Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias

Mea culpa tardío de los Guardias Rojos

In Actualidad, Historia on 20 febrero, 2011 at 0:01

Liang Ruoqiao


En el verano de 1966 China se vio estremecida por el movimiento de los Guardias Rojos, agrupación surgida al calor de las exhortaciones del presidente Mao Zedong a extirpar cualquier asomo de contrarrevolución. Desde entonces, y por varios de los años que duró la Revolución Cultural (1966-76), estos individuos llevaron la voz cantante en el acontecer socio-político chino, imponiendo a menudo métodos extremos. Hoy, algunos de sus sobrevivientes cargan con remordimientos por los abusos cometidos entonces. Esta es una crónica somera de lo que ocurrió y de las culpas que sus perpetradores materiales tratan de expurgar, en muchos casos sin éxito.

Wang Yiyu contaba con sólo 16 años, una notable fuerza física y un carácter más que explosivo cuando mató a un Guardia Rojo tres años mayor que él y perteneciente a una facción rival.

Hoy Wang Yiyu vive perseguido por una pesadilla recurrente. Según contó en fecha reciente a la televisora china Fénix, a menudo sueña con “una mujer vestida de blanco y manchada de sangre, quien me anuncia que yaceré [en un lecho de remordimientos] por 10.000 años”.

La mujer de blanco ha perseguido a Wang durante décadas, desde que se le apareció por vez primera cuando el joven huía, tras haber cometido el asesinato.

Luego de nueve meses en prisión por homicidio, en 1967, Wang redactó una confesión de 8.000 palabras “urgido por el sentimiento de culpa”, la cual se publicó en la revista histórica no oficial Yanhuang Chunqiu, en mayo de 2010.

Lo que el propio Wang califica de su “metamorfosis hacia la bestialidad” se produjo “menos de cinco minutos” después de que un Guardia Rojo mayor que él le convenciera de que golpear a otros era una expresión más de la lucha de clases, un modo de demostrar su lealtad.

La arenga hizo que el imberbe Wang se sintiera súbitamente ganado por una juvenil euforia, que le llevó a emprenderla a golpes con un chico al que apenas cinco minutos antes había protegido de los desmanes de otros, impelido asimismo por su recién obtenida condición de “joven combatiente en la línea del frente” de su grupo.

Los más jóvenes éramos mas vulnerables a las provocaciones”, dijo.

El 5 de agosto de 1967, después de ver cómo una facción contraria de Guardias Rojos vapuleaba a su camarada Li Hongxi, Wang y su grupo no lograban pensar en otra cosa que no fuera conseguir venganza. A como diera lugar.

LA TRAMPA

Cegados por el afán de revancha, Wang y su facción se precipitaron en lo que luego resultó ser una encerrona. De pronto, comenzaron a llegar más y más enemigos en vehículos, hasta que aventajaron al grupo de Wang en una proporción de casi 10 a uno.

El peligro les hizo reaccionar con desesperación.

Cuando un muchacho a sus espaldas le lanzó varios ladrillos rojos a la cabeza, Wang dio media vuelta y le propinó dos golpes demoledores a su atacante con su bate de béisbol.

El bate de Wang no fue el único instrumento responsable de la muerte de Wang Hongyan, su adversario. Una perforación en el costado de su cuello mostraba las secuelas de un ataque con jabalina, perpetrado por uno o dos camaradas de Wang.

Al ver a su víctima yaciendo sobre un charco de sangre, “comencé a comprender que él era un ser humano como yo; no nuestro enemigo de clase.

Según hablaba en su entrevista a la TV Fénix, Wang miraba fijamente al objetivo de la cámara ubicada a su derecha, en el estudio de la emisora de televisión en Beijing.

En aquellos tiempos desquiciados, otros no asesinaron, pero yo sí. Soy un asesino”, afirmó luego Wang, contrayendo los párpados, al responder a una entrevista televisada que llegó a millones de telespectadores chinos.

Debe haber oscuridad dentro de mí. Debo tener maldad en mi interior.

Solamente su ojo izquierdo falso parecía tranquilo. La pérdida del órgano visual en un accidente constituyó una especie de tardía revancha kármica, según sus propias palabras. También comentó que otros Guardias Rojos conocidos suyos habían muerto de cáncer del hígado, de leucemia o por un escape de gas.

Incluso cuando la ley te permite que te salgas con la tuya, es la conciencia la que te acosa”, admitió el ex Guardia Rojo Wang Yiyu, en el espacio Documental Secreto, un programa televisivo de media hora de duración.

Para Wang, la humillación y confesión públicas equivalen a una forma de, al fin, comenzar a encarar sus muchos pecados de juventud.

Finalmente he hecho algo que valga la pena”, indicó. “En años posteriores, cuando se comenzó a estudiar la Revolución Cultural, contribuí a que se divulgara la historia verdadera”.

En lugares como Sudáfrica o Irlanda del Norte, la confesión pudo ser un elemento precursor, pero en China la misma es sinónimo de conclusión -la confesión de Wang a la televisión de la parte continental de China estuvo entre la primeras de su tipo. La televisora Fénix es un canal que transmite por vía satélite para una audiencia limitada, predominante urbana, en la parte continental.

Fue un hecho admirable”, dijo Shen Xiaoke, “tomando en cuenta que asesinó.

El propio Shen se disculpó públicamente el 4 de noviembre del año pasado, en un artículo de portada publicado en el semanario Southern Weekend, con el título “Después de 44 años, los Guardias Rojos finalmente comienzan a disculparse en público”.

Este fue el primer artículo con disculpas de los Guardias Rojos publicado en la parte continental de China. De inmediato, el mismo desató intensa polémica en los medios de difusión masiva.

No hice nada malo. No golpee ni lesioné a ninguna persona”, afirmó Shen. “Tal hecho hace que gente como yo sea más susceptible de disculparse”.

Si bien la expectativa de presenciar una experiencia más catártica, o reconciliadora, pudo ser el sentimiento general entre los telespectadores, para aquellos que alguna vez fueron víctimas de los excesos de la época parece haber primado la perplejidad por lo que estaba sucediendo.

No recuerdo que Shen Xiaoke me hubiese golpeado”, dijo Cheng Bi, de 86 años de edad, quien en aquellos años fungió como secretario del Partido Comunista en la Facultad Número Dos de Idiomas Extranjeros de Beijing. “Él era un buen chico”, añadió Cheng.

Guan Qiulan, profesor de la filial secundaria adjunta a la Universidad de Pekín, se sintió “sorprendido” cuando una docena de ex alumnos vinieron a visitarle, con ánimo de evocar los conflictivos años.

No recuerdo lo que pasó”, se limitó a destacar el viejo cuadro.

Memoria… ¿selectiva?

Se trata de una reacción muy normal, según Wang Youqin, investigadora residente en el extranjero, especializada en la Revolución Cultural de 1966 a 1976 y ex Guardia Roja.

A juicio suyo, “es común que las víctimas evidencien esta tendencia a la pérdida selectiva inconsciente de la memoria”, y pone de ejemplo la incapacidad de las víctimas para recordar las letras de las canciones alegóricas populares durante aquel período, mientras que los Guardias Rojos a menudo recuerdan cada palabra.

Casi todas las víctimas han optado por olvidar, en lugar de asumir la persecución a la que fueron sometidas.

Esta pérdida selectiva inconsciente de la memoria bien podría explicar también el porqué son contadas las víctimas que exigen disculpas de sus torturadores de antaño, dijo la investigadora.

Hay también otra clase de “falta de memoria selectiva,” según Wang.

Los agitadores que participaron activamente en la violencia y la persecución tienden a desterrar de su memoria los actos de violencia que cometieron, y olvidan hasta los nombres de sus muertos”, considera la especialista.

La carta de disculpa de Shen conmovió a su condiscípulo Zhang Yongbing, quien telefoneó al primero desde su coche varios días después de que la misiva circulara en un portal de ex alumnos.

Zhang terminó por llorar a lágrima viva y confesó su participación en la muerte de Yao Shuxi, la directora de su programa de estudios. El atribulado ex Guardia Rojo contó a Global Times de su deseo de disculparse con Yao, pero estaba consciente de que nunca podría hacerlo.

Una tarde invernal, cuando apenas contaba 16 años, Zhang participó en un acto de repudio.

“Éramos unos 30 en el aula, de los cuales siete u ocho participaron en la golpiza,” reconoce Zhang.

La forzaron a ponerse gorros de papel y a arrodillarse. Luego le dieron golpes de todos los colores. Cuando quedó semi-inconsciente, después de casi una hora de torturas, le ordenaron salir gateando del aula. Cuando pasó por mi lado, le propiné un puntapié tan fuerte en el costado que cayó de bruces sobre la acera, fuera del aula”. Al llegar a este punto del relato a Zhang se le quiebra la voz.

En aquel momento no sentí nada, como tampoco me inmuté al día siguiente, cuando supe que ese día ella se había ahorcado, en una habitación frente a mi dormitorio. Incluso fui a ver el cadáver con otros estudiantes, por pura curiosidad”. Pero los remordimientos llegaron con los años.

Gradualmente comencé a arrepentirme,” explica Zhang. “Aquello había sido el acto más aborrecible de mi vida, del cual nunca me perdonaré. Soy responsable de su muerte”.

Como principal asesor legal de una planta productora de neumáticos, con una plantilla de 4.000 empleados en Yinchuan, capital de la región autónoma de la etnia hui de Ningxia, Zhang está muy al tanto de que el Código Penal de China no fue aprobado hasta 1979, tres años después del final de la Revolución Cultural, y que los delitos por asesinato tienen un límite de 20 años para ser juzgados.

Me siento incapaz de decir la verdad a mi esposa e hijo”, admite. “Sé que ellos me perdonarán, pero temo que a partir de entonces ya no me verán igual”.

En cuanto a la víctima, Zhang confiesa que no se atrevió a contactar a la familia. Yao vivió sola hacia el final de su triste existencia y él prefirió no buscar a su familia y reabrir viejas heridas.

EL TABÚ

La argumentación que defiende una supuesta pérdida selectiva de la memoria no impresiona al hoy arrepentido Shen Xiaoke. En su opinión, la mayor parte de sus ex correligionarios en la Guardia Roja sabían muy bien lo que hacían.

Como tampoco olvidarán las víctimas torturadas”, reitera, para enfatizar a continuación: “Pero a pesar de ello, ninguna de las partes saca a relucir el tema cuando nos reunimos”.

Para entender las décadas de silencio abrumador que guardaron los Guardias Rojos, hay que retomar el accionar de Mao Zedong, asevera Shen.

La generación más vieja tiende a perdonar a Mao”, puntualiza. “Para ellos, negarlo a él equivale a negar su propia existencia”.

A pesar de todo lo acontecido, en el ámbito doméstico culpar al Gran Timonel sigue siendo un tema tabú. A escala internacional, empero, existen numerosas pruebas académicas que apuntan en esta dirección, como bien se encarga de recoger el portal Remembrance, un mensuario en línea en chino dedicado a investigar la Revolución Cultural.

Para la mayoría de quienes habitan la parte continental de China, el juicio definitivo sobre Mao sigue siendo el que emitió su sucesor Deng Xiaoping, co-autor “de la Resolución sobre varios temas históricos desde la fundación de la República Popular China”, publicada en 1981.

No podemos culpar a Mao de todo”, dijo en su momento Deng, según Chen Donglin, de la Academia de Ciencias Sociales de China, “el sistema imperante tuvo mayor peso”.

El grupo de estudios de Deng Xiaoping incluyó a más de 4.000 importantes militantes del Partido Comunista, quienes más adelante se encargaron de crear las condiciones para propiciar la reforma y apertura de China, conduciéndola hacia una nueva era de capitalismo con características socialistas chinas.

La nación ha seguido avanzando a pasos agigantados desde la desaparición de Mao, demasiado rápido la mayoría en la mayoría de los casos.

A pesar de los graves errores que cometió Mao Zedong durante la Revolución Cultural, su contribución al avance de Revolución china compensa con mucho sus yerros”, sostiene la resolución. “Su contribución debe colocarse en primer lugar; en segundo, sus errores.


EL MOVIMIENTO DE LOS GUARDIAS ROJOS: CRONOLOGÍA

– 29 de mayo de 1966

Se funda el primer grupo de Guardias Rojos, en la secundaria adjunta a la Universidad de Tsinghua.

-1 de agosto de 1966

Mao Zedong escribe una Carta a los Guardias Rojos de la secundaria adjunta a la Universidad de Tsinghua.

– 18 de agosto de 1966

Mao recibe a los Guardias Rojos en la Plaza de Tiananmen. El movimiento se extiende de Beijing a otras ciudades, mientras sus miembros pasan de ser sólo descendientes de revolucionarios a incluir a la población común. El movimiento comienza a fracturarse.

– Diciembre de 1966

Se intensifican las luchas intestinas, luego de declararse contrarrevolucionarios a los Guardias Rojos más veteranos.

– Enero de 1967

Los nuevos grupos comienzan a imponerse, enfrentando a los más veteranos, con el apoyo del Ejército Popular de Liberación.

– Diciembre de 1968

Mao llama a todos los Guardias Rojos a marchar al campo, donde deberán reeducarse en el espíritu de los campesinos.

Un documento investigativo sobre la agricultura en Hunan, realizado por Mao Zedong, proporciona las pautas que deberán seguir los Guardias Rojos, apegándose a máximas tales como “debemos corregir los males, incluso cuando ello suponga la aplicación de métodos excesivos” y “una revolución no es un convite. Debemos golpear a todos los terratenientes y pisotearlos.


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