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¿Está preparado el mundo para una double-dip [doble caída]?

In Actualidad, Economía on 15 agosto, 2010 at 0:01

Li Hong


No habrá ninguna subida inminente de los índices ni será posible obtener dinero fácil en los mercados de valores en el mundo, sobre los que pesadas nubes de incertidumbre nublan el cielo.

En de Wall Street, el índice Dow Jones ahora afronta dificultades para alcanzar los 12.000 puntos o superar los 11.000 en un futuro próximo.
En China, la orgía pública en la búsqueda de los 3.500 puntos del índice bursátil mixto de Shanghai a fin de año, como se pretende por algunos vehementes inversionistas, demostrará ser insostenible.

Aunque los economistas y los bancos centrales se den golpes de pecho con que la economía mundial ha entrado en una sólida recuperación de la Gran Recesión, los inversores se han asustado por la volatilidad salvaje en el mercado causada por las malas noticias extraoficiales que corren de un continente a otro.

Entre las más lamentables, la persistencia del paro en el mercado laboral de EEUU, la crisis fiscal de la zona euro, el macro control de China sobre su burbuja inmobiliaria y los desorbitados precios de las viviendas y, por último, un retroceso de la actividad económica en los Estados Unidos, Japón y China, que ha cogido a la mayoría de los economistas con la guardia baja.

Ahora se ve cada vez más probable que los EEUU vayan con una previsión para el PIB en el actual trimestre julio-septiembre inferior al 2%, lo que efectivamente lo pone cerca de una “double-dip “, otro descenso económico posterior a la severa recesión de 2007-2009.

La mayor economía del mundo ha decepcionado a los inversores con un crecimiento bajista del 2,4% en el segundo trimestre, después de una impresionante expansión en el primer trimestre del 3,7%.

Eso no augura nada bueno para una incipiente pero frágil recuperación mundial. Cansados de un posible empeoramiento del paisaje económico de Estados Unidos, los consumidores vuelven a retraerse en los centros comerciales y los empresarios se muestran escépticos a la hora de ampliar las nóminas. Como los puestos de trabajo suelen reaccionar a cámara lenta a los cambios en el ritmo general de la economía, la perspectiva no es tan de color de rosa cuando muchos economistas estadounidenses han pronosticado un segundo mes consecutivo de pérdidas netas de empleo en julio.

Con los políticos del Congreso de EEUU enfrentados en posturas partidistas sobre si Washington puede gastar más para evitar una double-dip, la tasa de desempleo se disparó silenciosamente a un 9,6%. Y, podrían pasar muchos años más antes de que el país salga del actual atolladero del empleo.

Esta incertidumbre desmorona la confianza e inhibe la inversión y las ventas en todo el mundo.

Para empeorar las cosas, los europeos, deseosos de cortar los altos tipos de sus deudas soberanas, están reduciendo el gasto fiscal y abrazando la austeridad con el fin de seguir siendo solventes y mantenerse a flote. Pero esto alimenta el pánico a que un colapso de la demanda y la inversión prolonguen la depresión económica.

Japón parece estar tropezando de nuevo, experimentando en junio el más agudo retroceso en un año de su producción fabril. Realmente no ha salido de una larga década de deflación y su crecimiento es muy pequeño aún.

Incluso todos los pistones del motor de China han dado muestras de una marcada desaceleración. A mediados de abril, Beijing comenzó un endurecimiento de la política para controlar los elevados precios de las viviendas y suprimir la especulación inmobiliaria de riesgo, lo que ha llevado a una congelación de facto de las ventas de viviendas de mayo a julio. La medida de control macroeconómico, necesarias para prevenir el estilo inmobiliario americano y la crisis financiera que sucede allí, ha afectado claramente a los bienes inmobiliarios, un regulador principal de la economía de China.

Sin embargo, Beijing, con fondos de sobra, tiene margen de maniobra para hacer cambios.

Los responsables políticos se proponen aumentar el gasto de sus fondos de tesorería para construir más viviendas públicas para alquilarlas a los trabajadores pobres urbanos y rurales que emigran a las ciudades. La medida ayudará a las industrias como la construcción y la del acero y materiales de edificación, las más afectadas por el macro control.

Beijing también podría elevar las inversiones en los diques de río maltratados por las inundaciones, y ampliar vigorosamente su avanzada red de trenes de alta velocidad.

Una medida más que quedan en la recámara: Beijing podría reducir los impuestos a la renta personal para reforzar la capacidad adquisitiva media de las familias chinas. Aparte de las exportaciones, la inversión y el consumo internos deben acelerarse para resistir la visita de la caída exterior.