Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Cuba: camino al Congreso

In Actualidad on 30 diciembre, 2010 at 0:01

Jorge Gómez Barata

Los llamados del presidente Raúl Castro al Partido y la población, incluyendo a cientos de miles de profesionales, investigadores, académicos, expertos y entendidos en diversas ramas y actividades, para que expresen sin inhibiciones ni restricciones sus puntos de vista en torno a los lineamientos que examinara el VI Congreso de la vanguardia política cubana, tal vez no obedezcan sólo al interés por democratizar ese proceso, sino también a la necesidad de allegar nuevas ideas para enriquecer las elaboraciones tácticas y estratégicas en curso.

De las palabras del presidente cubano, también Segundo Secretario del Partido Comunista, constitucionalmente la máxima instancia del poder en Cuba, se desprende la comprensión de que para producir y poner en circulación ideas y propuestas renovadoras, es preciso ejercer cierto género de crítica y autocritica cuyo carácter constructivo no desmiente el hecho de que toda innovación es de alguna manera un reto a lo establecido. De muchas formas el llamado a la pluralidad en el contenido de los debates es una apelación al despliegue de la inteligencia y al talento colectivo que espera más de los más calificados.

Al examinar los lineamientos de la política económica y social, se echa de menos a una exposición lúcida, profunda y breve que aluda a la estrategia y la táctica del proceso revolucionario en su conjunto, dibuje los perfiles de la meta avizorada, ofrezca una visión acerca de las tendencias en el desarrollo de la sociedad cubana y una evaluación de la situación internacional contemporánea.

Aunque sus promotores traten de aplazarlo, las reflexiones en torno a los lineamientos económicos que examinará el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, por su propio peso se desplazan hacia los ámbitos político e ideológico, espacios en los cuales los protagonistas, cubanos comprometidos con el pasado y el futuro de la obra revolucionaria, tratan de dilucidar si se trata de un escape hacía adelante o de un retroceso.

Quien crea que los militantes revolucionarios cubanos asumimos con frivolidad las reformas en curso se equivocan; muchos de los participantes en la elaboración de las decisiones lo hacen con la angustiosa certeza de saber que, a corto plazo, lo que es bueno para el país no lo es para todos los cubanos, especialmente para los más vulnerables. Así ocurre con la disminución de los subsidios estatales, los ajustes en la legislación laboral, la política de empleo, la eliminación de la libreta de abastecimientos, el incremento del trabajo por cuenta propia y otros asuntos.

Lo que hoy se critica como paternalismo estatal fueron originalmente conquistas revolucionarias que aportaron seguridad y bienestar a la familia cubana y trazaron en la práctica el perfil popular del socialismo autóctono, estableciendo excelentes rangos de justicia social; mientras la rectificación que ahora se defiende, no porque en todos los casos sea mejor, sino porque es necesario, implica la restauración de ciertas condiciones laborales, sociales y económicas que los cubanos menores de cincuenta años nunca conocieron y que sus mayores juzgaron indeseables y contra las cuales en su momento lucharon.

No se trata de auspiciar actitudes pesimistas que tiendan a mediatizar, condicionar o paralizar las reformas en curso, sino de promover su integralidad y de lograr que, en lugar de mutilar el socialismo sirvan para perfeccionarlo y hacerlo no sólo económicamente más eficaz, sino globalmente más perfecto. A pesar de las inmensas dificultades y de los problemas objetivos y subjetivos, se perciben oportunidades para, mediante las reformas relanzar el proyecto revolucionario y socialista, cosa que no se alcanza evadiendo el debate sino conduciéndolo.

Tal vez relanzar el proyecto revolucionario y refundar el socialismo requiera ahora no menos talento, audacia y determinación que la exhibida por la vanguardia que asaltó el Moncada, navegó en el Granma, bajo fuego enemigo abrió el II Frente Oriental, y con valor impar, despachó las columnas de Camilo Cienfuegos y Che Guevara primero sobre Las Villas y luego les ordenó tomar la Habana. Quizás como en otros momentos definitorios no queda otra alternativa que asumir grandes riesgos para alcanzar grandes victorias.

La presente coyuntura, hija de circunstancias excepcionales como son: el bloqueo norteamericano, la desaparición del llamado socialismo real y las consecuencias que para el país, la economía nacional, la quiebra de ciertos paradigmas teóricos e ideológicos derivados de una lectura incorrecta del marxismo-leninismo, dieron lugar al período especial, crisis a la cual la Revolución sobrevivió aunque asumiendo costos que ahora deben ser evaluados.

Esas circunstancias legitiman el hecho de que sea el Partido, la entidad política de la Revolución y la dirección histórica quienes encabecen el proceso y adopten las decisiones más trascendentales, lo cual es posible sólo si se asume que las instituciones revolucionarias a la vez que promotoras del cambio, deben ellas mismas cambiar.

Es importante además evitar que, tanto en sentido positivo como negativo, se levanten falsas expectativas, se minimicen o se exageren los riesgos, se sacralicen unas fórmulas o se demonicen otras. El curso que ahora se abre forma parte del proceso revolucionario que, cincuenta años después, con experiencias magnificas y terribles puede evidenciar su madurez formulando una estrategia equilibrada, viable y atractiva.

En cualquier caso la reflexión colectiva iniciada y a la cual ha sido convocada toda la sociedad cubana es joven y seguramente reserva no sólo debates intensos y productivos, sino también opciones para perfeccionar la sociedad y el proceso cubano. Allá nos vemos.


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