Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Derrotar a Serra en las urnas y después a Dilma en las calles

In Actualidad, Comunicado on 18 octubre, 2010 at 0:00

Comité Central del
Partido Comunista Brasileño (PCB)


El PCB presentó, en las elecciones de 2010, a través de la candidatura de Ivan Pinheiro, una alternativa socialista para Brasil que rompiese con el consenso burgués, que determina los límites de la sociedad capitalista como irrebasables. Las candidaturas del PCB, del PSOL y del PSTU también cumplieron un importante papel en este sentido.

Hoy, más que nunca, se hace necesario que las fuerzas socialistas busquen constituir una alternativa real de poder para los trabajadores, capaz de enfrentar los grandes problemas causados por el capitalismo y responder a las reales necesidades e intereses de la mayoría de la población brasileña.

Estamos convencidos de que no serán resueltos con más capitalismo los problemas y las carencias que los trabajadores enfrentan, en el acceso a la tierra y a los otros derechos esenciales a la vida como empleo, educación, salud, alimentación, vivienda, transporte, seguridad, cultura y ocio. Por el contrario, estos problemas se agravan por el propio desarrollo capitalista, que mercantiliza la vida y se funda en la explotación del trabajo. Por eso, nuestra clara defensa en pro de una alternativa socialista.

Una vez más, la burguesía consiguió transformar el segundo turno en una disputa en el campo del orden, a través del poder económico y de la exclusión política y mediática de las candidaturas socialistas, reduciendo las alternativas a dos estilos de conducir la gestión del capitalismo en Brasil, uno juntando las demandas populares al crecimiento de la economía privada con más énfasis en el mercado; otro, en los mecanismos de regulación estatal al servicio de este mismo mercado.

En este sentido, el PCB no participará de la campaña de ninguno de los candidatos en este segundo turno y se mantendrá en la oposición, cualquiera que sea el resultado del pleito. Continuaremos defendiendo la necesidad de construir un Frente Anticapitalista y Antiimperialista, permanente, para que, además de las elecciones, conquiste la necesaria autonomía e independencia de clase de los trabajadores para que intervengan con voz propia en la coyuntura política y no doblegados por supuestos representantes que les imponen un proyecto político que no es suyo.

El gran capital monopolista, en todos sus sectores -industrial, comercial, bancario, servicios, agronegocio y otros- dividió su apoyo entre estas dos candidaturas. Mientras tanto, la derecha política, fortalecida y confiante, hasta por la opción del actual gobierno en no combatirla y con ella conciliar durante todo el mandato, se siente fuerte lo suficiente para buscar una alternativa de gobierno directamente ligada a las filas de sus fieles y tradicionales vasallos. Estratégicamente, la derecha raciocina también desde el punto de vista de América Latina, esperando tener un papel decisivo en la tentativa de neutralizar el crecimiento de las experiencias populares y antimperialistas, materializadas especialmente en los gobiernos de Venezuela, de Bolivia y, principalmente, de Cuba socialista.

Las candidaturas de Serra y de Dilma, aunque limitadas al campo de orden burgués, difieren en cuanto a los medios y formas de implantación de sus proyectos, así como se insertan de manera diferente en el sistema de dominación imperialista. Esto lleva a un mayor o menor espacio de autonomía y un mayor o menor campo de acción y maniobra para lidiar con experiencias de cambios en curso en América Latina y otros temas mundiales. O sea, los dos proyectos divergen en la forma de insertar el capitalismo brasileño en el escenario mundial.

De la misma forma, las estrategias de neutralización de los movimientos populares y sindicales, que interesa a los dos proyectos en disputa, difieren en cuanto al énfasis en la captación política y financiera o en la represión y criminalización.

Otra diferencia es la cuestión de la privatización. Aunque el gobierno de Lula no haya adoptado ninguna medida para re-estatalizar las empresas privatizadas durante el gobierno FHC, haya implantado las sociedades público-privadas y mantenido las subastas de nuestro petróleo, un gobierno demotucano hará de todo para privatizar la Petrobrás y entregar el pre-sal para las multinacionales.

Para el PCB, estas diferencias no son suficientes cualitativamente para que podamos empeñar nuestro apoyo al gobierno que seguirá, de la misma forma que no apoyamos el gobierno actual y el gobierno anterior. La candidatura de Dilma se mueve en una trayectoria conservadora, mucho más preocupada en conciliar con el atraso y consolidar sus apoyos en el campo burgués que en promover cualquier alteración de rumbo favorable a las demandas de los trabajadores y de los movimientos populares. Contra ella, a pesar de eso, la derecha se mueve animada por la posibilidad de victoria en el segundo turno, agitando banderas retrógradas, aludiendo para una mayor sumisión a los intereses de los EUA y amenazando criminalizar aún más las luchas sociales.

El principal responsable por este cuadro es el propio gobierno petista que, por ocho años, no tomó medida alguna para disminuir el poderío de la derecha en la acumulación de capital y no dio ningún paso en el sentido de la democratización de los medios de comunicación, ni de una reforma política que permitiese una alteración cualitativa de la democracia brasileña en favor del poder de presión de la población y de la clase trabajadora organizada, optando por los beneficios de las reglas del viciado juego político electoral y el peso de las máquinas institucionales que de él se derivan.

Considerando esas diferencias en el campo del capital y los escenarios posibles de desarrollo de la lucha de clases -mas con la firme decisión de mantenernos en la oposición a cualquier gobierno que salga de este segundo turno- el PCB orienta a sus militantes y amigos al voto contra Serra.

Con el posible agravamiento de la crisis del capitalismo, pueden aumentar los ataques a los derechos sociales y laborales y la represión a los movimientos populares. La resistencia de los trabajadores y su avance en nuevas conquistas dependerán mucho más de su disposición de lucha y de su organización y no de quien esté ejerciendo la Presidencia de la República.

Basta de ilusión: ¡Brasil solo cambia con revolución!


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