Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Los carroñeros imperialistas ponen sus zarpas en Haití

In Actualidad on 20 enero, 2010 at 12:39

El almirante Mike Mullen, jefe del Estado Mayor Conjunto de EEUU anunció, tres días después de que se produjese el fatídico terremoto en Haití, que el gobierno de su país decuplicaría el número de soldados en el país centroamericano enviando a 10.000 soldados antes del lunes 18 de enero.

Buques de guerra y asalto anfibio, como el “USS Carl Vinson”, el “Bataan”, el “Fort McHenry”, el “Carter Hall”, el crucero “Normandy” y la fragata “Underwood” (ambos equipados con misiles nucleares dirigidos), así como el destructor “Higgings”, helicópteros y otras dotaciones militares, han sido también desplazados a Haití.

Robert Gates, Secretario de Defensa de EEUU, que compareció en rueda de prensa junto a Mullen, dijo que creía que los haitianos no verían a las tropas estadounidenses como una fuerza ocupante, sino como un “alivio” (lo mismo que dijo Donald Rumsfeld cuando invadieron Irak), y que la primera prioridad es repartir agua y comida al pueblo «para que no se produzcan altercados violentos» por la desesperación de la gente.

Sin embargo, la presencia de la 22 Unidad Expedicionaria de la Infantería de Marina, compuesta por 2.200 marines que se encargarán del control interno del país, y de buques de guerra equipados con misiles dirigidos, evidencian que el interés de los imperialistas, como siempre, no es humanitario sino geoestratégico.

La gran tragedia que sufre el pueblo de Haití a consecuencia del mayor temblor que se ha registrado en los últimos dos siglos, y que ha dejado a su paso más de 100.000 muertos (el embajador de Washington  estima que los fallecidos pueden ser hasta 200.000), es producto de la extrema pobreza que padecen la mayoría de los haitianos tras siglos de colonialismo, dictaduras y ocupaciones militares que han desangrado al país.

A 15 kilómetros de la falla tectónica donde se originó el terremoto, se encuentra la capital, Puerto Príncipe, donde el 80% de la población malvive en infraviviendas construidas con adobe y barro. El 76% de los haitianos sobrevive con menos de dos dólares al día, el 55% son analfabetos, y el 95% son descendientes de esclavos africanos.

EEUU ocupó militarmente el territorio haitiano durante 19 años (1915-1934), y en la historia más reciente, tras la victoria de Jean Bertrand Arístide en las primeras elecciones democráticas celebradas en 1990, instigó un golpe militar el año siguiente que condujo al presidente electo al exilio. Arístide volvió a vencer en 2001, luego de haber regresado en 1994, pero nuevamente fue boicoteado y obligado a abandonar el poder en 2004 por la presión ejercida por una rebelión armada y países como los propios EEUU, Canadá y Francia.

El golpe de Estado en Honduras, y las continuas agresiones a Bolivia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua, ponen de manifiesto que el imperialismo estadounidense está dispuesto a todo para mantener su hegemonía sobre la región latinoamericana y destruir cualquier iniciativa nacional de carácter antiimperialista. El derrocado Arístide es uno de esos (en este caso ex) presidentes que, aún estando en las antípodas de unos principios revolucionarios y comunistas, se alejaba del ideal que los EEUU tienen reservado a los presidentes del que consideran es su patio trasero.

Haití está situado en un lugar codiciado por los imperialistas. Entre el Mar Caribe y el Atlántico Norte, a apenas 90 kilómetros de Cuba, cerca de la colonia estadounidense de Puerto Rico y al norte de Venezuela, Haití permanecerá bajo ocupación militar “encubierta” de EEUU, como han reconocido Philip Crowley, portavoz del Departamento de Estado de EEUU, al afirmar que “vamos a permanecer allí a largo plazo para ayudar a reconstruir Haití”, y la Secretaria de Estado Hillary Clinton, que aseguró con absoluta desfachatez que las fuerzas militares imperialistas se mantendrán “hoy, mañana, y previsiblemente en el futuro”.

Este papel de potencia ocupante, que aprovecha miserablemente la catástrofe que tiene agonizando al pueblo de Haití, ha sido denunciado por distintos gobiernos. El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, acusó directamente a EEUU de ocupar militarmente el país. Pero países imperialistas como Francia, tras el incidente diplomático que tuvo lugar el pasado sábado 16 de enero, cuando la armada estadounidense impidió durante unas horas que se llevará a cabo el aterrizaje en la capital de Haití de dos Airbus franceses cargados de ayuda, y que provocó la intervención para lidiar en el problema de Alain Joyandet, secretario de Estado francés, ha pedido a la primera potencia imperialista que aclare cual es su papel en Haití.

Mientras tanto, no paran de llegar unidades militares estadounidenses al país que, en torno a un gran despliegue militar, han tomado el palacio de gobierno y se han hecho con el control absoluto del aeropuerto. Además, el martes 19 de enero, el Pentágono y el Departamento de Estado lanzaron la operación aérea, marítima y terrestre denominada «Sentry Vigilante», con el fin de interceptar a los haitianos que tratan de huir del país y refugiarse en los EEUU.

Según Christopher O´Neill, Comandante de la Guardia de EEUU, el objetivo es «interceptarlos en alta mar y repatriarlos». Por su parte, Abdoulaye Wade, presidente de Senegal, frente a la política criminal de los halcones de Washington, ofreció a los haitianos la posibilidad de regresar «a la tierra de sus ancestros», e incluso les ofreció tierras.

EEUU también se preparó para recibir a los haitianos, según el Departamento de Seguridad Interior. Claro que, en este caso, vaciando un centro de detención penal en el sur del Estado Florida y en Guantánamo.

A estas alturas, más de una semana después del sismo devastador que a los miles de muertos se le suman miles de desaparecidos y heridos, pueblos enteros arrasados y una región extremadamente empobrecida, es absolutamente evidente que EEUU ha ocupado el país con perspectivas de futuro.

Mientras países socialistas como China y Cuba, y otros Estados antiimperialistas, actuaron solidariamente poniendo desde un principio a disposición del pueblo haitiano los medios posibles para cooperar en un momento de crisis humanitaria total, los imperialistas no perdieron ni un sólo segundo para lanzarse sobre su nueva presa, cuando aún los camiones recogían montañas de cadáveres que apilaban junto a basura y escombros, y enviando un considerable número de efectivos militares, buques de guerra, helicópteros y destructores, para apoderarse de Haití y, encima, quedando su imagen internacional, a través de los medios propagandísticos imperialistas, como la de una potencia solidaria y necesaria, completamente desinteresada.

Las contradicciones interimperialistas y la cada vez mayor oposición en bloque de distintos países socialistas y antiimperialistas, sumados a la grave recesión económica y la crisis social que se vive en EEUU, están abocando a la primera potencia imperialista mundial, de forma inexorable, al ocaso del «esplendor» de su imperio, como así atestiguan la creciente desdolarización y las derrotas militares en Irak y Afganistán.

El pueblo de Haití, primera república negra independiente y primera región donde se abolió la esclavitud (por mucho que se intente apuntar el tanto la nobleza inglesa), territorio poblado mayoritariamente por  descendientes de antiguos esclavos negros provenientes de nuestro continente africano, hogar del mártir Jacques Stephen Alexis, de Charles Peralte, Gerard Pierre Charles y Jacques Romain (fundador del Partido Comunista haitiano en 1934), debe exigir y forzar la salida inmediata de las tropas de ocupación estadounidenses, y aceptar únicamente la ayuda y cooperación extranjera no injerencista, además de tomar buena nota de la necesidad de escapar de la pobreza y el permanente dominio histórico del país por potencias coloniales y ocupantes en alianza con la minoría oligarca, y avanzar hacia la construcción de una patria soberana y próspera.

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Comunicado de las trabajadoras y trabajadores de El Museo Canario

In Actualidad, Comunicado, Laboral on 20 enero, 2010 at 0:01

Los trabajadores de El Museo Canario informan:

Aprobados los presupuestos de las instituciones públicas canarias para 2010, casi todas las entidades culturales han visto drásticamente recortadas sus respectivas asignaciones. Ante esta situación, los trabajadores de El Museo Canario queremos expresar nuestra repulsa contundente a un reparto presupuestario que nos parece irracionalmente injusto, socialmente irresponsable y estratégicamente ineficaz, pues somos conscientes de la situación en la que queda nuestra industria cultural tras el recorte de los presupuestos destinados a cualquier actividad relacionada con la cultura. La actual crisis económica, en la que se escudan los responsables políticos para justificar esta extraña forma de distribuir el dinero público, viene acompañada de otra crisis cultural cuyas consecuencias son mucho más graves, porque el desprecio de la cultura que demuestran los gestores políticos fomenta el progresivo desinterés de sectores cada vez más amplios de la sociedad por su propio desarrollo cívico e intelectual.

En el caso de El Museo Canario, con unas asignaciones presupuestarias que ya eran míseras y que no se habían actualizado desde 1998, los recortes acumulados en los dos últimos ejercicios nos conducen a una situación insostenible, de tal manera que la empresa ya ha planteado como la única salida posible la apertura de un expediente de regulación de empleo que afectará a la mayor parte de su plantilla de profesionales. Además, en caso de prolongarse esta coyuntura podría producirse la pérdida o el deterioro irreparable de una buena parte del patrimonio que configura nuestra propia identidad histórica.

Hace un año las puertas de El Museo Canario estuvieron a punto de cerrar por los recortes de 2009, pero no parece que en las corporaciones se valorara correctamente la importancia de este hecho puesto que en los presupuestos para 2010 se han aprobado nuevas e importantes reducciones. Esto ha de suponer, además del perjuicio laboral para los trabajadores, la clausura de la mayor parte de los servicios públicos de esta institución cultural, y previsiblemente, si nuestros representantes políticos no rectifican, el fin de su presencia en la sociedad. Para paliar esta situación, los empleados nos mostramos dispuestos a negociar la reducción temporal de plantilla que se nos ha propuesto, pero al mismo tiempo, más allá de nuestra situación personal y familiar, queremos expresar nuestro malestar por la consecuente eliminación de servicios a la sociedad y transmitir nuestra preocupación por la posible repetición del problema en años sucesivos.

Los empleados no entendemos el anunciado ERE como un conflicto entre la institución y los trabajadores, pues somos conscientes de que el problema, meramente económico, viene inducido desde unas corporaciones públicas que, a nuestro entender, no han sabido asumir sus propias responsabilidades en materia de cultura y patrimonio. En estas circunstancias, aunque fuera posible una gestión aún más exquisita, no se habría podido, administrando unos presupuestos insuficientes, evitar el declive.

Con una decisión que ahoga económicamente a El Museo Canario, las corporaciones están creando además una curiosa paradoja, pues las mismas entidades que inducen la quiebra definitiva de la institución están financiando las obras de ampliación que se llevan a cabo en su sede de Vegueta, las cuales tienen por objetivo la creación de un espacio acorde con las necesidades de conservación, investigación y divulgación que un centro de estas características necesita y una ciudad como Las Palmas de Gran Canaria merece.

El Museo Canario, con vocación natural de servicio público, ha venido supliendo durante ciento treinta años una carencia de los organismos oficiales, custodiando y poniendo a disposición de toda la sociedad, de manera totalmente desinteresada, la mejor colección arqueológica de Gran Canaria y la más importante biblioteca patrimonial del archipiélago, siendo también un referente ineludible del turismo insular.

Por todo ello, los trabajadores de El Museo Canario reclamamos un compromiso cabal que implique al Gobierno de Canarias, al Cabildo de Gran Canaria y al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Un compromiso que, además de corregir los respectivos recortes presupuestarios de 2010, evite que esta situación pueda repetirse o incluso empeorar en futuros ejercicios.


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