Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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La grandeza del asalto al cuartel Moncada

In Efemérides on 26 julio, 2010 at 0:01

Marta Denis Valle

La historia marca sucesos capaces de cambiar el rumbo de una nación entera como el asalto al cuartel Moncada, en 1953, cuya grandeza trascendió las fronteras patrias e inició una nueva era en Nuestra América.

La justeza de sus ideas llevó a la generación del centenario martiano a exponer sin miedo sus vidas y sembrar la semilla de ese cambio histórico rotundo que, a pesar del fracaso militar, empezó a convertirse en realidad un lustro después.

Cuba celebra la fecha de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, hecho luctuoso en su momento por la sangre derramada; un día convertido en motivo de regocijo porque el 26 de julio de 1953 se produjo la sentencia de muerte de la opresión neocolonial en este país.

En 1898, la intervención militar de Estados Unidos frustró la independencia y soberanía; desde entonces Washington impidió todo intento de los cubanos de sacudirse su yugo.

A casi medio siglo de la instauración de la República neocolonial -agotada por la demagogia, la corrupción y el robo del tesoro público-, retrocedió a la época de la bota militar y la tortura con el golpe de estado del 10 de marzo de 1952.

Fulgencio Batista estableció su segunda dictadura, semanas antes de las elecciones presidenciales del próximo primero de junio, en las que se esperaba el triunfo del partido Ortodoxo, no obstante la muerte de su líder Eduardo Chibás.

En su carácter de abogado, Fidel Castro -entonces con 25 años de edad-, demandó a Batista ante el Tribunal de Garantías Constitucionales y Sociales, sin éxito alguno.

Luego de esperar inútilmente una reacción de las fuerzas opositoras contra los golpistas, en la que sería simple soldado, Fidel asumió la responsabilidad de llevar adelante la Revolución con gente de pueblo, desconocida.

Buscó a los futuros combatientes, en su mayoría, en la juventud ortodoxa radical que siguió la prédica de Chibás contra la corrupción, por la independencia económica, la libertad política y la justicia social.

Logró entrenar y organizar en secreto a más de mil hombres: jóvenes obreros, empleados, campesinos, trabajadores en oficios diversos o desempleados.

Entre el centenar y medio de los escogidos para las acciones de Santiago de Cuba y Bayamo solo media docena eran estudiantes, tres contadores profesionales y cuatro graduados universitarios.

Por razones imprevistas falló el factor sorpresa y fue imposible apoderarse de las armas necesarias para comenzar la Revolución y entregarlas a los santiagueros; es decir, echar a andar un motor pequeño que ayudara a arrancar el motor grande.

A pesar de ello, retomar la continuidad de la Revolución constituye una de las principales virtudes de la hazaña del Moncada, junto a situar el protagonismo popular en el centro de las acciones.

Con ocho asaltantes muertos en combate y más de 50 asesinados posteriormente por los esbirros batistianos, la acción despertó la conciencia nacional en apoyo y simpatía de los moncadistas. La represión desatada por la dictadura ganó adeptos a la causa revolucionaria.

Las rejas se abrieron a los revolucionarios presos en menos de dos años por presión popular y, pronto, el Movimiento 26 de Julio constituyó la opción principal de los cubanos con su Programa del Moncada, el cual guió las posteriores etapas del proceso hasta su cumplimiento.

Contenido en el alegato de autodefensa de Fidel Castro, La Historia me Absolverá, el Programa proclama sus objetivos políticos, económicos y sociales, los más avanzados en esas materias, encaminados a resolver una serie de problemas de prioridad, entre estos los vinculados a la tierra, la industrialización, la vivienda, el desempleo, la educación y la salud del pueblo.

Profundamente martianos, los moncadistas juraron en su Manifiesto, antes de partir al combate, hacer una patria mejor, sueño supremo de José Martí, declarado por Fidel Castro autor intelectual del Moncada.

Ellos se proponían culminar la Revolución Cubana inconclusa, la de Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Antonio Maceo, Martí, Julio Antonio Mella, Antonio Guiteras, Rafael Trejo, Rubén Martínez Villena y Eduardo Chibás.

“Por la dignidad y el decoro de los hombres de Cuba, esta Revolución triunfará”, afirmaron.

“Era necesario una arremetida final para culminar la obra de nuestros antecesores, y eso fue el 26 de julio”, señaló Fidel en 1973.

La expedición del yate Granma, el Ejército Rebelde y los luchadores clandestinos se nutrieron de miles de combatientes inspirados en aquellos jóvenes patriotas que quisieron no dejar morir a José Martí en el año del centenario de su natalicio.

En 25 meses de guerra fueron derrotados más de 80 mil militares profesionales, la huelga nacional coronó el triunfo en enero de 1959 y, tras el cumplimento del Programa del Moncada (1960), comenzó la fase socialista.


(*) Marta Denis Valle es historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina.


En el exceso de optimismo está el peligro

In Actualidad, Economía on 25 julio, 2010 at 0:01

Chen Weihua

A los estadounidenses los suele definir una actitud optimista y de pronunciado dinamismo. Sin embargo, cuando su país celebró otro aniversario de la Independencia el pasado domingo, el ambiente nacional no parecía tan resplandeciente como el sol que desde las alturas recalentaba las cabezas.

De hecho, el día pareció algo lúgubre. El derramamiento de petróleo en el golfo de México, que ya cumplió 78 días el martes, sigue encabezando los titulares en los noticiarios de TV. No menos angustiante es el alto índice de desempleo, que no tiene probabilidades de amainar en meses venideros.

Crece por otra parte el consenso de que la guerra en Afganistán se ha convertido en un callejón sin salida. Algunos estados de la Unión están al borde de la bancarrota, a lo que la Administración responde con recortes de empleos y reducción radical del gasto público. Y, por si fuera poco, ahí está el más de un billón de dólares de déficit federal en constante alza, mientras pululan las divisiones intestinas dentro de las filas partidistas.

El optimista lema de campaña de Obama “sí, podemos” hoy parece condenado al rincón del olvido, mientras que, por otro lado, el optimismo comienza a asociarse progresivamente al comportaniento de los chinos.

En un reciente foro sostenido en Nueva York, Michael Bloomberg, Rupert Murdoch y otros, mencionaron a China muchas veces, en atención a su creciente importancia.

No faltan tampoco los libros, noticiarios y columnas de opinión que abordan el despegue de China y el incremento de su influencia en todo el mundo, en contraste con el declive en la salida de títulares que predicen el derrumbe del país asiático.

Además, varias encuestas sucesivas han dado cuenta del alto optimismo de los chinos con respecto a su economía, el futuro del país y las perspectivas personales.

No hay duda de que la confianza es importante en la construcción de un futuro brillante, especialmente en tiempos de recesión económica global. Muchos en China, sin embargo, se han entusiasmado en demasía con las ediciones y titulares que hablan de una China que liderará al mundo, del declive de Occidente y del ascenso de la nación oriental, que deberá superar a Alemania como mayor exportador de mercancías y sobrepasar a EEUU como economía más pujante del globo en un término de 10 años.

Esa clase de optimismo, o más bien optimismo a ciegas, es profundamente preocupante. Es verdad que la importancia de China en la arena internacional se incrementará en todos los aspectos. Pero el camino por delante será mucho más sinuoso de lo que muchos quisieran creer.

Ju an si wei, frase china que significa “en la prosperidad piensa en la adversidad”, debe ser la actitud apropiada en este caso. Es más, con frecuencia los titulares que destacan la prosperidad china resultan engañosos.

La prosperidad de China, después de 30 años alcanzando índices de desarrollo económico de dos cifras, ha sido una bendición para sus 1.300 millones de ciudadanos, pero hay importantes problemas derivados de ese mismo progreso que están planteando una amenaza grave al futuro de la nación.

Muchos problemas son tan graves que simplemente no dan cabida a demasiado optimismo por el momento y en el porvenir. Éstos incluyen las recientes huelgas obreras y la brecha de ingresos en constante ampliación, la contaminación ambiental en aumento, al punto de que ya constituye un riesgo para la salud, la presión que supone una población que llegará a los 1.400 millones antes de 2015, una confusión moral que está desgastando los principios de nuestra sociedad, más la corrupción y un sistema político que aún dista de haberse reformado en la medida de los deseos.

Incluso esas encuestas que arrojan alto optimismo chino pudieron haberse centrado demasiado en las grandes ciudades, ignorando un tanto al campo, donde el boom económico no ha beneficiado a la mayoría de la gente. La mayor parte de los campesinos, todavía sin protección de red de Seguridad Social alguna, tienen menos razones para mostrarse optimistas que el grueso de los habitantes urbanos.

Y China no asumirá el control del mundo, ni tampoco lo gobernará en el futuro próximo. Bastante tiene ya con su sobrecarga de problemas domésticos por rectificar, y mucho que bregar en procura de ponerse al día en las décadas venideras, antes de que pueda siquiera convertirse en un país de ingresos medios.

Como periodista, creo que el exceso de atención que han deparado los medios informativos chinos a las noticias positivas y al despegue del país, han contribuido en gran medida a que eche raíz el optimismo ciego, mientras que la obsesión de los medios de EEUU con propagar la parte negativa ha sido causa de mucho pesimismo.

Si bien la posición de poder de EEUU en el mundo declinará debido al ascenso de China, la India, Brasil y de otros países en vías de desarrollo, lo más probable es que aquél siga siendo una superpotencia por muchos años y décadas en el futuro. EEUU sigue manteniendo su supremacía en muchos órdenes, como son la tecnología, la educación superior, la dinámica cultural y el poderío militar.

Por todo lo expuesto, creo que se precisa con urgencia prever la posibilidad de crisis, como contrapartida al exceso de optimismo que hoy prima entre los chinos. Esa sería la forma adecuada de abordar tantos temas sociales, económicos, ambientales, morales y políticos, todos tan acuciantes como espinosos.


El origen de Dios

In Cultura on 24 julio, 2010 at 0:01

El complejo religioso más importante de nuestro tiempo es, sin duda, el sistema monoteísta de cultos abrahámicos. Cristianismo e islam, originados en el judaísmo, declaran en la actualidad unos 3.600 millones de seguidores y aumentan constantemente con el incremento de la población mundial. El papel de estas creencias en los sucesos y conflictos del presente, desde finales de la Guerra Fría, no puede ser más evidente y relevante. Pero, ¿de dónde proceden? ¿Qué clase de deidad es esta? ¿Cómo surgió el dios de las religiones abrahámicas?

DE LOS JUDÍOS ANTIGUOS

El Éxodo no ocurrió.

Sí, ya, es una pena porque la historieta mola un montón y la superproducción de Hollywood era la caña. Pero todos los indicios históricos y arqueológicos apuntan a que nunca hubo una gran masa de judíos en Egipto, ni saliendo de Egipto, ni viajando por el Sinaí durante no sé cuántos años. Y menos los 603.550 “aptos para la guerra” que dice Números 1:46, o los 600.000 “hombres de a pie, sin contar los niños” (y es de suponer que tampoco las mujeres y niñas…) indicados en Éxodo 12:37, lo que bien podría sumar unos dos millones de personas en total.

Se da la circunstancia de que los escribas egipcios eran como una especie de contables germánicos con trastorno obsesivo-compulsivo, que tomaban nota de todo y guardaban copia de todo. Y en toda la historia egipcia no aparece una sola referencia, ni siquiera indirecta, a un hecho de semejante calado: la emigración súbita del 66% de su población aproximadamente (el Egipto Antiguo tenía una población de unos tres millones de personas en torno al periodo del Imperio Nuevo y de aproximadamente siete millones hacia el final de su existencia). De hecho, ni siquiera mencionan la presencia notable de judíos en Egipto; en realidad, sólo hablan de ellos como otro pueblo periférico más. Lo más parecido es una vaga referencia a algo remotamente similar a una “plaga”, tema al que los antiguos eran muy aficionados –y los modernos también–.

Tampoco existe registro arqueológico alguno sobre una masa humana semejante moviéndose por los desiertos del Sinaí durante décadas (y menos aún en las poblaciones que dice la Torá), ni manera de cuadrar al Faraón del Éxodo con ninguno de la realidad (salvo en los habituales ejercicios de fantasía), ni por cierto forma alguna de trazar el texto original antes de mediados del primer milenio antes de nuestra era.

De hecho, resulta bastante obvio que el Éxodo no es sino un mito de fundación nacional hebreo –como hay tantos otros–. Si ocurrió algo remotamente parecido que pudiera inspirar a sus autores, desde luego no fue en el segundo milenio a.C. (como debería ser para constituir la fundación de Israel) sino en el primero, cuando Israel ya llevaba existiendo un tiempo. La política del Éxodo es del primer milenio, no del segundo. La geografía del Éxodo es del primer milenio, no del segundo (en el segundo no existían aún muchas de las localidades indicadas por la Torá). Y la necesidad del Éxodo es del primer milenio, no del segundo: a partir del exilio en Babilonia, en torno al siglo VI a.C. Que es, por cierto, cuando se funda la religión judía que conocemos: no se puede trazar ninguno de sus textos hasta fechas anteriores al siglo V a.C. Y muy probablemente su forma completa actual ni siquiera sea anterior al II.

Nunca hubo cruce del Mar Rojo, maná lloviendo de los cielos, Tablas de la Ley, Diez Mandamientos, Arca de la Alianza, becerro de oro ni cosa parecida. Es muy posible que ni siquiera hubiese Rey Salomón o Primer Templo de Jerusalén (no con la significación que nos han contado, al menos). Lo que sí hubo fue un conglomerado de pueblos canaanitas en el llamado complejo cultural del Levante, vinculados a Asiria y Mesopotamia por un lado, a Egipto por el otro y a Turquía y las islas griegas por vía marítima. La cultura de los yacimientos israelitas más tempranos es canaanita, sus objetos sagrados son los del panteón canaanita, la cerámica pertenece a la tradición local canaanita y el alfabeto es canaanita temprano. La única diferencia entre los poblados israelitas y el resto de los cananeos es la ausencia de huesos de cerdo, aún no se sabe bien por qué (pero sin duda recuerda a las prohibiciones del judaísmo y el Islam). Más allá de toda duda razonable, uno o una mezcla de estos pueblos canaanitas se encuentran en el origen de los hebreos modernos.

Estos pueblos canaanitas compartían los mismos dioses, y de manera notable uno llamado Ēl, que también era el término genérico para “deidad”: un dios anciano, muchas veces representado con barba, que aparece a menudo sentado en su trono. Se encuentra más comúnmente citado en plural, Elohim, pues los canaanitas eran fundamentalmente politeístas. No, no es un plural mayestático. Es politeísmo: los dioses.

ĒL, ELOHIM, ALÁ

Mira que nos habrán dado la brasa con los Rollos del Mar Muerto, y qué poquito se ha hablado de las culturas ugarítica yeblaíta, que nos legaron un enorme registro documental sobre los pueblos canaanitas del tercer y segundo milenio: exactamente cuando empezaba a formarse esta religión judía de la que posteriormente se derivaría el cristianismo y el Islam. Resulta que los Elohim bíblicos eran ya deidades ugaríticas, eblaítas y de los demás pueblos de la región. En el panteón levantino, estos Elohim son los setenta hijos de Ēl, un conglomerado de deidades venerados en toda la zona desde tiempos prehistóricos. Y, muy notablemente, con un claro componente acadio-babilónico.

Ēl, singular de Elohim, ya aparece presidiendo la lista de dioses en las ruinas de la Biblioteca Real eblita (yacimiento arqueológico de Tel Mardik), allá por el 2.250 a.C. Eso es mucho antes de que nada llevara el nombre de Israel o el adjetivo de judío (y no digamos cristiano o musulmán): hablamos de los contemporáneos del Imperio Antiguo de Egipto, cuando las pirámides aún estaban seminuevas. Ēl, un dios-toro, es a su vez un cognado del acadio Ilu o Ilum y se trata probablemente del mismo dios que Baal-Hammon, al que los fenicios –otros canaanitas– sacrificaban a sus bebés quemándolos vivos ante Moloch.

Todas estas palabras, en realidad, son versiones modernas sobre cómo se pronunciaban esas cosas. Porque la realidad es que estos idiomas semíticos y protosemíticos se han escrito de siempre sólo con consonantes. Y cuando se escriben sólo con consonantes –que es como se hacía– todos resultan idénticos entre sí: variantes sobre las raíces ‘L y L-M. Ēl, Elohim, Eli, Ilah, Ilu, Ilum y demás expresiones divinas no son sino expresiones diversas de ‘L y L-M: el dios, los dioses.

Estas raíces protosemíticas no sólo viajan hasta nuestro tiempo a través de los Elohim de la Torá y el Antiguo Testamento, o el Eli del nuevo, sino también por la vía de las culturas árabes que se desarrollaron en el mismo territorio y sus alrededores. El dios de los musulmanes es el mismo dios abrahámico que el de cristianos y judíos; y el nombre del dios se transporta mediante esta raíz L, transformándose en Alá (que significa, exactamente… Dios). La famosa shahada del Islam “no hay más dios que Dios y Mahoma es su mensajero” empieza literalmente: lā ‘ilāha ‘illā-llāhu…; o sea, no hay más iLah que aLá. Islam, por supuesto, procede asimismo de la raíz semítica S-[L-M], y significa “sumisión [a Elohim]”).

YAVÉ

Sin embargo, judíos y cristianos aseguran que su Ēl tiene otro nombre más, y que este nombre es Yavé, Yahvéh, Yehová (Jehová) o cualquier otra invención sobre el tetragrámaton hebreo YHWH. Normalmente, lo que hacen es combinar YHWH con distintos juegos de vocales sacados de Elohim o Adonai (“Señor”). Pero por lo que yo sé, se podría decir también Lloví (decorado como Yohvíh), Lleva (Yehvah), Llave (Yahveh) o cualquier otra combinación al uso; porque, supuestamente, el nombre de su dios era tan, tan sagrado y tan, tan secreto que la forma original se ha perdido. Esto, por lo que se ve, es muy importante y los distingue del resto de seguidores del antiguo dios-toro levantino; además, es un término en singular y así se aleja del incómodo y cananeo plural politeísta Elohim.

El origen de este nombre YHWH es más oscuro pero no más exclusivo en territorios levantinos que los muy vulgares Elohim. Para empezar, ya en el mismo Antiguo Testamento aparece cincuenta veces en una variante más corta, normalmente pronunciada Jah o Yah (YH): veintiséis en solitario y veinticuatro como parte de la palabra aleluya (alelu-yah, “alabad a Yah”). Se dan tres circunstancias curiosas. La primera es que los textos bíblicos donde aparece predominantemente tienden a contarse entre los más antiguos (como Salmos o el Cantar de los Cantares), lo que sugiere una forma primitiva del nombre. La segunda es que existía un antiguo dios lunar egipcio que se llamaba también Yah, y los egipcios mandaron mucho en Canaán durante varios periodos importantes de su historia (con una influencia extensiva en sus regiones meridionales…). Y la tercera es que la raíz consonántica YW (Yav) aparece ya en la Épica de Baal ugarítica y en varios textos eblaítas como una variante sobre el dios del mar Yam.

Pero dejémonos de especulaciones. Este dios YHWH es un dios meridional de los edomitas, otro pueblo semítico que vivía por la parte del Desierto del Négev y que finalmente fue asimilado a los judíos. Hay arqueólogos notables que afirman haber identificado a YHWH en textos egipcios referidos a los shasu, un pueblo beduino de ganaderos nómadas que rondaba en torno a estos desiertos, pero otras personas opinan que esta palabra YHWH hace referencia a sus campamentos (lo cual no es necesariamente exclusivo). En todo caso estamos ante un dios levantino meridional surgido en los territorios por donde antiguamente vagabundeaban los shasu y luego trabajaban el cobre los edomitas… que, curiosamente, están por la parte del Sinaí, donde según la versión bíblica este nombre inefable “le fue revelado a Moisés”. El primer texto donde aparece este dios YHWH de los judíos es una estela moabita conservada en el Museo del Louvre, y no sale muy bien parado: relata cómo los han derrotado y cómo las copas sagradas de YHWH son arrastradas ante un dios de Moab.

En todo caso, resulta bastante obvio que el dios de los antiguos judíos es una mezcla del dios-toro supremo común a todos los pueblos canaanitas, Ēl (en su forma politeísta Elohim), y un oscuro dios secundario de los territorios meridionales absorbido en algún momento de su historia. En la práctica, no hay ninguna diferencia notable entre el Ēl levantino venerado por ugaríticos o eblaítas y el Ēl-Yahvéh adoptado por los judíos. Esta vieja deidad canaanita es la que siguen adorando casi cuatro mil millones de personas en el siglo XXI.

LA DIOSA DESAPARECIDA

Sí, eso de la diosa está muy de moda en la literatura comercial, pero todos los dioses antiguos tenían sus correspondientes diosas; y Ēl-Elohim-Yahvéh no fue una excepción. En el conglomerado cultural levantino, la diosa-madre de Ēl era Asherah, también conocida bajo otras variantes como Ashratu o Atirat. En la Épica de Baal ugarítica, Asherah es la creadora de los Elohim.

Asherah aparece en la Biblia, y muy específicamente en el Libro 2º de Reyes, donde se explica cómo destruyen su culto y queman “todos los objetos que se habían hecho para Baal, para Asherah y para todo el ejército de los cielos” (2 R 23:4-7) durante lo que parece ser el relato de una violenta represión monoteísta en plan talibán volando Budas (bueno, peor…). En otros puntos aparece traducida como un cipo que no debe ser plantado junto al templo de Yahvéh.

Y es que parece que el culto a Asherah como diosa consorte de Ēl-Elohim-Yahvéh era generalizado entre los judíos antiguos; existe un extenso registro arqueológico al respecto, y de hecho cualquiera diría que se trataba de una diosa muy popular antes de que los monoteístas pasaran todo por la espada y el fuego. Tampoco vayamos a idealizar según qué cosas: existe una posibilidad cierta de que a Asherah le fuera lo del sacrificio humano tanto como a su nuera Anat/Tanit, que según dicen se ponía cachonda oliendo a menor cocinado (o cocinada) en el Tophet. La verdad es que entre una panda de politeístas dispuestos a sacrificarte un churumbel para aplacar a la diosa y una panda de monoteístas dispuestos a sacrificar a todo el mundo para imponer lo suyo, me quedo con un AK-47 y salga el sol por Antequera. Sí, el pasado era un asco.

Pero lo cierto es que Asherah le encantaba a los judíos antiguos, decía, como demuestran numerosos hallazgos arqueológicos. Incluso se conservan inscripciones donde se la vincula directamente a Yahvéh, como un óstracon del siglo VIII a.C. descubierto por arqueólogos israelíes en 1975 donde se lee “yo te bendigo por YHWH de Samaria y Su Asherah” (yacimiento de Horvat Teman). Otro, de Khirbet el-Kom (cerca de Hebrón), pone: “Bendito sea Uriyahu por YHWH y Su Asherah; de sus enemigos le salvó!”. Todo esto puede que suene a algunos un tanto herético, pero son descubrimientos avalados por arqueólogos de gran prestigio como Israel Finkelstein –profesor y ex-director del Departamento de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv, co-director de las excavaciones de Megiddo y probablemente el mayor experto vivo en las Edades del Bronce y el Hierro hebreas– o Neil A. Silberman, del Departamento de Arqueología de la Universidad de Massachusetts. A quienes, por supuesto, los literalistas bíblicos y otros fanáticos por el estilo no pueden ver ni en pintura.

Hubo una diosa de Israel. En realidad, seguramente, hubo varias entre estos Elohim canaanitas. Que todo ello fuera barrido por el monoteísmo, y ahora se pretenda que jamás ocurrió, no le resta ni un ápice de veracidad. Pero, ¿qué pasó? ¿Cómo fue? Y, ¿por qué?

MONOTEÍSMO

Hoy en día tenemos a los israelitas por guerreros notables, pero esto no ha sido así muy a menudo durante el devenir de la historia. A lo largo de mucho tiempo fueron un pueblo pequeño y atrasado, al que le dieron para el pelo una y otra vez, resultando en numerosos exilios. Por ejemplo, los romanos. El Jerusalén que ahora visitan muchos crédulos pensando que están en la ciudad de Jesús es en realidad el desarrollo árabe de Aelia Capitolina: una colonia romana y bien pagana construida desde cero –incluido el trazado de las calles– después de que a las legiones imperiales se les hincharan las narices con los judíos, destruyeran la ciudad por completo y finalmente los mandaran a la diáspora para los siguientes diecinueve siglos. Pocas bromas con los latinos. Sí, hasta la Vía Dolorosa es una calle romana sin conexión alguna con el Jerusalén antiguo, como todo lo demás en ese lugar; para ser exactos, un ramal del decumanus maximus según la urbanización imperial estándar. La supuesta ubicación de los actuales lugares santos cristianos, judíos y musulmanes constituye ya una especie de chiste sacrílego por el que la gente parece dispuesta a seguir matándose.

No era la primera vez. Seis siglos y pico antes, en el 587 aC, los babilónicos de Nabucodonosor el Caldeo hicieron lo propio. Jerusalén fue saqueada, el Templo resultó destruido y a los hebreos se los llevaron a Babilonia como esclavos. Es durante este periodo de esclavitud cuando surge la religión abrahámica de la que emanan la judía actual, la cristiana y la musulmana. Fue sometidos en Babilonia o después donde escribieron la mayor parte de la Toráh y del Antiguo Testamento (incluidas las leyendas del Génesis, el Éxodo y el Pentateuco en general), y es también en este tiempo cuando se desarrolla el monoteísmo exclusivo y excluyente que las caracteriza.

Pongámonos en situación. Estamos en los tiempos en que mis dioses son más chulos que los tuyos porque te he vencido. Y los hebreos habían sido vencidos; pero vencidos del todo, tanto como su enemigo nazi dos mil y pico años después, con toma del Reichstag y toda la parafernalia. Más, si me apuras. Siguiendo la lógica de la época, los Elohim-Yahvéh deberían haber sido absorbidos bajo el paraguas del panteón caldeo; ni siquiera debería haber sido muy difícil, pues muchos de los Elohim levantinos eran paralelos a los dioses y diosas babilónicos.

Pero eso significaba perder por completo la identidad y desaparecer como pueblo; uno más, en los vientos de la historia. Es en este contexto donde surge una novedad (y, una vez más, no hay ningún dato histórico o arqueológico que permita pensar que sucedió antes). Por un lado, se crean una leyenda nacional fuertemente impregnada de mitología babilónica: el Diluvio Universal es un plagio directo de la épica sumeria análoga, Génesis 1 bebe directamente del Enûma Elish y Génesis 2 del Atrahasis, Adán es parecido a Adapa (y ambos son también cognados), la serpiente presenta extrañas similitudes con Ningizzida, y así con todo. Por otro, Elohim-Yahvéh pasa a ser un dios omnipresente, omnisciente, todopoderoso y único; y todo lo que le sucede a los hebreos –su pueblo elegido– forma parte de su plan, prediseñado desde el origen de los tiempos. Incluso sus enemigos trabajan para él sin saberlo. Con ello desaparecen también las historias mitológicas de dioses y diosas, pues ya no tienen sentido.

Esta es, sin duda, una novedad en la historia humana que no está documentada claramente en otro momento o lugar (aunque existen paralelismos en algunas tradiciones del hinduismo). Este dios ya no es exactamente sobrenatural, sino extranatural; todo se justifica en él y a través de él. No es mucho más que una forma de pensamiento circular (no confundir con el razonamiento circular de Aristóteles), pero ciertamente poderosa. Porque, aunque en un principio no sea más que una rareza de un pueblo de la Antigüedad, medio milenio y pico después comenzaría a convertirse en el sustrato religioso esencial de la mayor parte del mundo. Hasta nuestros días.

ÁNGELES Y DEMONIOS

¿Y qué pasó con el resto de los Elohim? Pues que se convirtieron en demonios. Belcebú, por ejemplo, es Baal Zebub, el dios de las moscas, en lo que muy bien podría constituir una corrupción más o menos despectiva de Baal Zebul (el dios de las alturas). Leviatán está probablemente relacionado con el monstruo ugarítico Lotan o Lawtan. Sin embargo, no es evidente de dónde se sacaron los nombres de los ángeles. El rabino del siglo III Simón ben Lakish reconoció que los ángeles antiguos no tenían nombre y las denominaciones actuales proceden (también) del exilio en Babilonia. En todo caso todos ellos son nombres teofóricos que incluyen la mención de Ēl: Gabriel, Rafael, Miguel, el musulmán Azrael, etcétera.

Ubicar estos ángeles y demonios en el nuevo monoteísmo resultó siempre bastante complicado. De manera particular, surge un ángel maléfico mayor (Satán, Lucifer, Iblis) que de una forma retorcida debe ser necesariamente un agente del dios todopoderoso, omnipresente y omnisciente (o, de lo contrario, este dios no podría ser todopoderoso, omnipresente y omnisciente). Todas estas entidades son la herencia del politeísmo precedente. Las religiones abrahámicas comparten varios niveles de ángeles (arcángeles, serafines, querubines…), uno o varios niveles de demonios (que los musulmanes llaman shaitan), un “demonio mayor” (Satán, Iblis…) y, en el caso exclusivo del Islam, una cantidad de genios (djinn).

El cristianismo, además, vuelve a multiplicar el número de entidades divinas mediante la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres dioses en uno, de manera tan contradictoria e inexplicable que se considera un misterio divino). Y, en algunas denominaciones como la católica, incorporando lo que muy bien puede interpretarse como una semidiosa (la Virgen) y un santoral; muchos miembros de otras religiones o personas sin religión consideran estas incorporaciones una forma de politeísmo blando para facilitar su expansión e integración en territorios tradicionalmente politeístas y menos próximos al entorno cultural levantino.

MONOTEÍSTAS E IMPERIOS

Porque el éxito y la extensión de estas nuevas religiones (en su tiempo) está estrechamente vinculada a la expansión de los imperios que las adoptaron como propias; de manera notoria, el Imperio Romano tardío, el Califato Omeya y –después– los lugares a donde llegaron sus sucesores, conquistadores y comerciantes. Al principio, durante más de medio milenio, este monoteísmo abrahámico no fue más que una rareza judía y así se habría quedado si hubiera seguido siendo exclusivamente hebreo. Es su transmisión al cristianismo y al Islam lo que terminaría convirtiéndolo en una religión global.

Se ha insistido muchas veces en que esta idea del dios único y todopoderoso pega especialmente bien con las organizaciones sociales de tipo piramidal e imperialista, pero en mi opinión esto no resulta evidente por sí mismo. Hubo grandes imperios en la Antigüedad, perfectamente piramidales y perfectamente imperialistas, que eran politeístas o cualquier otra cosa que les pareciese bien. No es obvia la razón por la que el monoteísmo abrahámico fue aceptado por tantas gentes en tantos lugares distintos (aunque su carácter fuertemente proselitista y su alto grado de elaboración teológica puede aportar alguna luz); ni tampoco por qué nunca logró penetrar profundamente en algunos territorios importantes (los que ya estaban previamente ocupados por las religiones dármicas y orientales y no fueron desplazadas por la vía de la conquista militar o, en algún caso, comercial).

Parece como si este monoteísmo abrahámico hubiera sido especialmente capaz de destruir o absorber con relativa facilidad al animismo y el paganismo politeísta (haciendo mayores o menores concesiones), pero lo hubiera tenido mucho más difícil al enfrentarse con otros sistemas filosófico-teológicos complejos. A partir de mediados del siglo XIX, su expansión geográfica queda interrumpida en términos generales; el dominio colonial británico de India, por ejemplo, ya no resultó en su cristianización a niveles significativos (ni en el desplazamiento del Islam donde ya estaba presente, como Pakistán), a diferencia de lo que había ocurrido durante la colonización de América o estaba sucediendo aún en el África subsahariana. La fuerte presencia de potencias coloniales en la China del mismo periodo tampoco produjo una cristianización efectiva. Y no fue por falta de misioneros y proselitistas, ni en un sitio ni en el otro.

A partir del siglo XX, el monoteísmo abrahámico comienza a retroceder en sus lugares de origen. Por una parte se produce un fenómeno de sincretismo con una parte de estas religiones orientales, en lo que se suele llamar globalmente Nueva Era, sobre todo en Europa y Norteamérica; y, al mismo tiempo, un proceso de secularización rápida y muy significativa en Europa e Israel (y durante un tiempo también en el mundo islámico, antes de que una nueva forma de fundamentalismo emergiera en torno a las luchas de la Guerra Fría; una tendencia a la que tampoco son ajenos los Estados Unidos).

A principios del siglo XXI, el viejo dios Ēl de los cananeos sigue siendo la deidad más venerada del mundo bajo cualquiera de sus aspectos, a solas o mezclado con el Yah edomita; y, sin embargo, se tambalea en los países desarrollados. Seguramente ninguno de sus seguidores originarios, cuatro o cinco mil años atrás, soñó jamás que llegara tan lejos ni con formas tan diversas. Hasta hoy.


BIBLIOGRAFÍA:

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• Finkelstein, I; Silberman, N. A. (2007) David y Salomón: en busca de los reyes sagrados de la Biblia y de las raíces de la tradición occidental. Siglo XXI de España Ed., Madrid. ISBN 978-84-323-1296-0

• Davies, Philip R (2006) In search of ‘Ancient Israel’ (2ª edición). Continuum, Londres. ISBN 978-1-850-75737-5.

• Finkelstein, I; Silberman, N. A. (2003) La Biblia desenterrada: una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados. Siglo XXI de España Ed., Madrid. ISBN 978-84-323-1124-6.

• Day, John (2002) Yahweh and the gods and goddesses of Canaan. Sheffield Academic Press Ltd., Londres. ISBN 978-08-264-6830-7.

• Smith, Mark S. (2002) The early history of God: Yahweh and the other deities in ancient Israel (2ª edición). Wm. B. Eerdmans Publishing Co., Grand Rapids MI. ISBN 978-08-028-3972-5.

• Smith, Mark S. (2001) The origins of biblical monotheism. Oxford University Press, Nueva York. ISBN 978-01-951-6768-9.

• Van der Toorn, K.; Becking, B.; Van der Horst, P. W. (1999) Dictionary of Deities and Demons in the Bible (2ª edición) Brill Academic Publishers, Leiden. ISBN 90-04-11119-0.

• Coogan, Michael D. (1998) The Oxford history of the biblical world. Oxford University Press, Nueva York. ISBN 0-19-513937-2.

• Keel, O.; Uehlinger, C. (1998) Gods, goddesses and images of God in ancient Israel. Augsburg Fortress, Minneapolis MN. ISBN 0-567-08591-0.

• Olmo Lete, G. del (1993) La religión cananea. Ausa, Barcelona. ISBN 978-84-86329-89-1.

• Thomson, Thomas L. (1992) Early history of the Israelite people. Brill Academic Publishers, Leiden. ISBN 90-04-11943-4.


[Fuente: La pizarra de Yuri]

Autodeterminación nacional

In Actualidad, Opinión on 23 julio, 2010 at 0:01

Mark Weisbrot


De todos los malentendidos que guían la política exterior de EEUU -incluyendo la política exterior comercial-, quizás el más importante y de larga duración es la falta de reconocimiento o entender lo que la autodeterminación nacional significa para la mayoría de las personas en el mundo. O por qué podría ser importante para ellos. Nuestros líderes parecen haber aprendido muy poco desde su desastrosa guerra en Vietnam, que terminó hace 35 años. Un cínico diría que los líderes de Estados Unidos entienden estas cosas, pero no les importa. Sin embargo, eso no explicaría por qué el presidente Obama iría a Afganistán y humillaría al presidente Karzai, de un modo que estaba seguro enajenaría al gobierno y a sus partidarios, con los que Washington quiere trabajar.

Karzai reaccionó con enojo: “En esta situación existe una delgada cortina entre la invasión y la asistencia-cooperación”, dijo la semana pasada. También advirtió que la insurgencia “podría convertirse en una resistencia nacional”. Por supuesto, aunque Obama sermoneó a Karzai acerca de la corrupción, el problema de Washington con el gobierno afgano realmente no tiene mucho que ver con eso -basta con ver los miles de millones de dólares que el gobierno de EE.UU. continúa arrojando a gobiernos corruptos en todo el mundo, desde Pakistán a Colombia-. Es más que Karzai quiere negociar un acuerdo de paz con los insurgentes talibán, mientras Washington -especialmente el Pentágono- quiere lograr algo que pueda presentar como una “victoria militar” antes de que eso suceda. Queda por verse cuántas personas, incluyendo civiles, morirán innecesariamente antes de que se permita la estrategia preferida del gobierno afgano.

Pero el problema es mucho más general y se extiende a la política exterior de EE.UU. en todo el mundo. Washington afirma que apoya “la democracia”, pero la democracia sin la autodeterminación es una forma muy limitada de democracia. Es una gran ironía que América latina, por ejemplo, tenía más autodeterminación en el ámbito de la política económica desde 1950 hasta 1980, cuando gran parte de la región vivía bajo dictaduras, que la que tenía después al volver la democracia formal. No sorprende que la economía de la región creció enormemente más rápido entre 1950 y 1980 que en los últimos 30 años, cuando las políticas económicas del “consenso de Washington” se convirtieron en la norma.

Afortunadamente, esta experiencia no hizo que el electorado de América latina llegara a la conclusión de que las dictaduras son mejores que la democracia. En cambio, en la última década decidieron que necesitan más democracia la clase que incluye la autodeterminación nacional y política económica que beneficia a sus propios países, y también la mayoría de sus ciudadanos. Bolivia tomó el control de algunos de sus recursos naturales más importantes -especialmente los hidrocarburos- y ahora tiene un 20 por ciento del PIB extra que el gobierno ha podido usar para el desarrollo económico y social. (En comparación, 20 por ciento del PIB es la cantidad promedio de todo el presupuesto federal de los Estados Unidos durante los últimos 40 años.) Ahora Bolivia también tiene una política exterior independiente, donde puede desempeñar un papel de liderazgo en cuestiones de gran importancia para el país, como el cambio climático.

En 2001, Argentina dejó de pagar su masiva deuda externa, cambió sus políticas económicas y se deshizo del FMI controlado por Washington. No hay duda de que también les fue mejor tras tomar esta medida, con un crecimiento económico del 63 por ciento en los seis años siguientes. Venezuela es otro ejemplo de un gobierno que fue capaz de crecer muy rápidamente después de tomar el control de su industria petrolera nacional en 2003, y ampliar considerablemente el acceso a la atención de la salud y la educación. También ha usado su riqueza petrolera para ayudar a otros países del hemisferio (incluyendo el más pobre, Haití, donde al parecer ha prometido más dinero para la reconstrucción que el gobierno de los EE.UU., y el más rico, los Estados Unidos, donde ha donado decenas de millones de dólares anuales en forma de combustible para calefacción con descuento a personas de bajos ingresos). El gobierno de izquierda nacionalista de Ecuador ha duplicado el gasto en atención de salud, se deshizo de un tercio de su deuda externa al decidir no pagarla, y se ha negado a ceder a la presión de EE.UU. sobre la demanda de miles de millones de ecuatorianos contra el gigante petrolero Chevron por la contaminación de aguas subterráneas. Hay muchos otros ejemplos que podrían citarse de los gobiernos de la “marea rosada” que ahora gobiernan la mayor parte de América latina.

Por supuesto, la autodeterminación nacional también es importante en países que no tienen gobiernos democráticos. China ha tenido la economía con más rápido crecimiento en la historia del mundo durante las últimas tres décadas, sacando a cientos de millones de personas de la pobreza a pesar de la creciente desigualdad. Como lo han señalado los economistas Nancy Birdsall, Dani Rodrik y Arvind Subramania, esto no habría sucedido si China hubiese ejercido “el programa común del Banco Mundial de ajuste estructural en 1978 en lugar de su propio estilo de gradualismo heterodoxo”. Y Vietnam, otro país gobernado por un partido comunista, también ha tenido una de las economías con más rápido crecimiento del mundo después de deshacerse de las tropas estadounidenses hace 35 años. Durante las últimas tres décadas el ingreso por cápita se ha más que cuadruplicado.

La esperanza es que estos países se convertirán en más democráticos a medida que aumentan su calidad de vida y la educación. Pero en cualquier caso, todavía demuestran una de las razones -que no es inteligible para la mayor parte de Washington- de por qué la gente podría preocuparse tanto por la autodeterminación nacional. Al enfrentarse plenamente contra una de las fuerzas políticas más importantes de los siglos XX y XXI, Washington no sólo se ubica en el lado equivocado de la historia. Está garantizando que los Estados Unidos estarán involucrados en cualquier número de “guerras largas,” de forma indefinida, y en general retardará el progreso económico y social en el mundo.


(*) Mark Weisbrot es Codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR), en Washington, D.C. Obtuvo un doctorado en Economía por la Universidad de Michigan. Presidente de la organización Just Foreign Policy.


Cuestión de Justicia

In Actualidad, Opinión on 22 julio, 2010 at 0:01

Teodoro Santana

 
 

El cambio de forma de la dictadura burguesa en el Estado español, de la fascista a la democrática, obligó a cierto número de reformas en los aparatos de poder, desde el ejército a las leyes. En todos ellos hubo que adaptarse a las nuevas apariencias exigidas por la “transición”.

El único aparato que permaneció incólume, inasequible a las reformas democráticas, fue la administración de Justicia del fascismo. En lo esencial, sigue siendo una casta burocrática endogámica, omnímoda y por encima de cualquier control popular.

Y no es un aparato de poder cualquiera, sino una eficacísima palanca de la oligarquía imperialista española que impuso la continuidad de la inamovilidad de los jueces, la libre arbitrariedad para interpretar las leyes y su blindaje frente a la voluntad popular.

Los jueces tienen en sus manos la vida y hacienda de los ciudadanos. ¡Pobre de quién atraiga su antipatía, animadversión o desprecio! Son verdaderos tiranos en sus juzgados, ganan grandes sueldos sin control efectivo sobre su productividad y se relacionan con la crème de la crème de la sociedad, donde establecen sus amistades y réditos sociales.

Frente a los intereses y los caprichos de los grandes capitalistas, difícil lo tiene un asalariado para reclamar justicia. No sólo puede el ricachón pagarse los mejores abogados, cuando la mayoría de las veces el asalariado no tiene ni para pagar uno barato, sino que el burgués puede hundirlo en la quiebra absoluta y la más negra miseria a base de ponerle denuncia tras denuncia (lo que al capitalista sólo le supone un poco de su calderilla).

Añadamos a esto la figura feudal del “procurador”, alguien a quién hay que pagar para “mover papeles”. Es decir, por “agilizar” trámites, como si la “dignidad” de jueces, fiscales y abogados estuvieran por encima de tales tareas.

Además de la corrupción pecuniaria (que, en todo caso, toca juzgar ¡a otros jueces!), de la que no se habla –y sí de la de los políticos–, estamos frente a una administración de justicia corrompida desde sus cimientos, al no ser democrática y estar viciada por las relaciones de clase social, lo que se manifiesta en descarados posicionamientos ideológicos –de derecha o extrema derecha, claro– que quedan una y otra vez impunes.

Baste recordar los crímenes contra la humanidad y de genocidio cometidos en Canarias y en España, que se mantienen como judicialmente inabordables, mientras que la mayoría de los jueces se niegan a abrir los procedimientos para poder sacar a las víctimas de las fosas comunes y enterrarlas dignamente.

Por no hablar de la aplicación entusiasta de la Ley de Partidos, la llamada “doctrina Parot” (una forma retorcida de aplicar una cadena perpetua no prevista en la ley) o el supuesto de que “todo es ETA”, que ha mandado a la cárcel a decenas de personas por delitos de opinión.

¡Pero si todavía hay jueces del fascismo hasta en el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo españoles! ¡No sólo no han ido a la cárcel por su complicidad con un régimen que practicaba el asesinato en masa, sino que fijan las reglas de la “democracia”!

Reducida la figura del jurado popular a mera anécdota, siempre minimizada, el aparato de Justicia es una de las piedras angulares de la tiranía capitalista sobre las trabajadoras y trabajadores. Pero también del dominio de los grandes monopolios sobre las pequeñas empresas, que la tienen siempre perdida en los actuales tribunales frente a aquellos.

¿Pero cómo se puede hablar de “justicia” si los juzgados son meros ejecutores de los desahucios ordenados por los bancos contra las familias obreras? ¿No estaría por encima de cualquier interpretación leguleya y mezquina el estado de necesidad de las víctimas?

Avanzar en una democracia verdadera, sostenida en la voluntad y la participación popular, exige la demolición de la administración de justicia actual y su sustitución por tribunales populares y jueces elegibles y revocables, sujetos al escrutinio y el control públicos, y orientados a hacer de verdad justicia y defender los intereses de la inmensa mayoría.

Y, desde luego, que establezcan el justo castigo a los jueces que hacen de su capa un sayo y reinan tiránicamente impartiendo la injusticia y haciendo prevalecer los intereses de la oligarquía. Porque Justicia no es olvido, sino todo lo contrario.


La engañifa de los tests de estrés bancarios

In Actualidad, Economía on 21 julio, 2010 at 0:01

Con mucha alharaca se anuncia, para el próximo viernes 23, la publicación de los llamados test de estrés de los bancos europeos. Estos tests consisten en tomar un escenario económico y financiero muy negativo (estresado), y comprobar cómo afectaría a las cuentas de los bancos para, supuestamente, comprobar si cuentan con suficiente capital para absorber las posibles pérdidas. Además de si las ayudas públicas recibidas por cada entidad son adecuadas. Y ello tomando en cuenta una serie de parámetros estatales: crecimiento de la economía medido en términos de  Producto Interior Bruto (PIB), tasa de paro, interés real (descontando la inflación), Euribor (la referencia en el pago de las hipotecas), bono a 10 años, precio de la vivienda y del petróleo. Sobre cada uno de estos escenarios, se calcularán los efectos que pueden tener sobre los recursos propios, la morosidad, los beneficios y, en definitiva, la solvencia.

Sin embargo, en cada Estado es el correspondiente banco central el que establece los criterios. Y, claro, ningún país va a permitir que sus bancos salgan mal en estos test. Todo está pactado y bien atado. No se trata de medir la realidad, sino de publicitar una imagen de solvencia cara a los dueños del capital financiero, no sea que vuelvan a subir los intereses de las respectivas deudas nacionales. Por poner un ejemplo, y según aseguran sus respectivos ministros de finanzas, ni siquiera Grecia o Irlanda van a tener problemas para aprobar estos tests.

El problema es que los bancos centrales no han querido decir cuál es ese escenario. El Comité de Supervisores Bancarios Europeos (CEBS) se ha limitado a decir que contemplará una desviación de 3 puntos porcentuales del PIB respecto a las previsiones de la Comisión Europea para 2010 y 2011, actualmente del 1% y el 1,5%, respectivamente. Aparte de ser un escenario bastante moderado respecto a la recesión en la que está sumida Europa, algunos medios añaden que los niveles de capital exigidos para aprobar el test serán bastante bajos y, además, sólo se publicarán los resultados consolidados de los grupos multinacionales, sin detallar por países.

La clave es cómo se van a valorar los activos que tienen los bancos en balance, en especial la deuda pública y los activos inmobiliarios, especialmente en los países periféricos europeos (los PIIGS). El Financial Times asegura que se aplicará un 17% de descuento (haircut) a los bonos del Estado de Grecia, un 8% a los de Portugal y un 5% a los españoles, y que no habrá ningún recorte para los alemanes ni los franceses. De ser ciertos, se trataría de descuentos muy inferiores a los que ahora mismo cotizan los mercados.

Además, el banco británico Barclays ha añadido otro elemento preocupante: que estos descuentos se pueden aplicar sólo a los bonos que las entidades tienen calificados como “disponibles para la venta” y no a los considerados “a vencimiento”, que son el grueso de las carteras -de hecho, en la crisis actual muchos bancos han pasado sus bonos de uno a otro cajón para no tener que apuntarse de inmediato las pérdidas-. El Barclays defiende que los test sean laxos para “no crear una excesiva alarma en los mercados”.

En el Estado español, donde los bancos se están haciendo con todas las emisiones del Tesoro, debería ser prioritaria la valoración que se dé a los activos inmobiliarios. La confianza de la oligarquía bancaria y del gobierno del PSOE en que la banca española apruebe sin problemas, hace temer que los recortes aplicados a estos activos -tanto a los que tienen en balance como a las garantías de los créditos morosos- serán muy reducidos.

EL CRÉDITO A LAS PYMES CAE UN 27% HASTA MAYO

Si algo caracteriza al sistema bancario español es su incapacidad para conceder créditos. Las cifras oficiales del Banco de España reflejan que hasta el mes de mayo, y en relación al mismo mes del año anterior, los préstamos y créditos a las pymes (inferiores al millón de euros) han caído un 26,8%. En términos absolutos, el importe de las nuevas operaciones ha pasado de 117.520 millones entre enero y mayo del año pasado a 92.648 millones en 2010. Se prolonga, de esta manera, la larga agonía del crédito a las pequeñas y medianas empresas, que no ha dejado de descender desde que estallara la crisis financiera.

En 2007, el importe de los nuevos créditos para las pymes alcanzó los 394.170 millones de euros, pero un año después esta cifra había bajado ya hasta los 356.775 millones. En 2009 se consolidó esa tendencia y los créditos se desplomaron hasta los 262.767 millones (incluyendo renovaciones). Y es muy probable que este año se cierre con una cifra inferior a los 200.000 millones de euros. En el caso de las nuevas operaciones superiores al millón de euros, la evolución es sólo algo mejor. La caída es del 17,1%, hasta los 207.321 millones.

Los datos del Banco de España ponen de relieve, sin embargo, un hecho sorprendente. El año pasado la cuantía total de los préstamos superiores a un millón de euros no bajó, sino que, desafiando la lógica económica de la recesión imperialista, creció en 32.000 millones de euros, hasta los 604.975. Detrás de esta cifra se esconde la estrategia de los bancos de no dejar caer a sus clientes, lo que ha provocado un aumento de las renovaciones. Se presta para no llevar a fallidos muchas operaciones inviables.

En términos de flujo efectivo, la caída es espectacular. En 2007, el flujo efectivo -el dinero nuevo que realmente llega a las empresas- se situó en 181.829 millones, lo que explica en buena medida el boom inmobiliario. Al año siguiente, ya había descendido hasta casi la mitad; 95.981 millones, pero es que en 2009 no sólo no creció sino que el flujo efectivo fue negativo en 19.390 millones, batiendo todos los récords.

Lo cierto es que bancos y cajas no confían en que sus clientes les vayan a devolver su dinero. Y que ya se espera la double deep recession (recesión dentro de la recesión), que se anuncia como inminente. Eso sí, no sólo siguen repartiendo beneficios, sino que los siguen incrementando. El verdadero estrés, desde luego, va a ser para los asalariados.