Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Ensayo general (militar, por supuesto)

In Actualidad, Laboral, Represión on 5 diciembre, 2010 at 0:01

Teodoro Santana

 
 

No, si la jugada ha estado bien pensada. Acorralado por la crisis económica, por la quiebra real de los bancos españoles, cada día más difícil de disimular, por el Banco Central Europeo que se niega a comprar deuda española, por los papeles de Wikileaks que le desenmascara como un gobierno títere y servil con una potencia extranjera (y, de paso, desenmascara el circo de la “justicia” y de la “democracia” en España), acosado por una monarquía marroquí que lo tiene cogido por Ceuta y Melilla, con unas previsiones electorales catastróficas, el gobierno de Zapatero tenía que dar un golpe de efecto.

Y vaya que sí dio el “golpe”. El mismo viernes que se iniciaba el puente más largo del año, va y no sólo privatiza los aeropuertos, sino que incrementa unilateralmente la jornada laboral de un colectivo, los controladores, a los que previamente se ha estigmatizado por cobrar altos sueldos. Hasta las horas sindicales son eliminadas. Y eso que ya le habían reducido un tercio sus salarios. La cosa está tan pensada, que en el mismo decreto ya se preveía su militarización. Y los controladores, como era previsible, cayeron en la provocación.

Da igual que sus altos sueldos (por los que, con el impagable auxilio de la prensa capitalista, se les había convertido en auténticos engendros de Satanás) se los pague un gobierno que no ha querido solucionar el libre acceso a la profesión. Da igual que se salte de forma unilateral lo pactado pocos meses antes. La furia justiciera del “mano dura” es jaleada para regocijo de quienes ven mejorada así su imagen electoral y consiguen dar la sensación de “firmeza”.

Ya se sabe: “el gobierno no va a ceder al chantaje”. Al chantaje de los controladores, se entiende. Al chantaje de EEUU, al chantaje de los dueños de los bancos (alias “los mercados”), al chantaje de los grandes monopolios, a esos sí que se cede, incluso con entusiasmo. Los 250.000 pasajeros de avión deben ser defendidos a toda costa. Militarización, Estado de Alarma, trabajos forzados vigilados por la autoridad militar y por la guardia civil, despidos, cárcel, lo que sea.

En cambio los cinco millones de parados no tienen quién los defiendan. Ni el medio millón de ellos a los que se quita la miseria última de los 426 euros. Y que se anden con ojo si no quieren que, encima, se les aplique el Código Penal Militar. Vuelven los tiempos del ordeno y mando. Se acabaron las “mariconadas”, que la cosa se va a poner cada vez más fea y lo mismo a los desgraciados les da por subírsenos a las barbas.

Hasta el momento les va saliendo bien. Bien electoralmente y estupendamente como entrenamiento para el futuro. Apoyo general a la militarización de huelguistas, incluido el del sector “progre”. Y el de los sindicatos reformistas mayoritarios. El ensayo es todo un éxito. Y claro, todo huelguista en un “servicio público esencial” (y qué sector de la economía no lo es) militarizado si se atreve a resollar porque le amplíen la jornada, le bajen el sueldo o le hagan cualquier otra perrería. Prietas las filas, recias, marciales, que aquí lo que hace falta es trabajar más y cobrar menos. Se acabó la fiesta, que la que se barrunta es tremenda.

¡Derecha, derecha, derecha! ¡De frente, marchen!


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¿Qué hacer?

In Opinión on 5 diciembre, 2010 at 0:00

Vicente Quintana
Secretario de Organización de
Unidad del Pueblo

Está pasando, el capitalismo se desmorona, los estrategas del sistema ya no saben cómo explicar el alcance de lo que ellos siguen empeñados en denominar “crisis”.

Desde 1929 el capitalismo entra en una espiral que reproduce una vez y otra su propio fracaso, cada vez el ciclo se reduce en el tiempo, de manera que el desarrollo capitalista representa ese periodo de tiempo que transcurre entre crisis y crisis.

Es importante que distingamos entre la causa y el efecto; el efecto nos presenta una situación económica que se degrada a gran velocidad y crea situaciones de enorme gravedad, fundamentalmente entre las capas más débiles de la sociedad.

Los efectos son sin duda alguna el aspecto más llamativo, la expresión más espectacular y también es el único aspecto que los gobiernos, patronales e ideólogos del sistema están dispuestos a admitir y a presentar como el auténtico problema, huyen despavoridos del análisis real, de la raíz o sea del análisis de la causa.

Es aquí en la causa, donde se acumulan los fracasos del capitalismo. Concebido este, como la depredación completa y sistemática de la riqueza, el apoderamiento del trabajo productivo y la especulación con la vida de millones de seres humanos.

Los enemigos de la clase trabajadora, tanto el aparato burgués, como el izquierdismo diletante tratan de presentar los efectos, como el enemigo a batir, como si realmente fueran estos el origen de todos los males, tratando de confundir a los trabajadores y al conjunto de los pueblos y tratando de distorsionar el objetivo de la lucha.

Los militantes de izquierda debemos ser intransigentes, la lucha es decididamente contra la causa y en el centro de esa causa se sitúa la principal contradicción: la explotación del hombre por el hombre.

Nos enfrentamos a una situación gravísima, pero al mismo tiempo esperanzadora, y en este tiempo debemos permanecer atentos, el capitalismo se tambalea, pero no caerá por si solo, el socialismo quiere nacer, pero no nacerá por si solo, es ahí donde entra en juego la organización del pueblo trabajador, es ahí donde todos y todas debemos volcar la energía revolucionaria disponible, la creatividad combativa y la esperanza popular.

Para que lo viejo termine de morir y lo nuevo empiece a nacer, no solo debemos preguntarnos ¿qué hacer?, sino ¿qué estamos dispuestos a hacer?



[Fuente: Magec.info]