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Afganistán: «avance elástico sobre la retaguardia»

In Actualidad on 14 octubre, 2009 at 0:01

resistenciaafganaEn 1945, mientras las fuerzas aliadas avanzaban sobre Berlín y el ejército del Reich huía en desbandada, los periódicos alemanes, sometidos a una férrea censura, intentaban hacer ver que el ejército nazi no se retiraba, sino que había iniciado un “avance elástico sobre la retaguardia”. Ahora en Afganistán, los invasores califican su decisión de atrincherarse en las ciudades como “un reagrupamiento para proteger los centros de población más importantes”.

Lo cierto es que las tropas ocupantes ya huelen a muerto. Incapaces de doblegar a la resistencia nacional (que no son unicamente los “talibanes”, sino numerosas guerrillas patrióticas) ni al pueblo afgano, su papel es el de seguir perpetrando asesinatos en masa contra la población civil y seguir sumando bajas. En lo que va de 2009 han muerto ya 394 militares invasores, de los que 236 son estadounidenses. En 2008 las pérdidas llegaron a 294. A estas bajas hay que añadir la de los heridos que mueren en días posteriores a los combates, y que no se comunican en estas estadísticas.

El desesperado llamamiento del comandante en jefe de las fuerzas invasoras, Stanley McChrystal , quien solicitó el envío adicional de unos 40.000 efectivos para “evitar la derrota total en un año”, solo ha recibido evasivas de los aliados de EEUU, cuya preocupación principal es evitar la llegada de ataúdes a sus países, donde la opinión pública está cada vez más en contra de la guerra.

En los propios Estados Unidos temen la creciente sensación entre la opinión pública de que esta guerra se está convirtiendo en una nueva derrota imperialista al estilo de Vietnam. El pasado viernes día 2, coincidiendo con su visita relámpago para defender la candidatura olímpica, Barack Obama hizo ir a Copenhague al general McChrystal para ordenarle silencio. La ultraderecha estadounidense, aglutinada en el Partido Republicano, ha aprovechado la situación para atacar a Obama, al que acusa de no escuchar a McChrystal.

El secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, ha advertido en varias ocasiones que los talibanes “están venciendo” en Afganistán porque Washington y sus aliados han sido incapaces de “enviar tropas suficientes”, mientras la resistencia advierte que está preparada para una “larga guerra”.

El quid de la cuestión no es prestarle más o menos atención a los augurios de McChrystal o echar la culpa del fracaso al “escaso” número de efectivos (68.000 soldados estadounidenses, y 35.000 de otras potencias imperialistas, entre ellos 9.000 británicos,  4.500 alemanes,  3.200 franceses, 3.200 italianos y 1.400 españoles -de los que casi 1.000 son canarios-). El problema es que EEUU, con 160.000 efectivos empantanados en Irak, no tiene muchas más efectivos de los que disponer para enviar a Afganistán. Mucho menos cuando ambas guerras han mermado considerablemente el número de alistamientos en su ejército.

La situación se complica especialmente porque han pasado de intentar someter Afganistán a perder el control sobre Pakistán, que se ha convertido en una bomba de relojería en su retaguardia. EEUU y la OTAN ni pueden seguir en Afganistán, ni se pueden marchar sin un altísimo coste estratégico, que puede incluir la pérdida de Pakistán.

El estrepitoso fracaso de la ofensiva de julio sobre Helmand, el escándalo de la farsa electoral presidencial, el descrédito entre la población de un gobierno marioneta dedicado al narcotráfico, y la cada vez mayor capacidad de combate de la resistencia, que controla la mayoría del territorio afgano, se unen a la necesidad de minimizar el creciente número de bajas. Para los ocupantes ya no se trata de someter Afganistán: la cuestión ahora es proteger a sus propias tropas.

La situación roza el esperpento. En algunos casos, como el de las tropas españolas, la cosa recuerda la guerra del humorista Gila: no solo abandonan el territorio que tenían encomendado para acuartelar 600 de los más de mil ocupantes en un solo recinto, sino que se niegan a patrullar después de las ocho de la noche. Cuando lo hacen, “de día y con sol”, las “patrullas” son de un centenar de militares. Con razón se quejan los militares italianos de “la escasa combatividad de los españoles” debida “a las rigidísimas limitaciones impuestas por el Gobierno de Zapatero”.

Así y todo, con tantas “precauciones” no pueden impedir el tener bajas, como la del canario enrolado en el ejército español que murió la pasada semana. Como expresaba su abuela, “le dijeron que iba en misión humanitaria y le llevaron a una guerra”, que es lo que el “pacifista” Zapatero no quiere reconocer.

Pero ya no se trata solo de los “valientes” españoles. Todas las tropas invasoras, en lo que no deja de ser sino el principio del fin, han empezado ya un “reagrupamiento” generalizado. Es decir, a abandonar las zonas rurales (la inmensa mayoría del suelo afgano) para ponerse a salvo tras sus fortificaciones en las grandes ciudades. Todo un “avance elástico sobre la retaguardia”. Como decía el Duque de Wellington: “lo único más triste que una victoria es la derrota”.


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