Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Pagarán cuando el pueblo sea el que haga justicia

In Actualidad on 19 abril, 2010 at 0:01

David Delgado

Los escándalos permanentes que salpican a la Iglesia Católica, relacionados con abusos a menores en multitud de países, no son ajenos a la máxima autoridad de esta secta religiosa. Es por ello que los científicos británicos Richard Dawkins y Christopher Hitchens, iniciaron una campaña por la detención de Benedicto XVI cuando visite el Reino Unido en septiembre. Mark Stephens, abogado de ambos, declaró que se dirigirá a los tribunales británicos y a la Corte Penal Internacional (CPI) con el fin de que aprueben órdenes de arresto contra el Papa porque “no está por encima de la ley”.

El letrado basa la argumentación de su defensa en el hecho de que Benedicto XVI “no es un jefe de Estado, ni un soberano”, porque el Vaticano fue declarado Estado por la decisión del dictador fascista Benito Mussolini (véase los Pactos de Letrán), y esto implica que no tiene un reconocimiento en el marco de las leyes internacionales y que no goza de inmunidad en territorio británico. Según Stephens, el Papa podría ser acusado de crímenes contra la humanidad.

Esta campaña no irá más allá del ámbito mediático. Está claro que al Papa no lo van a detener y juzgar en Gran Bretaña porque el abogado de dos científicos prestigiosos le denuncien en la CPI. Pero de cualquier manera, es importante que todo el mundo conozca las tropelías del Santo Padre, que de santo no tiene nada. Y en ese sentido, esta campaña propiciará que en Gran Bretaña no pase a un segundo plano, al menos no con la normalidad a la que nos tienen acostumbrados los grandes medios, la noticia publicada por la BBC que señala a Joseph Ratzinger como responsable de impedir que la Iglesia expulsara a un sacerdote que abusó de menores.

Pero nada más. Las grandes personalidades políticas, religiosas y económicas que cometen cualquier tipo de crimen o delito, sólo reciben su merecido cuando la justicia popular se pone en marcha. Mientras la burguesía sea la clase dominante, y por lo tanto, los tribunales internacionales y nacionales de justicia estén controlados por los representantes judiciales de la burguesía, será absurdo pedirles a estos individuos que juzguen a los mayores valedores de su sistema de dominación. Al igual que sería absurdo que los antiguos elementos burgueses solicitasen un juicio ante los tribunales obreros al presidente de una república socialista por atentar contra la propiedad privada e instaurar la dictadura del proletariado.

Pero esto Richard Dawkins y Christopher Hitchens (que también defendió que Henry Kissinger debía ser procesado por crímenes contra la humanidad) no lo entienden. De hecho, aunque ambos son ateos, se han mostrado críticos con algunos de los presidentes estadounidenses más polémicos, y han dedicado buena parte de su carrera de divulgadores científicos a criticar a la Iglesia y su ideología reaccionaria y acientífica,  que se posiciona en el campo político, científico e ideológico del lado de la burguesía y del imperialismo.

Siempre hay que tener presente que el Estado es la violencia organizada de una clase sobre otra, y que sus instituciones están al servicio de esa clase dominante. De lo contrario, toda la caterva de obispos, arzobispos, políticos, reyezuelos y grandes capitalistas no disfrutarían de la impunidad que tienen, que por muchos crímenes que cometan y muchas denuncias que reciban, hasta que la mayoría de los trabajadores no tomen el poder y se instauren nuevos tribunales al servicio de la nueva clase dominante para reprimir a los antiguos explotadores, seguirán campando a sus anchas.

Mientras tanto, el Papa encubrirá a todos los pederastas que quiera por el bien de la Iglesia, el ex presidente José María Aznar seguirá impartiendo conferencias y dando lecciones de democracia y libertad, George Bush no pagará ni uno sólo de los crímenes que cometió, el rey Juan Carlos I se beneficiará de inmunidad constitucional, Zapatero insistirá en que lo de Afganistán es una misión humanitaria, los grandes banqueros invertirán en armamento ilegal que las potencias imperialistas emplearán para masacrar a poblaciones civiles inocentes, y los Richard Dawkins y Christopher Hitchens de turno, insistirán en hacer justicia mediante las herramientas, las leyes y los tribunales que permiten que todos estos energúmenos citados se jubilen con honores de Estado.


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Doscientos años del Grito Libre de Caracas

In Efemérides, Historia on 19 abril, 2010 at 0:00

victor1COLABORACIÓN


Víctor J. Rodríguez Calderón

Doscientos años han pasado de aquel grito que dio Caracas y que sacudió el pellejo curtido de latinoamericanos y caribeños, templando sus corazones por esa ansiada libertad y justicia que todavía como rebeldes, ¡luchamos!

Remontándonos a esos momentos históricos, podemos asegurar los revolucionarios de hoy, que allí nació la hora para los viejos y nuevos conquistadores, pues fue el inicio del combate ideológico y práctico contra los imperios conquistadores y porque fue en ese grito que se meció el sueño constructivo de nuestra América del Sur, Centro y Caribeña, como una sola nación.

Recordemos aquel jueves santo de 1810, específicamente era 19 de abril, cuando se inició en nuestra Caracas el comienzo de una etapa histórica que se regaría como una lengua de pólvora por todas nuestras naciones. En este día, el cabildo de Caracas, con el apoyo de parte del pueblo y de importantes sectores de las fuerzas armadas, tanto de los batallones de veteranos como de milicias, así como de destacados personajes del clero, la sociedad, de los intelectuales, depuso al gobernador y capitán general Vicente Emparan y a los demás altos funcionarios españoles, enviándolos al exilio. Fue un movimiento revolucionario que se llevó a cabo de una manera incruenta, y que en definitiva tuvo un impacto en los campos político, económico, social y cultural, no sólo de Venezuela, sino de todas estas patrias nuestras.

Desde ese día y para siempre nos sumamos agregando luz al patriotismo sincero y leal, anclando en las conciencias revolucionarias las convicciones bolivarianas, como son la libertad, la justicia, la igualdad y la paz, convencidos como Bolívar, que estas se conquistan y nunca se mendiga para destrozarlas.

Así se desarrollaron estas acciones revolucionarias:

El capitán general Vicente Emparan, deseoso de ganar tiempo e indeciso ante el camino a seguir, suspendió la sesión del Cabildo y se dirigió a la catedral; sin embargo a las puertas de ésta, uno de los revolucionarios, Francisco Salias, se interpuso y tomando del brazo a Emparan, le conminó a regresar al Cabildo. La actitud de Salias fue ampliamente celebrada por la multitud en general y por un grupo de conjurados; ante la osadía de Salias, los soldados que formaban la guardia del capitán general hicieron un ademán de apercibir sus armas, pero una orden del oficial venezolano que los mandaba, los mantuvo firmes en sus puestos sin intervenir. Dadas la circunstancias, Emparan regresó al Cabildo, acompañado de los alcaldes, regidores y notables, mientras una multitud invadía la plaza mayor. Al poco tiempo llegaron al Cabildo el abogado Juan Germán Roscio, el canónigo José Cortés Madariaga y otros representantes del pueblo y del clero, quienes se incorporaron a la reunión. Presionado por los factores de poder presentes en el Cabildo de Caracas, Emparan pronunció las palabras que señalaron el principio del fin, por lo menos jurídicamente, del régimen español en Venezuela. Dirigiéndose al pueblo congregado en la plaza, desde el balcón del cabildo, les preguntó si deseaban que él continuase mandando; ante la respuesta negativa de las personas presentes, exclamó Emparan: «¡Pues yo tampoco quiero mando!». Luego de esto, quedó establecida la que oficialmente recibió el nombre de Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII.

El mismo 19 de abril de 1810 fue redactada el acta en la cual se consignaba el establecimiento de un nuevo gobierno. En la misma se precisaba que el gobernador y capitán general, el intendente de Ejército y Real Hacienda, el subinspector de artillería y el auditor de Guerra y asesor general, así como la Real Audiencia, quedaban privados del mando que ejercían, a la vez que suprimían esas instituciones. En consecuencia el Cabildo de Caracas, con sus 2 alcaldes José de Llamozas y Martín Tovar y Ponte a la cabeza, asumió el poder, incorporando en su seno a los representantes del clero, del pueblo y de los pardos, ya mencionados, mientras que el mando militar era confiado momentáneamente al teniente coronel Nicolás de Castro y al capitán Juan Pablo Ayala. El acta del 19 de abril fue firmada por todos los asistentes al Cabildo extraordinario de ese día, incluyendo a los funcionarios españoles depuestos (Vicente Emparan), los que desempeñaron un papel secundario y los que a partir de ese momento asumieron el poder (Tovar, Roscio, Cortés de Madariaga, etc.). El acta fue leída el mismo día en diversos lugares de Caracas por los escribanos Fausto Viaña y José Tomás Santana, quienes certificaron que la población reaccionó gritando las siguientes consignas: «Viva nuestro Rey Fernando VII, nuevo Gobierno, Muy Ilustre Ayuntamiento y Diputados del Pueblo que lo representan». En definitiva la revolución se llevó a cabo sin derramamiento de sangre. Los funcionarios depuestos fueron conducidos luego a La Guaira y encerrados en las fortalezas o confinados a bordo de buques anclados hasta que se les expulsó. De acuerdo con el testimonio de uno de ellos, el intendente Basadre, durante el tiempo que estuvo en prisión pudo apreciar como los revolucionarios compusieron e hicieron circular canciones alegóricas de su Independencia, en las cuales convidaban a toda Hispanoamérica a hacer causa común y a tomar «… a los caraqueños por modelo para dirigir revoluciones» , ya se entonaba la canción que mucho más tarde fue declarada Himno Nacional de Venezuela: «Unida por lazos/ que el cielo forjó/ la América toda/ existe en Nación/ y si el Despotismo levanta la voz seguid el ejemplo/ que Caracas dio.» En conclusión, aunque el 19 de abril de 1810 no fue declarada jurídicamente la Independencia de Venezuela, políticamente se produjo un cambio radical que culminó con la declaración del 5 de Julio de 1811.

Así quedo testimoniado históricamente que aquí se inicio el grito de América libre, se combatía contra el odio que había sembrado la España imperial, y se le decía a las naciones del mundo, por primera vez, que se rompía el habito a la obediencia de la esclavitud.

Y también quedo para siempre que en una acción como esta, hay un origen único de todas las revoluciones: el deseo del hombre por una vida más humana, más noble, por un sistema libre y progresista y por una libertad de expresión capaz de crear una nueva fraternidad entre los hombres. Acción que heredamos para asociarnos a una nueva cultura que estructure de verdad ese cambio social que tanto se pregona y que nunca se construye.


(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.