Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Por una politica activa de unidad comunista

In Actualidad on 30 noviembre, 2010 at 0:01

Juan Rafael Lorenzo
Secretario Político del Comité Nacional del Partido Comunista del Pueblo Canario (PCPC)


Tras 35 años de desarrollo de la lucha de clases en el Estado Español bajo el entramado político postfranquista, el balance es notablemente negativo para los intereses de clase obrera. Ha perdido su proyecto autónomo y su representación política independiente, y, en consecuencia, ha ocupado una posición subordinada, subsidiaria, en la lucha de clases de estos años.

El reformismo carrillista se apoderó del PCE-PCC y lo condujo al revisionismo ideológico, al reformismo político y a la liquidación organizativa. La que se había convertido en organización de vanguardia de la clase obrera y de los pueblos de España en una abnegada y certera lucha durante la II República y combatiendo la dictadura franquista, bajo la dirección del grupo liquidacionista encabezado por Carrillo-JC Mauricio se desfiguró y abandonó el proyecto revolucionario, lo que se evidenció, en todo su alcance hacia el futuro, en la década de los setenta. En la estrategia y táctica del momento, ello se tradujo en la sustitución de la política de ruptura democrática por la de consenso con las fuerzas dinámicas del franquismo. Ese cambio tuvo un efecto devastador en el PCE-PCC, en el movimiento sindical y en el movimiento popular, operando con toda intensidad a inicios de los años ochenta, en los que la completa pérdida de iniciativa política deja al descubierto las enormes debilidades acumuladas en los últimos años del franquismo y en la llamada transición, debilidades ideológicas y políticas que, poco a poco, impactan negativamente en la disposición subjetiva para la lucha, en la capacidad organizativa, en el sostenimiento de las estructuras políticas y de masas y en el número de militantes.

Por acotar un período, la década 1968-1978 (abandono del internacionalismo ante las dificultades del poder socialista en Checoslovaquia y apoyo a la Constitución monárquica), en medio de sus vertiginosos cambios políticos, resulta, esa década, decisiva en la desfiguración y abandono del proyecto revolucionario y en la quiebra de la unidad de la corriente comunista mayoritaria, cuyo vínculo común más visible es su defensa de la Unión Soviética. La lucha ideológica desatada dentro y en torno del PCE-PCC ante el avance del rumbo reformista comienza a provocar rupturas que cristalizan en grupos organizados y en el distanciamiento interno de las posiciones eurocomunistas de un número creciente de militantes. Este proceso, a ritmo dispar -en dependencia de la coyuntura política-, no se ha detenido en todo este tiempo. Tuvo su momento álgido en los primeros años ochenta con la organización fuera del PCE-PCC de importantes núcleos comunistas y la constitución del Partido de los Comunistas de Cataluña. Buena parte de toda esta militancia reorganizada procedente del PCE-PCC y PSUC confluye, junto a un número muy estimable de militantes que se desengancha del PCE-PCC atraído por el proyecto marxista-leninista, en el Congreso de Unidad Comunista celebrado en enero de 1984, del que nace el PCPE.

Es, por tanto, un congreso de reagrupamiento de comunistas con experiencia previa de organización de partido, que tienen conciencia de su necesidad imprescindible para que la clase obrera y los sectores populares afronten la lucha de clases con proyecto propio.

Muchos han sido los acontecimientos políticos acaecidos desde entonces, incluyendo terremotos político-ideológicos como la perestroika y el desmantelamiento de la URSS y del campo socialista en simultáneo al ascenso del neoliberalismo y a la expansión mundial del capitalismo. Lo uno y lo otro arrojan una derrota histórica del proyecto comunista del siglo XX. Ello, como no puede ser de otra manera, ha influido grandemente en las perspectivas del proyecto comunista en España, ya atravesado previamente por la crisis del eurocomunismo.

El proceso de recuperación impulsado por el Congreso de 1984 no se consolida. Al contrario, sufre paulatinos retrocesos insertos en la derrota política interna y en la derrota general en la lucha de clases internacional. Ambas producen el alejamiento militante de innumerables comunistas y redobladas dificultades para la incorporación de nueva militancia, situación que, en el PCPE, es frenada y comienza a remontarse tras el Congreso extraordinario de noviembre de 2002.

Al calor del avivamiento de la contestación social al capitalismo -movimiento antiglobalización, resistencia a la guerra imperialista, recuperación de prácticas de sindicalismo de clase, solidaridad internacionalista, luchas locales- y de las relecturas de las experiencias española y mundial del movimiento comunista, se reaniman y fraguan nuevos destacamentos de comunistas, que, por su propia reflexión e impulsados por las necesidades de la lucha, se sitúan en unos parámetros teóricos y un andamiaje ideológico coincidentes (o en proceso de coincidencia) con los análisis y elaboraciones que también ha ido madurando el PCPE-PCPC.

Quizá haya llegado un nuevo momento en el que, en simultáneo con la tarea principal de hacer crecer la influencia del PCPE-PCPC entre la clase obrera y de aumentar sus filas con las nuevas luchadoras y los nuevos luchadores de más combatividad en el ámbito sindical y de la lucha social, el objetivo de unificar en un solo partido a las revolucionarias y a los revolucionarios admite iniciativas que vendrían a operar en terreno preparado para que fructifiquen. El IX Congreso del PCPE es un buen marco para conocer las realidades que, a estos efectos, se dan en cada territorio y para, en función de ello, abrir una expectativa que sitúe el avance hacia la unidad comunista como objetivo político del próximo período.

El PCPE-PCPC está en condiciones de ser un factor dinamizador y aglutinante de ese proceso, con la vista puesta en el interés superior de la clase obrera de dotarse de un partido comunista capacitado para catalizar y multiplicar toda la lucha revolucionaria y toda la creación de vanguardia hacia la victoria del socialismo y del comunismo.


Guerra cibernética made in USA

In Actualidad on 30 noviembre, 2010 at 0:00

Omar Pérez Salomón


El periódico estadounidense The Washington Post reveló hace unos días lo que todos sabemos; la concepción de la llamada ciberguerra enunciada por Estados Unidos, tiene un carácter eminentemente ofensivo.

Según este medio de prensa, el general Keith B. Alexander, jefe del Cibercomando del Pentágono, dijo en junio en un discurso en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales que el Cibercomando “debe reclutar, formar, capacitar a un grupo de expertos en cibernética que se dedicarán a intervenir redes electrónicas, esfuerzo que se llevará a cabo sin problemas de interoperabilidad… Ellos operarán en todo el espectro de operaciones de red.

Y en agosto en una convención cibernética el mismo Alexander aseveró: “Tenemos que tener capacidad ofensiva, en tiempo real, que corte el acceso a cualquiera que esté tratando de atacarnos”.

En la década de los 90 del siglo pasado se producen un gran número de estudios por institutos de investigación y “tanques pensantes” de los Estados Unidos sobre la viabilidad de llevar las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) al campo de batalla; sin embargo, con el advenimiento de la administración de George W. Bush y los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, estas concepciones reciben un gran impulso al declarar el entonces Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, que “Internet es el nuevo escenario de la guerra contra el terror”.

Habría que recordar que para el país del norte, organizaciones terroristas y países que patrocinan el terrorismo son aquellos que no se someten a sus designios.

En febrero de 2006, el Departamento de Estado, encabezado por Condoleezza Rice, crea el Grupo de Tarea para la Libertad Global de la Red que debía concentrarse en monitorear especialmente a China, Irán y Cuba, y en julio del siguiente año se hace pública la decisión del presidente Bush de crear un cuarto ejército en el país, el del ciberespacio, que estaría radicado en la base de la fuerza Aérea de Barksdale en Louisiana, con la misión de mantener la ventaja competitiva de las fuerzas armadas estadounidenses en un nuevo teatro de las operaciones militares.

La Administración Obama crea la figura del Ciberzar, para lo cual designó a un funcionario del gobierno de W. Bush, Howard Schmidt, con amplia experiencia en el campo de la seguridad y las TIC, tanto en el sector privado como en las agencias de inteligencia. Las funciones de este cargo están relacionadas con la coordinación de los esfuerzos gubernamentales para mejorar la ciberseguridad nacional en el ámbito militar y civil; en mayo del 2009 se presenta nuevamente la creación del cibercomando, para cuya dirección se eligió al General Keith Alexander, Director de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), que se calcula que ya cuenta con unos 90 000 efectivos, 7 millones de ordenadores y 15 mil redes informáticas en varios países, y está activo desde el 1 de octubre del 2009 con la misión de desarrollar acciones ofensivas de ciberguerra.

Resulta llamativo que dos días antes del ataque terrorista a las torres gemelas en New York, el 9 de febrero de 2001, Cuba se convierte en el primer Estado acusado de planear ataques cibernéticos contra Estados Unidos, cuando en la audiencia del Comité selecto del Senado sobre Inteligencia, que trató el tema de “la amenaza mundial”, el entonces director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, Almirante Thomas R. Wilson, identificó a la Mayor de las Antillas como un posible país “ciberatacante”.

A partir del año 2007 se desata una campaña que dura hasta nuestros días, que acusa a Rusia, China, Irán, Corea del Norte y Cuba, por ataques o penetración de redes en Estados Unidos, Corea del Sur, Israel, Estonia, Georgia y otros países.

La Unión Europea no se ha quedado rezagada y estableció en 2004 la Agencia Europea de Seguridad de las Redes y de la Información (ENISA), una organización dedicada a ofrecer apoyo científico y tecnológico para prevenir los ciber ataques y ayudar a los países miembros a elaborar una legislación al respecto.

Por su parte Israel, ha reclutado a cientos de genios de la informática para el Departamento dedicado a la guerra cibernética. Según la Agencia Judía de Noticias, el jefe de la Agencia de Seguridad de Israel, Yuval Diskin advirtió que la guerra cibernética es la principal amenaza de Israel, y que los terroristas de Al Qaeda utilizan las salas de chat en Internet para adoctrinar a los nuevos operativos y les enseñan la manera de perpetrar atentados.

En el complejo escenario descrito, los países del “eje del mal” o aquellos que se oponen a la política injerencista y guerrerista de Washington, deberán tener en cuenta las acciones de guerra cibernética provenientes de Estados Unidos y sus aliados imperialistas, que tienen un carácter ofensivo, dirigido a destruir las redes con infraestructura crítica en sectores claves como la Banca, Energía, Información, Telecomunicaciones, Hidráulico y Transporte. En este enmarañado contexto no cabe la ingenuidad.