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La engañifa de los tests de estrés bancarios

In Actualidad, Economía on 21 julio, 2010 at 0:01

Con mucha alharaca se anuncia, para el próximo viernes 23, la publicación de los llamados test de estrés de los bancos europeos. Estos tests consisten en tomar un escenario económico y financiero muy negativo (estresado), y comprobar cómo afectaría a las cuentas de los bancos para, supuestamente, comprobar si cuentan con suficiente capital para absorber las posibles pérdidas. Además de si las ayudas públicas recibidas por cada entidad son adecuadas. Y ello tomando en cuenta una serie de parámetros estatales: crecimiento de la economía medido en términos de  Producto Interior Bruto (PIB), tasa de paro, interés real (descontando la inflación), Euribor (la referencia en el pago de las hipotecas), bono a 10 años, precio de la vivienda y del petróleo. Sobre cada uno de estos escenarios, se calcularán los efectos que pueden tener sobre los recursos propios, la morosidad, los beneficios y, en definitiva, la solvencia.

Sin embargo, en cada Estado es el correspondiente banco central el que establece los criterios. Y, claro, ningún país va a permitir que sus bancos salgan mal en estos test. Todo está pactado y bien atado. No se trata de medir la realidad, sino de publicitar una imagen de solvencia cara a los dueños del capital financiero, no sea que vuelvan a subir los intereses de las respectivas deudas nacionales. Por poner un ejemplo, y según aseguran sus respectivos ministros de finanzas, ni siquiera Grecia o Irlanda van a tener problemas para aprobar estos tests.

El problema es que los bancos centrales no han querido decir cuál es ese escenario. El Comité de Supervisores Bancarios Europeos (CEBS) se ha limitado a decir que contemplará una desviación de 3 puntos porcentuales del PIB respecto a las previsiones de la Comisión Europea para 2010 y 2011, actualmente del 1% y el 1,5%, respectivamente. Aparte de ser un escenario bastante moderado respecto a la recesión en la que está sumida Europa, algunos medios añaden que los niveles de capital exigidos para aprobar el test serán bastante bajos y, además, sólo se publicarán los resultados consolidados de los grupos multinacionales, sin detallar por países.

La clave es cómo se van a valorar los activos que tienen los bancos en balance, en especial la deuda pública y los activos inmobiliarios, especialmente en los países periféricos europeos (los PIIGS). El Financial Times asegura que se aplicará un 17% de descuento (haircut) a los bonos del Estado de Grecia, un 8% a los de Portugal y un 5% a los españoles, y que no habrá ningún recorte para los alemanes ni los franceses. De ser ciertos, se trataría de descuentos muy inferiores a los que ahora mismo cotizan los mercados.

Además, el banco británico Barclays ha añadido otro elemento preocupante: que estos descuentos se pueden aplicar sólo a los bonos que las entidades tienen calificados como “disponibles para la venta” y no a los considerados “a vencimiento”, que son el grueso de las carteras -de hecho, en la crisis actual muchos bancos han pasado sus bonos de uno a otro cajón para no tener que apuntarse de inmediato las pérdidas-. El Barclays defiende que los test sean laxos para “no crear una excesiva alarma en los mercados”.

En el Estado español, donde los bancos se están haciendo con todas las emisiones del Tesoro, debería ser prioritaria la valoración que se dé a los activos inmobiliarios. La confianza de la oligarquía bancaria y del gobierno del PSOE en que la banca española apruebe sin problemas, hace temer que los recortes aplicados a estos activos -tanto a los que tienen en balance como a las garantías de los créditos morosos- serán muy reducidos.

EL CRÉDITO A LAS PYMES CAE UN 27% HASTA MAYO

Si algo caracteriza al sistema bancario español es su incapacidad para conceder créditos. Las cifras oficiales del Banco de España reflejan que hasta el mes de mayo, y en relación al mismo mes del año anterior, los préstamos y créditos a las pymes (inferiores al millón de euros) han caído un 26,8%. En términos absolutos, el importe de las nuevas operaciones ha pasado de 117.520 millones entre enero y mayo del año pasado a 92.648 millones en 2010. Se prolonga, de esta manera, la larga agonía del crédito a las pequeñas y medianas empresas, que no ha dejado de descender desde que estallara la crisis financiera.

En 2007, el importe de los nuevos créditos para las pymes alcanzó los 394.170 millones de euros, pero un año después esta cifra había bajado ya hasta los 356.775 millones. En 2009 se consolidó esa tendencia y los créditos se desplomaron hasta los 262.767 millones (incluyendo renovaciones). Y es muy probable que este año se cierre con una cifra inferior a los 200.000 millones de euros. En el caso de las nuevas operaciones superiores al millón de euros, la evolución es sólo algo mejor. La caída es del 17,1%, hasta los 207.321 millones.

Los datos del Banco de España ponen de relieve, sin embargo, un hecho sorprendente. El año pasado la cuantía total de los préstamos superiores a un millón de euros no bajó, sino que, desafiando la lógica económica de la recesión imperialista, creció en 32.000 millones de euros, hasta los 604.975. Detrás de esta cifra se esconde la estrategia de los bancos de no dejar caer a sus clientes, lo que ha provocado un aumento de las renovaciones. Se presta para no llevar a fallidos muchas operaciones inviables.

En términos de flujo efectivo, la caída es espectacular. En 2007, el flujo efectivo -el dinero nuevo que realmente llega a las empresas- se situó en 181.829 millones, lo que explica en buena medida el boom inmobiliario. Al año siguiente, ya había descendido hasta casi la mitad; 95.981 millones, pero es que en 2009 no sólo no creció sino que el flujo efectivo fue negativo en 19.390 millones, batiendo todos los récords.

Lo cierto es que bancos y cajas no confían en que sus clientes les vayan a devolver su dinero. Y que ya se espera la double deep recession (recesión dentro de la recesión), que se anuncia como inminente. Eso sí, no sólo siguen repartiendo beneficios, sino que los siguen incrementando. El verdadero estrés, desde luego, va a ser para los asalariados.