Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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El asesinato póstumo de los Estévanez

In Actualidad, Cultura, Historia, Opinión on 31 agosto, 2010 at 0:01

Francisco Javier González

Nicolás Estévanez había muerto en París un 21 de agosto de 1914 intentando, a pesar de sus 76 años, ayudar al ejército francés ante la invasión germana de la tierra de su exilio. Su hermano Patricio murió en su casa de Santa María de Gracia, con el almendro patrio cargado de su dulce fruto, también en agosto, pero de 1926. El más pequeño de los Estévanez, Diego, marino y poeta, murió en plena juventud en 1866, pero el alma de todos ellos quedó vagando en aquella casona de Gracia, llamada “la casa de Geneto” –todo el lugar de Gracia y Lomo Guirre estaba incluido en el barrio lagunero de Geneto- a la fresca sombra del almendro. Allí quedaba también el recuerdo vivo de los Meade, constructores de la casa en 1735. Desde sus hoy ruinosos balcones presenció la dama irlandesa Dª Isabel Meade de Murphy el ataque de la escuadra de Nelson a Santa Cruz y, temiendo posibles saqueos de los británicos, escondió sus joyas en un pozo al pie del almendro. Ligados a la casa quedan también los recuerdos románticos de Ricardo Murphy unidos a los de sus ocasionales moradores como Sabin Berthelot, Adolphe Coquet, Blasco Ibañez, o las correrías infantiles del que luego sería General Leopoldo O’Donell, las tertulias políticas y literarias con una ilustre nómina de nombres desde Viera y Clavijo a Teobaldo Power, pasando por Valentín Sanz, Alfonso Dugour, Elías y Antonio Zerolo, Tabares Bartlett, Rodríguez Moure, Fco. Mª Pinto, Agustín Guimerá, Ramón Gil Roldán y una larguísima lista de exiliados o desterrados españoles republicanos en lucha con el nepotismo y el despotismo monárquico hispano. Luego vino el pintor Francisco Borges Salas, yerno de Patricio Estévanez , a quien Eduardo Westherdal denominó como “un caso patológico de integridad” que, acosado y perseguido por Falange Española se exilia a Venezuela con sus cuadro, sus esculturas, sus grabados y su familia, no regresando hasta 1962, casi al tiempo que su escultura “La Fecundidad” era liberada de los sótanos municipales en que la había encerrado el fascismo pacato que dominaba el ayuntamiento santacrucero y llevada a la frescura del Parque García Sanabria para donde fue concebida.

Francisco Borges Salas muere en 1994, pero la familia Borges Estévanez sigue viviendo en la casona de Gracia, soñando con la vieja idea de Borges Salas de convertirla en un museo donde, además de su ingente obra artística, se reúna lo más sobresaliente de todos los personajes que por ella han transitado o vivido, en especial lo relacionado con los hermanos Estévanez, hasta que 10 años después, en 2004, entre el Cabildo de Tenerife y el Ayuntamiento de Aguere deciden el asesinato –póstumo y alevoso- de la memoria de los Estévanez y de toda la intelectualidad canaria relacionada con la que fue “Casa de Geneto” y reducir a astillas el ya muerto tronco del almendro que encabeza el himno que ellos llaman de Canarias. Entre el desdoblamiento de la Avenida de los Menceyes que desarrollaba el Ayuntamiento lagunero y las obras del tranvía que comenzó el Cabildo, la casa quedó sentenciada. No fueron las “autoridades” de la pseudonacionalista CC y su alter ego del PP las que frenan el asesinato. Fue la movilización popular -en la que Azarug jugó un papel destacado en la recogida de firmas- la que impidió que las palas mecánicas que maniobraban a escasos 40 metros de la casa acabaran derribándola. Se solicitó entonces la declaración como Bien de Interés Cultural –BIC- y el Cabildo se vio obligado a negociar con Francisco Borges Estévanez la compra del inmueble y el solar de unos 5.000 m2 que ocupaba. La compra se realizó en julio de 2007 por un importe de 900.000 euros, cantidad muy alejada de los 306 millones que empleó en el tranvía que la amenazaba. Parte del trato de venta era que la familia Borges Estévanez podría ocupar la casa adjunta –antiguo taller de escultura de Borges Salas- hasta febrero de 2009, como así sucedió aunque en el ínterin muriera Francisco Borges Estévanez, quedando en la vivienda su esposa y su hija Cristina.

En 2008 la casa, ya propiedad del Cabildo, fue progresivamente entrando en estado ruinoso. Bajo la presión de denuncias públicas se colocó en mayo una cubierta plástica y una malla en el tejado y se apuntalaron algunos muros, aditamentos que en noviembre de ese mismo año son denunciados por el grupo socialista de Aguere como insuficientes, solicitando la creación de un espacio cultural en la que denominó como “olvidada Casa Estévanez”. En mayo de 2009, con dos años de retraso, el Cabildo incoa expediente de declaración del inmueble como BIC en su categoría de Sitio Histórico, con un expediente en que delimita el lugar y relata una buena parte de su historia, aunque la única acción que se realiza es trasladar los petroglifos que se encontraban en la finca en las paredes basálticas del “Barranco de los Gomeros”. El coordinador general de Cultura y Patrimonio Histórico, Cristóbal de La Rosa, declara entonces que el Cabildo había adquirido la finca para “impulsar su conservación, rehabilitación y puesta en uso, teniendo en cuenta sus notables valores históricos y arquitectónicos pero, especialmente, su considerable valor como referencia cultural” y que “con la colaboración de Metropolitano de Tenerife se ha redactado ya el proyecto de rehabilitación de la casa y los jardines”. Otra vuelta de tuerca más en el proceso de lento asesinato póstumo de los Estévanez y de nuestra historia.

Entramos ahora en el último capítulo; hace muy pocos días todos hemos podido ver un vídeo del concejal socialista lagunero Yeray Rodríguez que nos muestran el asesinato ya casi consumado con una casa semiderruida –los plástico y mallas de la cubierta habían desaparecido desde el verano de 2009- en que ladrones por encargo de losas chasneras y tea han ido desvalijando el abandonado inmueble rompiendo la triste cerca que como única protección había colocado el Cabildo.

Nicolás Estévanez rompió su sable de militar y abandonó su cargo en el Ejército Español cuando el brutal colonialismo hispano en Cuba asesinó a 9 estudiantes de medicina habaneros. Se enfrentó con el carnicero Weyler por su política de tierra quemada en la colonia caribeña y de nuevo por la injusta prisión a Secundino Delgado por el que llegó incluso a retar a duelo al torturador Millán Astray. Ese Weyler, Marqués de Tenerife, que da su nombre a la mejor plaza de Santa Cruz y que el supuesto nacionalismo de CC y, por supuesto, el avieso españolismo retrógado del PP conservan el nombre de ese individuo, criminal de guerra, del que Nicolás Estévanez escribió: “Mirada de reptil, cuerpo de enano,/instinto de chacal, alma de cieno,/hipócrita, cobarde, vil y obsceno/como el más asqueroso cuadro humano./Azote un tiempo del país cubano,/a todo noble sentimiento ajeno,/hasta el mismo Satán convierte en bueno/esa excrecencia del linaje humano./Ruinas, desolación, hambre y miseria/las obras son que a ejecutar se atreve/ese horrible montón de vil materia./¡Y a un monstruo tal, con intención aleve,/el Gobierno de Cuba encarga Iberia/ al acabar el siglo diez y nueve!”. Weyler permanece en su plaza pero de los Estévanez asesinan su memoria, todavía residente en los restos del almendro de dulce sombra de su derruida casa de Santa María de Gracia.

Gomera, agosto de 2010, a 4 años vista del centenario de la muerte de Nicolás, a 16 de la de Patricio y a solo días de su póstumo asesinato.


Vietnam como lección

In Actualidad, Efemérides, Historia on 31 agosto, 2010 at 0:00

Jerónimo Carrera
Presidente del Partido Comunista de Venezuela (PCV)


En estos ya muy próximos días, el 2 de septiembre, estará el pueblo de Vietnam celebrando junto con sus numerosos amigos de todos los demás países en todo el mundo, los 65 años de haber proclamado su independencia nacional. Un hecho histórico, que en la mayoría de casos de otros países luce como algo natural hasta para sus propios pueblos, bien puede decirse que en este caso de Vietnam sí tiene y mantendrá siempre una significación mundial.

Esa proclamación de independencia de un pueblo de los que acá sólo conocíamos con la denominación de Indochina, como parte del extenso mundo colonial entonces bajo la dominación de Francia, pasó prácticamente desapercibida aquí y en otros países como el nuestro, del mundo neocolonial controlado por Estados Unidos y bautizado en forma despectiva como el traspatio yanqui.

Recuerdo bien, en lo personal, que estando yo en Francia para el año 1946, por primera vez pude leer en la prensa el nombre de Vietnam, y luego con mayor énfasis lo escuché en Praga, el siguiente año, durante el Primer Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.

Acá en nuestra Venezuela, sin embargo, fue en los años ’60 y con motivo de nuestros fallidos intentos de lucha armada, ya enfrentados los jóvenes comunistas y miristas -con las armas en la mano- a toda una gama de pitiyanquis encabezados por Rómulo Betancourt y Raúl Leoni, cuando se empezó a hablar, bastante y elogiosamente, del caso de Vietnam.

En verdad el pueblo de Vietnam le ha brindado a la humanidad un extraordinario ejemplo de la más alta moral, en muchos sentidos, y valioso en especial para los revolucionarios, pero también para la gente de sentimientos patrióticos en general. Lo he escrito yo en otras ocasiones, la lección de ética que con sabiduría y sencillez nos ha legado Ho Chi Minh, el gran Tío Ho, en mi opinión es ya y será para siempre insuperable.

Veamos como explican hoy los propios vietnamitas aquella lucha suya. En un formidable libro de 906 páginas recién publicado allá lo encontramos: “El pueblo vietnamita comenzó la guerra contra la intervención yanqui para liberar el sur y unir a su nación (1954-1975) en condiciones internacionales muy complicadas. Los países socialistas, particularmente la Unión Soviética y China, estaban divididos y sostenían puntos de vista diferentes; el movimiento internacional comunista y de trabajadores se sumió en crisis, y el movimiento nacional de liberación estaba siendo debilitado por el neo-colonialismo.

Y se añade: “Vietnam libró las dos guerras de resistencia: desde 1945 a 1954 y desde 1954 hasta 1975. Durante ese periodo, la Guerra Fría reinaba a través del mundo.” Para luego agregar esto: “En esa lucha a vida y muerte, el pueblo vietnamita bajo la dirección del Partido Comunista, gradualmente logró su propia experiencia y alcanzó finalmente una victoria gloriosa. Varios factores contribuyeron a esta victoria. Entre ellos estuvo la sabia y visionaria conducción de Ho Chi Minh, quien creativamente aplicó una política independiente y propia en asuntos exteriores, y supo cómo manejar estas relaciones con tacto y prudentemente. Gracias a su conducción y la del Partido Comunista de Vietnam, lograron las guerras de resistencia de Vietnam gran apoyo y estímulo de la Unión Soviética, China y otros países socialistas, de países nacional-independientes, y de las fuerzas amantes de la paz y progresistas en el mundo, incluso de gentes de Francia y Estados Unidos.” (Mai Ly Quang, Viet Nam from past to future o sea Vietnam del pasado al futuro, de ediciones Thé Giói, editado en Vietnam, 1ª edición de 2007 en inglés). Huelgan comentarios, digo yo.


Muy breve P.S.- También por esta vía van mis condolencias a toda la querida familia de los Villegas, por la muerte reciente de María, la viuda del inolvidable camarada Cruz Villegas.—