Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Irán: seleccionar los blancos… y las víctimas

In Actualidad on 15 julio, 2010 at 0:01

Jorge Gómez Barata

Después de la Primera Guerra Mundial, cuando debutaron los carros de combate, la aviación, los submarinos y las comunicaciones inalámbricas, los visores nocturnos, las ametralladoras, los morteros y otros medios de combate ligados al desarrollo de las tecnologías y las aplicaciones de la ciencia, en la planificación de las acciones combativas la intuición de los comandantes fue complementada por el cálculo matemático.

Tal vez en estos momentos, en la Sala de Análisis del Comando Central Norteamericano en Qatar, a partir del procesamiento de un enorme volumen de datos se realiza la selección de los blancos para la operación contra Irán, se calculan los plazos, las necesidades de fuego y se establece la cooperación entre todas las fuerzas.

En aquel entorno de donde están ausentes las emociones y la compasión, profesionales de las armas elaboran la “Carta de Fuego”, un plan milimétrico en el cual se fija el momento exacto en que cada arma abrirá fuego y contra qué blancos lo hará. Los jóvenes militares que morirán les son tan indiferentes como los civiles asesinados que las estadísticas recogerán como daños colaterales.

En virtud de esa planificación, primero entran en acción las armas de más largo alcance, usualmente las más letales, que atacarán los centros de mando y comunicaciones, las base de cohetes y las rampas de lanzamiento móviles, las defensas anti áreas y la aviación; las concentraciones de tropas terrestres, artillería y blindados, los puertos y aeropuertos, las instalaciones energéticas, las autopistas, los puentes, vías ferras, acueductos y decenas de otros objetivos. Entre los blancos prioritarios estarán las oficinas gubernamentales y las instalaciones que aseguran la supervivencia de la sociedad iraní y le permiten defenderse.

El ataque que debe comenzar con fuerzas convencionales será iniciado simultáneamente por los misiles lanzados desde los buques desplegados en el Golfo Pérsico, el mar Rojo y las rampas instaladas en Irán, la artillería de largo alcance de los destructores que se aproximan a las costas y baten a los efectivos de la armada iraní y a las instalaciones portuarias.

El inventario de misiles y cohetes, del ejército, la armada y la fuerza aérea norteamericana llena casi cuarenta páginas aunque los Tomahawk y Pershing de alcance intermedio lanzados desde los buques, en una operación coordinada con ataques masivos de la aviación estratégica procedente de las bases en la región y en Europa, en Israel e incluso de territorio norteamericano, a los que se sumarán las naves basificadas en los portaviones, incluyendo las que pueden despegar desde países ex soviéticos. Un ataque de esta naturaleza que puede prolongarse durante varios días incluirá andanadas de miles de misiles, misiones de la aviación y decena de miles de toneladas de bombas.

Para Irán que se defiende y no tiene la menor oportunidad de establecer una correlación de fuerzas cuantitativa y cualitativa que le permita nivelar las acciones, existen dos opciones: lanzar sus fuerzas aeronavales al encuentro con las oleadas agresoras con el riesgo de que sea ultimada o preservarla para operaciones de riposta contra Israel, contra la fuerzas norteamericanas en Iraq y Afganistán y la caza de objetivos de alta rentabilidad.

A estas alturas nadie descarta que desatada una locura semejante, se produzca un golpe masivo sorpresivo contra las instalaciones nucleares, las bases coheteriles, los centros mando, las bases aéreas y las agrupaciones de tropas de Corea del Norte que puede tomar la iniciativa y, usando todo su arsenal nuclear, barrer del mapa a Seúl y otras ciudades de Corea del Sur. Lo diferente de este caso es que Estados Unidos no podrá evadir el combate terrestre contra las oleadas de tropas de infantería y blindados coreanos que se lanzaran sobre Corea del Sur y la ocuparan.

A todas estas los lectores se preguntaran que ha ocurrirá con las instalaciones nucleares de Irán y cuál es su prioridad en la selección de blancos. La respuesta es ninguna. Irán no dispone bombas atómicas ni cohetes intercontinentales, no tiene una flota de submarinos atómicos que puedan estar escondidos a miles de metros de profundidad cerca de las costas norteamericanas para golpear sus ciudades y los pequeños reactores nucleares de que dispone son absolutamente inofensivos.

No obstante, aunque nada tengan que ver con ningún programa para la construcción de bombas atómicas, los cinco pequeños reactores nucleares de investigación que posee Irán y cuyas prestaciones están por debajo de aquellos de que disponen las facultades de física y energética de las universidades norteamericanas, serán barridos del mapa.

Las localidades de Bushehr donde desde hace más cuarenta años se construye una central nuclear, Arak donde se encuentra uno de los reactores de investigación, Ahvaz donde se planea construir una electronuclear con un reactor fabricado en Irán, Bonab, Isfahan, Karajaj, Chalus y otras localidades donde se realizan actividades de producción de combustible nuclear, investigaciones medicas y agrícolas ligadas al átomo y los territorios donde están las minas de uranio serán barridos del mapa y sus imágenes mostradas como sitios demoniacos desde donde unos salvajes que mil años atrás fomentaron las bases de la cultura humana planificaban destruir a occidente.

Si como algunos analistas suponen, en una decisión insólita, Estados Unidos decide utilizar desde el principio armas nucleares contra un país que no las posee, ha dicho que no las quiere y en el peor de los casos según la CIA tardaría como mínimo dos años en lograr alguna, se cometería un crimen ante el cual Hiroshima y Nagasaki parecerían simples ensayos

En cualquier caso mientras no se traspase la línea de no retorno y los misiles puedan ser abortados, los aviones regresados y los cañones enfundados, habrá oportunidades para la paz. Al final todo queda a los hombres y a los líderes. De ellos y de que, asistidos por la razón o la Providencia, saquen a tiempo los dedos de los gatillos, depende todo.


Por una banca pública. No a la privatización de CajaCanarias y de las Cajas de Ahorros en general.

In Actualidad, Comunicado on 15 julio, 2010 at 0:00

Asamblea por Tenerife

CajaCanarias, como el resto de las cajas del Estado español, tiene su origen en los Montes de Piedad del siglo XVIII; nació, por así decirlo, como “banco de los pobres”, de los campesinos, pescadores y artesanos, de los obreros y obreras, de los comerciantes y pequeños empresarios de negocios locales.

Sin embargo, con el tiempo los partidos políticos del llamado arco institucional –PP, PSOE y Coalición Canaria–, que deberían velar por su gestión democrática, han permitido –cuando no contribuido– que la oligarquía del ladrillo y el cemento, que ha sido el verdadero cáncer de CajaCanarias, se apoderara de ella para convertirla en su banco cuasi privado. A pesar de que en sus órganos de gobierno se sientan cargos electos autonómicos, municipales e insulares, así como representantes de los impositores, han sido los grandes empresarios –Cámara de Comercio, CEOE, patronal de la construcción, ASHOTEL, etc.– los que han dirigido y controlado CajaCanarias. El préstamo concedido, sin garantía alguna, a Ignacio González y Antonio Plasencia para la fraudulenta compra de Las Teresitas es una muestra palpable de quién y cómo se gobierna esa entidad financiera.

Pero lejos de poner coto a estos desmanes de los poderosos, la reforma recientemente aprobada por el gobierno psocialista propicia que los grandes bancos –Santander y BBVA, especialmente– se puedan hacer con las cajas en un opaco proceso de privatización y conformar un oligopolio bancario que acabará por llevarse por delante la tan cacareada libre competencia. Se premia por tanto, a los culpables de la crisis. Y si hasta ahora, las cajas –CajaCanarias, entre ellas– no tenían propietarios, sino gestores, y no cotizaban en Bolsa, por lo que no podían ser adquiridas por capital privado, Rodríguez Zapatero y Rajoy han pactado su expropiación y apropiación por la banca privada, y con ello, han extirpado de raíz la función social para la que fueron creadas.

Desde Asamblea por Tenerife, no aceptamos la reforma de la Ley de Órganos Rectores de Cajas de Ahorros (Lorca), aprobada por decreto, deprisa y corriendo sin un debate sereno y transparente. Defendemos la creación de una banca pública como condición indispensable para superar la crisis actual de forma justa y eficiente, para promover que el sistema financiero sea un vehículo efectivo de transferencia de capital hacia la inversión productiva y las familias.

Del mismo modo, exigimos que CajaCanarias siga siendo una empresa sin ánimo de lucro y que dedique el 50% de sus beneficios a Reservas Obligatorias, para asegurar su solvencia presente y futura, mientras el resto de de los beneficios los consagre obligatoria y efectivamente a obra social, en campos tan diversos como la cultura, el deporte, la sanidad, la conservación del patrimonio, y no como sucede ahora que dedica gran parte de sus beneficios a financiar clientelarmente proyectos del tripartito (CC, PP y PSOE) y sus empresarios afines.

No se arregla nada sustituyendo a los gestores públicos por los privados ni eliminando a los representantes de los ciudadanos –elegidos democráticamente– de los órganos de gobierno de Las Cajas. Lo que hay que hacer es un cambio profundo y radical en la naturaleza de estas instituciones, que potencie no sólo el control popular de su gestión sino que confiera, además, al sistema unos valores éticos que lo alejen de las actividades especulativas y del saqueo (altos tipos de interés, fraudes y estafas financieras) que pone en práctica asiduamente la banca privada con las clases populares. CajaCanarias, como parte integrante de esa Banca Pública, se convertiría así en un eficaz instrumento para hacer verdadera política económica de carácter popular, ayudando en las decisiones de inversión de las pequeñas empresas y las familias, a la vez que fomentando, a través de líneas de crédito barato, la inversión en sectores estratégicos como las energías renovables, la gestión de residuos, la investigación, innovación y desarrollo (I+D+I). Lejos de la creación de esta banca pública, los dirigentes de CajaCanarias han decidido realizar lo que se ha dado en llamar “fusión fría”, uniéndose a Caja Navarra -muy vinculada a la industria armamentística- para crear una entidad, llamada oportunistamente Banca Cívica, con la que precisamente se ha iniciado en el Estado el proceso de privatización de las Cajas de Ahorro. Con esta operación Arvelo, Cova y compañía han querido más que nada resguardar sus propios intereses de cara al presente y al futuro de la Caja, sin tener en cuenta ni tratar de defender la función social que más mal que bien ha sido uno de los objetivos de estas instituciones hasta la fecha.

En esto se encuentran en perfecta sintonía con el Gobierno psocialista, más preocupado en seguir los dictados de “los mercados” (léase grandes bancos nacionales e internacionales) que en buscar una salida a la crisis favorable a la clase obrera y a las capas populares.