Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Ante la política del PSOE y la Unión Europea, debemos impulsar una masiva Huelga General el 29S

In Actualidad, Laboral on 14 agosto, 2010 at 0:01

Juan Rafael Lorenzo
Secretario Político del Comité Nacional del Partido Comunista del Pueblo Canario (PCPC)


En las sociedades divididas en clases, el ejercicio del gobierno requiere la existencia de un nivel básico de consenso social, de paz social: o sea, de aceptación por las amplias mayorías, de unas y otras clases, del sistema de dominación y de sus reglas.

En el ámbito de la Unión Europea (capitalismo imperialista), la estructuración del dominio clasista (dictadura del capital) se hace en torno a partidos políticos y organizaciones de masas (sindicales, principalmente). Los partidos políticos habilitados por la dictadura del capital para gestionar sus intereses son los que llamamos, por costumbre, de derechas y los socialdemócratas, que se alternan en el ejercicio del gobierno en función de la agudización de las contradicciones de clase y de las necesidades de canalizar la lucha de clases por cauces controlados.

La socialdemocracia (PSOE, PASOK, Laborista y demás partidos asimilables a la Internacional Socialista) es extraordinariamente útil para el sostenimiento del sistema capitalista, siendo su utilidad y protagonismo mayores cuanto mayor es el grado de desarrollo del capitalismo (nivel imperialista).

Por origen, historia y necesidad de control de la lucha de clases, los partidos socialdemócratas hunden sólidas raíces en el seno de la clase obrera y sectores populares de los países de la Unión Europea. Ello les permite desarrollar, desde el gobierno, programas muy agresivos al servicio de las necesidades del capitalismo conteniendo, simultáneamente, la protesta popular en límites gestionables por el sistema, manteniendo una notable influencia ideológica sobre los sectores más organizados y activos de la clase obrera y bloqueando la penetración de la ideología revolucionaria en el seno de esta clase.

En nuestra historia político-social reciente, tenemos ejemplos ilustrativos de la operatividad de esta característica, tales como: el 14 de diciembre de 1985 se desarrolló en el Estado Español la más seguida huelga general de cuantas se han hecho y, el 12 de marzo de 1986, se celebró el referéndum sobre la OTAN –en Canarias, fue mayoría el no- como culminación de una sostenida movilización popular contra el ingreso en esta alianza militar imperialista. Tras ambos acontecimientos, que pusieron en acción a millones de trabajadores y trabajadoras y a un importante número de personas progresistas de otros sectores sociales, el PSOE, encabezado por Felipe González, renovó la mayoría absoluta en el Parlamento en las elecciones generales celebradas el 22 de junio de 1986.

Los gobiernos presididos por Felipe González (dirigente socialdemócrata profundamente comprometido con la defensa del imperialismo –en estos días, muy activo dando cobertura a Zapatero en su gestión de la crisis a favor de la patronal), de 1982 a 1996, hicieron una política para la plena inserción del capital español en el circuito imperialista, política demoledora para la clase obrera, para el resto de los sectores populares y para las perspectivas de una profundización democrática: desmantelaron la industria, liquidaron la agricultura de abastecimiento interno, dieron a la patronal la mano de obra juvenil a precio de saldo, multiplicaron las modalidades de contratos-basura, incentivaron la ideología de “todos podemos ser empresarios”, debilitaron la capacidad de negociación y lucha de los sectores más organizados y conscientes de la clase obrera, promovieron la cultura del enriquecimiento rápido y fácil y del pelotazo, llevaron a término la integración en la OTAN y en la ahora llamada Unión Europea, anclaron al Estado financieramente a las organizaciones sindicales, limaron el carácter reivindicativo de las organizaciones sociales de todo tipo, avanzaron la política de intervención militar en el exterior, fortalecieron la capacidad represiva del Estado y la impunidad del personal policial y de prisiones, dieron continuidad a la guerra sucia del franquismo y sus herederos, y, en resumen y consecuencia, contando con el favor hecho por el eurocomunismo liquidando el Partido Comunista y la capacidad combativa de las organizaciones sindicales y sociales, arrinconó a la clase obrera en la condición de mano de obra en sí, desestructurada, desorganizada y sin programa social y político propio para la defensa de sus intereses de clase y para orientar la lucha hacia el derrocamiento del sistema de explotación.

En la actual fase de la crisis del sistema capitalista, también la socialdemocracia está jugando su papel. Presidida, en esta etapa, por Zapatero, lleva adelante sin ninguna vacilación –como lo demuestran sus últimas decisiones- la política que necesita el capital: aumento de su tajada en la renta nacional mediante, entre otras medidas, la reforma liquidadora de derechos laborales, la reducción de salarios, la ampliación de la edad de jubilación y la congelación de pensiones, las misiones militares imperialistas o la desestabilización de los procesos democratizadores en América Latina. Y, ello, camuflado en algunas políticas de sensibilidad social para mantener a los sectores populares en expectativas y sin decisión de lucha frontal. El 29 de septiembre, hemos de dar respuesta a esta política antipopular haciendo una masiva huelga general que abra un período sostenido de lucha de la clase obrera y sectores populares contra la patronal, sus gobiernos de Zapateros y Paulinos-Sorias y sus partidos hacia la articulación de un bloque de fuerzas que cuestione de raíz el poder capitalista.


América Latina de la esperanza

In Actualidad, Opinión on 14 agosto, 2010 at 0:00

Ernesto Montero Acuña


Doscientos años después de la conquista de la independencia en buena parte de América Latina, la región al sur del Río Bravo también lucha porque haya llegado su hora de la igualdad.

Vista como esperanza económica en un mundo atenazado por la crisis, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) la considera en su hora de la igualdad.

En su Trigésimo tercer período de sesiones, efectuado en Brasilia el 30 mayo y el primero de junio pasados, exhibió el lema: “Brechas por cerrar, caminos por abrir“, como síntesis de la situación en Latinoamérica y el Caribe.

A fines del año pasado, la organización pronosticaba que la economía de la región, tras contraerse el 1,8 en el 2009, crecería el 4,1 por ciento en el 2010, como efecto de avances en la mayor parte de sus países.

En aquella predicción reconocía que no estaba tan claro que el incremento fuera sostenido en el tiempo, “teniendo en cuenta que la incertidumbre todavía planea sobre el índice de confianza a nivel mundial“.

Su secretaria ejecutiva, Alicia Bárcena, explicó durante la presentación de aquel informe que lo peor de la crisis había quedado atrás, a lo que añadió que “los motores del crecimiento ya se encendieron nuevamente, pero no se sabe cuánto nos durará el combustible”.

El pasado 21 de julio, sin embargo, la CEPAL aumentó su pronóstico de crecimiento del producto interno bruto (PIB) para este año, según el Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2009-2010, al 5,2 por ciento, para un incremento del 3,7 en relación con el 2009.

Al respecto, el organismo considera que ello consolida la recuperación iniciada en la segunda mitad de 2009, aunque auguró un repunte de sólo el 3,8 por ciento para el 2011, debido a las incertidumbres en la economía internacional.

Esta última cifra equivaldrá a un aumento del 2,6 por ciento del PIB per cápita y, aunque los resultados serán muy heterogéneos por países, serán mayores los del Mercado Común del Sur y los de otros favorecidos por sus políticas públicas.

La desaceleración para el 2011 se espera considerablemente expandida, con mayores efectos sobre América del Sur, cuya tasa de crecimiento caerá del 5,9 previsto para el 2010 al 4,3 para el año próximo.

Esta región arrastra, adicionalmente, el viejo lastre de la desigualdad, debido a una pobreza que se elevó en el 1,1 por ciento durante el 2009 y a una indigencia incrementada en el 0,8, ambas en relación con el 2008.

De acuerdo con su Panorama social de América Latina 2009, las personas en situación de pobreza pasaron de 180 a 189 millones en el 2009 (34,1 por ciento del total de la población) y la indigencia aumentó de 71 a 76 millones, equivalente al 13,7 por ciento de sus habitantes.

Los nueve millones de pobres incrementados el año pasado equivalen a casi un cuarto de la población que había salido de ese estado entre el 2002 y el 2008, cifrada en 41 millones de personas.

Mas, el director del Banco Mundial, Robert Zoellick, dijo el día 22 de este mes en México, que la crisis económica de 2008 ha sumido en la pobreza a otros 10 millones latinoamericanos y a 60 millones de personas en todo el mundo.

La CEPAL, por su parte, le pronostica mejorías a la región debidas al mayor crecimiento económico, la expansión del gasto social, el bono demográfico y las mejoras distributivas, condiciones en las que también influyen transformaciones políticas.

No obstante, sólo entre el tres y el cinco por ciento de su población concentra más de la mitad del ingreso nacional, sin que le importe realmente el contenido democrático de sus países, como reconocen organismos regionales.

Según demuestran estudios científicos y sociales, los avances augurados para América Latina tendrían que basarse en la paz con equidad, la preservación climática y la improbable evitación de una guerra demencial.

Al respecto, la CEPAL reconoció el 30 de mayo en Brasilia la necesidad de “avanzar hacia una mayor igualdad” en el acceso a campos como la educación, la salud, el empleo, la vivienda, los servicios básicos, la calidad ambiental y la seguridad social en democracia.

Bárcena, en su introducción al documento central, reconoce la necesidad de un mayor efecto redistributivo.

Garantizar umbrales de bienestar“, añade, “es parte de esta agenda de la igualdad en la que se incluye una institucionalidad laboral que proteja la seguridad del trabajo“.

En su opinión, el pilar de la agenda de la igualdad se basa en políticas económicas con visión de largo plazo en los ámbitos productivo, laboral, territorial y social.

Considera también que en el horizonte estratégico de largo plazo, igualdad, crecimiento económico y sostenibilidad ambiental deben ir de la mano.

No deja de lado el cambio climático, un factor que determina marcadamente el futuro de todos y que significa solidaridad con las generaciones venideras, que vivirán en un escenario más incierto y con mayor escasez de recursos naturales.

Internacionalmente, aboga por la celebración de acuerdos para mitigar el cambio climático, de modo que se respete el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, para que “no sean los pobres ni los países pobres quienes terminen asumiendo los mayores costos”.

Reclama “un futuro más igualitario en cuanto a oportunidades y derechos, más dinámico y menos vulnerable en cuanto a su economía“, y en el cual “el círculo vicioso del subdesarrollo se transforme en un círculo virtuoso del desarrollo“.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo en un discurso central del evento que la independencia alcanzada por la región “nos ha dado soberanía para decidir nuestro propio destino”.

Precisó también que si Latinoamérica y el Caribe tienen problemas de drogas, de miseria y desarrollo, “somos los latinoamericanos y caribeños quienes tenemos que resolverlos“.

Somos el primer continente desnuclearizado“, dijo, y exhortó a que el objetivo sea producir más alimentos, empleo, salario, cultura y calidad de vida para que la región se transforme en un continente cuyo pueblo viva con dignidad y respeto.

Lula reconoció que los desafíos futuros de Latinoamérica y el Caribe son inmensos y consideró que “ha llegado la hora de la igualdad”, en el sentido de luchar por ella.

No basta con que crezca la economía, opinan analistas, si no va aparejada de redistribución justa de las riquezas, de políticas sociales adecuadas y de la paz en el mundo, para que no se frustre esta esperanza, en lo inmediato.


(*) Ernesto Montero Acuña es editor de temas globales de Prensa Latina.