Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Los policías rumanos en huelga provocan la dimision del ministro del Interior

In Actualidad, Laboral on 3 octubre, 2010 at 0:00

La semana pasada, y dentro de las constantes manifestaciones que se están celebrando en Bucarest desde comienzos de septiembre, tuvo lugar una gran concentración en la Plaza Victoria de la capital, frente a la sede del gobierno rumano.

Los policías, muchos de ellos portando su uniforme oficial, protestaban ante la evidente agresión a los derechos de los trabajadores públicos, y por evidentes consecuencias del resto, que han sufrido un recorte en sus salarios de un 25% (de un salario ya de partido casi ridículo). El ataque a su bolsillo y a su subsistencia, como a la de los pensionistas, se agrava por la subida del IVA y los recortes en servicios y ayudas públicas.

Como los policías son también trabajadores públicos (en Rumania no existe el concepto de funcionario tal y como nosotros lo entendemos) han salido a la calle esta vez para exigir sus derechos, y no para vigilar la propiedad privada, especialmente de las mas grandes, y hasta han tenido que tener algunos enfrentamientos con el resto de policías que no hacían huelga, en su papel de piquetes del capital.

El hecho es que los cabreados policías exigían que el presidente de la Republica de Rumania, Traian Basescu, acudiera a negociar con ellos a Piata Victoriei, y en caso de que no lo hiciera, ellos mismos Irian a la sede de la Presidencia, el Palacio de Cotroceni, a hablar con él. Esto ultimo fue lo que sucedió, y los policías emprendieron una marcha no autorizada (del tipo que suelen reprimir habitualmente) por las calles del centro de Bucarest hasta el lujoso palacio del presidente.

Ante sus puertas gritaron contra el presidente, llamándole “ladrón”, o pidiendo su dimisión, y algunas cosas mas fuertes, y lanzaron sus gorras oficiales al jardín del palacio (lo que parece ofendió profundamente el orgullo nacional del presidente, aunque que los rumanos se mueran de hambre parece que no le afecta lo mas mínimo).

En definitiva, y tras los problemas, leves enfrentamientos, gritos, etc… a las puertas del gran palacio, el presidente se cabreo y pidió que la policía rumana ya no le escolte jamás de los jamases en sus paseos oficiales por Rumanía.

Aparte de eso, insultó a algunos de sus dirigentes, denunció que usaran el uniforme y que algunos llevaran pistolas. Incluso llegó a decir que fue un acto de subversión contra la máxima institución del Estado.

Indiferentes a que los policías se quejaran porque su sueldo no les da ni para pipas, como les pasa a la gran mayoría de los rumanos de hoy, para el presidente de la Republica, el Primer Ministro y el Ministro de Interior la actitud de la policía fue injustificable.

Por todo ello, y aparte de la renuncia a los servicios de escolta por parte de Basescu y, por imitación, Boc (algo que demuestra la consideración que tienen ambos de la policía, como si su labor de protección fuera una cuestión de capricho personal, es decir, como si fuera suya), la consecuencia principal fue la dimisión del ministro Vasile Blaga.

Se trata de uno de los hombres fuertes del partido en el poder, el Partido Demócrata Liberal (un nido de oportunistas, como el resto de los partidos), y parece que también hay detrás luchas intestinas por el control del poder. Sin embargo, y esto es lo importante, las manifestaciones de la policía (y de otros trabajadores del Ministerio de Interior) tuvo como consecuencia la dimisión del ministro, que es todo un éxito (que un tipo del estilo de los políticos profesionales del capitalismo abandone su sillón bien remunerado y las conexiones lucrativas que lo acompañan tras una demostración de los trabajadores (aunque sean policías) es todo un éxito del movimiento sindical (a pesar de que los trabajadores hubieran preferido que la dimisión fuera del gobierno en pleno.

No hay que olvidar que el ministro dimitido estaba ya con las riendas del Ministerio de Interior cuando Basescu ganó por la mínima las elecciones presidenciales el pasado diciembre, iniciando su segundo mandato bajo acusaciones de un fraude más que probable. Y el que dirigió y controlo el proceso electoral era Blaga (por cierto que de esto ya no se habla apenas en la prensa, ni siquiera la oposición que tanto escándalo monto, lo que demuestra que las disputas y diferencias entre los partidos del régimen capitalista son solo la fachada de una completa identidad de intereses económicos e ideológicos (en los que el pueblo solo es un invitado decorativo).


[Fuente: Un vallekano en Rumania]


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