Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

¡Que nunca se olvide mi muerte!

In Actualidad on 18 octubre, 2010 at 0:01

victor1COLABORACIÓN
 
 
Víctor J. Rodríguez Calderón

En una revolución si es verdadera la muerte entre y sale, la vida de un revolucionario son inundaciones catastróficas y casi siempre el último testigo es el traidor, porque ese es una especie de judas que en su conciencia solo se almacenará por siempre el terror de la bestia y el temor del demonio, que más temprano que tarde encontrará la justicia de una cosa que los revolucionarios llamamos la frontera política.

Yo soy colombiano integral, soy comunista mundial y me seria imposible vivir fuera de esos límites geográficos. La guerra es bárbara porque el enemigo es sanguinario, inclemente, sin compasión alguna, no importa los calificativos que me den, ¿Acaso no se los dieron a nuestro libertador Simón Bolívar? Cuando muera, sea de la forma que sea, la información mediática del imperio y sus lacayos difundirán versiones asquerosas y si fuese un crimen como ellos acostumbran, mancillarán mi nombre y mi conducta de combatiente, calumniarán, difamarán, sobre mi actitud de revolucionario y militante marxista leninista, fueron unas de las últimas conversaciones que escuché de sus labios al compañero y amigo Víctor Julio Suarez Rojas, alias el “Mono Jojoy”, cuando tuve la oportunidad de entrevistarlo en las profundas selvas que se siembran en el mapa de Colombia.

Bueno no hablemos de la muerte -dijo el compañero- sino de la belleza de la vida de combatiente, de lo que cada día nos trae una nueva esperanza, una nueva estrategia, una nueva sorpresa.

– Mi gente, los desposeídos, los desamparados, los deshabitados de Colombia tienen hambre, no ven nada.

Por allá -señaló con su índice hacia el norte- van dos hombres por la orilla del rio, uno es burgués, el otro es pobre. Uno lleva la panza llena y el otro ensucia el aire con sus bostezos. El rico le dice al pobre: ¡Oh que canoa más linda, más linda me espera!, mire, mire usted marginado, que lirio tan bello florece en la orilla. El pobre reza porque continúa con hambre y aún así siendo compañeros el rico con su enjambre lleno de pan, no saca uno para dárselo a su hermano. El día que el hambre desaparezca, va a producirse en Colombia una explosión espiritual la más grande conocida por la humanidad, nunca, nunca jamás se podrán figurar los hombres la alegría que estallará, ese será el día del triunfo de nuestra grande revolución. ¿Verdad que estoy hablando en socialismo puro? -nos dijo sonriendo- y continuó.

Nuestro insigne Comandante Manuel Marulanda Vélez, solía relatarnos cómo en los comienzos de esta lucha por la liberación de nuestro pueblo, el general Álvaro Valencia Tovar también acostumbraba dirigir mensajes de ese mismo tenor al Comandante Ciro Trujillo, incluso ofreciéndole dinero a modo de soborno, a tiempo que se concentraban las tropas, se estrechaba el anillo y se afinaban los mecanismos para dar comienzo a la agresión contra la población civil de las regiones de Marquetalia y Rio-chiquito, dentro del diseño del Plan LASO y en el medio de una situación política en que las Fuerzas Militares iniciaban su carrera como instrumento clasista de represión al servicio de los latifundistas para despojar de la tierra a los campesinos. Nada consiguieron y entonces nos juraron una muerte segura, pero estos señores, gendarmes necesarios para cuidar las riquezas de los oligarcas colombianos, desconocen que mueren los hombres, pero que crecen las ideas de libertad y justicia.

Así fue como vimos intoxicado de triunfalismo, al sucesor del “Paisa asesino”, Juan Manuel Santos Calderón cundo sentenció que la muerte de Víctor Julio Suárez Rojas “es el golpe más contundente” contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, “más que el de Raúl Reyes, porque “Mono Jojoy” era el símbolo del terror y la violencia”. Más aún: éste es un “triunfo de la seguridad democrática”, nombre de la estrategia de Álvaro Uribe Vélez, su antecesor, amigo y promotor.

60 años de guerra de guerrillas impulsada por las primeras organizaciones, luego por la FARC y después por el Ejército de Liberación Nacional, le sirvieron de poco al presidente sudamericano para escudriñar en las raíces socioeconómicas y sociopolíticas que tiene el movimiento, más allá del discurso de Washington que lo reduce a narco guerrilla y terrorismo.

Los enfoques posguerra fría de Estados Unidos, ideologizados hasta el extremo, calaron tan hondo en Santos Calderón que, ya de regreso en Bogotá, juzgó que la liquidación del comandante de 57 años de edad y con una diabetes muy avanzada que finalmente fue lo que le costó la vida, fue tan importante que lo comparó con al abatimiento de Osama Bin Laden.

Lo anterior para corresponder a los halagos de Barack Hussein Obama, aunque en Nueva York Santos defendió que fue “una operación ciento por ciento colombiana”, Todo el mundo sabe quien tiene las manos enlodadas en ese nuevo charco de sangre y que con el tiempo quedará en su justo lugar, como sucedió con el bombardeo del campamento de Sucumbíos.

Levántate “Mono Jojoy” y mira la montaña de donde viene el viento, el sol y el agua, tu que sembraste el vuelo de tu alma, levántate y mírate las manos y estréchalas a tus hermanos colombianos que juntos unidos quedan ahora por tu sangre.

Ya están en combate por defender la idea de todos los que han muerto. ¡Que no se olvide mi muerte!


(*) El venezolano Víctor Rodríguez Calderón es politólogo, periodista, escritor, poeta, director de empresas y experto en Planeación de Organizaciones. Recomendamos su blog El Victoriano.


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