Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

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Miles de marroquíes se manifiestan por la democracia

In Actualidad, África on 20 febrero, 2011 at 21:00

Miles de marroquíes se han manifestado este domingo en Rabat, Casablanca, Oujda, Alhucemas, Marraquech -dónde se produjeron enfrentamientos con los antidisturbios-, Tánger, Kenitra y otras ciudades del país, pidiendo reformas democráticas.

La de Rabat fue la marcha más concurrida, con más de diez mil personas. En el abarrotado bulevar Mohamed V, frente al Parlamento, predominaba un ambiente festivo y reivindicativo.

Los manifestantes agitaban banderas marroquíes, entonaron el himno tunecino (en honor a la revolución de ese país) y dirigieronn sus principales críticas contra los consejeros del rey, como Munir Majidi, y contra otras personas cercanas a él, como Fuad Ali El Himma, fundador del monárquico Partido Autenticidad y Modernidad (PAM).

En declaraciones a la prensa, el camarada Mouad El Johri, de la dirección de Vía Democrática, señaló que la participación ha sido satisfactoria “porque no hay que olvidar que es la primera vez que hay manifestaciones en Marruecos con demandas democráticas tan claras y la reclamación de un cambio de Constitución que contemple la separación de poderes“.


Niegan el acceso a documentos del Archivo Histórico a los familiares de fusilados de San Lorenzo por una multa de 500 pesetas que los asesinos impusieron a una de las víctimas

In Actualidad, Represión on 20 febrero, 2011 at 0:02

Plataforma de Familiares de los Fusilados de San Lorenzo


La Plataforma de Familiares de los Fusilados de San Lorenzo nos hemos encontrado con una esperpéntica y tragicómica anécdota en las gestiones para recuperar los restos de parte de nuestros familiares enterrados en una fosa común en el cementerio de Las Palmas, condenados en un Consejo de Guerra, causa 33/1936 y fusilados en el campo de tiro de La Isleta el 29 de marzo de 1939.

Tras dirigirnos al Archivo Histórico Provincial para recabar información del Tribunal de Responsabilidades Políticas sobre dicha causa, se notifica por parte de la funcionaria archivera que hay una multa impagada de 500 pesetas que no ha prescrito y que deben pagar los familiares de los fusilados. Ante nuestra enorme sorpresa le decimos a dicha funcionaria que ese fusilamiento se ejecutó hace 74 años, a lo que contestó que “los delitos contra el estado nunca prescriben”.

Ante esta vergonzosa situación los familiares de los fusilados nos preguntamos como es posible que con una Ley de Memoria Histórica en vigor, se sigan produciendo hechos tan graves y que atentan contra la dignidad y la memoria de los demócratas asesinados por los fascistas en el estado español.

Pedro Medina Sanabria, investigador y recopilador de datos sobre la dictadura franquista afirmó tras comentarle lo sucedido en su blog que “no podemos olvidar que en los anuncios, decretos o resoluciones del Tribunal de Responsabilidades Políticas, figuraba una coletilla que decía “que ni el fallecimiento, ni la ausencia, ni la incomparecencia del presunto responsable detendrá la tramitación y fallo del expediente”. Además se requería a los herederos de la víctima para que presentaran su declaraciones de bienes. Bienes, que en muchos casos, fueron subastados y adjudicados a conspicuos compradores. Así se ejecutó una buena parte de la rapiña franquista en Canarias y en España”.

Pensamos que el fascismo sociológico sigue presente en la administración pública y que está incrustado en los distintos estamentos del estado, dando la impresión de que se tiene miedo y se obstaculiza que se investigue el genocidio franquista para evitar desenmascarar a miles de asesinos y torturadores. Este gravísimo hecho sucedido en el Archivo Provincial de Las Palmas lo viene a demostrar, confirmando como ciertos funcionarios y políticos son presuntos herederos directos de los que llenaron los pozos, cunetas y cementerios de defensores de la democracia y la libertad.

Los familiares de los fusilados no pensamos pagar ninguna multa por asesinar a nuestros padres y abuelos, si lo desean que nos embarguen los bienes o nos metan en la cárcel, pero primero está nuestra dignidad y nuestra defensa de los valores democráticos.

No prescriben las multas pero si prescriben los crímenes, las torturas, las desapariciones y violaciones de derechos humanos en 40 años de dictadura.

No nos pararán.


Mea culpa tardío de los Guardias Rojos

In Actualidad, Historia on 20 febrero, 2011 at 0:01

Liang Ruoqiao


En el verano de 1966 China se vio estremecida por el movimiento de los Guardias Rojos, agrupación surgida al calor de las exhortaciones del presidente Mao Zedong a extirpar cualquier asomo de contrarrevolución. Desde entonces, y por varios de los años que duró la Revolución Cultural (1966-76), estos individuos llevaron la voz cantante en el acontecer socio-político chino, imponiendo a menudo métodos extremos. Hoy, algunos de sus sobrevivientes cargan con remordimientos por los abusos cometidos entonces. Esta es una crónica somera de lo que ocurrió y de las culpas que sus perpetradores materiales tratan de expurgar, en muchos casos sin éxito.

Wang Yiyu contaba con sólo 16 años, una notable fuerza física y un carácter más que explosivo cuando mató a un Guardia Rojo tres años mayor que él y perteneciente a una facción rival.

Hoy Wang Yiyu vive perseguido por una pesadilla recurrente. Según contó en fecha reciente a la televisora china Fénix, a menudo sueña con “una mujer vestida de blanco y manchada de sangre, quien me anuncia que yaceré [en un lecho de remordimientos] por 10.000 años”.

La mujer de blanco ha perseguido a Wang durante décadas, desde que se le apareció por vez primera cuando el joven huía, tras haber cometido el asesinato.

Luego de nueve meses en prisión por homicidio, en 1967, Wang redactó una confesión de 8.000 palabras “urgido por el sentimiento de culpa”, la cual se publicó en la revista histórica no oficial Yanhuang Chunqiu, en mayo de 2010.

Lo que el propio Wang califica de su “metamorfosis hacia la bestialidad” se produjo “menos de cinco minutos” después de que un Guardia Rojo mayor que él le convenciera de que golpear a otros era una expresión más de la lucha de clases, un modo de demostrar su lealtad.

La arenga hizo que el imberbe Wang se sintiera súbitamente ganado por una juvenil euforia, que le llevó a emprenderla a golpes con un chico al que apenas cinco minutos antes había protegido de los desmanes de otros, impelido asimismo por su recién obtenida condición de “joven combatiente en la línea del frente” de su grupo.

Los más jóvenes éramos mas vulnerables a las provocaciones”, dijo.

El 5 de agosto de 1967, después de ver cómo una facción contraria de Guardias Rojos vapuleaba a su camarada Li Hongxi, Wang y su grupo no lograban pensar en otra cosa que no fuera conseguir venganza. A como diera lugar.

LA TRAMPA

Cegados por el afán de revancha, Wang y su facción se precipitaron en lo que luego resultó ser una encerrona. De pronto, comenzaron a llegar más y más enemigos en vehículos, hasta que aventajaron al grupo de Wang en una proporción de casi 10 a uno.

El peligro les hizo reaccionar con desesperación.

Cuando un muchacho a sus espaldas le lanzó varios ladrillos rojos a la cabeza, Wang dio media vuelta y le propinó dos golpes demoledores a su atacante con su bate de béisbol.

El bate de Wang no fue el único instrumento responsable de la muerte de Wang Hongyan, su adversario. Una perforación en el costado de su cuello mostraba las secuelas de un ataque con jabalina, perpetrado por uno o dos camaradas de Wang.

Al ver a su víctima yaciendo sobre un charco de sangre, “comencé a comprender que él era un ser humano como yo; no nuestro enemigo de clase.

Según hablaba en su entrevista a la TV Fénix, Wang miraba fijamente al objetivo de la cámara ubicada a su derecha, en el estudio de la emisora de televisión en Beijing.

En aquellos tiempos desquiciados, otros no asesinaron, pero yo sí. Soy un asesino”, afirmó luego Wang, contrayendo los párpados, al responder a una entrevista televisada que llegó a millones de telespectadores chinos.

Debe haber oscuridad dentro de mí. Debo tener maldad en mi interior.

Solamente su ojo izquierdo falso parecía tranquilo. La pérdida del órgano visual en un accidente constituyó una especie de tardía revancha kármica, según sus propias palabras. También comentó que otros Guardias Rojos conocidos suyos habían muerto de cáncer del hígado, de leucemia o por un escape de gas.

Incluso cuando la ley te permite que te salgas con la tuya, es la conciencia la que te acosa”, admitió el ex Guardia Rojo Wang Yiyu, en el espacio Documental Secreto, un programa televisivo de media hora de duración.

Para Wang, la humillación y confesión públicas equivalen a una forma de, al fin, comenzar a encarar sus muchos pecados de juventud.

Finalmente he hecho algo que valga la pena”, indicó. “En años posteriores, cuando se comenzó a estudiar la Revolución Cultural, contribuí a que se divulgara la historia verdadera”.

En lugares como Sudáfrica o Irlanda del Norte, la confesión pudo ser un elemento precursor, pero en China la misma es sinónimo de conclusión -la confesión de Wang a la televisión de la parte continental de China estuvo entre la primeras de su tipo. La televisora Fénix es un canal que transmite por vía satélite para una audiencia limitada, predominante urbana, en la parte continental.

Fue un hecho admirable”, dijo Shen Xiaoke, “tomando en cuenta que asesinó.

El propio Shen se disculpó públicamente el 4 de noviembre del año pasado, en un artículo de portada publicado en el semanario Southern Weekend, con el título “Después de 44 años, los Guardias Rojos finalmente comienzan a disculparse en público”.

Este fue el primer artículo con disculpas de los Guardias Rojos publicado en la parte continental de China. De inmediato, el mismo desató intensa polémica en los medios de difusión masiva.

No hice nada malo. No golpee ni lesioné a ninguna persona”, afirmó Shen. “Tal hecho hace que gente como yo sea más susceptible de disculparse”.

Si bien la expectativa de presenciar una experiencia más catártica, o reconciliadora, pudo ser el sentimiento general entre los telespectadores, para aquellos que alguna vez fueron víctimas de los excesos de la época parece haber primado la perplejidad por lo que estaba sucediendo.

No recuerdo que Shen Xiaoke me hubiese golpeado”, dijo Cheng Bi, de 86 años de edad, quien en aquellos años fungió como secretario del Partido Comunista en la Facultad Número Dos de Idiomas Extranjeros de Beijing. “Él era un buen chico”, añadió Cheng.

Guan Qiulan, profesor de la filial secundaria adjunta a la Universidad de Pekín, se sintió “sorprendido” cuando una docena de ex alumnos vinieron a visitarle, con ánimo de evocar los conflictivos años.

No recuerdo lo que pasó”, se limitó a destacar el viejo cuadro.

Memoria… ¿selectiva?

Se trata de una reacción muy normal, según Wang Youqin, investigadora residente en el extranjero, especializada en la Revolución Cultural de 1966 a 1976 y ex Guardia Roja.

A juicio suyo, “es común que las víctimas evidencien esta tendencia a la pérdida selectiva inconsciente de la memoria”, y pone de ejemplo la incapacidad de las víctimas para recordar las letras de las canciones alegóricas populares durante aquel período, mientras que los Guardias Rojos a menudo recuerdan cada palabra.

Casi todas las víctimas han optado por olvidar, en lugar de asumir la persecución a la que fueron sometidas.

Esta pérdida selectiva inconsciente de la memoria bien podría explicar también el porqué son contadas las víctimas que exigen disculpas de sus torturadores de antaño, dijo la investigadora.

Hay también otra clase de “falta de memoria selectiva,” según Wang.

Los agitadores que participaron activamente en la violencia y la persecución tienden a desterrar de su memoria los actos de violencia que cometieron, y olvidan hasta los nombres de sus muertos”, considera la especialista.

La carta de disculpa de Shen conmovió a su condiscípulo Zhang Yongbing, quien telefoneó al primero desde su coche varios días después de que la misiva circulara en un portal de ex alumnos.

Zhang terminó por llorar a lágrima viva y confesó su participación en la muerte de Yao Shuxi, la directora de su programa de estudios. El atribulado ex Guardia Rojo contó a Global Times de su deseo de disculparse con Yao, pero estaba consciente de que nunca podría hacerlo.

Una tarde invernal, cuando apenas contaba 16 años, Zhang participó en un acto de repudio.

“Éramos unos 30 en el aula, de los cuales siete u ocho participaron en la golpiza,” reconoce Zhang.

La forzaron a ponerse gorros de papel y a arrodillarse. Luego le dieron golpes de todos los colores. Cuando quedó semi-inconsciente, después de casi una hora de torturas, le ordenaron salir gateando del aula. Cuando pasó por mi lado, le propiné un puntapié tan fuerte en el costado que cayó de bruces sobre la acera, fuera del aula”. Al llegar a este punto del relato a Zhang se le quiebra la voz.

En aquel momento no sentí nada, como tampoco me inmuté al día siguiente, cuando supe que ese día ella se había ahorcado, en una habitación frente a mi dormitorio. Incluso fui a ver el cadáver con otros estudiantes, por pura curiosidad”. Pero los remordimientos llegaron con los años.

Gradualmente comencé a arrepentirme,” explica Zhang. “Aquello había sido el acto más aborrecible de mi vida, del cual nunca me perdonaré. Soy responsable de su muerte”.

Como principal asesor legal de una planta productora de neumáticos, con una plantilla de 4.000 empleados en Yinchuan, capital de la región autónoma de la etnia hui de Ningxia, Zhang está muy al tanto de que el Código Penal de China no fue aprobado hasta 1979, tres años después del final de la Revolución Cultural, y que los delitos por asesinato tienen un límite de 20 años para ser juzgados.

Me siento incapaz de decir la verdad a mi esposa e hijo”, admite. “Sé que ellos me perdonarán, pero temo que a partir de entonces ya no me verán igual”.

En cuanto a la víctima, Zhang confiesa que no se atrevió a contactar a la familia. Yao vivió sola hacia el final de su triste existencia y él prefirió no buscar a su familia y reabrir viejas heridas.

EL TABÚ

La argumentación que defiende una supuesta pérdida selectiva de la memoria no impresiona al hoy arrepentido Shen Xiaoke. En su opinión, la mayor parte de sus ex correligionarios en la Guardia Roja sabían muy bien lo que hacían.

Como tampoco olvidarán las víctimas torturadas”, reitera, para enfatizar a continuación: “Pero a pesar de ello, ninguna de las partes saca a relucir el tema cuando nos reunimos”.

Para entender las décadas de silencio abrumador que guardaron los Guardias Rojos, hay que retomar el accionar de Mao Zedong, asevera Shen.

La generación más vieja tiende a perdonar a Mao”, puntualiza. “Para ellos, negarlo a él equivale a negar su propia existencia”.

A pesar de todo lo acontecido, en el ámbito doméstico culpar al Gran Timonel sigue siendo un tema tabú. A escala internacional, empero, existen numerosas pruebas académicas que apuntan en esta dirección, como bien se encarga de recoger el portal Remembrance, un mensuario en línea en chino dedicado a investigar la Revolución Cultural.

Para la mayoría de quienes habitan la parte continental de China, el juicio definitivo sobre Mao sigue siendo el que emitió su sucesor Deng Xiaoping, co-autor “de la Resolución sobre varios temas históricos desde la fundación de la República Popular China”, publicada en 1981.

No podemos culpar a Mao de todo”, dijo en su momento Deng, según Chen Donglin, de la Academia de Ciencias Sociales de China, “el sistema imperante tuvo mayor peso”.

El grupo de estudios de Deng Xiaoping incluyó a más de 4.000 importantes militantes del Partido Comunista, quienes más adelante se encargaron de crear las condiciones para propiciar la reforma y apertura de China, conduciéndola hacia una nueva era de capitalismo con características socialistas chinas.

La nación ha seguido avanzando a pasos agigantados desde la desaparición de Mao, demasiado rápido la mayoría en la mayoría de los casos.

A pesar de los graves errores que cometió Mao Zedong durante la Revolución Cultural, su contribución al avance de Revolución china compensa con mucho sus yerros”, sostiene la resolución. “Su contribución debe colocarse en primer lugar; en segundo, sus errores.


EL MOVIMIENTO DE LOS GUARDIAS ROJOS: CRONOLOGÍA

– 29 de mayo de 1966

Se funda el primer grupo de Guardias Rojos, en la secundaria adjunta a la Universidad de Tsinghua.

-1 de agosto de 1966

Mao Zedong escribe una Carta a los Guardias Rojos de la secundaria adjunta a la Universidad de Tsinghua.

– 18 de agosto de 1966

Mao recibe a los Guardias Rojos en la Plaza de Tiananmen. El movimiento se extiende de Beijing a otras ciudades, mientras sus miembros pasan de ser sólo descendientes de revolucionarios a incluir a la población común. El movimiento comienza a fracturarse.

– Diciembre de 1966

Se intensifican las luchas intestinas, luego de declararse contrarrevolucionarios a los Guardias Rojos más veteranos.

– Enero de 1967

Los nuevos grupos comienzan a imponerse, enfrentando a los más veteranos, con el apoyo del Ejército Popular de Liberación.

– Diciembre de 1968

Mao llama a todos los Guardias Rojos a marchar al campo, donde deberán reeducarse en el espíritu de los campesinos.

Un documento investigativo sobre la agricultura en Hunan, realizado por Mao Zedong, proporciona las pautas que deberán seguir los Guardias Rojos, apegándose a máximas tales como “debemos corregir los males, incluso cuando ello suponga la aplicación de métodos excesivos” y “una revolución no es un convite. Debemos golpear a todos los terratenientes y pisotearlos.


Aviso a los informóvoros del mundo: el pensamiento racional podría ser tu mejor amuleto

In Actualidad, Cultura on 20 febrero, 2011 at 0:00

Glenys Álvarez


En un gesto extremadamente familiar, la joven mujer sacude sus manos y sopla el contenido en ellas. La gente comienza a aglomerarse mientras su rostro enrojece; está febril. Aparentemente, ha entrado en una racha de buena suerte. Antes de lanzar invoca a una deidad o alguna fuerza: “dame suerte, dame suerte” y microsegundos después de soltar los dados, su mano derecha se aferra automáticamente a la medalla de la virgen de la Altagracia que le regalara su abuela al nacer y que desde entonces cuelga de su cuello: “¡dame un siete, un siete!”, exige su cerebro del indiferente amuleto.

Es precisamente en la imagen de esos dados en el aire donde inician nuestras preguntas sobre la suerte; cuestiones que luego se ramifican por todos los ámbitos del quehacer humano, el planeta y el Cosmos. Daniel Dennett tiene una muy buena clasificación para estas ramificaciones en su libro La evolución de la libertad donde las divide en tres: física, diseño e intencional. Dentro de ellas, el mundo que nos abarca está representado en todo su complejo esplendor; la primera nos refiere al universo y las partículas subatómicas que lo componen, la segunda abarca los organismos multicelulares en el planeta y los mecanismos que los hacen funcionar y en la tercera nos encontramos nosotros, Homo sapiens, capaces no sólo de copiar y transmitir genes y memes sino también de dotar nuestras acciones con intención.

La división de Dennett nos permite organizar mejor la investigación sobre este complicado factor humano al que llamamos suerte. Azar, probabilidad, determinismo, incertidumbre, destino, estadísticas, libertad, albedrío, posibilidad, opción, compatibilismo, evitable y aleatorio son algunas de las palabras relevantes que surgen de su análisis; y eso sin examinar lo que la creatividad humana ha hecho con la superstición, un elemento íntegramente mezclado con las creencias irracionales y con nuestro deseo de ser profetas o de tener a alguien que lo sea por nosotros. No olvidemos que las personas invierten una cantidad significativa de su dinero en el intento de averiguar su futuro, de complacer a seres invisibles para que cuiden de su futuro o en la producción, compra y venta de amuletos y talismanes que los protejan de un mal futuro. Fracasos, enfermedades y muerte conforman la trinitaria de eso que deseamos evitar; son nuestros males, nuestros demonios, y cada cultura ha dotado a objetos, acciones y palabras con poderes protectores para vender la ilusión de que podemos alejar al mal agüero de nuestras vidas si nos aferramos a la magia.

¿Y será tan caprichosa la fortuna? De la misma forma en que la joven mujer cree que ha entrado en una racha de buena suerte, un joven no lejos de ella está perdiendo hasta los calzones. Pero tienen algo en común, no importa cuánto hayan ganado o perdido, los dos se aferran a una idea absurda: con cada acierto de los dados, ella confía más y más en su suerte; con cada desacierto, él confía en que su suerte tiene que cambiar y ninguno quiere perder la oportunidad.

Contrario a lo que nuestros cerebros nos dicen, no existe una fuerza mística que dote al ganador de una racha de suerte, tampoco existe un sentido cósmico de justicia que asegure que la suerte del perdedor cambiará. Al universo no le importa si pierdes o ganas. El resultado de cada tirada de dados es enteramente independiente de su historia”, escribe en su ensayo Randomness el profesor de periodismo de la Universidad de Nueva York y editor del diario científico Science, Charles Seife.

Ciertamente, hemos concebido leyes que funcionan para los distintos dominios del Cosmos, en otras palabras, no intentes el popular experimento mental del gato de Schrödinger en nuestra realidad porque terminarás envenenando al minino.

En el mundo cuántico, por ejemplo, tres leyes se conocen sobre el azar: la primera nos dice que es real, la segunda establece que algunos eventos son imposibles de predecir y la tercera indica que eventos aleatorios se comportan de forma predecible en agregados, aún cuando no son predecibles de forma individual.

Estas reglas establecen que incluso cuando un evento aleatorio puede ser completamente impredecible, una colección de eventos al azar es extremadamente predecible y mientras mayor el número de eventos, más predecibles los resultados. Es una poderosa herramienta matemática conocida como la ley de los números grandes, que junto al teorema del límite central que nos dice qué tan lejos del promedio estamos, provee al ser humano con métodos para convertir el comportamiento caótico de un sistema, en predicciones estables y precisas a largo plazo”, explica Seife.

Indudablemente, en el mundo que descubrimos a nivel subatómico parece reinar un caos de variables indeterminadas que permite que partículas aparezcan presuntamente de la nada; a pesar de estas extrañas contingencias, la termodinámica, por ejemplo, funciona perfectamente gracias a estas leyes absolutas del azar. En ese sentido, el filósofo y matemático libanés, Nassim Nicholas Taleb, afirma que es un error comparar el azar en el mundo humano con el azar estructurado de la física cuántica. Taleb lo llama la ‘falacia lúdica’ que “consiste en confundir los atributos de la incertidumbre en la realidad, con aquellos que se manejan en los exámenes y en los juegos. Por decir algo, caer en la falacia lúdica sería equiparar el riesgo que se toma en una decisión de vida, donde existen incontables variables desconocidas, con el que se toma al momento de apostar en un casino, donde todos los riesgos se encuentran controlados”, nos explica el autor del blog Cazando Elefantes, en un ensayo sobre el libro de Taleb, El cisne negro.

Por eso muchos prefieren separar las leyes que rigen al ser humano de las que rigen a las partículas subatómicas. También se hace una distinción de las normas que presiden sobre los demás animales ya que ningún otro posee nuestro nivel cultural; la cultura humana es un poderoso mecanismo cuyo desarrollo nos separó para siempre de las otras especies. Y es allí donde nos atrapa el ambiguo concepto de libertad. Un concepto que ha plagado a la filosofía y la teología desde que el hombre alcanzó gnosis de su existencia: ¿qué tan libres somos?

Claro está, del dominio subatómico al mundo de los seres vivos hay un impactante salto. Especialmente cuando nos referimos, no a unidades genéticas ni a ratones o aves, sino a la reflexión sobre los humanos. Las explicaciones se complican debido esencialmente a tres variables: nuestro alto y complejo nivel de conciencia, la adquisición del lenguaje y a que, como dice Dennett, “la evolución nos ha convertido en informóvoros, seres epistémicamente hambrientos”.

Aún así, todavía no sabemos lo que realmente significa ser libres, ¿caminamos sobre un destino determinado o uno particularmente impredecible?; más aún, ¿dónde habita la suerte en ambos casos?

Si somos hijos de un destino fijo, del rígido determinismo que invocan muchos, entonces no importa lo que hagamos ni los amuletos que acumulemos o el conocimiento que apliquemos, nunca podremos cambiar el resultado de los eventos; si, por el contrario, somos el producto de un universo con un carácter indeterminado, como en el extraño indeterminismo cuántico, entonces sería casi imposible tomar decisiones preventivas a partir del cúmulo de conocimiento sobre las leyes bajo las cuales hemos evolucionado.

Pero tenemos otra alternativa. Para muchos evolucionistas, el determinismo no implica necesariamente una incompatibilidad con la libertad. Dennett sigue, en ese sentido, los pasos del filósofo David Hume al declararse compatibilista. El compatibilismo considera que debe haber una conexión causal entre nuestra voluntad y nuestras acciones, sostiene, además, que aunque tenemos opciones, el proceso por el que llegamos a ellas “está gobernado por una cadena de acontecimientos causales”. Este aspecto nos obliga a ser responsables de nuestra conducta, incluyendo “el dar crédito al bueno y culpar al malo”. Para Dennett, por ejemplo, la erosión de nuestros valores y civilizaciones puede surgir, precisamente, de que perdamos el interés de considerarnos “ciudadanos responsables” o que la gente ya no confíe en las instituciones que imparten estos premios y castigos.

Los dados en los casinos no están sujetos a la mismas leyes que los humanos, aunque millones pretendan que sí. Creer que estamos atados a un destino o que todos los aspectos del mundo equivalen a un lanzamiento de los dados, es obviar un sinnúmero de variables que se dan en el quehacer humano y que no tienen que ver con probabilidades cuánticas. El compatibilismo, en ese sentido, nos obliga a ser responsables de nuestras acciones, ofreciéndonos la libertad para actuar.

El determinismo no es un problema. Lo que queremos es libertad y la libertad y el determinismo son completamente compatibles. De hecho, tenemos más libertad si el determinismo es cierto porque entonces habría menos azar. El carácter impredecible de la vida disminuye. Para tener libertad necesitas la capacidad de hacer juicios confiables sobre lo que va a ocurrir después y así poder basar tus acciones en ello. Un ejemplo es cuando la gente se preocupa por el determinismo genético, que realmente no acaban de comprender. Si el efecto de nuestros genes sobre las probabilidades de enfermedades en nuestra historia clínica fuera caótico o, en menor instancia, aleatorio, significaría que no habría nada que hacer. Nada. Sería como jugar a la ruleta rusa. Te sientas y esperas”, explicó Dennett en una entrevista para la revista Reason.

Pero los informóvoros continúan desinformados. Por eso la joven le reza a una virgen para que su suerte no cambie, mientras el chico le implora a otra deidad por un cambio en la suya; los dados y el universo, por su parte, son indiferentes a ambos deseos y el resultado de la tirada es completamente impredecible a menos que deseemos contabilizar el promedio de un millón de lanzamientos. De la misma forma, no podemos predecir con certeza absoluta que nos irá bien en un examen o reunión, existen variables en el futuro que no podemos predecir con exactitud y esta incertidumbre genera nerviosismo y vulnerabilidad. Aún cuando la experiencia y la teoría de los grandes números nos dicen que las probabilidades de tener éxito son altas si nos preparamos, sabemos muy bien que hay variables no determinadas que pueden causarnos problemas. Taleb llama a esos eventos en su teoría económica cisnes negros; sucesos tan improbables como impredecibles. Es lo que no podemos ver venir pero que, de alguna forma u otra, terminan transformando nuestro mundo.

Asimismo, el carácter determinista de la biología y de las leyes de la realidad humana permite que el conocimiento científico pueda usarse como una herramienta de prevención. Gracias a esa sed por conocimiento, a que somos informóvoros, hoy podemos evitar grandes desastres al estudiar y comprender mejor las leyes que producen orden dentro del caos. No obstante, si le preguntas a un programador de unos y ceros mantendrá fehacientemente que debajo de todo ese determinismo biológico existe una naturaleza completamente impredecible.

Si pudiéramos predecir nuestras acciones podríamos deliberadamente violar nuestras predicciones lo que significa que al final las predicciones eran incorrectas”, asegura en su ensayo El mundo es impredecible, Rudy Rucker, matemático, autor y científico computacional quien añade, “el mundo puede ser simultáneamente determinista e impredecible”.

Así que poco importa qué tanto le temamos a la incertidumbre que enfrentan nuestros pasos en este corto tránsito sobre el planeta, a pesar de la imposibilidad de controlar esos cisnes negros que nos acechan por doquier, somos responsables de nuestra suerte y, en menor o mayor grado, de la suerte de los demás. La idea es buscar la forma de estar preparados para lo impredecible mientras navegamos por lo previsible de nuestro diario vivir. Al final, el filósofo Séneca lo resumió elegantemente cuando expresó que la suerte es lo que ocurre cuando la preparación se encuentra con la oportunidad.

LA IMPORTANCIA DEL ‘CIUDADANO RESPONSABLE’ EN LA SUERTE DE TODOS. SERES BENEGOÍSTAS.

Job es un conocido prototipo de mala suerte. La vida le lanzó aterradores cisnes negros a este fiel creyente y aunque la historia bíblica manifiesta que todos sus fracasos fueron pruebas impartidas por su perturbado dios, muchos cristianos modernos interpretan su tragedia como una forma de perseverar ante lo inesperado. Efectivamente, a través del análisis de todas esas inevitables catástrofes y tragedias que azotan a la humanidad, es factible conjeturar que la idea de que el futuro es incierto la aprendimos rápidamente. Una de las tantas consecuencias de este hecho ha sido la producción de talismanes, amuletos, ritos y dioses como una forma de contrarrestar el desconocido porvenir. Esos fetiches nos confortan y permiten que nos sintamos confiados y protegidos.

Es indudable que los amuletos y talismanes son antiguos compañeros de los humanos y hoy los encontramos en casi, sino en todas, las religiones y creencias. Una particularidad del ser humano es creer a pesar de no tener pruebas y la superstición siempre ha enfrentado este ineludible hecho: milenios y milenios de ritos y dioses y ni una pizca de evidencia de que funcione. Amuletos o no, la gente fracasa y espantosos eventos ocurren a individuos buenos y a ciudadanos responsables. Es uno de los grandes dilemas que afronta el creyente: puedes seguir al pie de la letra la palabra de tus deidades, los ritos supersticiosos, la receta de la bruja o la interpretación del Tarot, y como quiera puede que te salga todo mal, aceleraste cuando la luz pasó a verde pero un irresponsable se pasó en rojo y te llevó por delante. Es ahí donde debemos hacernos responsables de nuestro comportamiento y de las decisiones que tomamos; considerar, después de todo, que las acciones de un ciudadano irresponsable se convierten en episodios de “mala suerte” para todos.

Pero en vez de tomar el control y hacernos responsables, colgamos cruces, rosarios, medallones y budas. El político asiste solemnemente a su iglesia después de iniciar alguna innecesaria guerra mientras el pandillero besa la medalla de su santo favorito luego de enfundarse la pistola. Posteriormente, cuando nada puede ya salvarnos, nos conforta la ilusión de que todo está en los planes misteriosos de algún dios o culpamos al destino de nuestra mala suerte.

El determinismo de Hume intenta poner la responsabilidad sobre el individuo, sobre el actor. Su aplicación debe ayudarnos a decidir de forma informada, aceptar que siempre estará la posibilidad de que algo impredecible nos haga fracasar o nos ayude a alcanzar nuestros deseos, pero no podemos esperar que lleguen esas excepciones como si la vida fuera un juego de lotería, dejar nuestras acciones al azar es no valorar el poder que tiene la especie.

Dennet advierte, por su parte, no confundir determinismo con fatalismo. Este último es la idea de que algo malo va a ocurrir no importa lo que hagas al respecto mientras que el determinismo afirma que lo que ocurra depende de lo que hagas, que lo que hagas depende de lo que sabes, que lo que sabes depende de lo que te ha causado saber, y así sucesivamente. Si nos hacemos responsables de nuestros actos estamos comportándonos como los primates morales que deberíamos ser.

La moral en la especie surge con la evolución del benegoísmo, que es un concepto intermedio entre el egoísmo puro y el altruismo puro, dos elementos que tradicionalmente la moral ha enfrentado. El egoísta y el santo no existen en sus formas puras, las personas promedio somos, más bien, benegoístas, es decir, somos buenos y egoístas o caracterizadas por un buen egoísmo”, explica Dennett.

De esta forma, la buena o la mala suerte depende en gran parte de que todos apliquemos este buen egoísmo en nuestras acciones.

En ese sentido, es posible crear una enorme porción de nuestra suerte pero no a través de atajos fantásticos. No tiene que ver con las velas que enciendas en tu iglesia ni la camiseta que usas cada vez que juega tu equipo, es más difícil y mucho más costoso. La fórmula, entre otras cosas, aconseja y anima a responsabilizarte de las consecuencias que producen tus actos, aplicar prácticas de buen egoísmo que beneficien al grupo e intentar mantenerte bien informado respecto a tus opciones. Así, poco a poco, iremos mejorando nuestra suerte y la de todos.

Finalmente, en nuestro paso por la vida no olvidemos el sabio consejo del comediante australiano Jeff Jefferies, que puede muy bien ser el robusto cimiento sobre el que construimos todo lo demás: “intenta no ser un cabrón”.