Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Cuba, tiempos de cambio

In Actualidad on 1 diciembre, 2010 at 0:01

Atilio Borón


En Cuba se está generando un gran debate sobre el futuro económico de la Isla. Entre los cubanos se ha hecho carne la convicción de que el actual ordenamiento económico, inspirado en el modelo soviético de planificación ultra-centralizada, se encuentra agotado. Tal como lo advirtieron Fidel y Raúl, su permanencia pone en entredicho la supervivencia misma de la revolución. Si se la quiere salvar será preciso abandonar un esquema de gestión macroeconómica que, a todas luces, ya pasó a mejor vida.

La experiencia histórica ha enseñado que la irracionalidad y el derroche de los mercados pueden reaparecer en una economía totalmente controlada por planificadores estatales, los que no están a salvo de cometer gruesos errores que producen irracionalidades y derroches que afectan al bienestar de la población. Ejemplos: en un país con un déficit habitacional tan grave como Cuba el ente estatal a cargo de las construcciones registra 8.000 albañiles y 12.000 personas dedicadas a la seguridad y a custodiar los depósitos de las empresas constructoras del estado. O que los informes oficiales del gobierno consignen que el 50 % de la superficie agrícola de la isla está sin cultivar, en un país que debe importar entre el 70 y el 80 % de los alimentos que consume. O que casi la tercera parte de la cosecha se pierda debido a problemas de coordinación entre los productores (sean éstos organismos estatales, cooperativas agrícolas o empresas de otro tipo), las empresas de almacenaje y acopio y los servicios estatales de transporte que deben llevar la cosecha hasta los grandes centros de consumo. O que actividades tales como la peluquería y los salones de belleza sean empresas estatales -¿en qué página de El Capital recomendó Marx tal cosa?- en las cuales los trabajadores reciben todos los implementos y materiales para realizar su labor y cobran un sueldo, pese a lo cual cobran a sus clientes diez veces más que el precio oficialmente establecido, fijado décadas atrás, y sin pagar un centavo de impuestos.

Estos son unos pocos ejemplos que conversando con los amigos cubanos se multiplican ad infinitum. Pero plantean una cuestión de importancia práctica y también teórica: el proyecto socialista, ¿se realiza al lograrse la total estatización de la economía? La respuesta es un terminante NO. Si en la Unión Soviética (que sólo tuvo como precursora a la heroica Comuna de París) las condiciones específicas de su tiempo no le dejaron otra alternativa que fomentar la estatización integral de la economía, nada indica que en las condiciones actuales se deba obrar de la misma manera. Tal como con perspicacia lo anotara Rosa Luxemburgo a propósito precisamente del caso soviético, no hay razón alguna para hacer de necesidad virtud. Y si la estatización total y la planificación ultracentralizada pudo haber sido necesaria -y aún virtuosa- en su momento, al hacer posible que en un lapso de cuarenta años Rusia, el país más atrasado de Europa, pudiera derrotar al ejército Nazi y tomar la delantera en la carrera espacial, hoy ya no lo es. Dicho en términos del marxismo clásico, el desarrollo de las fuerzas productivas decretó la obsolescencia de formas e intervenciones estatales que siendo eficaces en el pasado ya no tienen posibilidad alguna de controlar la dinámica de los procesos productivos contemporáneos, decisivamente modelados por la tercera revolución industrial.

Cuba se interna en un proceso de cambios y de actualización del socialismo. Los primeros borradores del proyecto, un documento de una veintena de páginas aparecido como suplemento especial del Granma y Juventud Rebelde, fue distribuido masivamente en la población. Se tiraron 500.000 ejemplares que fueron inmediatamente adquiridos por la población, invitada reiteradamente a leerlo, discutirlo y hacer llegar sus propuestas. Van a hacer otra gigantesca tirada más, porque el ansia de participación es enorme. El documento será examinado críticamente por todas las organizaciones sociales, sin distinción alguna: desde el Partido Comunista hasta los sindicatos y el enjambre de asociaciones de todo tipo que existen en la isla. Por eso se equivocan quienes se ilusionan con que la introducción de las reformas de inicio a un indecoroso -¡y suicida!- retorno al capitalismo. Nada de eso: lo que se intentará hacer es nada más y nada menos que llevar adelante reformas socialistas que potencien el control social, es decir, el control popular de los procesos de producción y distribución de la riqueza. El socialismo, correctamente entendido, es la socialización de la economía y del poder, más no su estatización. Pero para socializar es necesario primero producir, pues en caso contrario no habrá nada que socializar. Por lo tanto, se trata de reformas que profundizarán el socialismo, y que no tienen absolutamente nada que ver con las que plagaron América Latina desde los años ochentas.

Va de suyo que el camino a recorrer por la Revolución Cubana no será nada fácil y se encuentra erizado de peligros. A las dificultades propias de toda transición se le agregan los derivados del infame bloqueo impuesto por Estados Unidos (y mantenido por el Premio Nóbel de la Paz Barack Obama), el permanente bombardeo mediático y las presiones a que se ve sometida la isla procurarán por todos los medios hacer que las reformas socialistas degeneren en una reforma económica capitalista. El quid de la cuestión está en la brújula política, la orientación que tendrán estos procesos de cambio. Y el pueblo y el gobierno cubanos disponen de una muy buena brújula, probada por más de medio siglo, y saben muy bien que es lo que deben hacer para salvar al socialismo de las mortales amenazas que le plantea el agotamiento de su actual modelo económico. Y saben también que si hay algo que liquidaría las conquistas históricas de la revolución, que las barrería de un plumazo, sería la re-mercantilización de sus derechos y su conversión en mercancías. Es decir, la reintroducción del capitalismo. Y nadie quiere que tal cosa ocurra.



Artículo relacionado:

Mercado capitalista y mercado socialista

Proyecto de Lineamientos de la política económica y social. Documento congresual del Partido Comunista de Cuba.


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Sombrías perspectivas para las trabajadoras y los trabajadores canarios si no se articula la respuesta popular

In Actualidad, Comunicado on 1 diciembre, 2010 at 0:00

Consejo Nacional de
Unidad del Pueblo (UP)


Los efectos de la crisis económica siguen imparables y las políticas de mayor dureza capitalista campan a sus anchas y ponen a nuestro pueblo en una situación bastante desesperada, sobre todo si no hay una respuesta popular mucho más contundente que la realizada hasta el momento.

A pesar de que se pretende minimizar, cuando no ocultar, la gravedad de la crisis actual, la realidad es implacable.

Los indicadores son funestos. El Estado reconoce en nuestro país más de 310.000 parados, a los que habría que añadir otras 80.000 personas que forman parte de la población activa y que no están dadas de alta en la Seguridad Social. Están “desaparecidas” en los maquillajes que se dan en las cifras oficiales, que intentan ocultar a toda costa que el paro en Canarias supera ya el 30%.

Desde Unidad del Pueblo, lo hemos explicado cada vez que se dan las cifras oficiales: el INEM/SCE no contabiliza a las trabajadoras y trabajadores en paro que hayan trabajado una semana en los últimos doce meses. Ni a aquellos a los que ha obligado a hacer un “curso de formación” para engordar las arcas de los sindicatos del régimen y la patronal. Lógicamente, tampoco contabilizan a las personas que no esperan recibir prestación alguna y han desistido de ir a firmar la cartilla del paro.

Sumemos a eso unos salarios en Canarias inferiores en un 17% a los de la media del Estado y una jornada laboral un 8% más larga. Si además contamos con la cesta de la compra más cara del Estado, se entiende que más del 79% de las familias canarias no llegue a final de mes.

Según reconoce el propio estado, a través del INE, un 30% de la población canaria está bajo el umbral de la pobreza. Las situaciones de hambre se multiplican. Mucha gente hace sólo una comida al día. Muchas de nuestras niñas y niños van a clase sin haber podido desayunar. De hecho, en muchos casos el comedor escolar les permite la única comida caliente al día, así no es de extrañar que el fracaso escolar alcance al 38%.

Y eso en un país en el que un puñado de capitalistas se han llevado más de 25.000 millones de euros gracias al mecanismo de evasión legalizada de impuesto que ha supuesto la Reserva de Inversiones para Canarias (R.I.C.) auténtico mascaron de proa de las políticas neoliberales aplicadas en Canarias. Por no hablar de los miles de millones regalados mediante el Régimen Específico de Abastecimiento (R.E.A.) que subvenciona escandalosamente a los importadores en detrimento de nuestros agricultores y ganaderos.

La casi totalidad de los productos de primera necesidad nos viene de fuera. Estamos totalmente vendidos a las fluctuaciones de los mercados alimentarios internaciones y las subidas de los combustibles.

Mientras la Educación Pública se deteriora cada vez más, con aulas atestadas y profesores mal pagados, la Sanidad Pública se colapsa en beneficio de los conciertos y chanchullos con las empresas sanitarias privadas.

El hambre, las penurias y la desesperanza comienzan a marcar la vida de centenares de miles de canarias y canarios. La acelerada caída del consumo ha hecho mella en miles de trabajadores autónomos y pequeños y medianos empresarios, que ven como, además las corporaciones bancarias siguen apretando el lazo alrededor de su cuello.

No somos pesimistas, esta es la realidad pura y dura, donde nos enfrentamos a una situación gravísima, pero al mismo tiempo esperanzadora, donde debemos volcar toda la energía revolucionaria, la creatividad combativa y la esperanza popular, articulando una respuesta popular contundente y organizada.

Al servicio de esa lucha, de esa necesidad, trabajamos modestamente día a día desde Unidad del Pueblo, porque no nos resignamos, no nos rendimos.

Unir, organizar, avanzar, hacia una Canarias Libre y Socialista