Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Cuba y los nuevos rumbos de la Revolución Socialista

In Actualidad, Comunicado on 9 diciembre, 2010 at 0:01

Comité Central del
Partido Comunista Brasileño (PCB)


El conjunto de medidas anunciadas por el gobierno socialista de Cuba provocó innumerables reacciones en el resto del mundo. Como era de esperar, los grandes medios de comunicación burgueses alardean del fin del socialismo en la Isla, al tiempo que en el seno de la izquierda los debates están abiertos. Existe quien vea en el episodio el camino chino de apertura para el capital y de reestablecimiento de la propiedad privada, pero existen los que confían en la defensa hecha por el gobierno cubano de que los cambios son necesarios e impostergables, buscando tornar más eficiente y productiva la economía y hacer avanzar el proceso socialista, consolidando las conquistas alcanzadas en 51 años de revolución.

Entre las medidas anunciadas, la que provocó mayor repercusión fue el anuncio de la reducción de cerca de medio millón de trabajadores del sector estatal y su transferencia a otras formas de producción, como las cooperativas y el trabajo autónomo. De acuerdo con las explicaciones del gobierno de Cuba, corroboradas por la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), el Estado no tiene que continuar manteniendo empresas y entidades ligadas a la producción y a servicios con un gran contingente de trabajadores que se dedican a actividades improductivas. Esta realidad, que es consecuencia de la garantía constitucional de pleno empleo en Cuba, gran conquista del proceso revolucionario, así como el acceso de todos los ciudadanos a las oportunidades económicas y a los derechos sociales universales, enfrenta hoy el hecho cruel de que la crisis mundial del capitalismo trae también efectos corrosivos a la economía cubana. A eso se asocia la manutención del criminal bloqueo impuesto por los EEUU, que, además de económico, es político, diplomático y cultural.

Esa es la primera vez en la historia que Cuba enfrenta sola las repercusiones de una gran crisis económica mundial. Hasta el inicio de la década de 1990, la Isla Socialista aún podía contar con la ayuda solidaria y generosa de la Unión Soviética, que compraba gran parte de la producción de azúcar y permitía que Cuba se abasteciera de los bienes materiales necesarios a la manutención de su población, a precios solidarios, como el petróleo y hasta los mismos alimentos, adquiridos por medio de una extensa pauta de importaciones. Esta política ha traído, entretanto, consecuencias dañinas a la economía cubana, que hoy, más que nunca, necesita acelerar el proceso de sustitución de las importaciones, pues prácticamente todos los alimentos son importados. La dependencia en relación a la industria azucarera hizo que, en los años 60 y 70, grandes extensiones del campo fueran ocupadas para la producción de azúcar, reduciendo enormemente el espacio de la pecuaria y de los cultivos alimenticios.

En la década de 1990, después de la caída de la URSS, de una hora para otra, Cuba se quedó sin socios comerciales y sin referencias políticas e ideológicas internacionales. La debacle de la URSS, a final de 1991, exigió de Cuba la creación del “período especial”, toda vez que el 80% de su comercio era con el Este Europeo: URSS, Alemania Oriental y Checoslovaquia. La Rusia de Yeltsin cortó los acuerdos comerciales, comenzando por el petróleo, lo que prácticamente paralizó el proceso económico de Cuba, infringiendo a su población apagones de 14 horas, paralización de la industria, carencia de productos en todos los sectores, llevando, incluso, a la izquierda mundial a poner en duda la capacidad de resistencia y movilización de los cubanos para preservar el socialismo en la Isla.

Pero la política de ajustes internos, promovida con sacrificios extremos de la población y garantizada por medio del consenso político entre pueblo y gobierno (expresado en la consulta popular realizada por la Asamblea Nacional del Poder Popular en 1993), logró dar continuidad al proyecto de construcción del socialismo, manteniendo las conquistas sociales de la revolución.

El inicio del siglo XXI representó un período de descentralización de las decisiones y de reformas económicas. A partir de 2004, hubo grandes inversiones en el sistema productivo nacional y en el sistema de distribución de alimentos. De gran productor de azúcar y altamente dependiente del petróleo, el país pasó a invertir y obtener divisas del turismo, de la biotecnología y de los servicios médicos, además del níquel, tabaco y ron, entre otros. Según estadísticas de la Asociación Nacional de Economistas de Cuba, en 2008 el níquel suponía el 39% de las exportaciones; medicamentos y biotecnología el 9%; azúcar y derivados el 6%; tabaco el 6%. El país posee la 3ª reserva mundial de níquel y el 10% de la producción internacional de cobalto. En el sector de servicios, además del turismo, la avanzada medicina cubana garantiza gran parte del aporte de recursos: solamente el convenio con Venezuela, promoviendo el intercambio de petróleo por servicios médicos, es responsable de la inyección de 10.000 millones de dólares en la economía cubana. De los 70.000 médicos graduados en Cuba, 36.000 trabajan hoy en misiones internacionalistas.

Pero las relaciones comerciales estrechadas en los últimos años con Venezuela, Brasil, China, Corea del Norte, Canadá y algunos países europeos, no son suficientes para superar los desequilibrios causados en la balanza comercial. La actual crisis mundial ha hecho crecer mucho el costo de las importaciones. En el año de 2008, las importaciones cubanas crecieron 43%. La industria azucarera ya venía verificando una disminución en su producción (-9,2%) de 2003 a 2009, y Cuba llegó a tener que importar azúcar el año pasado.

Para agravar aún más los problemas económicos de la Isla, en el año de 2008, tres huracanes pasaron por Cuba. Las lluvias torrenciales y los vientos con velocidades nunca vistas; destruyeron hasta un 80% de las plantaciones de diversos productos alimenticios en varias provincias; derribaron la red eléctrica en gran parte del país; volaron los tejados y derrumbaron cerca de 470.000 edificaciones, incluyendo escuelas y hospitales; inundaron y/o destruyeron maquinarias de fábricas; desbastaron el 80% de las plantaciones de hoja de humo, materia prima de los famosos puros (o habanos) cubanos. Fueron también destruidas 4 facultades de medicina recién construidas en la Isla de la Juventud como extensiones de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), que acababa de recibir 400 estudiantes (siendo 300 brasileños y otros 100 ecuatorianos y argentinos, que fueron a estudiar a Cuba de forma totalmente gratuita). La destrucción de las edificaciones, equipos y laboratorios de tecnología punta obligó al traslado de los estudiantes a otras facultades de medicina del país.

Los graves problemas enfrentados imponen la necesidad de una rigurosa planificación económica y de un incentivo permanente a la producción, tanto para el mercado interno (buscando sustituir importaciones, principalmente alimentos como el arroz), así como para la exportación (buscando ampliar la entrada de divisas). Para eso es preciso aumentar la productividad del trabajo. Hay un gran esfuerzo del Estado en garantizar mejores condiciones a los campesinos para producir, con estímulos, como la distribución de tierras, la formación de cooperativas y la posibilidad de comercialización del excedente. Algunos buenos resultados ya fueron obtenidos en la producción de leche, carne y arroz, según informaciones de la Asociación de Economistas. La producción agrícola expresa una de las grandes contradicciones del proceso de la construcción socialista en Cuba: precisamente porque los cubanos tienen oportunidades iguales, existen tierras ociosas en el país, pues muchos prefieren dirigirse a las ciudades para obtener un título universitario. El 50% de las tierras cultivables no están explotadas, lo que obliga el Estado cubano a invertir aproximadamente 1.500 millones de dólares anuales en la alimentación de su pueblo, gastados principalmente en la importación de alimentos.

Hay también esfuerzos en la dirección del desarrollo de la industria cubana, por medio de proyectos asociados al ALBA, como la refinería de petróleo en Cienfuegos (convenio con PDVSA), en el área de la petroquímica, química fina y derivados del petróleo, en la producción de hierro y níquel. Buscando la superación de la enorme dependencia del petróleo, se está buscando avanzar en la producción alternativa de energía: hidroeléctrica, eólica, solar y principalmente la obtenida a partir de los residuos de azúcar y caña (biocombustible), para abastecer las localidades donde están instaladas las plantas.

Está en marcha el proyecto de la Zona de desarrollo del Este, con la construcción de una gran terminal de contenedores y de una vía férrea para el transporte de productos atravesando el territorio cubano, lo que representará una economía de 48 horas con respecto al transporte marítimo realizado por el Canal de Panamá. Tales proyectos cuentan con gobiernos y empresas extranjeras, y es difícil, en este momento, depender de un gran compromiso con el capital externo, y lo que eso puede representar de riesgo al proceso de construcción del socialismo.

Las medidas anunciadas objetivando la transferencia de trabajadores de los sectores estatales para las actividades no estatales forman parte den la estrategia de reducir el trabajo no productivo, ligado a funciones que nada aportan de verdaderamente útil a la economía nacional y a la atención de las necesidades básicas de la población. No se trata de trabajo improductivo en el sentido del capital, sino improductivo en sí mismo para la sociedad socialista. Se calcula que tres trabajadores hacen el trabajo de uno en la esfera burocrática estatal. Contrariamente a lo que se practica en las economías capitalistas en momentos de crisis, cuando sencillamente tiran a la calle y dejan sin empleo a millones de trabajadores, que después pasan a ser subaprovechados en otras ocupaciones, el gobierno cubano busca promover una reorientación laboral de los trabajadores que hoy ocupan funciones improductivas en el Estado.

Están proyectadas nuevas formas de relación de trabajo no estatal, entre ellas las cooperativas y el trabajo por cuenta propia. Este podrá ser realizado en 178 actividades, de las cuales en 83 será permitida la contratación de fuerza de trabajo sin necesidad de que sean familiares del titular de la actividad.

Según el camarada Raúl Castro, la reubicación de los trabajadores no afectará a los servicios estratégicos que representan las grandes conquistas sociales de la revolución. Fueron establecidos criterios muy claros para las reubicaciones, las cuales ocurrirán solo en los sectores donde la maquinaria estatal está hinchada y es inoperante e ineficiente. El criterio principal para el mantenimiento de los trabajadores en las funciones públicas y entidades mantenidas por el Estado será el principio de idoneidad demostrada, evitando cualquier manifestación de favoritismo personal, de discriminación de género o de cualquier otro tipo. El gobierno garantiza que nadie estará abandonado a su propia suerte, y aquellos que se sienten amenazados y perjudicados por la aplicación de las medidas contarán con el apoyo del Estado, de la CTC y de los sindicatos, evaluando la situación y proponiendo soluciones, de acuerdo con las posibilidades existentes.

Lo que se vislumbra es, en primer lugar, la necesidad presente de direccionar las inversiones estatales a áreas más productivas y para que estas se vuelvan cada vez más productivas. Al mismo tiempo, se pretende acabar con factores como la doble circulación monetaria, la economía informal, la burocracia, el paternalismo del Estado y la corrupción.

La mayor parte de las medidas ya había sido apuntada en el V Congreso del Partido Comunista de Cuba, realizado en 1997, tales como el reordenamiento de la economía de modo que aumentara la producción y la productividad y, así, invertir la tendencia negativa de la balanza comercial; la liberación de recursos para aumentar el nivel de vida de los cubanos, aplicando el principio socialista de “a cada cual según su trabajo”; la reubicación de fuerza de trabajo disponible, combatiendo el sobredimensionamiento de ciertos sectores y canalizando el trabajo a las áreas productivas fundamentales, como la agricultura, la construcción civil y la industria, pero también supliendo las necesidades en área de conquistas esenciales de la revolución, como la salud y la educación. La consigna es simplificar, eliminar gastos desnecesarios y hacer más eficientes todas las estructuras económicas, políticas y administrativas.

Entretanto, no se puede negar que los cambios provocan aprensión entre los comunistas de todo el mundo, que temen el arriesgado camino del estimulo a la iniciativa privada, tal como se diseña, al prever, por ejemplo, que 83 actividades puedan contratar fuerza de trabajo. El peligro aún mayor sería el de dejar la puerta abierta para la inclusión de incentivos a la inversión extranjera y privada volcada al comercio exterior. Esperamos honestamente que no sea el sector privado el gran empleador de esta fuerza de trabajo disponible, lo que, más allá de corroborar la falacia burguesa de que la iniciativa privada es más eficiente que el sector público, indicaría un camino amenazador para el avance de las relaciones socialistas en la isla.

Atendiendo esta posibilidad, el gobierno brasileño ya anunció su disponibilidad para “ayudar” a Cuba en el proceso de reformas, con el estímulo a la formación de pequeños y medianos negocios. Según el canciller Celso Amorin, Brasil tiene una gran experiencia en la promoción del “emprendedurismo”, y Cuba necesitará de este conocimiento para que los 500.000 funcionarios públicos licenciados no caigan en la economía informal. De ahí que el gobierno brasileño este enviando una delegación del SEBRAE a Cuba, para promover cursos de capacitación de “emprendedurismo”. Esta “ayuda humanitaria” anunciada por el Itamaraty se inserta en la estrategia de expansión de la burguesía monopolista brasileña en el mundo y en especial en Latinoamérica, donde las misiones diplomáticas van siempre acompañadas de grandes empresarios y capitales para inversiones. En Cuba ya operan grandes empresas brasileñas.

Claro está que el proceso de construcción del socialismo en Cuba es extremamente complejo y vive hoy un momento de grandes dificultades. El mayor desafío del pueblo cubano es precisamente mantenerse firme en la decisión de seguir construyendo su experiencia de socialismo, en medio a un mundo en el cual las elaciones capitalistas se expanden cada vez más. Todos sabemos que la revolución socialista es necesariamente internacional, pero los cubanos, pese a todo su comprometimiento internacionalista, comprobado históricamente, no tienen forma de universalizar su experiencia de revolución, lo más que pueden hacer es continuar solidarios con toda forma de lucha anticapitalista y dar el ejemplo de que el socialismo no es una quimera. El desafío se vuelve angustiante cuando es notorio que las nuevas generaciones en Cuba no conocieron el capitalismo y parcelas de la juventud no tienen el mismo compromiso con la revolución que los mayores, que la vivieron directamente. Y si son problemáticas las condiciones materiales para la ampliación de las conquistas sociales logradas por la revolución, la situación se torna aún más compleja.

Las análisis acostumbrados a idealizar situaciones –tales como los que acusan Cuba de falta de democracia, desconociendo o pretendiendo desconocer el sistema político conformado por un poder popular–, no tienen en cuenta las exigencias de la realidad en su totalidad y movimiento. No hay como disociar la superestructura política, ideológica e jurídica de su base económica. Siendo la sociedad socialista una sociedad de transición, donde las cuestiones de antagonismo de clases y contradicciones no están plenamente resueltas, es incuestionable el papel del Estado para la solidificación del proceso socialista. El poder político de la clase trabajadora es construido sobre una base objetiva y en conformidad con las necesidades y posibilidades históricas y coyunturales.

Todo nos indica, por lo tanto, que las medidas adoptadas reflejan las necesidades generadas y por las determinaciones del proceso histórico actual. Rechazamos los análisis que ya dan como cierto e inevitable en Cuba el retroceso al capitalismo, como quieren hacer ver los representantes de la burguesía y del imperialismo, que innumerables veces anunciaron la muerte del socialismo cubano.

De nuestra parte, seguiremos solidarios al Partido Comunista Cubano y al camino revolucionario que los cubanos escogieron y desarrollaron a partir de 1959. El pueblo cubano es quien mejor sabrá decir cómo enfrentar sus problemas y continuará encontrando, con el coraje, la obstinación y la creatividad que les son peculiares, las salidas para el mantenimiento y la profundización de las conquistas obtenidas en el proceso de construcción de la sociedad socialista.

¡VIVA CUBA! ¡VIVA LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA!



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