Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Carta Obrera, lucha por las reformas y avance revolucionario

In Actualidad on 17 marzo, 2010 at 0:01

El meritorio trabajo de los compañeros laboralistas que han confeccionado la “Carta Obrera” constituye un claro ejemplo de la necesidad de plantear y exigir, con decisión y firmeza, las reformas legales que, aun dentro de las limitaciones propias del sistema de la falsa democracia parlamentaria burguesa, cuya esencia no es otra que la dictadura de la burguesía, favorecen a los trabajadores y contrarrestan, hasta cierto punto, los abusos de los capitalistas.

Las luchas por estas reivindicaciones económicas parciales, sectoriales y de legislación laboral, fiscal o social, que influyen de manera decisiva en las condiciones de vida y de trabajo de los obreros y sus familias, además de establecer una determinada correlación de fuerzas y un precario y temporal equilibrio entre los intereses de la clase obrera y los de la burguesía, educan a las masas trabajadoras, las instruyen, templan su espíritu revolucionario y ponen en evidencia la realidad de la lucha de clases y la necesidad de la presión social sobre el Estado burgués.

Y, en última instancia, cuando las contradicciones sociales se agudicen y las condiciones de vida del pueblo se hagan insoportables, los trabajadores, formados y experimentados en las movilizaciones y las luchas por las reformas, comprenderán la inevitabilidad de la confrontación violenta con los explotadores y podrán iniciar, organizados y concienciados,  la tarea histórica de destruir el Estado burgués capitalista y de la creación del nuevo Estado socialista bajo el Poder del pueblo.

Pero no podemos quedarnos simplemente en la lucha por las necesarias reformas económicas parciales dentro del sistema político y legal del Estado capitalista. Pues si nos limitásemos exclusivamente a las reformas, olvidando el objetivo supremo de la sustitución del régimen de dominio burgués sobre el pueblo trabajador por el nuevo régimen bajo dominio y control de la clase obrera, caeríamos fatalmente en el economicismo y en el reformismo, en la conciliación de clases, en la aceptación resignada del sistema capitalista y, finalmente, en la colaboración con el Estado burgués.

Este fenómeno del reformismo economicista y el colaboracionismo político con los explotadores se nos presenta hoy claramente reflejado en el comportamiento del Partido “socialista obrero” Español y en las prácticas sindicales de UGT y CCOO.

Organizaciones que para nada se plantean un cambio de régimen sino que, por el contrario, colaboran, apuntalan y sirven a la estabilidad del sistema capitalista, reduciendo la lucha y las reivindicaciones de los trabajadores a simples reformas económicas y legales que, en general, equilibran, fortalecen y tienden a perpetuar el dominio de la oligarquía financiera y del capital monopolista sobre el conjunto de la sociedad.

Por eso es muy importante, para conjurar la tentación del reformismo y el electoralismo, siempre presentes en la mente de los intelectuales pequeñoburgueses, acompañar la solicitud de reformas, necesarias y justas para los trabajadores, por reivindicaciones políticas que incidan claramente en los mecanismos esenciales del poder del capital financiero.

Reivindicaciones que, por su propio carácter revolucionario, son inaceptables para la oligarquía dominante en el Estado “democrático” y “constitucional” monárquico español.

Consignas como la nacionalización de la banca, la implantación universal de una renta básica de subsistencia y la exigencia de una masiva inversión pública productiva utilizando los ingentes fondos que hoy mantienen paralizados los banqueros, representan, en las actuales circunstancias de desempleo masivo, de extensión de la pobreza y el hambre, y de degradación general de las condiciones de vida del pueblo, exigencias políticas indispensables porque, además de social y moralmente justas, resultan necesarias para recuperar el consumo, relanzar la actividad productiva sana y equilibrada, y salir de la profunda crisis económica creada por la impúdica especulación de los oligarcas financieros.

Y, por encima de todo, las fuerzas políticas, sindicales y sociales de la izquierda anticapitalista debemos esforzarnos por construir la Unidad Popular contra la crisis y el desempleo, por una legislación social más justa y contra la reforma laboral, contra los planes de la oligarquía de retrasar la edad de jubilación y de intensificar la explotación de la fuerza de trabajo. Planes que provocarán indefectiblemente una aún mayor disminución del consumo y una más profunda agudización de la crisis, con su inevitable secuela de destrucción de puestos de trabajo.

A %d blogueros les gusta esto: