sida, diarrea o neumonía (muchas de ellas enfermedades curables y baratas de remediar) y, por otro lado, nos quieren convencer de que las alrededor de 1500 muertes producidas hasta ahora por la gripe A, deben ser nuestra máxima preocupación.

Incluso la gripe común, de similares características, produce medio millón de muertos anuales, pero esto último para ellos tampoco es noticia.

Todo este impacto mediático lo que quiere esconder realmente son los negocios millonarios de unas cuantas farmacéuticas transnacionales que, con la venta del tan cacareado antiviral “Tamiflú”, están haciendo el agosto.

La biofarmacéutica americana Gilead Sciences es la multinacional responsable de patentar el Tamiflú en 1996 para combatir “cualquier tipo de gripe” y que, en colaboración con los laboratorios Roche y Relenza, han conseguido vender millones de dosis al mundo.

A este lobby mafioso-empresarial ya le salió bien la jugada con la gripe aviar, la que por cierto “sólo” produjo 272 muertes en 10 años y, al parecer ahora le toca el turno a esta nueva enfermedad.

Sólo contando con las operaciones mercantiles de Roche, su volumen de ventas con respecto al Tamiflú han aumentado un 203% en lo que va de semestre de este año, suponiendo de esta manera unos ingresos de alrededor de 700 millones de euros. Lo que demuestra una vez más el gran negocio que se traen entre manos.

Desde luego que por falta de potenciales clientes no será, ya que el gobierno francés ha comprado unos 100 millones de antivirales (casi el doble de su población) y el presidente Zapatero, cumpliendo por enésima vez con el rol de lacayo fiel al imperialismo euronorteamericano, declaró recientemente, en rueda de prensa, que el gobierno destinará un crédito extraordinario de 333 millones para combatir la gripe A y, textualmente, afirmó que no va a “escatimar esfuerzos ni recursos económicos”.

No se conforman ya con enriquecerse a costa de los miedos y paranoias de la población, sino que encima nos venden un producto de dudosa efectividad, que según la investigación de la administración de fármacos y alimentos (FDA) sobre 600 casos de personas tratadas con Tamiflú, los resultados mostraron efectos secundarios neuro-psicológicos como convulsiones y delirios graves en algunos individuos.

También en 2007 el gobierno japonés prohibió el Tamiflú al constatarse infecciones cerebrales que supuso la muerte de catorce niños y adolescentes.

Por si fuera poco, la falta de pruebas que apunten al contagio directo de animales a seres humanos hacen que las teorías de que el virus ha sido creado artificialmente cobren fuerza: Adrian Gibbs experto australiano en epidemias y uno de los creadores del popular antiviral Oseltamivir, ha declarado que las características genéticas del virus A (H1N1) hacen suponer que haya sido cultivado en huevos, que en forma habitual son utilizados en laboratorios para cultivar virus o vacunas.

Así que la rebuscada composición genética de tal germen (una cepa aviaria, dos cepas porcinas y una humana) y la enorme cantidad de dinero que hay en juego, hacen deducir que efectivamente nos encontramos ante un “virus probeta”.

Y es que no es de extrañar tanta sangre fría por parte de estas compañías, cuando vemos que uno de sus máximos dirigentes y accionistas no es otro que ese despiadado personaje artífice de la guerra de Irak, Donald Rumsfeld. El mismo asesino que sin temblarle la mano mandó a matar y a torturar a cientos de miles de inocentes iraquíes, que solamente tuvieron la “mala suerte” de contar en su país con la segunda mayor reserva de petróleo del planeta.

En cambio resulta bastante ejemplar cómo ha afrontado la infección global Cuba, que a pesar de contar inevitablemente con cientos de infectados por Gripe A, sin comprar el “milagroso” Tamiflú, no se ha contabilizado a día de hoy ningún fallecido. No como en los países capitalistas desarrollados en donde ya se han registrado cientos de muertes.

Ahí está la diferencia de un sistema socialista que considera que las investigaciones médicas y científicas en general deben estar orientadas a las necesidades reales de la población, y que adquirir un medicamento debe ser un derecho, frente a los sistemas capitalistas que defienden que tales investigaciones deben estar orientadas al beneficio privado y que la adquisición de un medicamento debe ser un derecho, pero del consumidor que pueda permitírselo.

Con todo esto, ¿qué sistema económico y qué planificación sanitaria vendrían mejor al conjunto de la población canaria? La respuesta es obvia.