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En el exceso de optimismo está el peligro

In Actualidad, Economía on 25 julio, 2010 at 0:01

Chen Weihua

A los estadounidenses los suele definir una actitud optimista y de pronunciado dinamismo. Sin embargo, cuando su país celebró otro aniversario de la Independencia el pasado domingo, el ambiente nacional no parecía tan resplandeciente como el sol que desde las alturas recalentaba las cabezas.

De hecho, el día pareció algo lúgubre. El derramamiento de petróleo en el golfo de México, que ya cumplió 78 días el martes, sigue encabezando los titulares en los noticiarios de TV. No menos angustiante es el alto índice de desempleo, que no tiene probabilidades de amainar en meses venideros.

Crece por otra parte el consenso de que la guerra en Afganistán se ha convertido en un callejón sin salida. Algunos estados de la Unión están al borde de la bancarrota, a lo que la Administración responde con recortes de empleos y reducción radical del gasto público. Y, por si fuera poco, ahí está el más de un billón de dólares de déficit federal en constante alza, mientras pululan las divisiones intestinas dentro de las filas partidistas.

El optimista lema de campaña de Obama “sí, podemos” hoy parece condenado al rincón del olvido, mientras que, por otro lado, el optimismo comienza a asociarse progresivamente al comportaniento de los chinos.

En un reciente foro sostenido en Nueva York, Michael Bloomberg, Rupert Murdoch y otros, mencionaron a China muchas veces, en atención a su creciente importancia.

No faltan tampoco los libros, noticiarios y columnas de opinión que abordan el despegue de China y el incremento de su influencia en todo el mundo, en contraste con el declive en la salida de títulares que predicen el derrumbe del país asiático.

Además, varias encuestas sucesivas han dado cuenta del alto optimismo de los chinos con respecto a su economía, el futuro del país y las perspectivas personales.

No hay duda de que la confianza es importante en la construcción de un futuro brillante, especialmente en tiempos de recesión económica global. Muchos en China, sin embargo, se han entusiasmado en demasía con las ediciones y titulares que hablan de una China que liderará al mundo, del declive de Occidente y del ascenso de la nación oriental, que deberá superar a Alemania como mayor exportador de mercancías y sobrepasar a EEUU como economía más pujante del globo en un término de 10 años.

Esa clase de optimismo, o más bien optimismo a ciegas, es profundamente preocupante. Es verdad que la importancia de China en la arena internacional se incrementará en todos los aspectos. Pero el camino por delante será mucho más sinuoso de lo que muchos quisieran creer.

Ju an si wei, frase china que significa “en la prosperidad piensa en la adversidad”, debe ser la actitud apropiada en este caso. Es más, con frecuencia los titulares que destacan la prosperidad china resultan engañosos.

La prosperidad de China, después de 30 años alcanzando índices de desarrollo económico de dos cifras, ha sido una bendición para sus 1.300 millones de ciudadanos, pero hay importantes problemas derivados de ese mismo progreso que están planteando una amenaza grave al futuro de la nación.

Muchos problemas son tan graves que simplemente no dan cabida a demasiado optimismo por el momento y en el porvenir. Éstos incluyen las recientes huelgas obreras y la brecha de ingresos en constante ampliación, la contaminación ambiental en aumento, al punto de que ya constituye un riesgo para la salud, la presión que supone una población que llegará a los 1.400 millones antes de 2015, una confusión moral que está desgastando los principios de nuestra sociedad, más la corrupción y un sistema político que aún dista de haberse reformado en la medida de los deseos.

Incluso esas encuestas que arrojan alto optimismo chino pudieron haberse centrado demasiado en las grandes ciudades, ignorando un tanto al campo, donde el boom económico no ha beneficiado a la mayoría de la gente. La mayor parte de los campesinos, todavía sin protección de red de Seguridad Social alguna, tienen menos razones para mostrarse optimistas que el grueso de los habitantes urbanos.

Y China no asumirá el control del mundo, ni tampoco lo gobernará en el futuro próximo. Bastante tiene ya con su sobrecarga de problemas domésticos por rectificar, y mucho que bregar en procura de ponerse al día en las décadas venideras, antes de que pueda siquiera convertirse en un país de ingresos medios.

Como periodista, creo que el exceso de atención que han deparado los medios informativos chinos a las noticias positivas y al despegue del país, han contribuido en gran medida a que eche raíz el optimismo ciego, mientras que la obsesión de los medios de EEUU con propagar la parte negativa ha sido causa de mucho pesimismo.

Si bien la posición de poder de EEUU en el mundo declinará debido al ascenso de China, la India, Brasil y de otros países en vías de desarrollo, lo más probable es que aquél siga siendo una superpotencia por muchos años y décadas en el futuro. EEUU sigue manteniendo su supremacía en muchos órdenes, como son la tecnología, la educación superior, la dinámica cultural y el poderío militar.

Por todo lo expuesto, creo que se precisa con urgencia prever la posibilidad de crisis, como contrapartida al exceso de optimismo que hoy prima entre los chinos. Esa sería la forma adecuada de abordar tantos temas sociales, económicos, ambientales, morales y políticos, todos tan acuciantes como espinosos.