Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Abandono total de nuestro patrimonio arqueológico

In Actualidad, Cultura on 10 enero, 2010 at 0:01

Acaban de salir a la luz unas declaraciones del arqueólogo del Cabildo de Gran Canaria, Abel Galindo, sobre el lamentable estado en el que se encuentran los yacimientos arqueológicos indígenas de Telde.  De unos 106 yacimientos localizados en este municipio, tan sólo dos de ellos (Cuatro Puertas y Tufia) muestran un estado de conservación y mantenimiento digno de la importancia que tienen. Los otros 104 dejan mucho que desear.

El estado de abandono generalizado de la riqueza arqueológica teldense, así como la de muchos otros municipios del archipiélago canario, unido a la inexistencia de planes integrales de gestión, conservación y mantenimiento, y a la nula vigilancia por parte de autoridades competentes, ha provocado que la mayoría del legado histórico-cultural no sea hoy, más que vertederos y escombreras para escarnio de nuestro pueblo.

Según Abel Galindo, todos los yacimientos se encuentran a falta de un plan de gestión para la conservación e impulso turístico de los mismos. Ya se sabe, la burguesía criolla, que cada vez muestra una mayor incompetencia para garantizar hasta sus propios privilegios e intereses, opta por un modelo turístico y “cultural” (por llamarlo de alguna manera) destructivo, alienante y antipopular.

Destacando la importancia del yacimiento de Las Huesas, donde se halla en una de sus laderas la cueva precolonial artificial más grande de Canarias, se cita el que ni siquiera los vecinos tienen conocimiento de la misma.

El profesional del Cabildo Insular reconoció que no existe un compromiso firme para la vigilancia de este “patrimonio inagotable”, y añadió que “el abandono llega a tal punto que hay gente viviendo en alguno de estos lugares”.

Esto tampoco es nuevo ni exclusivo de Telde. Sucede también, por ejemplo, en “La Cueva de los Canarios”, yacimiento arqueológico situado en El Confital y que constituye un conjunto de cuevas de habitación, granero y cantera de molinos que representan una ilustrativa muestra de la cultura de los canarios, además de ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC). Aquí la desidia es tal, que se ha ocupado el lugar, colocándose hasta puertas de aluminio “habilitando” las cuevas para vivir, con total impunidad.

Otro ejemplo flagrante de desatención es el caso de La Restinga, junto a la playa de Bocabarranco, en Jinámar. Una verja oxidada y abierta rodea esta zona histórica por la que “diariamente pasan los coches, a pesar de estar considerado un bien histórico cultural”.

En este yacimiento, donde aparte de restos prehispánicos se encuentra una garita empleada durante la dictadura franquista para vigilar el mar, se puede observar el conjunto de escombros y el rastro del tránsito de los coches, ante la inactividad total de los responsables.

En la garita hay ahora unos inquilinos “ocupas” y “las piedras y restos aborígenes han sido movidos y deteriorados”.

Para los canarios es harto evidente, que todas las declaraciones de protección y las distinciones que se otorgan a diferentes yacimientos, municipios (como el caso de La Laguna), parajes naturales y bienes, no se corresponde con el cuidado que reciben.

Y todo esto no es reciente: es un atentado contra nuestra historia y cultura que se viene perpetrando desde prácticamente la época de la conquista.

Gregorio Chil y Naranjo (quien por cierto nació en Telde) fue uno de los que dejó constancia en el siglo XIX de las agresiones perpetradas contra nuestra cultura, al visitar Guayadeque y conocer in situ los relatos de los pastores de la zona acerca de la consciente destrucción de la riqueza arqueológica de gran cantidad de cuevas funerarias.

En las islas occidentales, las negligencias con el patrimonio también son un lastre.

En Tenerife cabe recordar el conjunto arqueológico de Guargacho en el municipio de Abona, en el sur de la isla, convertido en solar donde la basura se acumulaba en ingentes cantidades. O los atentados sufridos reiteradamente en los grabados rupestres del Barranco del Muerto, en Santa Cruz de Tenerife, la primera referencia que se tuvo de esta clase de manifestaciones en la isla. Algo similar sucedió con los grabados de Balos en Gran Canaria.

En El Hierro, concretamente en el conjunto arqueológico de El Julán, la destrucción de algunas de sus estaciones de grabados rupestres ha sido otra deplorable realidad. También las estaciones de grabados de La Caleta fueron perjudicadas por la construcción de un paseo marítimo y un acceso a la costa, que dañaron asímismo el yacimiento paleontológico que hay en el lugar.

Podríamos enumerar muchísimos más casos antiguos y recientes de expolio, destrucción y desatención de nuestro patrimonio arqueológico, paleontológico, cultural, arquitectónico y ecológico. Se ha optado por el cuidado de determinados parques temáticos (que deforman y vulgarizan nuestra historia) para explotarlos económicamente, y se ha condenado ignominiosamente a la gran mayoría de elementos que constituyen nuestro acervo cultural a la más insultante dejadez.

Está claro que mientras los oligarcas europeos, con la complicidad de la burguesía canaria, sigan haciendo con el Archipiélago lo que les plazca, nuestra arqueología será representada por actos como el de la afrenta de la Necrópolis del Lomo de Maspalomas.

Para alcanzar nuestra dignidad, necesitamos que sea el mismo pueblo (o sea el proletariado) el que tome las riendas del poder.

Además, en la futura República Socialista Canaria, la arqueología y la cultura no sólo estarán al servicio de los canarios para “redescubrirnos” y desarrollarnos como pueblo. También ofrecerán incalculables posibilidades económicas que fomentarán otro tipo de turismo que se acerque para conocer nuestros innumerables atractivos, de forma ordenada y respetuosa.



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