Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Principios e intereses nacionales

In Actualidad on 24 noviembre, 2010 at 0:01

René Behoteguy Chávez

 
 

En este mundo las personas se pueden dividir en dos tipos, las que se mueven por principios y las que se mueven por intereses. Las primeras que, por cierto, son cada vez más escasas, son aquellas capaces aún de perjudicarse a sí mismas con tal de ser consecuentes con lo que sienten y piensan. Sobre las segundas, se puede decir que tienen esquemas de valores y principios extremadamente flexibles y que se acomodan a lo que, en determinado momento les conviene o no.

Habrá que apuntar que quienes se mueven por intereses, siempre justifican sus acciones apelando a supuestos principios que ocultan sus intenciones de fondo porque, si las confesaran probablemente sufrirían la desaprobación generalizada. Esto en las esferas de poder se hace más que evidente. Quiero decir que, la opinión pública norteamericana y de los países europeos, difícilmente hubieran aprobado las invasiones de Irak o Afganistán si, dichas potencias, plantean que estos conflictos se originan en los intereses económicos y estratégicos de las empresas transnacionales en los territorios mencionados. Es decir que el fin último de la guerra es siempre el dinero y el poder. Es así que prefieren ocultar sus intereses apelando a supuestos postulados de principios como “la defensa de la democracia”, “la paz en el mundo”, la estabilidad global” y otro tipo de discursos que, generalmente, encierran evidentes contradicciones pero que se irradian repetidamente a través de los medios de comunicación que ellos mismos controlan para convencer, por cansancio o adormecimiento a la población.

Desde esta lectura, el discurso que viene emitiendo en la actualidad el gobierno de Rodríguez Zapatero ha dado un paso insospechado, no sabemos si hacia la sinceridad o, directamente al absoluto cinismo político. Porque, tanto en el tema del Sahara Occidental como en la batería de reformas y recortes presupuestarios y de derechos sociales que viene aplicando ha dejado claro, por primera vez, que antepone claramente los intereses por encima de los principios.

Es así que, con verdadera sorpresa, hemos visto tanto al presidente Zapatero como a sus ministros, aclararnos que, para ellos en el conflicto del Sahara ocupado, los intereses económicos de España están por encima de todo y que, con tal de defender dichos intereses, están en disposición de pasar por alto temas básicos del entramado de principios que sustentan supuestamente la estructura social democrática del estado, tales como el respeto y cuidado de los derechos humanos, la defensa de la libertad de expresión y la libertad de información y prensa. O, por decirlo más claro, que están dispuestos a permitir que, en un territorio sobre el cual tienen responsabilidad, dado que no se concretó su descolonización, se practique la tortura, el asesinato, el encarcelamiento extrajudicial, se acalle cualquier voz disidente y se restrinja la entrada de los medios de comunicación que puedan dar fe de lo que realmente está pasando. Todo ello, en virtud de lo que denominan como “intereses nacionales”.

De igual manera, en el ámbito interno, despojado de todas sus caretas, el gobierno psocialista contraviene toda la base de principios que, históricamente, ha postulado y dan origen a su propio nombre, y arremete contra la clase trabajadora con graves medidas de recorte de derechos sociales, que sumadas a unos presupuestos que debilitan la educación y la sanidad pública, y obligan a mayores sacrificios en quienes son supuestamente su base social. Miren ustedes que coincidencia, anteponiendo los mentados “intereses nacionales” a sus propios principios fundacionales.

No obstante, hay algo que a Zapatero le falta decirnos para ser del todo sincero y es que los “intereses nacionales” no existen.

EL FALSO DISCURSO DE LOS INTERESES NACIONALES

En una sociedad organizada del modo en que lo está la actual, quiero decir, con claras y marcadas diferencias de clase, los intereses de los más desfavorecidos, es decir de los que no tenemos más que nuestra fuerza de trabajo para ofrecer, no solamente no son los mismos sino que, por el contrario, son contrapuestos a los intereses de los dueños de los medios de producción. Es decir, lo que conviene a los trabajadores, difícilmente o nunca conviene, a su vez a los empresarios, porque, y me voy a permitir citar el primer libro que imprimió el señor Gutemberg: “Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro”, por los hechos, queda claro a quién ama y se entrega, por una parte, y a quien aborrece y desprecia el actual gobierno.

Y es que miren, a mí me cuesta mucho visualizar qué es lo que pierdo yo, y la gran mayoría de los que habitamos en el estado español, si Marruecos abandona el Sahara occidental y lo devuelve al control de sus legítimos pobladores, es decir el pueblo Saharaui. Y es lógico, porque no soy dueño de ninguna flota de barcos que pesque en las aguas de los territorios ocupados, ni tengo industrias que procesen fosfatos para fertilizantes. Es decir, desde mi condición de trabajador, que vive de un salario y si no lo cobra no tiene como llegar a fin de mes, me siento mucho más cercano a los miles de trabajadores y trabajadoras saharauis que montaron el campamento de Gdeim Izik exigiendo derechos que me son afines. Y que, lo que para el señor Zapatero es interés de todos realmente se corresponde con los privilegios de unos cuantos empresarios, que se lucran, además, con el dolor y la miseria de un pueblo despojado.

De igual manera me cuesta entender por qué, los que tenemos que hacer y rehacer cuentas para ver como estiramos hasta el último euro para llegar al día 30 de cada mes, tenemos que apretarnos el cinturón, y aceptar que deberemos jubilarnos más tarde y con menos dinero para, en un acto de solidaridad sin precedentes, apoyar al Estado en la loable misión de entregarle recursos a los pobrecitos banqueros y empresarios que lo están pasando fatal, en la difícil digestión que les ha provocado el festín de la especulación financiera e inmobiliaria que han venido practicando con el beneplácito y la complicidad de quienes gobiernan. Pues, miren por dónde, aquí también se puede ver con la misma claridad que en el ejemplo anterior, que nos quieren convencer que, los intereses de una determinada clase social, son los intereses del conjunto.

Es por eso que prefiero seguir en la trinchera de los principios porque, desde allí, podemos decir como don Atahualpa Yupanqui que: “nadie debería escupir sangre, pa`que otro viva mejor” y que, puestos a defender intereses, mejor hacerlo con los de aquellos de nuestra misma condición, es decir los trabajadores y trabajadoras, sean estos saharauis, marroquís, canarios o de cualquier parte del mundo mundial, que eso finalmente es lo que nos toca.

 

(*) René Behoteguy Chávez del Colectivo de Inmigrantes de Intersindical Canaria


16 tonterías que creen los estadounidenses

In Actualidad, Cultura on 24 noviembre, 2010 at 0:00

Sarah Seltzer


Los estadounidenses están frecuentemente mal informados, son a veces simplemente tontos y fácilmente engañados por rumores que parecen sabrosos. Pero mientras la derecha aprovecha esta realidad, la izquierda se preocupa de que calificarlos como mentiras pueda parecer “grosero”.

¿Recuerdan ustedes que el congresista Joe Wilson se levantó durante el discurso sobre el Estado de la Unión de Obama y gritó “¡Usted miente!”? Fue reprendido enérgicamente por los expertos. Pero sobre todo atrajo críticas por ser descortés y fue comparado con Kanye West y otros famosos “interrumpidores”.

Volver a enfocar la insensata invectiva de Wilson subraya el estado de nuestro mundo político puesto de cabeza. Wilson gritó “¡Usted miente!” enfrentado con la verdad, pero el presidente Obama duda antes de pronunciarse cuando lo calumnian con falsedades desnudas, descaradas. La cruel ironía continuará este invierno cuando los republicanos se apoderen de la Cámara y sigan circulando los rumores e insinuaciones de expertos extremistas de derecha. Parece como si nadie con un megáfono suficientemente fuerte tuviera el coraje de llamar las cosas por su nombre, o para ser más exacto a una mentira por lo que es.

Hemos ido bastante más allá de la “certecidad” de Stephen Colbert a un entorno de “al diablo con la verdad”; lo que Rick Perlstein describió en Daily Beast como “mendocracia”: “gobierno por mentirosos.”

A continuación cito algunos ejemplos recientes de cómo hemos progresado en la ignorancia:

· Sondeos realizados durante y después de las elecciones de mitad de período de la semana pasada sugieren que muchos estadounidenses creen verdaderamente que el presidente Obama ha aumentado sus impuestos – a pesar de que la realidad es que nuestro presidente en realidad los redujo para la mayoría. Esto significa que la gente confía en expertos como Rush Limbaugh, una fuerza importante tras la propagación de esa mentira, más que en las cifras de sus propias declaraciones de la renta.

· ¿Otro fenómeno reciente? La mitad de los nuevos congresistas no creen en la realidad del calentamiento global. No es que sólo no estén de acuerdo con la fuente o la severidad del problema. Simplemente no piensan que el mundo se esté calentando – a pesar de la evidencia ante sus ventanas.

· Es probable que el nuevo Congreso trate de restaurar millones de dólares de financiamiento para un programa de estudios en las escuelas de “sólo abstinencia”, científicamente inexacto, extremadamente desastroso, en el cual se ha visto que difunden mentiras como “los condones no funcionan” y “el aborto causa cáncer”.

· Los medios de comunicación han reproducido una afirmación insensatamente inflada y totalmente estrambótica de un blog indio de que el viaje al extranjero de Obama costó 200 millones de dólares por día – y los espectadores se la han tragado. (En este caso, la Casa Blanca la desmintió directamente.)

Lo que asusta es que este tipo de rumores tiene una manera de establecerse en la conciencia popular. Justo cuando la temporada electoral comenzaba a caldearse durante este año, Newsweek publicó una lista de “Cosas estúpidas que los estadounidenses creen”. Aunque algunas son locuras comunes y corrientes, una cantidad sorprendente son mentiras que fueron transmitidas a los estadounidenses por nuestros dirigentes de la extrema derecha. Esto demuestra que mentiras propagadas por los medios se arraigan fácilmente en la memoria colectiva si no son contrarrestadas rápida y de forma segura. La lista de Newsweek incluía las siguientes 12 estadísticas tomadas de sondeos y encuestas recientes y semi-recientes. La primera mitad se relaciona directamente con la difusión de rumores por la derecha.

· Casi un quinto de los estadounidenses piensa que Obama es musulmán. Gracias, Fox News, por actuar como si fuera asunto de opinión, no un hecho.

· Un 25% de los estadounidenses no creen en la teoría de la evolución de Darwin, y menos de un 40% creen en ella. Hay que considerar el hecho de que varios de nuestros funcionarios recientemente elegidos, específicamente el recién elegido gobernador de Kansas Sam Brownback, comparten esa creencia.

· Antes este año, casi un 40% de los estadounidenses todavía creían que la mentira apoyada por Sarah Palin sobre los “paneles de la muerte” estaba incluida en la reforma del sistema de salud.

· Hace sólo unos pocos años, cerca de la mitad de los estadounidenses todavía sospechaban una conexión entre Sadam Hussein y los ataques del 11-S, una mentira que fue reforzada por el propio Dick Cheney.

· Aunque una buena cantidad de este desconocimiento demostrable mejora a medida que los encuestados son más jóvenes, todo no anda bien entre los de menos de 30 años. Una mayoría de “jóvenes estadounidenses” no pueden identificar Irak o Afganistán –los sitios en los que combaten y mueren sus pares– en un mapa.

· Dos de cada cinco estadounidenses, a pesar de que la separación total de la iglesia y del Estado es un fundamento de nuestra democracia, piensan que debería permitirse que los maestros dirijan las oraciones en las salas de clase. Por lo tanto parece que esos derechistas que claman para que se derribe el muro entre la iglesia y el Estado no son los únicos que desconocen sus principios constitucionales.

· Muchos estadounidenses todavía creen en la brujería, percepción extrasensorial y otros fenómenos sobrenaturales. ¿Explica por qué Christine O’Donnell negó tan rápidamente sus “escarceos”?

· Hablando de creencias religiosas anticuadas, hace cerca de una década, un 20% de los estadounidenses todavía creían que el sol gira alrededor de la tierra. Es una lástima, considerando que hasta el Vaticano dejó salir del atolladero a Galileo, por tener razón.

· Sólo cerca de la mitad de los estadounidenses se dan cuenta que el judaísmo es la más antigua de las tres religiones monoteístas. Otros ejemplos de extremos malentendidos sobre la religión y la separación de la iglesia y del Estado se encuentran en la encuesta de Pew sobre el conocimiento religioso de los estadounidenses.

· Éste tuvo un inmenso impacto cuando apareció. En 2006, más estadounidenses fueron capaces de nombrar a dos de los “siete enanitos” que a dos de los jueces de la Corte Suprema. Y eso fue antes de que aparecieran Kagan y Sotomayor. A decir verdad, es fácil recordar a Feliz y Dormilón.

· Más estadounidenses pueden identificar a Los Tres Chiflados que a los tres poderes del gobierno –ya saben, esos que se disputan por nuestro bienestar.



(*) Sarah Seltzer es redactora de RH Reality Check y escritora independiente radicada en Nueva York.