Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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La carísima derrota de Irak

In Actualidad on 25 agosto, 2010 at 0:01

Teodoro Santana


La salida de unos cien mil efectivos estadounidenses de Irak, presentada como “el fin de las operaciones de combate”, se ha revestido de los habituales velos de confusión y manipulación informativa de la propaganda de guerra de EEUU y sus aliados.

Curiosa “retirada” la que deja en el país ocupado las mayores bases norteamericanas fuera de sus fronteras y un ejército de más de 50.000 soldados armados hasta los dientes y respaldados por la más avanzada tecnología bélica que ha conocido la humanidad. En la que se anuncia la sustitución de las tropas regulares que se marchan por “contratistas”, eufemismo impuesto para referirse a los mercenarios. Y en la que se mantiene el ejército colaboracionista del gobierno marioneta impuesto por los invasores.

Dejan los pozos petrolíferos a salvo y en manos de compañías estadounidenses. De eso se trataba, para eso era la guerra, para eso sirvieron el más de un millón de muertos. Y, sin embargo, ni siquiera son capaces de garantizar el robo del todo, con una producción bajo mínimos por las acciones de la insurgencia.

Y, por si fuera poco, la invasión de Irak y los siete años de ocupación han costado a EEUU la friolera de 784.000 millones de dólares (más que la guerra de Vietnam) sólo en costes de combate (el total se estima en tres billones de dólares). Sumen a eso los costes de otra guerra perdida, la de Afganistán, con 320.000 millones, de momento.

No es de extrañar que, según los datos que dio la Oficina de Presupuesto del Congreso el pasado 19 de agosto, el déficit presupuestario federal de Estados Unidos superará este año los 1,3 billones de dólares, lo que significará el segundo mayor déficit en 65 años. Basta sumar y echar cuentas, y se comprueba la principal causa de ese déficit. Como para no salir por patas.

Pero el coste de la agresión a Irak es mucho más que dinero: 4.414 militares norteamericanos muertos en combate, 31.8797 heridos, 1.135 amputados. Y un Irak que tardará siglos en recuperarse. No deja de ser llamativo que el coste de la guerra haya sido de 2.435 dólares por ciudadano estadounidense y, en cambio, para cada niño, mujer y hombre iraquí suponga 25.828 dólares de media.

Todo ello para dejar a Irak convertido, en la práctica, en un cuasi protectorado de su peor enemigo en Oriente Medio. La influencia de Irán, a través de la mayoría chiíta y del propio gobierno títere, se ha vuelto un problema de difícil solución para EEUU. Y en el norte del país, la independencia de facto del Kurdistán iraquí no hace sino enturbiar las relaciones con su otrora principalísimo aliado Turquía.

Y lo que no está bajo la influencia iraní, lo está bajo la de Al Qaeda, que hasta la invasión de Irak no tuvo oportunidad ninguna de infiltrarse en el país. Lo que se dice una estrategia brillante.

Evidentemente, el imperialismo no se va a rendir. Intentará salvar los muebles que pueda y prolongar su agonía recurriendo a los trucos más sucios que aún le quedan. Por ejemplo, convirtiendo a la CIA –aún más– en una organización paramilitar para “guerras en la sombra” contra “terroristas” en Asia y África, estrategia de la administración Obama puesta al descubierto por The New York Times.

La crisis económica capitalista y el declive militar imperialista no van a suponer menos sufrimiento. Es tarea nuestra hacer más corta la era de la explotación.


China pone a punto su propio programa de estaciones orbitales al tiempo que EEUU abandona la carrera espacial tripulada

In Actualidad on 25 agosto, 2010 at 0:00

Medios oficiales de la República Popular China han confirmado recientemente la puesta a punto, ya en una fase final previa al primer lanzamiento, del primer programa de estaciones orbitales tripuladas de la superpotencia asiática, denominado Tiangong [“Palacio celeste”].

La noticia coincide con el hecho de que la otra superpotencia, Estados Unidos, suspenderá sine die su programa de vuelos tripulados al espacio en junio del próximo año, cuando sea lanzado por última vez un transbordador Shuttle de la NASA (misión STS-135 del Atlantis) con destino a la ISS, aunque aún está pendiente la imprescindible asignación presupuestaria por parte del Senado de EEUU para esta expedición que podríamos titular con el cinematográfico nombre de Misión final.

Así, a partir del segundo semestre de 2011, China y Rusia serán los dos únicos países con capacidad para enviar cosmonautas al espacio y —a partir de ese momento— los vuelos tripulados hacia y desde la Estación Espacial Internacional dependerán sólo de las veteranas y fiables naves de diseño soviético Soyuz. El ocaso americano y el amanecer chino (el Sol sale por Oriente y se pone en Occidente) nos ofrecen un nuevo panorama espacial ciertamente diferente al del último medio siglo que tiene mucho que ver con el devenir de estos tiempos y con posibles nuevas perspectivas para el futuro.

Durante este año o a principios de 2011, China pondrá en órbita la mini-estación espacial Tiangong 1 por medio de su cohete Larga Marcha CZ-2F, el mismo que utiliza para las naves tripuladas Shenzhou pero con modificaciones en su última etapa para adaptarlo al Tiangong, un ingenio espacial más voluminoso que las Shenzhou pues tiene un metro más de diámetro máximo. Tras su puesta en órbita por medios automáticos está previsto que en este primer vuelo se pongan a prueba los sistemas de cita espacial y acoplamiento de la mini-estación con el atraque de una nave Shenzhou (la 8 ) no tripulada.

A partir de ahí se ha confirmado que China lanzará a lo largo de 2011 la estación Tiangong 2, de características similares a la primera, pero esta vez se espera que con algún vuelo tripulado para su acoplamiento (misión Shenzhou 9 y/ó 10) que sería el cuarto del programa espacial chino desde que el primer taikonauta, Yang Liwei, orbitara 14 veces nuestro planeta a bordo de la Shenzhou 5 en 2003. El actual programa espacial tripulado chino tiene ciertas similitudes con los primeros años del de la URSS, aunque se desarrolla de forma más lenta y menos audaz debido a que el emergente potencial económico chino no es aún equiparable a la economía de escala global que representaba la superpotencia soviética en las décadas de 1960 y 1970.

OBJETIVOS DE LOS TIANGONG

Este primer programa de estaciones orbitales chinas tiene como objetivos principales establecer una presencia prolongada en el espacio más allá de eventuales vuelos de naves tripuladas que retornan a los pocos días, poner a prueba la eficiencia de los sistemas de cita y atraque espacial en órbita y desarrollar su programa de investigación espacial por medio de laboratorios científicos permanentes. En este sentido, el Tiangong es básicamente un mini-laboratorio orbital autopropulsado de 3,5 m de diámetro máximo, unos 8 m de longitud y una masa de unas 8 toneladas compuesto de dos módulos:

(a) un módulo laboratorio o de experimentos presurizado —y por tanto habitable— que dispone de un puerto de atraque para naves Shenzhou con un mecanismo de acoplamiento “andrógino” de tipo APAS-89 similar al que se diseñara para el módulo soviético Kristall de la Mir, y

(b) un módulo de servicio y propulsión no habitable en el que se ubican motores, depósitos, equipos de navegación y baterías, así como (fijados en el exterior) dos juegos de paneles solares fotovoltaicos desplegables para dotar de potencia eléctrica a los equipos del laboratorio y a los sistemas de soporte vital de la mini-estación.

SIGUIENTES PASOS

Tras el programa Tiangong y con la prudencia que caracteriza a su particular carrera espacial carente de contrincantes y de prisas (pero sin pausa), en torno a 2020 China tiene previsto implementar una Estación Espacial multimodular comparable a la Mir en cuanto a diseño y dimensiones que aseguraría al menos durante una década misiones prolongadas en un complejo orbital digno de tal nombre. Esta sería una condición previa a dar el salto hacia objetivos más ambiciosos y más allá de nuestra órbita cercana, con misiones tripuladas a la Luna que, teniendo en cuenta la idiosincrasia del pujante sistema económico del gigante asiático, deberían tener mucha relación con la explotación de recursos en nuestro satélite.

Aunque esto queda un poco lejos aún, no es menos cierto que si no se desarrollan nuevos programas de colaboración espacial internacional dotados de fondos suficientes, va a ser la República Popular China —a menor o mayor plazo— la única nación del mundo que cuente con recursos propios para poner en marcha programas tripulados que sobrepasen nuestra órbita cercana.

[Fuente: Ciudad Futura]